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viernes, 14 de julio de 2017

No dejes que te mientan: reforma laboral en Brasil

En los últimos días Brasil nos sirvió como fuente de noticias del ámbito político que nos han mantenido entretenidos por horas. Los hechos dejan en evidencia algo que me preocupa mucho y es la tendencia que tiene la gente en general de guiarse solamente por los titulares de las noticias, sin molestarse en analizar con cierto grado de profundidad. Muchas veces por haraganería, otras por no disponer del tiempo y los medios, a las personas les bastan los titulares. Los hechos dejan de ser la verdad y ésta es sustituida por la idea que se siembra en la mente de los ciudadanos en base a publicidad masiva de meros epígrafes, muchas veces, fraudulentos.

Es así como el otro día una señora me comenta: “ché, ¡metieron preso a Lula!”. Tuve que explicarle que no, que lo condenaron a prisión pero que para que ésta se haga efectiva requiere una segunda instancia.

Y para quienes estamos algo duchos en las cuestiones políticas, luego de esta noticia, era solo cuestión de sentarse a ver el noticiero y ver lo obvio: por un lado simpatizantes del Frente Amplio y de Lula criticar la condena diciendo que es una artimaña de la derecha conservadora que avanza para tomar revancha de los avances sociales del progresismo y castigar a los pueblos, y por otro lado los no afines al Frente Amplio decir que la justicia es una maravilla.

Ahora, debo reconocer que en el medio de las obviedades surgió una voz que llamó la atención. El secretario general del PIT-CNT Marcelo Abdala hizo declaraciones públicas diciendo que la condena a Lula era parte de “la contraofensiva del imperialismo y las clases dominantes en todo el continente, que quieren realizar un ajuste de cuentas con los pueblos y cortar los avances alcanzados con lucha en estos años”. Bueno, hasta ahí no hay mayores novedades, era lo esperable. El súmmum estuvo en lo que siguió: “Se establece la jornada de doce horas (...) allá plantearon la salvajada de una jornada de doce horas (…). Es una reforma laboral que nos retrotrae al siglo XIX” en referencia a una reforma de las leyes laborales que se aprobó en simultáneo con el escándalo de Lula.

Claro, uno escucha eso y lo primero que piensa es que en Brasil los empleados van a pasar de trabajar 8 horas diarias a trabajar 12 horas diarias, todos los días. Eso es lo que uno piensa si se queda con los titulares, si no investiga un poco más.

Marcelo Abdala y todos los políticos en este país saben que deben elegir rótulos adecuados para insertar una idea en la mente de las masas. De esa manera, eligen expresiones concretas que hagan que la gente crea lo que ellos quieren que crea, aunque eso no sea necesariamente la verdad. Muchas veces, como es este caso, son medias verdades que terminan siendo peor que una mentira.

Lo primero que uno tiene que hacer con los titulares es pasarlos por el tamiz del sentido común. ¿Qué clase de legislador votaría una reforma legal que obligue a sus conciudadanos a trabajar 12 horas por día, todos los días? Solamente un legislador que no quiera ser relecto en las siguientes elecciones, sino no se explica. Miren si un legislador va a votar semejante salvajada (bien ahí, Marcelo, por el adjetivo). Sabe que no lo votan nunca más, y lo que un legislador quiere es ser votado ad eternum. Téngase en cuenta que la votación en el senado fue de 50 contra 26 más una abstención. Así que sin mucha investigación, solo con el sentido común, nos da para poner en duda la afirmación de Abdala, aunque no tanto su afirmación, no tanto lo que textualmente dice, sino lo que quiere expresar. Los mensajes son mucho más que la letra fría, negro sobre blanco. El mensaje siempre va más allá de lo que dice, hasta alcanzar a intuir lo que la gente va a percibir del mensaje.

Decir textualmente que en Brasil “se establece la jornada de doce horas” y que “ese es el proyecto que está en juego en Brasil”, es hacerle creer a la gente que si triunfan los opositores a Lula, los brasileños van a pasar a trabajar 12 horas por día, todos los días. Y eso no es así, por lo tanto, veamos de qué se trata esta reforma. La misma se puede seguir en la web del Senado brasileño haciendo click aquí. El texto, aquí. No voy a abordar todos los puntos de la reforma en homenaje a la brevedad. Pero ahí tienen de dónde descargarse el texto de la ley y al final verán algunas fuentes de las que me informé.

¿Qué se modificó? 

En Brasil hay algo llamado Consolidación de las Leyes de Trabajo (CLT - Consolidação das Leis do Trabalho) que es un conjunto de normas que regulan las relaciones de trabajo. Algunas relaciones de trabajo nunca estuvieron abarcadas en estas normas, por lo tanto, las mismas nunca llegaron a dar cobertura a la totalidad de los trabajadores. Esta reforma introduce la noción de trabajo parcial, intermitente, y teletrabajo, intentando de esa manera incluir a más personas bajo la protección de estas normas.

