Entrada destacada

Desordenado y vacío

“Y la tierra estaba desordenada y vacía…” . Génesis 1:2. La Biblia dice que cuando Dios creó los cielos y la tierra, la tierra estaba d...

miércoles, 5 de agosto de 2020

Malaquías y el diezmo

Unas reflexiones acerca del diezmo

Típicamente se entiende que hablar de dinero en la iglesia es cosa mala. La iglesia, y en general, el ámbito de lo espiritual, se asume como desprendido de las vicisitudes materiales. Hablar de dinero en la iglesia resulta escandaloso, cuando no, ofensivo. 
Sin embargo, es nuestra responsabilidad abarcar todos los temas del quehacer humano, puesto que nuestros feligreses merecen saber qué tiene para decir la Biblia acerca de todo. 
El apóstol Pablo mientras se despide de un grupo de cristianos que conformaban la iglesia en Mileto, les dice:

Hoy les puedo decir algo de lo que estoy seguro: Dios no me castigará si algunos de ustedes no se salvan, porque nunca vacilé en decirles lo que Dios quería que ustedes hicieran.
Hechos 20:26.27 (PDT)

Es el derecho de los miembros de la congregación, y es nuestra responsabilidad como líderes, hablar todos los temas. Por esa razón, hoy hablaremos de dinero. Más precisamente, del diezmo. 
Una de las razones por las cuales es importante hablar de dinero en la iglesia es porque nuestra relación con el dinero marca la manera en que nos paramos frente a muchas cosas en la vida, y nuestra relación con Dios es una de esas cosas que el dinero puede afectar. Dios lo advierte de esta manera: 

Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios (…) y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día.
Deuteronomio 8:11-14, 17-18

Dios le pide a Israel que, una vez que hubiesen prosperado, no se olviden de él. La riqueza puede conducirte a olvidarte de Dios. Si no sabes manejar el dinero de la manera correcta, tu relación con Dios se puede arruinar
De modo que pasemos a lo concreto, a hablar de uno de los principios espirituales más poderosos que Dios dejó en su palabra: el diezmo. 

1. Origen de diezmo. 

Entregar el diezmo a Dios es un concepto antiguo, muy anterior a la ley de Moisés. Unos 600 años antes de Moisés, se registra por primera vez en la Biblia el acto del diezmo. Abraham, luego de venir de una guerra donde fue a rescatar a su sobrino Lot, recibe un botín de guerra. Se encuentra con el sacerdote Melquisedec y le entrega los diezmos del botín. 

Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo.
Génesis 14:18-20

Si Abraham, por iniciativa propia, sin que Melquisedec le pidiera nada, le dio los diezmos de todo, significa que el diezmar era un hábito bastante habitual en la cultura de aquel entonces: es claro que las poblaciones antiguas tenían por costumbre diezmar a sus divinidades. 
Más adelante, vemos lo mismo en Jacob. 

E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios. Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti.
Génesis 28:20-22

Aquí vemos al diezmo como parte de un pacto, de un voto que Jacob hace con Dios, luego de tener un encuentro con él. 
Hasta aquí ambos ejemplos nos muestran que el diezmo era una práctica antiquísima, y que se hacía por iniciativa del diezmista; es un acto de dar que nacía del corazón, sin que nadie lo pidiera. Esto era así posible porque, en la cultura oriental, el diezmo era una costumbre instalada. Era de lo más normal

2. Definición de Diezmo.

Más allá de su origen, más tarde el diezmo se vuelve una exigencia para Israel, contenida en la ley. El diezmo es la décima parte o diez por ciento de algo. Se define así: 

Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová. Y si alguno quisiere rescatar algo del diezmo, añadirá la quinta parte de su precio por ello. Y todo diezmo de vacas o de ovejas, de todo lo que pasa bajo la vara, el diezmo será consagrado a Jehová.
Levítico 27:30-32
Indefectiblemente diezmarás todo el producto del grano que rindiere tu campo cada año.
Deuteronomio 14:22

En base a estas dos definiciones, podemos actualizar la definición de diezmo al día de hoy como la décima parte del resultado de un emprendimiento productivo. Para el día de hoy, el diezmo es la décima parta del salario nominal en caso de empleados, y la décima parta de la facturación, en el caso de las empresas. 

3. El diezmo es un principio de adoración.

El versículo en Deuteronomio es de los pocos casos en las Escrituras en la que se usa la palabra “indefectiblemente”, que significa “que no puede faltar o dejar de ser”
De todos los mandamientos que hay en la Escritura, es el único que viene precedido de la palabra “indefectiblemente”. No encontramos que diga “indefectiblemente” no matarás, ni “indefectiblemente” honrarás a tus padres
En otras traducciones de la Biblia, se observa: 

Diezmarás fielmente todo el producto… 
(La Biblia de las Américas).

Indispensablemente diezmarás todo el producto… 
(Biblia del Jubileo).

Cada año, sin falta, deberán ustedes apartar la décima parte de todo… 
(Dios Habla Hoy + Nieva Versión Internacional).

Cada año deberán entregarle a Dios la décima parte de todo lo que ustedes cosechen y produzcan. ¡No fallen ni una sola vez! 
(Traducción en lenguaje actual).

La razón por la cual este es el único mandamiento que tiene un énfasis especial en su cumplimiento es porque sabía Dios desde un principio que meterse con el dinero de la gente era algo complicado. Sería el mandamiento más difícil de cumplir, el primero en no ser honrado. Sabía Dios que podría tener hebreos que en toda su vida no mataran ni robaran a nadie, fieles a su esposa y que respetaran el sábado, pero no le fueras a pedir plata. 
De hecho, modernamente, cuando le comentas a un conocido que estás yendo a una iglesia, lo primero que te preguntan es: “En esa iglesia a la que vas, ¿te piden dinero?”

Ah, no te metas con mi dinero…

Es ofensivo hablar de dinero, y sobre todo, pedir dinero, y la razón es una sola: el dinero es un dios al que la gente adora, aun sin darse cuenta. 

Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.
Mateo 6:24

El dinero es lo único a lo que Jesucristo llamó señor. La competencia no es entre Jesucristo y el diablo, la competencia es entre Jesucristo y el dios dinero (Mammonas), el dios de la avaricia deificada o riqueza personificada. 
Por tal razón, las indicaciones que Dios nos deja en cuanto al manejo del dinero son indicaciones tendientes a evitar el peor de los pecados: la idolatría. 
Conclusión: cuando diezmamos adoramos a Dios y evitamos adorar al dinero. 

