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sábado, 4 de febrero de 2017

Acerca de la ideología de género

La sexualidad de las personas no es una funcionalidad biológica que venga con manual de instrucciones de cómo se debe usar. Precisamente, ese manual de instrucciones de cómo vivir nuestra sexualidad difiere según la cultura que se trate, la cual está muy influenciada por la religión, la ideología predominante, tradiciones, etc.

La ideología de género es, precisamente, una ideología, una forma de concebir la sexualidad. Es un sistema de pensamiento cerrado: difícilmente acepte cambiar alguna de sus posturas.

Lo que la ideología de género propone en cuanto a su concepción de la sexualidad, es que las diferencias entre el hombre y la mujer (dejando de lado las obvias diferencias anatómicas, las únicas que no pueden cuestionar) son construcciones culturales y sociales, hechas según los roles y estereotipos que cada sociedad asigna a cada sexo. Detrás de esta ideología, prima la idea de que una persona puede vivir su sexualidad como quiera, con quien quiera, dónde quiera, cuando quiera, y con cuantas personas quiera. Es decir, el ejercicio de la sexualidad absolutamente carente de toda restricción. Ningún acto sexual es malo en si mismo.

La sexualidad, según la entiendo yo, abarca mucho más que tan solamente el momento, la oportunidad y la eventual pareja con la que se le practica. Pero (no sé si queriéndolo o no) parece que toda la discusión que la ideología de género nos propone acerca de la sexualidad se redujera a eso. De ahí que uno juzgaría inicialmente que es una visión parcial de la sexualidad.

Entre las posibles restricciones que pueden existir al ejercicio de la sexualidad, se hace especial énfasis en las restricciones que emanan de las religiones. La Biblia, que abarca los textos sagrados tanto del cristianismo como del judaísmo, establece un código moral que restringe la actividad sexual exclusivamente dentro del matrimonio compuesto por un hombre y una mujer. Bíblicamente, cuando Dios creó al ser humano, varón y hembra los creó, con el objetivo de que, dejando a sus respectivos padres, se unan para formar una nueva entidad (en este caso, el matrimonio), con el objetivo de ser fructíferos y multiplicarse. Dentro de la concepción judeocristiana del mundo, al ser los seres humanos producto de la creación de un ser superior, parece lógico y adecuado seguir las recomendaciones de quien nos creó, no solo para el ejercicio de nuestra sexualidad, sino para todos los aspectos de la vida.

Naturalmente que hay personas que no creen que los seres humanos seamos producto de la creación de un ser superior, y que, por tanto, no tienen porqué gobernar ningún ámbito de sus vidas mediante normativas previamente establecidas, y eso incluye, evidentemente, el ámbito de la sexualidad.

En este contexto, podemos interpretar que la ideología de género es la una de las más modernas manifestaciones de rebelión de las criaturas contra su condición de criaturas; es la negación de la existencia de un ser superior, externo, que nos dice algo sobre la verdad de nosotros mismos, lo bueno, y lo malo. Es decir, es el rechazo a un código moral que proviene externamente, a cambio de uno propiamente diseñado. Con esta idea, el ser humano pretende librarse de cualquier exigencia al considerarse un ser autónomo capaz de construirse a sí mismo.

De la misma manera que Dios lo hace, corresponde respetar el libre albedrío de aquellas personas que eligen dirigir sus vidas de acuerdo a sus propias normas y formas de entender la vida. Y también, de la misma manera, corresponde que las demás personas respeten a quienes hemos querido regir nuestras vidas de conformidad con determinadas reglas, en este caso, la moral judeocristiana.

En este artículo no pretendo entrar en un análisis minucioso de la ideología de género, ni tampoco pretendo extenderme en la concepción bíblica de la sexualidad. Lo que pretendo hacer en este artículo es aclarar porque estoy en contra de la Guía De Educación Y Diversidad Sexual promovida por el Ministerio de Desarrollo Social.

