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jueves, 15 de noviembre de 2018

Carta abierta al Pr. Hugo Armand Pilón

Carta publicada en la sección Ecos de El País (Uruguay) y en el portal de En Perspectiva

El pasado 18 de octubre del corriente año, la Federación de Iglesias Evangélicas del Uruguay (FIEU) emitió un comunicado desmarcándose de los legisladores y dirigentes políticos que se presentan como miembros de cultos evangélicos, lamentándose de que en forma indistinta, se difunden por la prensa y las redes términos tales como “cristianos”, “iglesia”, “evangélicos”, sin especificar nombres ni denominaciones o características y diferencias que dentro del amplio espectro que cada palabra comprende, suelen ser muchas y frecuentemente muy contrastante.

En entrevista con Emiliano Cotelo en En Perspectiva (Radiomundo 1170am), el pasado 7 de noviembre, el Pr. Hugo Armand Pilón, presidente de la mencionada federación, explicó con claridad cuáles son las dos grandes corrientes de pensamiento dentro del protestantismo que surgen a partir del siglo XX cuando un grupo de iglesias afirma que hay ciertas verdades fundamentales que no deberían cuestionarse, mientras que otras creen que pueden realizar un abordaje crítico de todo el texto bíblico sin considerar axioma alguno. A los primeros se les llamó fundamentalistas, y a los segundos ecuménicos.

Aquí cabe aclarar que el término “fundamentalistas” no refiere a fanatismo sino a identificar a este grupo de iglesias como aquellas que tienen ciertos conceptos que consideran fundamentales, indiscutibles, base sobre la cual se funda toda la fe. La FIEU es, precisamente, la representativa de los ecuménicos. Luego, las demás iglesias evangélicas (pentecostales, bautistas, etc.) son fundamentalistas.

El Pr. Armand Pilón es pastor de la Iglesia Evangélica Valdense del Río de la Plata, una de las iglesias más antiguas, incluso anterior a la reforma luterana. Hija de la obra de Pedro Valdo, un francés pionero en la causa de que todos los creyentes tuviesen acceso a las Sagradas Escrituras. Sin la obra de precursora de Valdo, Wyclif, Hus y otros, difícilmente Lutero, Zuinglio, Calvino, o Arminio hubiesen realizado su labor. Es decir, todos los hijos de la protesta le debemos un tributo de agradecimiento a Valdo y, por ende, a quienes continúan su obra hasta hoy.

Dentro de este contexto de reconocimiento a la obra histórica de las iglesias hoy representadas por la FIEU, lo que no parece lógico es que éstas pretendan arrogarse para sí mismas la exclusividad del uso de los términos “evangélico”, “cristiano”, o “iglesia”. Tanto los ecuménicos como los fundamentalistas somos cristianos, evangélicos y nos congregamos en iglesias. No podemos pretender que por discrepancias, de la índole que sea, resulte aceptable exigir a los otros el cese del uso de alguno de estos términos. Mal que le pese a la FIEU, los pentecostales y los bautistas también somos evangélicos.

No solamente no es lógica, ni fraterna, sino que tampoco es recíproca la actitud de la FIEU. Las iglesias de la FIEU han tenido posturas poco menos que escandalosas acerca de temas de actualidad, como ser la agenda de derechos para el colectivo LGTB o la despenalización del aborto, y no se ha visto ninguna iglesia fundamentalista u organización que las aglutine, saliendo a desmarcarse de los ecuménicos o exigiéndoles que no usen tal o cual término.

La Iglesia Evangélica Metodista ha cedido sus altares para que un “coro de hombres gay” cantaran villancicos de navidad. Tal acto sería considerado como de casi profanación por parte de los evangélicos fundamentalistas (y digo casi para dejar abierto un mínimo margen de discusión). Sin embargo, no se ha visto, reitero, ninguna iglesia fundamentalista u organización que las aglutine, exigiéndole a la Iglesia Metodista que deje de llamarse a sí misma “evangélica”.

Es muy respetable, aunque quizás no tan compartible, la postura de las iglesias de la FIEU en cuanto a la participación ciudadana en política y en cuanto a los temas polémicos que se citaron ut supra. Pero eso no les da derecho a los ecuménicos a decirle a los fundamentalistas cómo deben proceder o pensar.

