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sábado, 4 de febrero de 2017

Acerca de la ideología de género

La sexualidad de las personas no es una funcionalidad biológica que venga con manual de instrucciones de cómo se debe usar. Precisamente, ese manual de instrucciones de cómo vivir nuestra sexualidad difiere según la cultura que se trate, la cual está muy influenciada por la religión, la ideología predominante, tradiciones, etc.

La ideología de género es, precisamente, una ideología, una forma de concebir la sexualidad. Es un sistema de pensamiento cerrado: difícilmente acepte cambiar alguna de sus posturas.

Lo que la ideología de género propone en cuanto a su concepción de la sexualidad, es que las diferencias entre el hombre y la mujer (dejando de lado las obvias diferencias anatómicas, las únicas que no pueden cuestionar) son construcciones culturales y sociales, hechas según los roles y estereotipos que cada sociedad asigna a cada sexo. Detrás de esta ideología, prima la idea de que una persona puede vivir su sexualidad como quiera, con quien quiera, dónde quiera, cuando quiera, y con cuantas personas quiera. Es decir, el ejercicio de la sexualidad absolutamente carente de toda restricción. Ningún acto sexual es malo en si mismo.

La sexualidad, según la entiendo yo, abarca mucho más que tan solamente el momento, la oportunidad y la eventual pareja con la que se le practica. Pero (no sé si queriéndolo o no) parece que toda la discusión que la ideología de género nos propone acerca de la sexualidad se redujera a eso. De ahí que uno juzgaría inicialmente que es una visión parcial de la sexualidad.

Entre las posibles restricciones que pueden existir al ejercicio de la sexualidad, se hace especial énfasis en las restricciones que emanan de las religiones. La Biblia, que abarca los textos sagrados tanto del cristianismo como del judaísmo, establece un código moral que restringe la actividad sexual exclusivamente dentro del matrimonio compuesto por un hombre y una mujer. Bíblicamente, cuando Dios creó al ser humano, varón y hembra los creó, con el objetivo de que, dejando a sus respectivos padres, se unan para formar una nueva entidad (en este caso, el matrimonio), con el objetivo de ser fructíferos y multiplicarse. Dentro de la concepción judeocristiana del mundo, al ser los seres humanos producto de la creación de un ser superior, parece lógico y adecuado seguir las recomendaciones de quien nos creó, no solo para el ejercicio de nuestra sexualidad, sino para todos los aspectos de la vida.

Naturalmente que hay personas que no creen que los seres humanos seamos producto de la creación de un ser superior, y que, por tanto, no tienen porqué gobernar ningún ámbito de sus vidas mediante normativas previamente establecidas, y eso incluye, evidentemente, el ámbito de la sexualidad.

En este contexto, podemos interpretar que la ideología de género es la una de las más modernas manifestaciones de rebelión de las criaturas contra su condición de criaturas; es la negación de la existencia de un ser superior, externo, que nos dice algo sobre la verdad de nosotros mismos, lo bueno, y lo malo. Es decir, es el rechazo a un código moral que proviene externamente, a cambio de uno propiamente diseñado. Con esta idea, el ser humano pretende librarse de cualquier exigencia al considerarse un ser autónomo capaz de construirse a sí mismo.

De la misma manera que Dios lo hace, corresponde respetar el libre albedrío de aquellas personas que eligen dirigir sus vidas de acuerdo a sus propias normas y formas de entender la vida. Y también, de la misma manera, corresponde que las demás personas respeten a quienes hemos querido regir nuestras vidas de conformidad con determinadas reglas, en este caso, la moral judeocristiana.

En este artículo no pretendo entrar en un análisis minucioso de la ideología de género, ni tampoco pretendo extenderme en la concepción bíblica de la sexualidad. Lo que pretendo hacer en este artículo es aclarar porque estoy en contra de la Guía De Educación Y Diversidad Sexual promovida por el Ministerio de Desarrollo Social.