Cuando yo iba a la escuela y al liceo se nos enseñaba acerca de la sexualidad desde el campo de lo objetivo, el funcionamiento de los órganos sexuales, qué es una relación sexual, cuáles son sus objetivos, el placer, la reproducción, cuáles son las consecuencias de una relación sexual, el embarazo, el embarazo no deseado, las enfermedades de transmisión sexual, y las formas de evitar esto, los métodos anticonceptivos, los de barrera (preservativo), el DIU, las pastillas anticonceptivas, la vasectomía, la ligadura de trompas. Nunca un docente entró en el campo de la moral a decirnos si una forma u otra de acto sexual era correcta o no. Eso sencillamente no era parte de la currícula. Quedaba para que cada padre tuviera la libertad de criar a su hijo de conformidad a sus tradiciones, moral y creencias. Esto es la laicidad, dónde el Estado no promueve moral alguna, ni la intenta imponer, explícita o sutilmente.

Mediante la Guía de Educación y Diversidad Sexual, se les impone a los estudiantes una moral acerca de la sexualidad, en detrimento de las demás.

Esto es así, porque en realidad, toda la ideología de género y el lobby gay no predican la diversidad, sino la imposición de su visión sobre el resto de la sociedad, lo cual se fundamenta en un hecho objetivo: la propia guía mencionada, sobre el final de la misma, contiene una serie de recomendaciones y referencias a bibliografías, publicaciones, películas, videos de referencia del tema, y sitios web únicamente de organizaciones LGBTI. Esto sin perjuicio de señalar que la guía entera es un panfleto proselitista de una ideología en particular
.
Por lo tanto, esto constituye una violación a la laicidad de conformidad con la legislación vigente, ya que la ley 18.437 (ley general de educación) define la laicidad en su artículo 17 de la siguiente manera:

“El principio de laicidad asegurará el tratamiento integral y crítico de todos los temas en el ámbito de la educación pública, mediante el libre acceso a las fuentes de información y conocimiento que posibilite una toma de posición consciente de quien se educa. Se garantizará la pluralidad de opiniones y la confrontación racional y democrática de saberes y creencias”.

No hay garantía ninguna a la pluralidad de opiniones, mucho menos una confrontación racional y democrática de creencias, en la medida que el Estado, a través de una de sus secretarías, promueve oficialmente una sola visión de este tema, no asegurando (este es el término que usa la ley) el libre acceso a las fuentes de información y conocimiento.

Y esto es claro a todas luces, en la medida en que uno observa que este tipo de materiales, al igual que las marchas de la diversidad, y otras acciones públicas, no son acciones que reivindiquen la diversidad, sino que reivindican una ideología, una sola orientación sexual, la homosexual, y termina siendo agresivo en detrimento de otras ideologías, principalmente en contra de la orientación heterosexual.

El 90% de la gente en es heterosexual (y estoy siendo algo mezquino con el porcentaje). Ese es el estereotipo mayoritario: ser heterosexual. Bajo el argumento de deconstruir esos estereotipos y promover relacionamientos libres de discriminación, se pretende imponer la homonormatividad a la mayoría de las personas, y allí radica la agresión.

Una cosa es enseñar a no discriminar al distinto, respetar la decisión de cada persona a hacer de su sexualidad lo que le plazca, y otra cosa muy distinta es pretender que la única y aceptable moral acerca de la sexualidad es la que un colectivo (encima minoritario) promueve.

La agresión de la guía es tal, que promueve que a los niños en edad de 5º o 6º año se les proponga un juego en el que sacan fotografías de un sobre dónde se muestran imágenes de parejas besándose. No me importa si la pareja es homosexual o heterosexual; trabajar sobre la base de fotografías que muestran a una pareja besándose en la boca implica ir trabajando en las distintas formas de vivenciar la sexualidad, y allí se entra a violar un terreno que debería ser privativo de los padres y del hogar. La moral asociada al ejercicio de la sexualidad debe ser enseñada por la familia, de acuerdo a lo que la misma considere adecuado (artículo 258 del código civil y 41 de la constitución). El hecho de que efectivamente haya fotografías de parejas homosexuales besándose pretende adoctrinar al estudiante en la naturalización de tal práctica como una práctica buena, dejando de lado que el estudiante puede pertenecer a una familia que considere que tal práctica no es buena.

