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jueves, 2 de marzo de 2017

Debate acerca del FONASA

Recientemente se volvió a avivar la polémica en torno a la financiación del Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS). El debate se revive cada año cuando se informa la cantidad de dinero que Rentas Generales tiene que aportar al Fondo Nacional de Salud (FONASA), que es el fondo de dónde se sirve el SNIS para funcionar.
La Junta Nacional de Salud (JUNASA) le paga a las Instituciones de Asistencia Médica Colectiva (IAMC) y a la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE) un monto de dinero por cada usuario que tienen. El dinero sale del FONASA y no es un monto único por usuario, sino que el valor se calcula de acuerdo a la edad y el sexo de la persona. Ese monto por usuario se llama cápita.
Las cápitas más elevadas son las de los usuarios menores de un año, y los mayores de 74 años. De ahí la insistente y casi fastidiosa publicidad de las IAMC intensivamente concentrada en los nacimientos y los partos.
Esta información está disponible en la página de la JUNASA.
El FONASA recibe ingresos de parte del aporte de los trabajadores, empleadores y pasivos. Pero ese dinero no alcanza, entonces Rentas Generales hace sus aportes para completar lo que falta.
De acuerdo a un resumen que publica el Diario El País, el aporte de Rentas Generales desde 2010 ha sido el siguiente:
     * 2010: U$S 25.000.000
     * 2011: U$S 65.000.000
     * 2012: U$S 159.000.000
     * 2013: U$S 295.000.000
     * 2014: U$S 375.000.000
     * 2015: U$S 377.000.000
    * 2016: U$S 432.000.000 (solo en el período enero-octubre).
Total: U$S 1.728.000.000.
Queda claro que el sistema no se sostiene a si mismo con los aportes de los usuarios y las empresas. Necesitan un aporte adicional Rentas Generales (entiéndase, de todos, ya que ese aporte surge de los impuestos que pagamos todos).
En un principio, la reforma me pareció buena. Pasé de pagar un 3% de mi sueldo a pagar 4,5%, de una, a cambio de nada, ya que en ese momento no tenía hijos. Sin embargo, no me parecía mal tener que hacer un aporte adicional ahora si en un futuro, al tener hijos, me iba a poder beneficiar de lo que ofrece el sistema: afiliar a mis hijos sin necesidad de pagar la cuota social de la mutualista.
Además, para los sueldos más bajos, el aporte siempre es menos al gasto que uno debería afrontar si debiera pagar la cuota de su bolsillo.
Luego tuve hijos (dos) y tanto a mi señora como a mi nos descuentan un 6% del sueldo, y aun así, si tuviéramos que pagarnos la cuota de la mutualista, pagaríamos más, por lo que estaríamos siendo beneficiados por el sistema.
Ahora, viendo el sistema en su globalidad, cabe preguntarnos hasta cuándo se va a poder sostener una situación en la que año a año los aportes de Rentas Generales aumentan, no solo en monto absoluto, sino en el porcentaje que ese aporte significa en el total del Fondo. Si requiere cada vez aportes más grandes de Rentas Generales para funcionar, ¿no hay allí algún error de diseño? ¿Por qué asumimos que Rentas Generales siempre va a tener dinero para volcar al sistema?
Pero más allá de esa cuestión, hay un hecho que es innegable. Queda claro para todos que el aporte que todos hacemos supera ese porcentaje que se ve en el recibo de sueldo. El aporte es mayor, porque al volcar dinero de Rentas Generales, se está aportando el dinero que el Estado también recauda de los aportantes al FONASA a través de IRPF, IRAE, IVA, etc. Por lo tanto, uno aporta más que, en mi caso 6%, que le descuentan del sueldo.
Y esa cuenta es la que no está clara. Entonces, si considero sólo el 6% que me descuentan del sueldo y lo comparo con tener que pagar la cuota social de la mutualista me veo beneficiado, pero si a ese 6% le agrego el resto del dinero que vía IRPF o IVA al final forma parte del FONASA, ¿cómo queda la ecuación?
Entonces, un sistema que requiera aportes cada vez mayores del Rentas Generales puede estar dando una señal de mal diseño. Sería mejor que se ajustaran los porcentajes de descuento. Si en lugar de 6% tiene que ser 8% o 9%, pues que sea, pero nos quedaría a todos mucho más claro los números para analizar el sistema.
Ahora, uno se pregunta si no hay alguna alternativa al sistema. Analicemos qué psaría si no existiera el SNIS, pero tampoco el anterior sistema que descontaba un 3%, y cada uno tuviera que contratar de su bolsillo la mutualista para sí y para sus hijos. Qué tal si todos los usuarios de la salud pasamos a ser potenciales clientes de las IAMC que deberán competir entre ellas para ofrecernos mejores servicios a menores precios. Y que tal si esos 1.700 millones de dólares que hemos puesto todos para el FONASA (y que van a parar a las arcas de las IAMC), se dieran a ASSE para que invierta en la salud pública, de modo que pueda competirle a las IAMC por sus potenciales clientes, y no ya por los más pobres. Qué tal si de esa forma cada mutualista tenga que esforzarse por ser más eficientes, competir y bajar sus precios.
Porque lo que hay hoy, se parece mucho a un mercado cautivo de las IAMC, asegurado por el Estado. Existen 2 millones y medios de usuarios con cobertura a través del FONASA. Es un mercado jugoso para las mutualistas. Pero cautivo. Veamos cómo funciona el sistema.