Cuando yo iba a la escuela y al liceo se nos enseñaba acerca de la sexualidad desde el campo de lo objetivo, el funcionamiento de los órganos sexuales, qué es una relación sexual, cuáles son sus objetivos, el placer, la reproducción, cuáles son las consecuencias de una relación sexual, el embarazo, el embarazo no deseado, las enfermedades de transmisión sexual, y las formas de evitar esto, los métodos anticonceptivos, los de barrera (preservativo), el DIU, las pastillas anticonceptivas, la vasectomía, la ligadura de trompas. Nunca un docente entró en el campo de la moral a decirnos si una forma u otra de acto sexual era correcta o no. Eso sencillamente no era parte de la currícula. Quedaba para que cada padre tuviera la libertad de criar a su hijo de conformidad a sus tradiciones, moral y creencias. Esto es la laicidad, dónde el Estado no promueve moral alguna, ni la intenta imponer, explícita o sutilmente.

Mediante la Guía de Educación y Diversidad Sexual, se les impone a los estudiantes una moral acerca de la sexualidad, en detrimento de las demás.

Esto es así, porque en realidad, toda la ideología de género y el lobby gay no predican la diversidad, sino la imposición de su visión sobre el resto de la sociedad, lo cual se fundamenta en un hecho objetivo: la propia guía mencionada, sobre el final de la misma, contiene una serie de recomendaciones y referencias a bibliografías, publicaciones, películas, videos de referencia del tema, y sitios web únicamente de organizaciones LGBTI. Esto sin perjuicio de señalar que la guía entera es un panfleto proselitista de una ideología en particular
.
Por lo tanto, esto constituye una violación a la laicidad de conformidad con la legislación vigente, ya que la ley 18.437 (ley general de educación) define la laicidad en su artículo 17 de la siguiente manera:

“El principio de laicidad asegurará el tratamiento integral y crítico de todos los temas en el ámbito de la educación pública, mediante el libre acceso a las fuentes de información y conocimiento que posibilite una toma de posición consciente de quien se educa. Se garantizará la pluralidad de opiniones y la confrontación racional y democrática de saberes y creencias”.

No hay garantía ninguna a la pluralidad de opiniones, mucho menos una confrontación racional y democrática de creencias, en la medida que el Estado, a través de una de sus secretarías, promueve oficialmente una sola visión de este tema, no asegurando (este es el término que usa la ley) el libre acceso a las fuentes de información y conocimiento.

Y esto es claro a todas luces, en la medida en que uno observa que este tipo de materiales, al igual que las marchas de la diversidad, y otras acciones públicas, no son acciones que reivindiquen la diversidad, sino que reivindican una ideología, una sola orientación sexual, la homosexual, y termina siendo agresivo en detrimento de otras ideologías, principalmente en contra de la orientación heterosexual.

El 90% de la gente en es heterosexual (y estoy siendo algo mezquino con el porcentaje). Ese es el estereotipo mayoritario: ser heterosexual. Bajo el argumento de deconstruir esos estereotipos y promover relacionamientos libres de discriminación, se pretende imponer la homonormatividad a la mayoría de las personas, y allí radica la agresión.

Una cosa es enseñar a no discriminar al distinto, respetar la decisión de cada persona a hacer de su sexualidad lo que le plazca, y otra cosa muy distinta es pretender que la única y aceptable moral acerca de la sexualidad es la que un colectivo (encima minoritario) promueve.

La agresión de la guía es tal, que promueve que a los niños en edad de 5º o 6º año se les proponga un juego en el que sacan fotografías de un sobre dónde se muestran imágenes de parejas besándose. No me importa si la pareja es homosexual o heterosexual; trabajar sobre la base de fotografías que muestran a una pareja besándose en la boca implica ir trabajando en las distintas formas de vivenciar la sexualidad, y allí se entra a violar un terreno que debería ser privativo de los padres y del hogar. La moral asociada al ejercicio de la sexualidad debe ser enseñada por la familia, de acuerdo a lo que la misma considere adecuado (artículo 258 del código civil y 41 de la constitución). El hecho de que efectivamente haya fotografías de parejas homosexuales besándose pretende adoctrinar al estudiante en la naturalización de tal práctica como una práctica buena, dejando de lado que el estudiante puede pertenecer a una familia que considere que tal práctica no es buena.

Y aquí es donde se confunden, a propósito, los conceptos de aceptabilidad moral con discriminación. Para muchas no es buena la práctica de fumar, sin embargo nadie puede decir que los fumadores son odiados por su conducta por parte de aquellos que consideran malo fumar.