4. El Diezmo como mandamiento. 

El diezmo es anterior a la ley, una costumbre oriental instalada desde antaño. Sin embargo, al dar la ley, Dios lo introduce en la misma, por lo que pasa a ser una obligación exigible para Israel.
Para nosotros que vivimos en el tiempo de la dispensación de la gracia, y en el ejercicio de esa libertad ontológica con la que Dios nos creó, podemos decir que ningún mandamiento es obligatorio. No suele ser un enfoque tradicional, pero es el más acertado: ningún mandamiento es una obligación. 
La razón es sencilla. Si algo es una obligación, necesariamente debe existir alguien o una entidad que se encargue de obligarnos. Para eso, alguien nos controlará, y en caso de incumplimiento, nos castigará. 
En cuanto a los mandamientos divinos, un estudio pormenorizado de las Escrituras nos muestra que Dios entregó los mandamientos más bien como enseñanzas y consejos para que el hombre tenga bienestar al cumplirlos. 

Si obedecen mis decretos y mis ordenanzas, encontrarán vida por medio de ellos. Yo soy el Señor.
Levíticos 18:5

Los supuestos castigos que Dios envía por incumplir los mandamientos no se tratan estrictamente de castigos propiamente enviados por Dios, sino que eso ha sido más bien una manera en que los hombres de la antigüedad han entendido determinados acontecimientos. El mejor acercamiento al tema nos lleva a concluir que los tales castigos no son más que la simple consecuencia que se deriva de no haber cumplido un mandamiento. 
Una forma ilustrativa de mostrarlo es la siguiente: yo le doy la orden a mi hijo de que se abrigue porque hace frío, de lo contrario podría contraer neumonía y morirse. Acto seguido, mi hijo sale desabrigado a la intemperie. Se enferma de neumonía y se muere. No fui yo, como padre, que le envié la neumonía ni la muerte para castigarlo por haber desobedecido mi orden de abrigarse, sino la simple consecuencia de haber salido desabrigado (o lo que es lo mismo decir, la consecuencia de haberme desobedecido). Tampoco yo le di la orden de abrigarse por capricho, sino que se la di para protegerlo.
Una de las formas de entender adecuadamente esto es observar el contexto en el que Dios pronuncia sus afamados Diez Mandamientos. La palabra mandamientos no es mitzvá o mitzvot, que en hebreo significa ordenanza en el sentido más estricto. La palabra que se usa para "mandamiento" en el decálogo en hebreo es devarim, que se traduce más exactamente como “palabra”, “consejo”. De hecho, en el encabezado de los diez mandamientos, se traduce: 

Y habló Dios todas estas palabras, diciendo:
Éxodo 20:1

La motivación correcta para obedecer los mandamientos de Dios nunca debe ser el miedo al castigo divino (que en muchas ocasiones, como se vio, no es tal), ni tampoco es válido obedecer por tener a alguien que me controla y me obliga. De hecho, la iglesia no es una institución pensada para ejercer control sobre los miembros. 
En ese sentido, ni el diezmo ni la ofrenda, ni ninguno otro mandamiento es una obligación en términos prácticos, porque nadie obliga a diezmar. A nadie se le descuenta del sueldo el diezmo ni nadie concurre a intervenir la caja de un comercio cuyo dueño es cristiano para obtener el diezmo. Y nunca debería ser así, dado que el diezmo como cualquier otro mandamiento, necesariamente debe ser un acto voluntario, que nazca desde el corazón de la persona, porque en primer lugar ama a Dios, y porque ha entendido que lo que Dios pide es por su bien. Esa es la obediencia genuina y válida a los mandamientos, y es la obediencia que Dios pretende. 
En la época de Israel, el diezmo era una exigencia porque estaba en la ley. Si en la ley era una exigencia, como no ir nosotros más allá de la ley, el día de hoy, para honrar a Dios y sostener su obra en la tierra.

5.- El diezmo es primicia.

Decir que el diezmo es primicia es decir que el diezmo es lo primero que se paga una vez que he obtenido mi ingreso. Esto debe ser hecho así para que el diezmo tenga validez delante de Dios, por al menos dos razones.
En primer lugar, porque Dios es lo primero en nuestra vidas, lo más importante, y por ende, lo primero a ser atendido. 
Y en segundo lugar, porque si una persona espera a cubrir primero todos sus gastos y deja el diezmo para el final a ver si le alcanza para diezmar, el diezmo pasó a ser un sobrante, y no una primicia, y por ende pierde valor. No se está diezmando por las razones correctas, sino porque sobra. Como me alcanzó para pagar todo, entonces doy el diezmo. Eso convierte al diezmo en una limosna. 
Un sobrante nunca tiene el mismo valor que una primicia. El sobrante tiene intrínsecamente la noción de escasa relevancia. Los sobrantes se dan a las personas que menos estimamos. 
Si una persona espera a cubrir todos sus gastos para luego dar el diezmo, es preferible que directamente no lo dé, porque deja de tener valor frente a los ojo de Dios. Si el diezmo se da al final, por más dinero que sea, por más que sea hasta un 15% o un 20%, no interesa: dejó de ser diezmo. En este sentido, ni el diezmo ni ninguna ofrenda valen por su valor monetario, sino que valen por el corazón con el que es dado. 
Dios no rechazó la ofrenda de Caín porque era de un escaso valor monetario frente al cordero que presentó Abel. De hecho, no tenemos posibilidad alguna de medir el precio o valor económico de la ofrenda de cada uno. La ofrenda de Caín fue rechazada, entre otros motivos, porque Caín ya era una mala persona. 

Su señor le dijo: «Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor».
Mateo 25:23

Mucha gente suele decir: cuando obtenga más ingresos, diezmaré. Es una noble pretensión, pero errada, porque ubica al diezmo en el último lugar de las prioridades, y además, le da la posibilidad de surgir una vez que obtenga más ingresos, o lo que es lo mismo decir, cuando sobre lo suficiente como para empezar a darlo. Lo cierto es que, aun con esa noble pretensión, si la persona no diezma hoy, no diezmará mañana. El que no logra ser fiel cuando se tiene poco, no lo logrará cuando tenga mucho.
Si uno es fiel en lo poco, es Dios quien se va a encargar de ponernos en lo mucho. En otras palabras, si hoy digo que no puedo diezmar porque tengo poco, no puedo esperar que Dios me ponga en lo mucho para empezar a diezmar, porque Dios pondrá en lo mucho a quienes son fieles en lo poco. Esto es clave entenderlo, porque la gente que espera a tener mucho para diezmar no logra ver que no es Dios quien los está llevando a lo mucho, porque Dios lleva a lo mucho solo a aquellos que son fieles con lo poco. 
Aquí voy a decir algo que va a rayar con lo escandaloso: no se necesita ser fiel a Dios para prosperar económicamente. Se puede perfectamente prosperar dejando a Dios de lado. No se entrega el diezmo para prosperar. Y si no me creen, miren a su alrededor a la cantidad de personas que no conocen a Dios ni han dado nunca un peso a la iglesia y son más prósperos que la mayoría de los cristianos. 
Para ir a lo mucho en materia económica lo único que hace falta es estudiar y trabajar duro, ser disciplinado y buen administrador, y más nada. No se necesita ser fiel a Dios. Si tu objetivo en la vida es prosperar materialmente, no necesitas ir a la iglesia, necesitas ir a la escuela. 
Si pones un ladrillo sobre otra, terminarás construyendo una pared, no importa si eres creyente o no.