Se puede clasificar como una reforma modernizadora o regresiva, depende de la óptica por dónde se la mire. Yo no estoy en condiciones de juzgarla porque su estudio me demandaría un tiempo que no tengo, pero al menos algo quise estudiar para no quedarme con esa impresión que me dejó Marcelo Abdala, según la cual, no logro entender como no siguieron de largo y legalizaron el trabajo infantil.

Entre los puntos que para quien suscribe pueden ser negativos, está la eliminación de la ultraactividad de los convenios colectivos. En Uruguay, esta propiedad está amparada en la ley Nº 18.566 de 11 de setiembre de 2009 que establece el “Sistema de Negociación Colectiva”, aunque los sucesivos gobiernos frenteamplistas nunca reconocieron la ultraactividad para los funcionarios públicos, a pesar de que la academia ampliamente opina que les es aplicables, como puede verse en la exposición de motivos de este proyecto de ley.

1.- Jornada Laboral.

Actualmente, la jornada laboral en Brasil está limitada a 8 horas diarias y 44 horas semanales, aceptándose 2 horas extras por día. Con la reforma, se faculta por vía de excepción a las partes a negociar una extensión de la limitación de la jornada a 12 horas, pero manteniéndose el límite de 44 horas.

Por lo tanto, no significa que los trabajadores van a pasar a trabajar 12 horas por día, todos los días. Esta flexibilización de la norma permite, por ejemplo, que los trabajadores acuerden trabajar 4 días por 9 horas y un día por 8 horas, para librar un día a la semana. Por lo general, esto se hace para liberar los sábados, lo que, por otra parte, es algo muy común en Uruguay.

Lo otro que esta nueva norma permite es establecer sí jornadas de 12 horas de trabajo, pero seguidas de 36 horas de descanso ininterrumpidas, siempre con el límite semanal ya dicho.

Esto, en un ejemplo práctico, se traduciría a, por ejemplo, trabajar un lunes de 7 a 19, y reintegrarse a trabajar recién el miércoles a las 7, trabajar hasta las 19 y reintegrarse el viernes a las 7, trabajar hasta las 19, volver a descansar 36 horas para ingresar el domingo a las 7, trabajar 8 hs hasta completar las 44 semanales, y salir a las 15 hs.

Lo destacable de la reforma que aprobó el senado brasileño, sumado a una Medida Provisoria (una suerte de decreto) que emitirá el presidente Temer, es que este tipo de nuevos horarios (que en Brasil ya se lo conoce como “jornada 12x36”) solamente podrá ser aplicado si media un acuerdo colectivo, no individual.

2.- Contratación de trabajadores autónomos

Esto en criollo es cuando se contratan empresas unipersonales. La reforma impide al contratante exigirle exclusividad al contratado. Esto es para evitar que los empleadores eviten tomar trabajadores dependientes pidiéndoles que sean autónomos (empresas unipersonales).

3.- Teletrabajo

La reforma introduce una modalidad nueva de trabajo hasta ahora no contemplada, y es aquella en que se prestan “servicios preponderantemente fuera de las dependencias el empleador con la utilización de tecnologías de la información y comunicación que, por su naturaleza, no se constituyan como trabajo externo”. En el régimen de Teletrabajo (que deberá constar expresamente en el contrato de trabajo) se establece que el comparecimiento ante las dependencias del empleador para realizar actividades específicas que exijan la presencia del empleado en el establecimiento no descaracteriza el régimen de teletrabajo. En este régimen, se exige la constancia expresa en el contrato de trabajo de la modalidad de adquisición y mantenimiento del equipamiento tecnológico y de la infraestructura necesaria, así como el reembolso por otros gastos en los que pudiera incurrir el empleado, sin que esto se considere nunca como parte de la remuneración del empleado. Se responsabiliza al empleador por la seguridad e salud laboral del empleado.

4.- Negociación colectiva.

Hay modificaciones en cuanto a la representatividad de los trabajadores frente a las empresas, pero ninguna de ellas elimina la negociación colectiva. Se elimina la ultraactividad.

5.- Tercerizaciones

Con la nueva reforma, el tercerizado deberá tener las mismas condiciones de trabajo de los efectivos (tomen nota, Piceneté!).