Una vez que elegiste mutualista, no puedes cambiar por otra por espacio de 3 años. Es decir, el usuario no tiene la libertad de cambiar de prestador de salud, sino ha logrado una antigüedad que el establece el Estado. Por lo tanto, las mutualistas saben que cuando adquieren un nuevo socio lo van a tener cautivo al menos tres años. Esto es así por dos razones:
1.- Para asegurarle a las IAMC cierta previsibilidad, para que sepan que van a contar con ese público por lo menos por unos tres años, pero también para que estén atentos a qué porcentaje de sus afiliados podrían írseles, etc. Es decir, el Estado nos obliga a no cambiar de prestador por tres años para protegerle el negocio a los privados.
A mi me encantaría que los privados se cuidaran su negocio ellos solitos, que se esforzaran por dar la mejor atención, por cuidar a cada usuario como un valioso cliente, pero no. El Estado, una vez más, sale a cuidarle el negocio. Claro, se dirá que es preferible velar por el equilibrio financiero de las IAMC que permitir que la movilidad de usuarios termine desestabilizando a alguna de ellas y que tenga que salir el Estado a disponer de fondos públicos para estabilizar la situación. Pues yo digo que si alguna IAMC pierde muchos usuarios, por algo será, y si se tiene que fundir, que se funda. A Juan Antonio, almacenero, si pierde a sus clientes, no viene nadie del Estado a ayudarlo, muchos menos a obligar a los vecinos a que le compren sólo a Juan Antonio.
2.- Para evitar la intermediación lucrativa. Desde antes que el propio Frente Amplio asumiera el gobierno, se resolvió el conocido corralito mutual para evitar que las mutualistas, mediante promotores que captaban nuevos socios en las calles, ofreciera dinero en efectivo a los potenciales nuevos socios para afiliarse. La intermediación lucrativa se tipificó como delito y una de las manera de desalentar ese delito era el corralito mutual. Sólo se permitiría que en un determinado mes del año (febrero) se puedan hacer cambios (salvo excepciones que la JUNASA autorice) y solo para los socios con más de 3 años de antigüedad en la IAMC (o a los afiliados de oficio a ASSE, en cualquier momento).
Recientemente se descubrió una estafa perpetrada contra el FONASA (se supone que alcanza los 4 millones de dólares) y la forma de realizar la estaba era, precisamente, la intermediación lucrativa.
Es decir, el corralito mutual y la restricción de 3 años para cambiarse de mutualista fueron absolutamente ineficaces para desalentar ese delito. Se siguió cometiendo y con resultados nefastos para el Fondo.
Cabe destacar en este punto que la experiencia nos está mostrando que no podemos seguir tolerando que nos restrinjan la libertad por nada. Si alguien comete un delito, debe ser perseguido y todo el peso de la ley debe caer sobre él. Esto de que uno resigne su libertad de elegir el prestador de salud para “desalentar” el delito de intermediación lucrativa, no solo es inaceptable desde un punto de vista filosóficamente liberal, sino que ahora la experiencia nos muestra su ineficacia.
Lo mismo con el uso del dinero en efectivo. El dinero en efectivo es libertad. Hoy nos obligan a darle nuestro dinero a un banco (solo podemos elegir el banco) y es el banco el que nos marca las condiciones en que vamos a poder hacernos de nuevo de nuestro dinero, llegando en algunos casos (por movimientos por ventanilla) a cobrarnos por darnos de nuevo el dinero que nosotros nunca quisimos darles. Es el colmo del ridículo, pero se establece esta restricción de la libertad de todos para “desalentar” los robos.
Vean como de a poco nos van recortando libertades en nombres de soluciones al delito, absolutamente ineficaces. Cabe preguntarse sencillamente porqué el gobierno no actúa, en primer lugar reprimiendo contundentemente el delito, y en segundo lugar atacando las causas socio-económicas del delito que no tiene nada que ver con la forma en que gastamos nuestro dinero o si ostentamos nuestros bienes (pero esa discusión parece que no la quieren dar).
No somos libres de cambiar de IAMC cuando queremos, sino cuando nos dejan. No somos libres de tener nuestro dinero con nosotros. No somos libres de caminar con la calle con un reloj, con un celular, con un anillo, una cadenita, o ropa de marca.
Pero, volvamos al SNIS.
Creo que sería buena cosa una honesta discusión acerca del diseño del SNIS. Está desfinanciado, no se sostiene solo con el aporte directo de sus usuarios, es pasible de ser estafado, etc.
A eso súmele que la idea de mercado cautivo repercute en una mala calidad de atención de las mutualistas.
Si el Fondo no existiera, podríamos elegir libremente la mutualista que quisiéramos que nos atendiera. Podríamos cambiar de mutualista cuando quisiéramos, y no habría fondo ni sistema (mal) administrados por el Estado que sea estafado, y el dinero de todos, dilapidado. Sin la cautividad de los clientes, las mutualistas deberán esforzarse por alcanzar la excelencia para obtener clientes. El dinero que dejamos de verter a las IAMC para cubrir lo que no recauda el Fondo, lo dedicamos a la salud pública, como principal competidor y forzador de la mejora continua de los privados.
Por lo menos, considero que sería productivo dar la discusión.