Esto se trata de ser fiel a Dios. De que nuestro objetivo diario es ser fiel a Dios. Parte de nuestra fidelidad es el diezmo. Y Dios, en su amor y bondad, nos prosperará y nos dará un buen pasar. Él nos pondrá en lo mucho, de acuerdo a su voluntad, que es siempre buena.

6.- Malaquías y el Diezmo. 

Quizás uno de los pasajes que es al mismo tiempo duro pero esperanzador en cuanto a la cuestión del diezmo está registrado en la última profecía del antiguo testamento. 

Óiganme, israelitas: Si ustedes no han sido destruidos es porque yo soy el Dios todopoderoso y mi amor no cambia. En cambio ustedes, desde los días de sus antepasados, siempre han desobedecido mis mandamientos. Pero si ustedes se arrepienten y vuelven a mí, yo también me volveré a ustedes. Yo soy el Dios todopoderoso, y les aseguro que así lo haré.
Ustedes me preguntan: “¿Y de qué tenemos que arrepentirnos?”. Yo les respondo: “No es fácil que alguien me robe; sin embargo, ¡ustedes me han robado!”. Todavía se atreven a preguntarme: “¿Y qué te hemos robado?” Pues escúchenme bien: ¡Me han robado porque han dejado de darme el diezmo y las ofrendas! Todos ustedes, como nación, me han robado; por eso yo los maldigo a todos ustedes, también como nación.
Traigan a mi templo sus diezmos, y échenlos en el cofre de las ofrendas; así no les faltará alimento. ¡Pónganme a prueba con esto! Verán que abriré las ventanas del cielo, y les enviaré abundantes lluvias. Además, alejaré de sus campos las plagas de insectos que destruyen sus cosechas y sus viñedos. Tendrán entonces un país muy hermoso, y todas las naciones los considerarán muy dichosos. Yo soy el Dios todopoderoso, y les juro que así lo haré.
Malaquías 3:6-12 (TLA)

Antes de analizar estos versículos, ubiquémonos en el contexto y en el trasfondo de los mismos. 

Durante la dominación del imperio persa, a los judíos se les permite regresar a Jerusalén a reconstruir el templo. Años después, a Nehemías (el copero del rey Artajerjes) se le permite ir a Jerusalén a reconstruir las murallas de la ciudad, que estaban en ruinas. 
Nehemías es contemporáneo con el rabino Esdras, y toda aquella generación que no conocía la ley de Moisés. Esdras se dedica a enseñar las sagradas escrituras al pueblo y como consecuencia de ello, un avivamiento surge, el pueblo se arrepiente de sus pecados, y comienzan a enderezar sus pasos de acuerdo a los preceptos divinos. 
Por primera vez en muchísimo tiempo, los judíos vuelven a diezmar para sostener a los levitas en el servicio religioso, tal cual lo disponía la ley y también las ordenanzas que el rey David había dispuesto, con cantores y músicos que alababan y glorificaban el nombre de Dios en el templo. Asi había sido establecido por Dios: los levitas no deberían trabajar la tierra para sostenerse, sino que sus hermanos de las demás tribus debían sostenerlos. 
Concluida la obra, Nehemías regresa a Babilonia a dar cuentas de lo que había hecho, y más tarde, vuelve a Jerusalén. Al volver, se encuentra con un panorama desolador. Todo lo que había dejado funcionando bien, ya no funcionaba. El capítulo 13 de Nehemías nos muestra que los judíos habían dejado de respetar el día de reposo, se habían vuelto a mezclar en matrimonios mixtos con otros pueblos, la corrupción creció tanto que las autoridades religiosas se quedaban con el diezmo para su propio beneficio y no lo repartían entre los levitas ni a los cantores, por lo que estos se fueron del templo a buscar trabajo en los campos para subsistir. Finalmente, luego de esto, los judíos dejaron directamente de diezmar. 

En medio de este trasfondo, aparece la profecía de Malaquías. 

Visto el trasfondo, vamos al contexto. En el primer capítulo, Dios comienza su mensaje reafirmando su amor por su pueblo, pero los israelitas estaban tan lejos de Dios que tienen el atrevimiento de responderle a Dios: “de veras nos amas?”. Israel no creía en el amor de Dios. 
Es importante señalar este hecho: el amor de Dios es la base y sustento de toda la profecía de Malaquías, su razón de ser. La fuente del mensaje. 

Yo soy Malaquías. Dios me dio la orden de comunicarles a ustedes, los israelitas, este mensaje: «Israelitas, Dios los ama». Y ustedes preguntan: «¿Y cómo nos demuestra ese amor?»
Malaquías 1:1-2 (TLA)

Todo lo que continua en la profecía es un clamor desesperado de un Dios acongojado porque su pueblo lo desprecia. Resultó que los judíos le presentaban a Dios como ofrenda animales impuros, que no valían nada porque estaban ciegos, cojos y enfermos, teniendo animales en buenas condiciones para ofrecer, como lo establece el versículo 14. En pocas palabras, la ofrenda que le traían a Dios no tenía valor monetario alguno, puesto que le traían el clavo, lo defectuoso, lo que no le iban a poder vender a nadie. Usaban el culto a Dios para sacarse de encima lo que les molestaba de sus ganados. Lo que valía algo, se lo quedaban para ellos. 
Es tal el desprecio que la gente tenía por el culto a Dios que Dios mismo desafía a los judíos a que le lleven esos mismos animales al gobernador de Persia, si les daba la valentía para hacerlo. En otras palabras, no se les ocurría presentarle esa porquería a nadie, y se la presentan a Dios. Dios les dice: prefiero que cierren el templo y que no haya más actividad religiosa, porque para que me traigan eso de ofrenda, mejor no me traigan nada
Es que Dios no necesita ni de nuestras ofrendas, ni de nuestro coro de hermanos que le cante canciones, ni nada de eso. El mismo se los dice: 

En todas las naciones del mundo hay quienes reconocen mi grandeza, y por eso me presentan ofrendas aceptables. Pero ustedes los sacerdotes hacen todo lo contrario: me faltan al respeto, y desprecian mi altar y las ofrendas que allí se me presentan».
Malaquías 1:11-12 (TLA)

En otras palabras, Dios les dice: miren que yo no necesito sus ofrendas, ni sus cantos, ni sus honores, porque mi nombre es grande en toda la tierra, y en todos lados hay quien me alaba y me honra genuinamente. 
Entonces, si Dios no necesita nuestras ofrendas, ¿para qué pretende que se le presenten ofrendas, y que encima tienen que ser perfectas, sin mancha ni defecto? La respuesta está en el inicio del mensaje: el amor. 
Yo los amo - dice Dios - y si me van a presentar ofrendas, que sean ofrendas que salgan de un corazón que me ama, que responde a mi amor. Y si nuestro corazón responde al amor de Dios, nuestras ofrendas serán ofrendas gratas, buenas, y no las sobras o lo desperdicios. 
En otras palabras, lo que Dios dice es: “no me tienen que presentar las ofrendas porque está escrito en un reglamento, por cumplir con una disposición. No se traen ofrendas por compromiso. Se traen por amor a mi. Es tan evidente que ustedes no me aman, que desprecian el culto a mi trayéndome desperdicios”
Y eso no acaba ahí. No solo se le ofrecían animales defectuosos e inservibles, sino que encima los sacerdotes expresaban su fastidio con su oficio. Servían a Dios de mala gana y lo decían. 