Todo nace de hacer creer que hay un problema de dimensiones gigantescas cuando en realidad no lo hay. Al parecer, la sociedad somete a los homosexuales a una vida de sufrimiento y discriminación, por culpa de los conceptos de roles que se heredan de hace siglos. Entonces, para que los homosexuales no sigan sufriendo, debemos deconstruir todos esos conceptos y promover unos nuevos, supuestamente libres de discriminación, pero que lo que hacen es discriminar a quienes tienen una visión distinta.

Los estereotipos de masculinidad y femeneidad impuestos culturalmente desde hace siglos no someten solo a los homosexuales como nos lo quieren hacer ver estos colectivos que promueven esta visión tan homogénea de la diversidad que incluye exclusivamente la aceptación de la homosexualidad. Esta visión está dejando por el camino otros aspectos igual de serios. Las mujeres han sido históricamente y son sometidas por parte de algunos estereotipos a un nivel de exigencias de lo que se espera de una mujer, pero los hombres también. La visión de cuál es el papel o el rol que el hombre debe cumplir en todos los aspectos de la vida abarca niveles de exigencia enormes que muchos no están (o no estamos) en condiciones de satisfacer.

Entonces, el sometimiento comprende a todas las personas (sin distinción alguna). La idea de que el único rol de los heterosexuales (el 90%) es discriminar a los homosexuales (el 10%) es ridícula. ¿El 90% de una humanidad (presuntamente feliz) discrimina al 10% restante (presuntamente sometida en exclusividad)? Parece que la estrategia es darle dimensiones titánicas a una problemática que, si existe, abarca a una cantidad de personas prácticamente residual en términos estadísticos. Y sobre la base de ese sobredimensionamiento de un supuesto problema de discriminación, se asienta la necesidad de la promoción de esta visión acerca del tema, en detrimento de las demás, supuestamente culpables del problema.

Los números son elocuentes. El Colectivo Ovejas Negras realizó una “ENCUESTA NACIONAL DE CLIMA ESCOLAR EN URUGUAY 2016” en donde se encuesta a 423 estudiantes que declaran no ser heterosexuales de entre 13 y 20 años de edad. Los resultados muestran los porcentajes de estudiantes que manifiestan algún inconveniente vivido en referencia a su orientación sexual. Con estos números, pretenden establecer que hay un clima hostil en la educación secundaria, en referencia a los estudiantes no  heterosexuales, lo cual es absolutamente falso si se tiene en cuenta que se entrevistó a 423 estudiantes de una matrícula total de 358.000 estudiantes de educación secundaria y técnico profesional. Es decir que los entrevistados son el 0,12% de la matrícula.

La guía es proselitista desde el momento en que promueve consignas del tipo “mis genitales no definen mi género” (es decir, promueven la confusión de género) y contiene material gráfico de apoyo que consiste únicamente en imágenes de modelos de familia homosexual (dos mamás, o dos papás). Claramente, no es una guía ni diversa ni objetiva, sino profundamente proselitista.

En suma. Respeto que haya personas que piensen diferente en cuánto a la cuestión de la sexualidad, género y demás. Respeto y defiendo su derecho a promover su idea, dado que de lo contrario cómo podría exigir yo que se me defienda en el derecho de promover la mía. No resulta de conformidad con la laicidad que caracteriza a nuestro país, y que es un valor caro, que el Estado tome partido por una de las tantas visiones acerca del tema y la promueva de manera oficial. Si bien respeto las opiniones distintas acerca del tema, no comparto tampoco la agresividad ni la invasión a la privacidad de las familias que implican los métodos con los que se quiere promover la idea.

Para terminar, quiero dejar un link a dos video elocuentes. La cuestión de género está siempre vinculada a una cierta simpatía que la izquierda política suele tener con este tipo de movimientos que exageran problemas para imponer visiones. No obstante eso, en los siguientes video se ve un contundente Rafael Correa, presidente de Ecuador y político de izquierda, hablar del asunto.




martes, 6 de septiembre de 2016

¿Y si cultivamos la cultura de la paciencia?

“La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces”. 
Proverbio persa.


Vivimos en una época en dónde se ha exaltado la cultura de la inmediatez. Todo tiene que ser ahora y ya. No puede esperar. Los slóganes más exitosos a nivel comercial apuntan en este sentido:

  • ¿Qué estás esperando? ¡Te prestamos $40.000 en 40 cuotas de $1.100! Vení por acá, llévate tu platita, y no esperes más para darte los gustos.
  • VISA, porque la vida es ahora.
  • Llame ya!