domingo, 15 de mayo de 2016

Rebaja de IVA

Montevideo, 3 de agosto de 2014.
Publicado en Ecos, Diario El País.
En el 2007 se rebajó un punto al IVA. Si un bien o servicio costaba $100 + IVA ($123), después de la reforma debió costar $122 (0.81% menos). Esa rebaja nunca se vio en las góndolas de los supermercados ni en ningún comercio. Ese punto de IVA que resignó de recaudar la DGI se lo quedó el comercio. Lo que costaba $100 + IVA, pasó de la noche a la mañana a costar $100,813 + IVA.
Ante esto, el gobierno decidió que no iba a cumplir su promesa electoral de una nueva rebaja del IVA en dos puntos de forma directa como en el 2007, sino que decidieron aplicar salvaguardas para que le llegue al consumidor final. Para eso se tomaron cuatro años y cinco meses para pensar cómo hacerlo, para que finalmente la rebaja quede condicionada a complicarle la vida a la gente usando “medios de pago electrónicos”.
A partir de agosto, las compras con tarjetas de débito y dinero electrónico devolverán 4 puntos de IVA, mientras con tarjeta de crédito devolverán 2 puntos de IVA. Pero según el decreto 203/14, la situación definitiva a partir de agosto de 2016, las compras con tarjetas de crédito no devolverán IVA (la devolución es transitoria; art.3), y las compras con tarjetas de débito y dinero electrónico dejarán de devolver 4 puntos de IVA para pasar a devolver 2.
El descuento será 1,82% del precio final si la transacción está gravada por IVA mínimo (10%), y 1,64% si la transacción está gravada por IVA básico (22%). La gran mayoría de los bienes y servicios están gravados por IVA básico. Algunos como OSE, y la educación privada, no están gravados por IVA. Es decir que no se puede establecer un porcentaje promedio de la rebaja, porque dependerá mucho de cuánto pesa cada tipo de bien o servicio en el gasto total, según el tipo de gravamen que le corresponde.
Pero en la hipótesis de mayor descuento, la de 1,82%, suponiendo que una familia gasta mensualmente $20.000, el descuento será $364. Como se dijo, en la realidad el descuento será menor.
Toda esta complicación del uso de tarjetas y otros medios, ¿para ahorrar $300 por mes?
En realidad para nada. Porque es falaz decir que con estas condiciones en los medios de pagos se logrará que la rebaja llegue al consumidor final, porque el comercio tranquilamente podría subir los precios a partir del 1º de agosto pensando que la gente no va a notar la suba de precios cuando vea el precio definitivo una vez operado el descuento.
Es decir, la promesa de rebajar IVA en dos puntos no se cumplió, porque no solo la condicionan a el medio de pago y le complican la vida a la gente, sino que además no es para cualquier compra (como lo fue la rebaja directa del 2007) sino que solo para compras menores a UI4.000 (actualmente aprox. $11.500, o U$S 500). Es decir que si UD se quiere comprar una computadora o un LCD que supere los U$S 500, adiós rebaja.
Ahora, si el gobierno quiere que la rebaja le llegue a todos, podría haber votado una norma especial para las empresas monopólicas estatales, para que a estas se les permita aplicar una tasa de IVA, y no condicionar la rebaja a medios de pago. Por algo no lo hicieron.



esd