Y aquí es donde se confunden, a propósito, los conceptos de aceptabilidad moral con discriminación. Para muchas no es buena la práctica de fumar, sin embargo nadie puede decir que los fumadores son odiados por su conducta por parte de aquellos que consideran malo fumar.

Todo nace de hacer creer que hay un problema de dimensiones gigantescas cuando en realidad no lo hay. Al parecer, la sociedad somete a los homosexuales a una vida de sufrimiento y discriminación, por culpa de los conceptos de roles que se heredan de hace siglos. Entonces, para que los homosexuales no sigan sufriendo, debemos deconstruir todos esos conceptos y promover unos nuevos, supuestamente libres de discriminación, pero que lo que hacen es discriminar a quienes tienen una visión distinta.

Los estereotipos de masculinidad y femeneidad impuestos culturalmente desde hace siglos no someten solo a los homosexuales como nos lo quieren hacer ver estos colectivos que promueven esta visión tan homogénea de la diversidad que incluye exclusivamente la aceptación de la homosexualidad. Esta visión está dejando por el camino otros aspectos igual de serios. Las mujeres han sido históricamente y son sometidas por parte de algunos estereotipos a un nivel de exigencias de lo que se espera de una mujer, pero los hombres también. La visión de cuál es el papel o el rol que el hombre debe cumplir en todos los aspectos de la vida abarca niveles de exigencia enormes que muchos no están (o no estamos) en condiciones de satisfacer.

Entonces, el sometimiento comprende a todas las personas (sin distinción alguna). La idea de que el único rol de los heterosexuales (el 90%) es discriminar a los homosexuales (el 10%) es ridícula. ¿El 90% de una humanidad (presuntamente feliz) discrimina al 10% restante (presuntamente sometida en exclusividad)? Parece que la estrategia es darle dimensiones titánicas a una problemática que, si existe, abarca a una cantidad de personas prácticamente residual en términos estadísticos. Y sobre la base de ese sobredimensionamiento de un supuesto problema de discriminación, se asienta la necesidad de la promoción de esta visión acerca del tema, en detrimento de las demás, supuestamente culpables del problema.

Los números son elocuentes. El Colectivo Ovejas Negras realizó una “ENCUESTA NACIONAL DE CLIMA ESCOLAR EN URUGUAY 2016” en donde se encuesta a 423 estudiantes que declaran no ser heterosexuales de entre 13 y 20 años de edad. Los resultados muestran los porcentajes de estudiantes que manifiestan algún inconveniente vivido en referencia a su orientación sexual. Con estos números, pretenden establecer que hay un clima hostil en la educación secundaria, en referencia a los estudiantes no  heterosexuales, lo cual es absolutamente falso si se tiene en cuenta que se entrevistó a 423 estudiantes de una matrícula total de 358.000 estudiantes de educación secundaria y técnico profesional. Es decir que los entrevistados son el 0,12% de la matrícula.

La guía es proselitista desde el momento en que promueve consignas del tipo “mis genitales no definen mi género” (es decir, promueven la confusión de género) y contiene material gráfico de apoyo que consiste únicamente en imágenes de modelos de familia homosexual (dos mamás, o dos papás). Claramente, no es una guía ni diversa ni objetiva, sino profundamente proselitista.

En suma. Respeto que haya personas que piensen diferente en cuánto a la cuestión de la sexualidad, género y demás. Respeto y defiendo su derecho a promover su idea, dado que de lo contrario cómo podría exigir yo que se me defienda en el derecho de promover la mía. No resulta de conformidad con la laicidad que caracteriza a nuestro país, y que es un valor caro, que el Estado tome partido por una de las tantas visiones acerca del tema y la promueva de manera oficial. Si bien respeto las opiniones distintas acerca del tema, no comparto tampoco la agresividad ni la invasión a la privacidad de las familias que implican los métodos con los que se quiere promover la idea.