Y exclaman: “¡Qué hastío!” Y me tratan con desdén —dice el Señor Todopoderoso—. ¿Y creen que voy a aceptar de sus manos los animales lesionados, cojos o enfermos que ustedes me traen como sacrificio? —dice el Señor—.
Malaquías 1:13 (NVI)

Dios está acongojado porque su pueblo, el que él eligió de entre todos los pueblos, no le ama, sino que le desprecia. 
En ese contexto, llega el pasaje leído anteriormente, referente a los diezmos. Repasémoslo. 

Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.
Malaquías 3:10

Lo primero que llama poderosamente la atención en este versículo es el “probadme ahora en esto”. Dios aceptando que su pueblo lo ponga a prueba. Es llamativo porque el mismo Dios dio orden de no ponerlo a prueba. 

No tentaréis a Jehová vuestro Dios, como lo tentasteis en Masah.
Deuteronomio 6:16

En Masah no había suficiente agua para beber y el pueblo dudó si Dios estaba con ellos. Dios les hace acuerdo de que esa actitud no debería volver a ocurrir. El pueblo debía confiar en el cuidado de Dios. 
Otro enfoque de esto es el que da el Señor Jesucristo cuando es tentado por el diablo, antes de iniciar su ministerio. 

Y le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo; (…) Respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios.
Lucas 4:9, 12

A Dios no se lo pone a prueba, porque él es soberano y creador; nosotros somos sus criaturas. Dios no miente, nunca falla; por ende, no corresponde que nosotros que somos mentirosos y falibles por naturaleza, lo probemos a él. 
Además, ¿en qué consistiría el probar a Dios con los diezmos? ¿Diezmar tres o cuatro meses y si al cabo de ese tiempo no estoy viviendo en un barrio residencial con tres autos en el garaje, entonces no funcionó? ¿Cuál es la medida del tiempo y la magnitud de la prosperidad mediante la cual se puede medir la prueba?
Es claro que las palabras de Dios dichas a través de profeta tienen otro sentido, y el sentido hay que buscarlo en el contexto y en el trasfondo de la profecía. Una profecía cuya base y tema principal es el amor no correspondido que Dios tiene por su pueblo. Un Dios que ama, y un pueblo que desprecia ese amor. 
Toda la profecía es un clamor desesperado de Dios por llamar la atención de ese pueblo y lograr que lo ame. Un Dios que se humilla a si mismo, que no guarda orgullo, y que busca una y otra vez que sus criaturas fijen sus ojos en él. 
En ese contexto, el “probadme ahora en esto” es un clamor desesperado de Dios para que el pueblo retome aquellas prácticas que redundarán en su beneficio. No es Dios el que se beneficia de los diezmos, sino nosotros mismos. Con tal de que diezmen, Dios está dispuesto a que lo pongan a prueba. Como sea, pero vuelvan a diezmar, se los ruego - parece decir.
Nosotros, si nos consideramos cristianos fieles que amamos a Dios, no formamos parte del público objetivo de esta profecía, porque Dios le está hablando a un pueblo infiel y ladrón, desobediente. Y aun así, siendo el pueblo infiel, ladrón y desobediente, Dios les promete bendición y prosperidad. Si fue capaz de ofrecerle eso a semejante público, ¿no nos dará también lo mismo a nosotros, si somos un pueblo fiel y obediente?
De modo que si somos fieles y amamos a Dios, diezmamos porque le amamos, no por ponerle a prueba. No es un intercambio ni un negocio. 

No se diezma por avaricia. 

Hay dos razones por las cuales Israel había dejado de diezmar en épocas de Nehemías y Malaquías. La primera de ellas, era por el propio desprecio que la gente tenía por Dios y por el culto a Dios. Esto ya lo vimos. 
Ese desprecio al culto a Dios, que obligó a los levitas a retirarse del templo para ir a trabajar a los campos para tener qué comer, vino seguido de una temporada de sequía y plagas de insectos que afectaron las cosechas. Y ahí está la segunda razón por la que no solo dejaron de diezmar, sino que no se les pasaba por la cabeza volver a hacerlo.
La segunda razón era porque estaban atravesando momentos de dificultad financiera. Y lo primero que hace un pueblo infiel e incrédulo cuando pasa momentos de dificultad financiera es dejar de lado el culto a Dios. 
Esto es evidente por las promesas que Dios hace: promete bendición sobreabundante, lluvias en medio de las sequías, promete acabar con las plagas de insectos que atacaban las cosechas (devorador), y promete un futuro floreciente. Y les promete todo eso porque los judíos no le creían a Dios. Por eso le dejaron de diezmar, porque no le creían. No le creían que los fuera a bendecir, por eso miraron por su propia situación y dejaron de diezmar. 
Y ahí aparece el clamor desesperado de Dios: vuelvan a diezmar y van a ver como los bendigo. Pero no era solo volver a diezmar. La profecía de Malaquías no se centra en el diezmo. Sino que lo que Dios ruega es que lo vuelvan a amar y a demostrarle ese amor, y como parte del amor a Dios, había que reestablecer el culto a Dios, no como una obligación, sino como un gesto de amor y agradecimiento. 
Dios está desesperado porque tiene acumuladas allá arriba un montón de bendiciones, y no se las está pudiendo derramar a su pueblo porque la llave para que eso ocurra la tiene el pueblo, y no la está usando. Si tan solamente el pueblo retomara su amor y devoción por Dios, y le volvieran a rendir culto (culto que abarca, entre otras cosas, diezmar), Dios lo bendeciría tanto que se acabarían la sequía y las plagas y florecerían como una nación hermosa a los ojos de todo el mundo. 
Ese es el clamor desesperado de Dios: Los quiero bendecir y no me dejan. Dependo de ustedes para bendecirlos y ustedes están haciendo todo mal. Por favor, les ruego, háganlo bien, así les tiro con todo esto que tengo para ustedes. 

El diezmo es un principio espiritual porque no solamente se aplica a la economía, sino a toda nuestra vida: marca un patrón de vida, un estilo. 

Darle a Dios lo mejor que tenemos. 