Vivimos invadidos por la publicidad que nos envía el mercado para que vivamos una vida a las apuradas. ¿Por qué? Porque cuando nos apuramos, aumentamos enormemente las posibilidades de cometer errores, y siempre hay gente que se beneficia de los apuros. ¿Quiénes se benefician de nuestros errores? Pues, claramente, quienes nos inducen a equivocarnos: el propio mercado.

Nos ofrecen que llamemos ya mismo, porque si lo hacemos, aparte del producto que nos ofrecen, nos “regalan” algún producto complementario. Entonces, para no perdernos ese “regalo”, llamamos ya: decidimos una compra sin haber visto el producto, sin haberlo probado, y sin siquiera haber buscado a alguien que haya comprado algo similar como para asesorarnos. Y nos equivocamos. No era lo que creíamos, pero ahora ya lo compramos. Hicimos el gasto. ¿Quién se benefició? El mercado. ¿Quién se perjudicó? El apresurado.

La cultura del tenerlo todo ya, se nos incorpora desde el consumo. Para ser personas de éxito debemos poseer objetos. Celulares, tablets, notebooks, autos, Smarts TV’s, un buen reloj, ropa de marca, etc. Pero para tener todo eso se necesita dinero y como el dinero suele demorar en llegar en las cantidades necesarias para estos fines, se nos genera la necesidad de adelantar el tiempo. Ya no ahorramos para comprar algo al contado; usamos la tarjeta de crédito y lo adquirimos en hasta 12 cuotas (por citar un ejemplo). En vez de guardar el valor de la cuota por 12 meses y comprarlo al contado luego de un año ahorrando, lo queremos ya y lo sacamos “a pagar”.

Tengo un amigo que quiso mudarse para vivir solo. Vive actualmente con sus padres. Se vio envalentonado por un buen ascenso que tuvo en su trabajo y comenzó la búsqueda de su nueva casa. Se lo veía muy entusiasmado y ansioso. Si por el fuera, se mudaba al primer apartamento que encontrara.

Como no paga alquiler en el lugar dónde vive, le sugerí que permaneciera unos meses más ahorrando el dinero que pagaría por concepto de alquiler, como para ir acostumbrando su presupuesto a ese gasto que habría de venir. Mientras hacía eso, podía ir buscando casa con tranquilidad. Quizás, cuando encontrara la casa que le guste, podría ofrecer el dinero ahorrado como depósito en garantía, en preferencia a otras opciones, siempre más molestas.

Afortunadamente llegué a tiempo para darle ese consejo y me lo tomó, pero dónde no llegué a tiempo fue en aconsejarle que no se apure a comprar el mobiliario de la casa. Para cuando me enteré de sus intenciones de mudarse, ya había comprado un montón de muebles que los tenía en su caja original, en su actual casa. ¡Qué ansioso! Compró los muebles antes de conocer el lugar dónde los pondría. Ahora tiene que encontrar una casa en la que quepan lo que ya compró, en lugar de elegir la casa y luego elegir los muebles que vayan mejor con los espacios. Cometió un error, por apresurado. ¿Quién se benefició de ese error? El que le vendió los muebles, claro está.

Lo peor del asunto es que también compró la heladera y algún que otro electrodoméstico, que están sin estrenar. El problema con esta compra anticipada, es que el tiempo de la garantía está corriendo. Cuando estrene esos electrodomésticos, ya no tendrán su habitual año de garantía, sino mucho menos, y si llega a tener algún inconveniente antes del año de estrenarlos, muy probablemente no la cubrirá la garantía, y deberá pagar el arreglo de su bolsillo.

Otra vez. Un apresuramiento resulta en un mal negocio para el apurado y en un excelente negocio para el vendedor.

Pero la cultura de la inmediatez no aplica solo al consumo. Aplica a todas la experiencias de la vida. Yo tengo fresco el recuerdo de cuando era adolescente y ya quería hacer cosas de adultos, sin embargo mi madre me educaba diciendo que disfrutara mi niñez, que ya llegaría el tiempo para determinadas cosas. Pero es así, siempre estamos queriendo adelantar el tiempo. Siempre estamos queriendo tener ya, lo que vamos a lograr de todas formas, si con esfuerzo y dedicación lo buscamos.