Para terminar, quiero dejar un link a dos video elocuentes. La cuestión de género está siempre vinculada a una cierta simpatía que la izquierda política suele tener con este tipo de movimientos que exageran problemas para imponer visiones. No obstante eso, en los siguientes video se ve un contundente Rafael Correa, presidente de Ecuador y político de izquierda, hablar del asunto.




domingo, 23 de octubre de 2016

Buscando el modelo

Publicado en mi Facebook el 21 de octubre de 2015 (con mínimas modificaciones para su publicación aquí un año después)

Corría el año 2001 y estaba en 4º de liceo. Se iba a estrenar una materia en la currícula que no se había tenido hasta el momento: filosofía. La profesora nos introdujo a los objetivos de la materia diciéndonos que la idea consistía en desarrollar el pensamiento crítico, que consiste en analizar los conocimientos y especialmente aquellos que se aceptan como verdaderos en la vida cotidiana. Nos invitó a cuestionar todo para encontrarle el sentido como resultado de un razonamiento y no como fruto de la imposición cultural, social o intelectual. Es decir, cuestionar todo aquello que considerábamos como absoluto para que le encontráramos el sentido por nuestra cuenta, y se nos instó a que no aceptáramos tales postulados simplemente porque sí. Al principio la propuesta no me simpatizó. Yo me sentía muy a gusto con mi vida y mis principios, y cuánto más leía y aprendía la Biblia, más a gusto me sentía. No tenía ninguna necesidad de cuestionar nada de lo que había aprendido hasta el momento, y tampoco sentía la inquietud de encontrarle mayor sentido. Para mí era sencillo: si la Biblia lo dice así, así será. 

Con el tiempo aprendí que no es malo cuestionarse las cosas y encontrarles el sentido. El mismo apóstol Pablo nos dice “examinadlo todo, retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21). También aprendí que “donde no hay visión, el pueblo se extravía” (Proverbios 29:18), y la observación del profeta Oseas que afirmó que su pueblo pereció por falta de conocimiento (Oseas 4:6). 

Los pueblos, así como los individuos, necesitamos tener algunos conceptos y valores que debemos aceptar como absolutos, porque ellos nos sirven de ancla y permiten saber dónde estamos parados y hacia donde vamos. Rechazando toda posibilidad de que algo se pueda aceptar como cierto per se, tanto los individuos como los pueblos quedan a la deriva. Hay cosas en las que más o menos estamos todos de acuerdo. Por ejemplo en el respeto por las personas y sus propiedades. Asumimos como válido que robar está mal, lastimar al prójimo está mal, matar está mal, engañar a otra persona, etc. 

Pero hay otros conceptos que en su momento fueron absolutos, los paradigmas reinantes de nuestra cultura occidental judeocristiana, y que en las última décadas han sido profundamente cuestionados, y como resultado de ese cuestionamiento, nuestra sociedad se encuentra ahora en estado de transición entre lo que se ha identificado por la intelectualidad actual (con notoria mala intención) como un modelo pacato y conservador, hacia un modelo nuevo, pero que claramente aun no está definido y esa indefinición le está haciendo mal a la sociedad. La sociedad parece ir hacia algún lugar, más motivada por desprecio al modelo antiguo, que por tener claro a donde quiere ir. Parece que en ese despecho, cualquier concepto que esté en el punto diametralmente opuesto a los conceptos del modelo antiguo viene bien. Es un momento donde lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer. Antes se daba como válido que el estereotipo de sociedad consistía en estudiar, conseguirse un buen trabajo, casarse, tener hijos, de ser posible comprarse una casa y un auto. Era una suerte de medida del éxito. Se respetaban ciertos valores, como ser el pudor, la privacidad, etc. 

Pero de un tiempo a esta parte, el modelo viene cambiando. 