Los judíos le traían a Dios los desperdicios, y muchas veces nosotros hacemos lo mismo. Por ejemplo, ¿dedicamos tiempo de calidad cada día para Dios? El tiempo de la oración, ¿es un tiempo de calidad o son unos minutos así nomás, al pasar, como para cumplir? ¿Voy a la iglesia para cumplir, llegando tarde y yéndome temprano, o mi tiempo de comunión es un tiempo de calidad?
El diezmo suele ser una de las cosas más difíciles para el cristiano, puesto que en su corazón anhela adorar y honrar a Dios con sus bienes, pero  la realidad le juega una mala pasada. Los números nos dicen que no es posible agregar un gasto más. El barco se está hundiendo: diezmar sería una locura. 

Esto nos hace recordar la ocasión en la que los discípulos de Cristo se encontraban en una barca en medio de una tempestad, una tempestad verdaderamente difícil. No sería la primera vez que los discípulos atravesaban una tempestad. Eran pescadores. Alguna que otra tormenta seguramente los habrá agarrado en alguna de las tantas noches en las que buscaban su alimento en el mar. Sin embargo, esta parece especialmente desafiante. Y se está hundiendo la barca.
Y aparece Jesús. El desafío ahora es caminar sobre las aguas hasta Jesús. 
El negocio marcha mal, la barca se está hundiendo, y se me está pidiendo que cada día, del total de las ventas, aparte el 10% para el diezmo. Me están pidiendo que me tire al agua, que tome una decisión de fe. Si ya me estaba hundiendo en la barca, me voy a hundir más si salgo de la barca.
Si al negocio, que ya le va mal así como está, encima agregas un gasto, como ser el diezmo, más se va a hundir. Incluso, muchos que se quedan en la barca te dirán que es una locura, cómo se te ocurre poner un pie en el agua con la tormenta que hay; ¿cómo se te ocurre diezmar siendo que los números no cierran? Mejor quédate en la barca y trata de resistir hasta que pase la tormenta, y quizás no te hundas
Sin embargo, te la juegas, te arriesgas. Dejas de ver la tempestad que te rodea. Por un momento decides dejar de ver el viento y lo truenos. La lluvia sigue cayendo sobre ti, pero pones tus ojos en Cristo y pones un pie en la superficie del agua. 
Das el primer paso sobre el agua. Es el primer día en que estás diezmando. La realidad no cambió mucho. No vinieron más clientes ni facturaste más que el día anterior. Sin embargo, has decidido separar el diezmo. La tempestad sigue, pero los ojos están en Cristo. 
Segundo paso sobre el agua. Es el segundo día en que estoy diezmando. La realidad no cambió mucho. Las dificultades siguen estando. Tampoco hoy vinieron más clientes ni aumentaron las ventas. Sin embargo, has decidido separar el diezmo. La tempestad sigue, pero los ojos están en Cristo. 
Tercer paso sobre el agua. Es el tercer día en que estás diezmando. Hoy esperabas que el milagro empiece a ocurrir, pero no. Los clientes son los mismos, las ventas se mantienen. La tempestad sigue. Los vientos te están azotando tanto como cuando estabas en la barca. Pero has tomado una decisión. Ya me estaba hundiendo en la barca, así que hundido por hundido… 
Cuarto paso sobre el agua. Es el cuarto día en que estás diezmando. Hoy vencía un plazo para cumplir con un acreedor y no tenías lo suficiente para pagar. El cielo se ilumina por un rayo. Vino un proveedor y no pudiste pagar. Te estremece el sonido de un trueno. Es el último día del mes y no cubriste la cuenta corriente. Un viento fuerte te tambalea…

Pero vio que el viento era fuerte, tuvo miedo, se empezó a hundir…
Mateo 14:30 (a) (PDT)

Por un momento, dejaste de ver a Cristo y te abrumó la tormenta y comenzaste a hundirte. Te asalta la duda y el temor: empecé a diezmar y todo empeoró. En ese momento, tienes dos opciones. Puedes volver a atrás y dejar de diezmar porque esto no funcionó. Esto sería equivalente a que Pedro, al comenzar a hundirse, haya intentado desesperadamente nadar de regreso a la barca a ver si podría asirse de al menos algún pedazo de madera para esperar a que la tormenta pase, al mejor estilo Jack y Rose en la escena final del Titanic (todos sabemos que había lugar para Jack en esa tabla).

Sin embargo, Pedro ya había tomado una decisión por Cristo. 

Pero vio que el viento era fuerte, tuvo miedo, se empezó a hundir y gritó: —¡Señor, sálvame!
Mateo 14:30 (PDT)

Pedro ya tenía una decisión tomada por Cristo. No vuelvo atrás. Si me hundo, me hundo con los ojos en Cristo. 

Al momento, Jesús extendió sus manos y tomó a Pedro, calmó la tempestad, y juntos volvieron a la barca. Caminando, naturalmente. Pedro caminó nuevamente sobre el agua. Esta vez, de la mano de Jesús. 

Lo primero, primordial, y lo más importante en la vida del cristiano es serle fiel a Dios

¿De qué nos sirve cualquier cosa que hayamos logrado, si no la logramos siendo fieles a Dios?

El diezmo no es una fórmula mágica. Bien puede ocurrir que comiences a diezmar y el negocio no salga adelante. Puede ser duro, pero si tu negocio no sale adelante diezmando, es porque Dios no quiso que saliera adelante. El cristiano debe aceptar la voluntad de Dios, aprender, y encomendarse a la mano de Dios para lo que vendrá luego. Y el negocio se habrá fundido pero podrás decir: fui fiel a Dios en todo momento. Morí con la botas puestas. Porque más importante que mi negocio, es ser fiel a Dios. Y Dios, que es fiel, no me dejará desamparado y tiene un futuro mejor para mi vida. 
Quizás al diezmar, tu negocio comienza a salir milagrosamente adelante. Allí tendrás la oportunidad de darle gloria a Dios mostrando como la fidelidad a Dios te sacó adelante. 
Pero por otro lado, siempre se puede optar por no diezmar y hacer ingentes esfuerzos para sacar el negocio adelante, y lograrlo. Pero al final del camino, dirás: salvé mi negocio, pero no pude ser fiel a Dios en ningún momento. Y seguramente, habrás sufrido mucho para sacar ese negocio adelante, porque habrás luchado con tus propias fuerzas, en lugar de contar con Dios como tu socio. Al no diezmar, te amputaste la posibilidad de ser bendecido y levantado por Dios, y lograr el éxito con menos esfuerzo, quizás. Remaste en dulce de leche, pudiendo remar en aguas con la corriente a favor.  

Y, ¿de que vale eso? ¿De que vale triunfar dejando a Dios de lado?

Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.
Mateo 16:25

Jesús está diciendo: Si sólo les preocupa salvar su vida, la van a perder. Pero si deciden dar su vida por mi causa, entonces se salvarán. En otras palabras, es insensato pretender salvar algo dejando a Dios de lado. Pero si por hacer lo que Dios manda, parece que fuera a perder, tranquilo: no se va a perder. 

Nada se pone en riesgo si estamos obedeciendo a Dios.