Personalmente, le recomendaría al Pr. Armand Pilón, a las iglesias de la FIEU y a sus miembros que reflexionen profundamente en lo que Pablo le escribe a los tesalonicenses en la primera epístola qué les escribió, cuando dijo: “procuren vivir tranquilos y ocupados en sus propios asuntos” (cap. 4, vs. 11).

El comunicado de la FIEU termina diciendo “no todos los que me dicen: “Señor, Señor”, entrarán en el reino de los cielos, sino solamente los que hacen la voluntad de mi Padre celestial”. ¿Le parece a la FIEU que la voluntad del Padre es que una agrupación de hombres que en sus fueros íntimos practican la sexualidad de una manera que las Sagradas Escrituras indican que es pecaminosa y pervertida, se suban a los altares desde donde se supone que se le rinde culto a Él para cantar villancicos navideños? Pues bien, ahí tienen un asunto bien propio de ustedes en el cuál ocuparse y dejar a los demás evangélicos (que lo son, aunque no les guste) que se ocupen de los suyos.

jueves, 29 de junio de 2017

Carta abierta a mis hermanos evangélicos que quieren hacer política

Publicado en la sección Cartas al Director del Semanario Búsqueda, el jueves 29 de junio de 2017
Los cristianos evangélicos hemos cuestionado y roto el paradigma que nos decía que no podíamos involucrarnos en política por ser un mundo sucio y corrupto. Comprendimos que ese mundo es como es precisamente por falta de gente honesta. No que todos los políticos sean sucios y corruptos y tampoco que los cristianos evangélicos tengamos la exclusividad en materia de probidad, pero sí ya era hora de que dejáramos de impedirles que se involucraran en política a nuestros dignos y honorables hermanos que así lo desearan, sin temor de ser contaminados. Vamos, que si una persona va a terminar deshonrando sus principios, lo hará en política, en los negocios, o donde sea que le toque estar. No es una cuestión del medio, sino de uno mismo.
No obstante esto, aún nos está costando romper un paradigma duro como una roca que indica que todo tiene que recaer sobre los hombros de nuestros pastores, quienes hacen una tarea encomiable, sacrificada, y muchas veces tan ingrata como humana y necesaria. Pero no contentos con eso, los evangélicos hemos creído que el pastor debe ser un ente multiuso. Además de su rol, debe ser buen expositor, locutor de radio, conductor de TV, y últimamente, político. Los evangélicos rompimos el paradigma de no participar en política, y cuando lo hicimos, al preguntarnos a quién mandamos a dicha tarea, la respuesta no fue muy original: al pastor, cuya formación está lejos de la necesaria para ser político. No está mal que un pastor quiera ser político, pero al menos, necesita complementar su formación para desempeñarse aceptablemente.
El mundo de la política no es trigo limpio, ya se dijo, y para entrar en él es recomendable ser astutos como serpientes y sencillos como palomas, ya que somos ovejas en medio de lobos. No se puede encarar un camino en la política si uno no se va a preparar para enfrentar adecuadamente el debate político, si no sabe hacer declaraciones, si no se está preparado para responder inquisitivas preguntas periodísticas, si a la hora de decir algo no se calcula la respuesta o la repregunta del receptor.
Un pastor no necesariamente debe ser un intelectual, pero un político sí. De lo contrario, me conformaría con votar al diputado que propuso la delación remunerada de Uber.
Recientemente, en declaraciones al semanario Búsqueda, un diputado fundamentó sus respuestas acerca de la ideología de género invocando supuestas noticias que le llegan por WhatsApp, cuya veracidad aseguró aún no haber investigado y que tales noticias referían a una eventual aprobación de la zoofilia por parte de La Corte Suprema de Canadá. Inmediatamente remató diciendo que no eran cosas que él afirmara, sino que lo decían los “portales de Internet”.
Un representante nacional, entrevistado por uno de los semanarios más prestigiosos del país, que sabe que se le va a leer y opinar de lo que diga por semanas hace referencia a un trascendido de WhatsApp. Yo me pregunto: el diputado, ¿es de los que ponen declaraciones legales en Facebook para que Zuckerberg no se apropie de sus contenidos? ¿Es de los que reenvían el mensaje para que se le aparezca la pelotita azul para que WhatsApp siga siendo gratis? ¿Cree que hay unas dosis sobrantes de medicamentos para donar, para la cual hay que llamar a un teléfono que claramente no es de Uruguay? ¿A cuánto estamos de que afirme que existe un árbol en Madagascar que come humanos?