La Biblia tiene algunos consejos en su libro de proverbios que conviene repasar.

(…) el que recoge con mano laboriosa las aumenta [las riquezas]
Proverbios 13:11
(…) quien ahorra, poco a poco se enriquece.
Proverbios 13:11 (NVI)
Los bienes que se adquieren de prisa al principio, No serán al final bendecidos.
Proverbios 20:21
Los pensamientos del diligente ciertamente tienden a la abundancia; Mas todo el que se apresura alocadamente, de cierto va a la pobreza.
Proverbios 21:5
Los planes bien pensados: ¡pura ganancia! Los planes apresurados: ¡puro fracaso!
Proverbios 21:5 (NVI)
El rico se enseñorea de los pobres, Y el que toma prestado es siervo del que presta.
Proverbios 22:7
El hombre fiel recibirá muchas bendiciones; el que tiene prisa por enriquecerse no quedará impune.
Proverbios 28:20 (NVI)

No es habitual ver que se promueva una cultura de la paciencia, de saber esperar. Las cosas que son buenas, dejan de serlo cuando ocurren fuera de tiempo. Hemos dejado de exaltar a la paciencia como una virtud. Hemos dejado de elogiar al que sabe esperar como una persona sabia. Más bien nos concentramos en elogiar al que logra poseer mayor cantidad de bienes en menor cantidad de tiempo, y una mente inmadura, no bien entrenada desde pequeña, sentirá envidia del que tiene y se enterrará de cabeza por querer tener ahora mismo lo que tiene el otro.

Cuántas personas conocemos que, con tal de igualarse a los otros, se endeudan para tener lo mismo que los demás. Menos mal que uno de los diez mandamientos nos decía que no codiciemos nada de lo que tiene el prójimo. Sabio mandamiento.

Pero quiero concentrarme en un tema en particular. Casarse es bueno, pero no cuando uno tiene 12 años. Ser padre es lo más maravilloso de la vida, pero quizás no lo es tanto si uno tiene 14 años. Las cosas que son buenas, fuera de tiempo, pueden no serlo tanto. O no serlo en absoluto.

Y dónde más me preocupa que ha permeado la cultura de la inmediatez, es en la sexualidad. Las estadísticas marcan que cada vez, los jóvenes se inician a la vida sexual más temprano. Vivimos en un mundo dónde la sexualidad está sobredimensionada. Hasta para vender un pizarrón de escuela se usan mujeres semidesnudas. 

Hoy día se promueve muy fuertemente que es bueno tener todo el sexo que se quiera, con todas las personas que se le crucen a uno… ah, pero siempre y cuando, se use condón. No tienen por qué esperar por tener sexo. El sexo es lo más, practícalo cuando te venga en gana, nada más tienes un pequeño detalle: o puedes dejar embarazada a tu pareja, o puedes contagiarte una ITS. Así que usá preservativo, pero más allá de eso, dale con todo.

Uno se pregunta quién se beneficia con que el sexo sea practicado a lo largo y ancho de la Tierra por gentes de todas las edades, y la respuesta es clara: lo fabricantes de métodos anticonceptivos (de barrera y píldoras) y abortivos. ¿Cómo hacemos para aumentar las ventas de preservativos? Pues, promovemos el sexo a más no poder. Si así no es, entonces, ¿cómo se explican las publicidades de las marcas de preservativos?

Nadie le enseña a nuestros jóvenes que la paciencia es una virtud que encierra cosas buenas. Que de pronto no está tan bueno que queme etapas de esa manera, que acelere experiencias que son más gratificantes cuando uno es más adulto y maduro. Que es bueno el sexo, pero que es mejor cuando se practica con la persona que uno ama, pero que no a cualquier edad, sino cuando hay circunstancias que no lo tornan una fuente de males. 

Tener hijos es una bendición, pero lo es más cuando ellos vienen a un hogar constituido, dónde hay una mamá y un papá que se quieren y que querían tener familia, dónde los hijos serán esperados con las condiciones necesarias para desarrollarse en esta vida. Tener hijos siempre es una bendición, pero no hay motivo para exponerse a embarazarse cuando no se tiene la edad ni las condiciones adecuadas. Que lo mejor es decidir esperar el tiempo adecuado para practicar el sexo.