Todo aquel que quiera salvar algo dejando de lado a Dios…

De nada sirve que una persona gane en este mundo todo lo que quiera, si al fin de cuentas pierde su vida. Y nadie puede dar nada para salvarla.
Mateo 16:26

De nada sirve el éxito en este mundo, si para lograrlo tuve que dejar a Dios de lado. 

¿Habrá alguien dispuesto, como los amigos de Daniel, a ser fiel a Dios siempre, pase lo que pase? La venida del Señor está cerca. Cuando venga, ¿encontrará gente que aun le crea? (Lucas 18:8)




sábado, 16 de mayo de 2020

Y hoy te vi

Modesto homenaje a Eduardo Mateo a 30 años de su muerte 

Suelen haber poemas transformados en canciones que logran poner en palabras bellas y armoniosas, experiencias desgarradoras de la vida. Difícilmente un artista logre componer una pieza de estas características si no ha vivido lo que expresa. Y me pregunto, ¿por qué lo compone? ¿Por qué lo expresa? ¿Es simplemente por su deseo de expresar, o porque al hacerlo logra o intenta sanar y liberarse?

Y sin quererlo, quizás, logra brindarnos algo que nos ayuda a remover aquello que dejamos enterrado pero nunca solucionado, y nos permite revivirlo para sanarlo y liberarnos, dejarlo ir. 

Probablemente sea inevitable que las más bellas obras de arte hayan tenido que provenir de personas que la pasaron mal. Quizás no queda otra que atravesar los más profundos valles del dolor para poder componer los más elevados compases o las más sublimes pinceladas. 

Pienso en la depresión de Van Gogh, en el corto y sinuoso camino que recorrió Seurat, en la penumbra de Juana de Ibarborou, y en la tragedia de Delmira Agustini. 

Y al repasar la letra de Y hoy te vi pude sentir que el autor no estaba describiendo algo ajeno, sino su propio derrotero. Enseguida me conmoví pensando que hay tanta gente que atraviesa tormentos pero sin mostrarlos. De pronto, ve su rostro aparentemente alegre o una actitud de exagerada exaltación de un momento de sonrisa, pero en realidad, no vemos lo que sufre, porque como dice la misma canción, nunca dice lo que hay en él. 

Valoro a los artistas no solo por su obra, sino también por su vida. Es que una bella obra de arte me lleva a querer conocer al artista y de pronto pensar que el estilo de vida del artista es también digno de admiración e imitación. Eduardo Mateo nunca fue santo de mi devoción. Siempre admiré sus piezas pero nunca le tuve ese grado de veneración que mucha gente le tributa. Era capaz de componer arte con belleza, orden y armonía, pero su vida personal estaba alejada de eso. ¿Cómo puede un artista componer arte pero no componer su propia existencia? 

De joven, solía ser una persona muy prejuiciosa. Al ver a los demás, su apariencia y una breve conversación, solía armarme una idea de lo que la otra persona era. Pero Dios me ha dado la oportunidad de estar cerca de personas, todas muy diversas entre si, y tener la oportunidad de conocerlas más íntimamente. Descubrí que la vida no es lo que uno se imagina que es, y que muchas personas de pronto no son lo que hubiesen querido ser, sino lo que resultó ser a causa de su entorno, sus vivencias, etc. Aprendí que a veces las personas tan solo intentan llenar su tiempo de momentos de felicidad pero resignados a no poder cambiar su situación de fondo. Algunos, como decía Dino, sienten frío y ya no se quejan. 

Y he llevado a preguntarme si sería que una persona vive determinada vida porque así realmente lo ha querido, o porque así lo quisieron otras fuerzas que hacia allí lo han llevado. 
O una combinación de ambas: una mala decisión en algún momento que desató una serie de acontecimientos que se salieron de control y le llevaron a un destino que le resulta difícil abandonar y que, de pronto, al pasar el tiempo y disminuir las fuerzas, ya no quiere intentar hacerlo. 

Aprendí a mirar cada vida con misericordia, como Dios nos ve.

Hace meses me contaron una historia de Eduardo Mateo. 

En la década del 70, durante un período económico malo de la vida del artista, mientras toda una generación ya tarareaba sus canciones, solía ir al café Sorocabana para solicitar la generosidad de algún comensal que le ofreciera unos pesos para comprarse un café y una medialuna. Para su fortuna, habían comensales que no le daban unos pesos, sino que lo invitaban a compartir la mesa y le compraban el café y las medialunas. Y así, a diario. 

Pero un día fue diferente. Entró al café, se dirigió a la mesa donde estaban sus habituales comensales y dijo: hoy invito yo el café y las medialunas para todos. 
Para sorpresa de todos, ese día Mateo tenía dinero. Entonces, le preguntaron: ¿Qué pasó, Mateo?
Y él respondió: Sandra Miánovich grabó “Y hoy te vi” y me acaban de pagar las regalías. 

Y allí se deja ver la luz de un corazón noble detrás de las sombras de aquel rostro: lo primero que hizo cuando tuvo unos mangos fue agradecerle a los comensales que durante días lo ayudaron desinteresadamente. Para esas personas, el gracias era suficiente. No necesitaban que Mateo ni que nadie les pague un café. Y Mateo también sabía que no necesitaba pagarles un café de regreso. Pero lo de Mateo en esa noche no fue un “gracias por el café y las medialunas”, sino un “gracias por sentarme en vuestras mesas, por no rechazarme, por tratarme como uno de ustedes, por no juzgarme. Ahora que tengo, quiero compartir así como ustedes han compartido lo que tenían conmigo”
Al final, eso es lo que los evangelios nos dicen que Jesús hacía: compartía la mesa con los más necesitados y les brindaba un momento de vida y esperanza, para comunicarles el mensaje de que el reino de los cielos es eso, una larga mesa donde todos vamos a compartir un banquete, cuando ya no haya tormento ni dolor. 

Quizás aquellas medialunas con café que los comensales del Sorocabana le invitaban, eran para Mateo una dosis de vida en medio de la muerte que sufría cada noche larga cuando una esperanza le mentía.

No. No va a ser nunca un ejemplo de vida. Y sí. Es cierto que él nunca pretendió serlo. Y sí. Es injusto que uno le exija eso. A menudo, ni siquiera uno mismo es un ejemplo de vida para uno mismo.

En el día de hoy, a treinta años de su muerte, quiero recordar al ser humano que tuvo la generosidad de convertir su vivencia en obras de arte que han contribuido y contribuirán a que seamos cada vez más humanos, más empáticos, y más sensibles a comprender los misteriosos y complejísimos mecanismos que condicionan nuestras decisiones y conductas. 