Es muy poco serio, en boca de un diputado, hacerse de trascendidos de WhatsApp, y menos en un medio que llega a los hogares de un público tan amplio y calificado como el del semanario Búsqueda. Si no hubo tiempo de verificar el hoax, mejor ni siquiera mencionarlo.
¿Acaso no hay suficientes argumentos para fundamentar nuestra postura acerca de la ideología de género, que tenemos que apelar a este tipo de cosas? ¿Un diputado no sabe argumentar?
Si mis hermanos evangélicos quieren hacer política, yo les digo: adelante. Solo les pido una cosa. No sean panfletarios.
No puede ser que lo único por lo que nos conocen a los evangélicos sea porque estamos en contra del aborto, del matrimonio igualitario y el consumo de drogas. ¿No tenemos nada que decir los evangélicos en cuanto al modelo económico? ¿En cuanto a los derechos laborales? ¿Ningún aporte que hacer en cuanto a la ética del uso de los dineros públicos? ¿Cómo nos paramos frente a la delincuencia y el deterioro social? ¿Qué podemos decir de las fuentes energéticas del futuro? ¿Con qué propuestas resolvemos la necesidad de vivienda de la gente? ¿Tenemos ideas para universalizar el acceso a servicios básicos de salud y de calidad? ¿Qué propuestas tenemos para la educación? ¿Qué opinamos del avance tecnológico? ¿Qué tenemos que decir acerca de la inmigración proveniente de zonas de conflicto?
¿Acaso tiene un pastor, solo por el hecho de serlo, capacidad de responder acerca de todos estos temas? El aspirante a político (sea o no pastor, no importa qué profesión tenga), ¿no debería formarse en estas y otras cuestiones? Yo pienso que sí, que hace falta menos WhatsApp y más libros.
La Justicia obliga a una senadora a pagar una deuda que ella adjudica a una de nuestras iglesias por la impresión de listas de votación. ¿Quién debía pagar esas listas? ¿La senadora o la Iglesia? No importa. Aquí lo que importa es que hay una empresa que hizo su trabajo, lo entregó y nadie se lo pagó, y hace tres años que está esperando para cobrar 30.000 dólares. Una empresa que tiene empleados, jornaleros, a los que tiene que pagarles su jornal; ¿acaso nadie leyó Deuteronomio 24:14-15? Y en el medio de todo este bochorno, está el buen nombre de nuestras iglesias evangélicas puesto en medio del escándalo.
¿Por qué el buen nombre de nuestra comunidad tiene que pagar tributo a las consecuencias de hacer las cosas en forma desprolija, amateur, sin profesionalidad ni planificación?
Los políticos tienen claros y legítimos objetivos de llegar a lo más alto en su carrera, para lo cual necesitan votos (ya que es sabido que a algunos les sobra capacidad material). En nuestras iglesias encuentran un lugar donde ofrecemos hacer andar toda nuestra capacidad movilizadora para conseguir los votos necesarios a cambio de colocar a nuestros miembros lo más arriba posible en las listas. La ecuación cierra notablemente. Ahora, ¿es esta mera coincidencia, de tipo sustrato-enzima, suficiente para la conformación de un pacto político electoral? ¿No hay aspectos más profundos, de corte ideológico y metodológico, en las que hay que coincidir antes de comenzar un camino conjunto? ¿Acaso no se nos pasa por la cabeza que determinados pactos con determinados políticos pueden terminar siendo como el de Josafat con Ocozías?
Mi opinión, muy modesta y probablemente improcedente, es que los pastores deberían dedicarse a su tarea pastoral, tan necesaria, y dejar la política a quienes quieran y tengan la capacidad de dedicarse a ella. Nuestras iglesias están llenas de gente capaz e inteligente como para formarse en lo necesario para llevar adelante una carrera política mediante la cual puedan aportar al desarrollo de la comunidad. ¿Por qué todo lo tiene que hacer el pastor?
Ahora, ¿tenemos pastores que quieren ser políticos? Me parece genial. Pero por favor: que estudien, se preparen y formen. Que no nos expongan. Que hagan las cosas bien, con profesionalismo, que guarden la imagen y tengan cuidado cuando hagan alianzas; no arruinen nuestra reputación. Es el nombre de todo el pueblo evangélico el que está en juego. Qué digo el nombre del pueblo evangélico… Es el nombre de Dios el que está en juego.