Qué el sexo no es un objeto. No es una prueba de amor. No es mero entretenimiento.

En estos días se ha hablado extendidamente acerca de un drama social que tiene nuestro país: el embarazo adolescente. El titular de los diarios rezaba que el 16% de bebés nacen de madres de entre 10 y 19 años. Quitando los execrables casos de abuso, los jóvenes se inician en su sexualidad cada vez más temprano. ¿Por qué? Las razones son la evidencia de cómo la sociedad ha diluido algo tan valioso como la sexualidad. Las razones para entender la iniciación cada vez más temprana de la sexualidad de los jóvenes pueden pasar desde la mera curiosidad, el entretenimiento, la coerción, una necesidad de afirmación de identidad, etc. 

¿Cuáles son las vías para acabar con el flagelo del embarazo adolescente? Lo que se propone, tanto desde la Academia, como desde el Gobierno, pasando por figuras influyentes de la farándula y el arte, apunta siempre al mismo lugar: la anticoncepción. Sexo, todo el que quieras, pero con condón. 

Sin ir más lejos, el MSP acaba de lanzar una app para smartphones que se llama “Gurú del Sexo”. El propio nombre gira en torno a este criterio, el de continuar incentivando la práctica indiscriminada y liberalizada del sexo. 

Sí bien la app (que la descargué y la tengo en mi celular) está muy prolijamente armada, contiene información bien presentada y sobre temas muy valiosos, no veo ningún esfuerzo desde el gobierno, ni desde ninguna otra esfera, en atacar al tema desde otro ángulo.

A nadie se le ha ocurrido que para reducir el embarazo adolescente, quizás lo que debemos promover es un debate en otra dirección. Deberíamos de dejar de debatir tanto el embarazo adolescente, y comenzar a debatir el sexo en la adolescencia. Sin sexo en la adolescencia, no habría embarazo adolescente. A nadie se le está ocurriendo que vayamos a prohibir el sexo por edades, estoy simplemente promoviendo una nueva línea de debate.

Por qué no enseñarle a nuestros jóvenes que durante la adolescencia deben poner el foco en formarse, en estudiar, en crear las condiciones personales e individuales que les permitirán, unos años después, disfrutar el más hermoso y pleno sexo, prácticamente sin riesgos. 

La postura dominante actual nos dice que es bueno tener todo el sexo que uno quiera, con quienes quiera, mientras use condón. Y yo me pregunto, ¿por qué eso es lo bueno? ¿Por qué no puede ser bueno también (o en lugar de) saber esperar el tiempo más adecuado para disfrutar de una buena vida sexual en forma madura y responsable?

¿A quién se le ocurrió que tener todo el sexo que se quiera, con cuantas personas se pueda, pero usando condón, es practicar el sexo responsablemente? A mi se me ocurre otra definición de responsabilidad. ¿Por qué no la debatimos?

Y propongo el debate sobre razones de sentido común, totalmente excluidas de restricciones religiosas a la conducta humana. No he venido a plantear que el sexo debe practicarse solo dentro del matrimonio por orden divina. Ni siquiera vengo a plantear el sexo exclusivo dentro del matrimonio. Pretendo un debate amplio y cada uno tiene sus ideales. Yo tengo los míos y respeto los de los demás. Pero tengamos espíritu crítico. Cuestionémonos las cosas. ¿Por qué es bueno eso que dicen que es bueno? ¿Será que es bueno? ¿No habrá algo mejor? Analicemos otras opciones. 

En esta cultura de la inmediatez en la que vivimos, tendemos a aceptar como bueno todo aquello que se nos impone como bueno, casi sin cuestionarlo, por una sola y sencilla razón: porque pone a nuestro alcance inmediato el placer, sin tener que esperar. 

Espero que en algún momento se levante alguien, con la capacidad de influencia suficiente en la sociedad, que plantee las cosas de otra manera, que nos haga ver otros puntos de vista, que cuestione el pensamiento dominante, y que nos conduzca a una cultura de la paciencia, dónde aprendamos a valorar la espera, la madurez. Que sepamos dar a cada etapa de la vida lo que requiere. Que sepamos poner cada cosa y cada experiencia de la vida en su lugar temporal. 

“… ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontecen a todos”.
Eclesiastés 9:11