Hoy creo que Mateo contribuyó a que tengamos un mundo un poquito mejor. 

viernes, 1 de mayo de 2020

Guárdalo en el cielo

GUÁRDALO EN EL CIELO 
Por Emanuel Seropián 
Sermón predicado en 
Ministerio Tiempo de la 
Gloria de Dios 
Domingo 03 de 
noviembre 2019, 
año de cielos abiertos
Disponible en Youtube: click aquí 
Introducción 
Hablaremos acerca del amor, pero en su concepción romántica y literaria. Sabemos que manejamos una definición de amor que está lejos de las emociones del hombre, sino que es concebida como una decisión y un compromiso; el amor como pacto de entrega del propio ser en beneficio del otro. 
Pero popularmente se concibe al amor como una emoción, un sentimiento, un impulso interno que nos lleva a realizar acciones que terminan a la postre siendo justificadas en sí mismas por ese mismo impulso. Se suele escuchar: “si es por amor, está bien” o “mientras lo hagas por amor…” y expresiones de ese estilo en donde el amor es algo que nadie sabe definir pero que todo lo justifica. 
En esta ocasión hablaremos del amor pero en esa concepción cultural, en el amor como un sentimiento, una emoción, un impulso interno. 

Donde está tu tesoro… 
No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. 
Mateo 6:19-21 
No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino. Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón 
Lucas 12:32-34 

Si hablamos de amor, hablamos de corazón, porque el corazón en el sentido literario al que refiere la Biblia (no anatómico) es el centro, la totalidad o esencia de todas las cosas o actividades. En particular, se refiere al centro de la personalidad del hombre. 
Hablar del amor o del corazón es vital. Jesús dijo en Mateo 5:8 “bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios”. Si dice “limpio corazón” es porque el corazón puede estar sucio, y eso significa que nuestros impulsos o nuestras motivaciones podrían estar equivocadas, o contaminadas. 
Dice el proverbio: 
Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él. 
Proverbios 23:7 (a) 
¿Pensamiento en su corazón? ¿Es capaz de pensar el corazón? Sí, porque en el hebreo bíblico, corazón y mente eran sinónimos. El hebreo es un idioma más inclinado hacia lo subjetivo que a lo científico, por lo tanto a menudo se encuentran estas faltas de precisión en la terminología veterotestamentaria. Carácter, personalidad, voluntad y mente son términos modernos que ahora representan lo que corazón significaba para los hebreos. 
La ley de la primera referencia, ya mencionada en ocasiones anteriores, nos dice que la primera vez que algo se menciona en la Biblia define el propósito. Esta es la primera vez que se menciona corazón en la Biblia: 
Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. 
Génesis 6:5-6 

Nota: en la Biblia existe una famosa alocución del profeta Balaam en la que afirma que Dios no se arrepiente (Números 23:19) que pareciera contradecir el relato de Génesis donde dice que Dios se arrepintió de hacer el hombre. La aparente contradicción se debe analizar en función del contexto en que ambas expresiones se dicen. La palabra hebrea para arrepentimiento es נָחַם (nakjám) y entre sus varios significados se encuentra arrepentimiento, pero también lamentación, pesar. Aquí la palabra debe entenderse como luego lo reafirma el texto: a Dios le pesó haber hecho al hombre; es decir, le dolía las acciones malvadas que el hombre realizaba de continuo. En cambio, en el momento en que Balaam habla, está haciendo una comparación entre Dios y el hombre y se está refiriendo a que Dios no cambia de parecer o de idea cuando ha decidido hacer una cosa, en contraste con el hombre que puede ser inconstante en sus caminos y un día pensar una cosa, y al otro día pensar otra, sin aparente razón para el cambio; además, lo dicho por Balaam se aplica solamente para el caso específico en que está actuando. 

De modo que aquí queda claro que hablar del corazón refiere al lugar donde se producen los pensamientos y también las emociones. 
Dice la Biblia en Cantar de los Cantares: 
Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo; Porque fuerte es como la muerte el amor; Duros como el Seol los celos; Sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama. Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos. Si diese el hombre todos los bienes de su casa por este amor, de cierto lo menospreciarían. 
Cantares 8:6-7 

¿Qué significa “sello en el corazón”? Emociones, sentimientos, lealtad. La verdadera riqueza consiste en obedecerme de todo corazón. Donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. El amor hace que dispongamos todas nuestras emociones, sentimientos y toda nuestra lealtad hacia la persona que amamos. 
Y, ¿Qué significa “sello en el brazo”? Representa el trabajo y esfuerzo. El amor me impulsa a querer trabajar y esforzarme por aquello que amo. 
Este es un popular versículo que se usa para invitación de bodas. Los novios lo suelen invocar frecuentemente. Es que cuando nos vamos a casar, hacemos un pacto de volcar todos nuestros sentimientos y emociones en favor del cónyuge, le dedicamos a nuestra pareja toda nuestra lealtad y nos comprometemos a trabajar y esforzarnos por ella. 
El amor nos sella. Allí donde tengamos nuestro principal amor, allí pondremos nuestras emociones, sentimientos y lealtad. También, es allí donde dedicaremos nuestro trabajo y nuestro esfuerzo. Cuando amamos a Dios, nuestra devoción (corazón) se direcciona hacia Dios, y nuestro brazo comienza a trabajar para el propósito de Dios. 
Las bolsas celestiales donde ponemos nuestro tesoro nunca envejecen ni se agujerean. 
Si seguimos con el versículo de Cantares, vemos que dice que el amor es fuerte como la muerte, así que conviene que estudiemos algunas características de la muerte para entender al amor.
• La muerte es conquistadora, porque una vez que te agarra, no te deja ir.
• La muerte es más fuerte que la voluntad humana.
• No puedes controlar a la muerte. 
No puedes controlar al amor, el amor te controlará a ti. 
Así que OJO CON EL AMOR. 

Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, por los corzos y por las ciervas del campo, que no despertéis ni hagáis velar al amor, hasta que quiera. 
Cantares 3:5 

Ahí está la advertencia: no despierten al amor hasta que llegue el momento apropiado. 
No saber manejar el amor puede tener consecuencias negativas. Hay que estar muy atentos. 
Por ejemplo. El amor es sanador, por eso las personas dolidas buscan amor. El amor se necesita. Ejemplo: Mujer Samaritana. A cada fracaso matrimonial, la mujer samaritana buscaba uno nuevo. Cuando se encuentra con Jesús, la mujer ya llevaba cinco matrimonios fallidos e iba por el sexto. Jesús llega y le dice en sentido: mujer, si seguís bebiendo de esa agua, vas a seguir teniendo sed. Mejor bebé de mi agua, y no tendrás sed jamás. 
El punto es el siguiente: el amor es sanador, pero SOLAMENTE EL AMOR DE DIOS SANA DEFINITIVAMENTE. El amor humano, el que tu puedes tener por una pareja, un hijo, por tu trabajo o una causa, es apenas una venda, una curita. Te da la sensación de que te sana, te alivia por un tiempo, pero no sana definitivamente. Y no hay nada peor en la vida que encarar proyectos si no estamos sanos. Primero el amor de Dios nos debe sanar, para luego poder encarar otros amores. Si no has sanado interiormente de tus heridas, es todo un riesgo aventurarte al matrimonio, por ejemplo. Y si tu matrimonio está fallando, no creas que teniendo un hijo lo vas a salvar. 
La buena noticia es que Jesucristo venció a la muerte, por lo tanto, Jesucristo que es el amor que conquistó a la muerte. 

Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 
Romanos 8:37 

Otra característica del amor. El amor es fuego. Dice la escritura: 
porque nuestro Dios es fuego consumidor 
Hebreos 12:29
… Dios es amor. 
I Juan 4:8 

El amor es fuego consumidor (Dios es amor). Por lo tanto: NO JUEGES CON FUEGO. 
El amor te puede llevar a donde Dios no quiere llevarte. Y el engaño funciona en el hecho de que a vos te va a parecer que todo está bien porque es amor. 
Por ejemplo, caso adulterio. El cónyuge infiel se justifica en que lo que siente por su amante es amor y que, por ende, va a disolver su matrimonio para formar un nuevo proyecto con su amante. Podrá ser amor, pero no está bien. 

Porque los labios de la mujer extraña destilan miel, y su paladar es más blando que el aceite (…). Aleja de ella tu camino, y no te acerques a la puerta de su casa. 
Proverbios 5:3, 8 
Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida 
Proverbios 4:23 

Este proverbio está diciendo que el corazón determina el rumbo de la vida. 
El amor es también un formidable obstáculo entre Dios y yo 
Lo que se interpone entre yo y Dios 
• ORGULLO (amor a mi mismo y a mis gustos y deseos) 
• DINERO (amor al dinero, raíz de todos los males) 
• PAREJA 
Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón. 
OJO CON LO QUE VES 
El mecanismo es muy sutil. 
1) Necesito amor. 
2) Soy herido en relación al amor verdadero. Ej: amor paternal. 
3) Cuando estás herido, necesitás amor, pero te cuesta recibir amor porque para recibir amor necesitás ser vulnerable. Y ser vulnerable te puede herir. 
4) Se nos ofrece un sustituto (porno). En la pornografía tu te satisfaces sin necesidad de satisfacer a otro. Es todo autogratificación – orgullo. 
Estamos diseñados para amar muchas cosas. DONDE PONGAS TU GRAN AMOR, ESO CONTROLARÁ TODO LO DEMÁS QUE AMES. 
Si amas más a ti mismo que a Dios… 
Si amas más a Peñarol… 
Si amas más a tu familia… 
Si amas más a tu dolor… Hay gente que ama sus heridas, porque el amor a nuestros dolores nos da permiso de hacer lo que queramos. El amor a nuestras heridas es el patio de recreo de la carne. Las expresiones típicas de las personas dolidas son: “por qué vos no sabés lo que me pasó… Por que me hicieron esto o aquello”; y puede ocurrir que una persona no querrá sanarse del trauma porque pierde la excusa para hacer lo que quiera. 
Si haces a Dios tu gran amor, o lo que la Biblia dice “tu primer amor”, Dios controlará todos tus demás amores. Pero si hay otra cosa en primer lugar en tu vida, si tu gran amor es otra cosa, eso controlará el resto de tus amores, inclusive el amor por Dios. Hay gente que hace de su trabajo su gran amor, y quedan de lado su familia, su relación con Dios, etc. 
DIOS TE DICE: HAZME TU GRAN AMOR. (QUE LA GENTE LO DIGA Y QUE SE TOMEN UN TIEMPO PARA ORAR). 
SI ME HACES TU GRAN AMOR, YO VOY A CONTROLAR COMO AMAS LO DEMÁS. 
AMOR AL DEPORTE, A LA COMIDA, A LOS AUTOS, A LAS RELACIONES, A LA MÚSICA. 
Si no haces a Dios tu gran amor, algo más controlará tu amor por Dios. 

Lectura: Cantares 5 

Si Dios es omnipresente, ¿por qué pide permiso para que le abran la puerta? Porque necesita tu consentimiento para entrar en una relación más profunda. Abrir la puerta significa dejarlo entrar a mi vida para que pueda “ver dentro de mi” = INTIMIDAD. 
Vs. 3 te saca de la comodidad. Si quieres algo que nunca has tenido deberás hacer algo que nunca has hecho. Tengo una noticia; Dios aparece cuando quiere. Y por lo general, va a aparecer en un momento inoportuno. En este pasaje la amada parece decir: “justo ahora se te ocurrió aparecer”. Que es como decirle al Señor: ¿justo los domingos a las 6 hay que ir a la iglesia? O ¿justo en este momento en que me quiero dedicar a mi carrera me venis a llamar para servirte? 
Hay muy poca distancia entre el amor lastimado y el odio (celos) 
Pero el amor debe superar obstáculos: el obstáculo de la comodidad, y el obstáculo de que él se vaya y no tomarlo como un abandono o un rechazo. Esto es cuando por fin damos el paso, nos decidimos que queremos buscar a Dios, y empezamos a orar, pero no sentimos su presencia. Oramos, leemos su palabra, pero parece que habláramos al aire o que leyéramos un libro de cuento. No conectamos con Dios. Abrimos la puerta, esperábamos verlo, pero parece que no está. 
A muchas personas les cuesta pasar esta prueba y perseverar en su búsqueda de Dios. Se les desploma el corazón. Había expectativa en encontrar al amado, se levanta, abre la puerta, y no está. 
El tema es que Dios no nos ha abandonado, sino que él desea ser buscado. 
Pero el amor es más fuerte que la muerte y el dolor de no estar encontrándolo es vencido por la fuerza del amor. Supera ese obstáculo y busca a Dios. 
Vs.7 La mujer de campo se mete en un lugar desconocido para ella: la ciudad. Todo por encontrar a su amado. Allí se enfrentará a un obstáculo final: las personas lastimando. Los guardias de la ciudad, representan a las personas que se nos cruzan en la vida, incluso hermanos en la fe, líderes. Los guardias de la ciudad son las personas en las que uno confía que lo cuiden, sin embargo, la lastiman, la desnudan, que equivale a violarla. 
Sin embargo, es tan grande el amor que ella siente por su amado. Que ella dice: 
Estoy enferma de amor 
Enferma de amor – fiebre – control del cuerpo. El amor es algo que no lo puede controlar. 
Ella podría haber dicho: qué sentido tiene seguir buscando a mi amado. Por amar a Dios terminé así. Por amar a Dios me pasó esto o aquello. Sin embargo, ella no lo puede controlar. Está enferma de amor. Necesita ubicar a su amado. 
La pregunta es: ¿por qué? 
¿Por qué aun así, quiere encontrarse con su amado? 

Lectura: Cantares 6. 

Sé que te han lastimado. Así es la vida. Nadie está libre. Pero la pregunta en esta noche es: ¿Podrás superar todos esos obstáculos para encontrarme a mi? Por que yo superé todos los obstáculos para llegar a la cruz y para encontrarme contigo. Ahora es tu turno.