Un estudio que consulté hace poco se pregunta “¿Por qué los jovenes ya no quieren comprar automóviles y vivienda?” y concluye que los jóvenes de ahora son bien diferentes a sus padres; tienen otra idea de la vida. Para ellos, la vida no es conseguirse una buena pareja, casarse, tener hijos, comprar una casa, tener un auto y una mascota. “Los jovenes han revalorado la definicion de éxito. Antes se decia que alguien exitoso era aquel dueño de su propia vivienda y al menos un automóvil, pero ahora se valora a quienes han invertido su dinero en experiencias, viajes y aventuras. (...) desde el punto de vista de la felicidad y la sensación de bienestar es mucho mejor gastar el dinero para adquirir una nueva experiencia y no cosas nuevas”

“Tal parece que la gente no quiere escuchar historias acerca de dónde compraste una casa sino que prefieren escuchar lo fantástico que lo pasaste el fin de semana. Incluso una mala experiencia puede ser al final una historia fascinante. La interacción social entre las personas juega un papel muy importante en si serán o no felices. Así pues, ellos deben hablar con otras personas y tener muchos amigos. Obviamente los demás les gustará más escuchar acerca de un viaje loco e inesperado o cómo alguien vivió en un país desconocido, que oír cuántas casas ha podido comprar una persona en especifico” 

Y hay algo más. 

"Lo que sucede es que las cosas que poseemos, especialmente si son muy costosas nos obligan a preocuparnos por ellas. (…). En cambio, las experiencias y aventuras vividas estarán ahí siempre"

El citado estudio termina diciendo una gran verdad: “Lo importante es que las experiencias no se devalúan y no es posible robárselas.” 

Es notorio que esta generación es bien distinta a la de nuestros padres, pero igual de notorio es que no tenemos el nuevo paradigma definido aun, y algunas consecuencias de ese nuevo paradigma son notorias. Hay personas que no consideran que las propiedades de los demás sean inviolables, incluso hay gente que está convencida (claramente porque fueron así manipuladas) de que tienen derecho de sustraerles bienes materiales a quienes tienen, porque quienes tienen serían los culpables de que ellos no tengan. No valoramos nuestra salud, y así tenemos altos índices de vidas destruidas por las drogas, pero también por el sedentarismo y la mala alimentación. Embarazos no deseados y muchos de ellos interrumpidos, nuevos conceptos de familia, etc. No es el objetivo del presente artículo juzgar el nuevo modelo, si está bien o mal, sencillamente porque creo que no hay nuevo modelo aun, y no lo hay porque la cultura que está predominando es precisamente la que afirma que no es necesario un modelo. Es una cultura que nos invita a vivir a la deriva, a priorizar “experiencias”, a vivir con la adrenalina de las inseguridades, etc. Es una cultura que promueve que cada vez hayan menos valores absolutos. Es una cultura que parece que no puede vivir si no tiene constantemente experiencias que le proporcionen emociones fuertes. Tenemos personas que van todo el tiempo en busca de emociones. Son emocionalmente dependientes. No son capaces de tomar decisiones y encarar proyectos que sean permanentes o de largo plazo por razones de argumentos, sino que cuando algo ya no les genera emoción, lo descartan, o antes de descartarlo buscan darle la emoción que supo tener.

Relaciones de pareja que acaban porque sus integrantes "ya no sienten" lo que sentían antes, o porque la pareja ya no le genera los mismos sentimientos que cuando se conocieron, y que nos lleva a plantearnos: ¿sobre la base de qué se forman las relaciones de pareja de hoy? ¿Se forman sobre la base de ciertas razones que nos llevan a convencernos de que la otra persona es la ideal para acompañarnos en la vida? ¿Se forman por el convencimiento de que hay valores y objetivos comunes que cohesionan? ¿O se forman pura y exclusivamente "porque hay química"?

Lo mismo en todos los ámbitos de la vida. Personas que encaran una carrera universitaria porque les apasiona, pero luego de pasado el tiempo les aburre y encaran otra, y otra, y otra, para finalmente tener muchas carreras a la mitad, ninguna concluida, porque son personas inestables.

Personalmente creo que el más grave daño que tiene nuestra sociedad no es tanto el nuevo paradigma, que no acaba de tomar forma, sino la idea de eliminar la posibilidad de que la sociedad se base en principios inviolables, sagrados para todos, aceptados como tal con amplios consensos. Creo que de una buena vez deberíamos de terminar de ponernos de acuerdo y migrar hacia el nuevo modelo, pero seguir viviendo a la deriva no parece ser la mejor manera de vivir.