6.- Impuesto sindical

Así como lo lee. En Brasil, la contribución económica al sindicato es obligatoria, una suerte de impuesto. Todos los empleados deben pagar una cuota al sindicato, aunque no quieran estar afiliados al mismo. Este disparate jurídico, dónde la ley te obliga a pagarle a una organización privada aun cuando tu no quieras tener vinculación con ella, es lo que genera la mayor resistencia en los movimientos sindicales y de izquierda en Brasil y su consecuente reacción en sus pares latinoamericanos. Esta restauración de una situación anterior dónde la sindicalización era voluntaria va a conllevar el hecho de que mucho flujo de dinero que iba a los sindicatos brasileños directamente se corte, debilitando a los mismos y por tanto, a su capacidad de hacer campaña por el PT. Esto es lo que más les duele. Ahora se termina la expoliación legal que los sindicatos en Brasil hacían sobre la totalidad de los trabajadores amparados por las normas laborales.

Luego, algunas consideraciones varias.

  • No se considera tiempo de trabajo el tiempo que el trabajador emplea en ir y volver al trabajo, por no estar durante ese tiempo a disposición del empleador. 
  • Se considera régimen part-time cuando no se superen 30 horas por semana y sin posibilidad de hacer horas extras, o si no se superan las 26 horas semanales con posibilidad de hacer hasta 6 horas extras. Si el régimen es menor a 26 horas semanales, las horas suplementarias pueden llegar hasta 6 semanales, pero no consideradas extras. 
  • En los regímenes de part-time, se puede convertir hasta un tercio de las licencias en abono pecuniario. 
  • Se establece que las horas extras serán abonadas, como mínimo, con un incremento del 50%. 
  • Se establecen modificaciones al régimen de fraccionamiento de las licencias. En Brasil la licencia reglamentaria es de 30 días, y a partir de la reforma se pueden fraccionar en tres períodos, uno de ello son menor a 14 días, y los otros no menores a 5. No se pueden dar inicio a períodos de licencia dos días antes de feriados o del día de reposo semanal remunerado. 
  • No se consideran como período extraordinario o que excede la jornada de trabajo las actividades que el empleado por elección propia realice dentro de las instalaciones de la empresa, tales como descanso, estudio, alimentación, interacción entre colegas, higiene personal y cambio de uniforme. 
  • Se establece el principio de igual tarea, igual remuneración. 

Fuentes: 

http://g1.globo.com/economia/noticia/reforma-trabalhista-e-aprovada-no-senado-confira-o-que-muda-na-lei.ghtml

http://g1.globo.com/politica/noticia/temer-sanciona-texto-da-reforma-trabalhista-em-solenidade-no-planalto.ghtml 

http://g1.globo.com/economia/noticia/reforma-trabalhista-e-publicada-no-diario-oficial-da-uniao.ghtml 

https://oglobo.globo.com/economia/planalto-nao-cede-pressao-da-camara-sobre-reforma-trabalhista-21589740 

https://oglobo.globo.com/economia/cercado-de-ministros-temer-sanciona-lei-da-reforma-trabalhista-21587695 

https://www.youtube.com/watch?v=3hHpmmToGy8 

http://noblat.oglobo.globo.com/editoriais/noticia/2017/07/reforma-trabalhista-incentiva-o-emprego-formal.html

viernes, 21 de octubre de 2016

Acerca del ajuste fiscal

Durante este año fue muy debatido el asunto del ajuste fiscal o “consolidación fiscal” como el gobierno insiste en llamarle. La discusión acerca del nombre ha quedado laudada rápidamente. Si fuera una consolidación fiscal o una profundización de la reforma fiscal iniciada en 2007, estas medidas se hubieran tomado en cualquier circunstancia, pero todos saben que si la situación económica del país no fuera la que es, y si los números no fueran rojos, el gobierno habría propuesto la rebaja de impuestos que prometió en campaña electoral.

Todos los gobernantes sueñan con un mundo en el que puedan bajar impuestos. Las reducciones de la carga fiscal son un excelente fidelizador político. Por tal razón, nadie puede negar que nuestro presidente y su equipo  verdaderamente querían poder bajar impuestos, y cuando lo propusieron en la campaña, estaban haciendo una legítima expresión de deseo. Pero, la realidad (porfiada ella) no se los permitió.

Para que un país avance se necesita dinero que sea invertido. En los últimos años, Uruguay ha sido un destino interesante de inversiones por un montón de razones. Pero una de las razones fundamentales es que Uruguay tiene algo llamado “grado inversor”. El grado inversor es una calificación de deuda que hacen las calificadoras internacionales, aquellas a las que el presidente del Banco Central dijo que eran un mal necesario.

Son necesarias porque los inversores (las compañías que manejan fortunas) a la hora de invertir se fijan si el país tiene grado inversor; de lo contrario, descartan la posibilidad de inversión de plano. En muchos casos, esas compañías tienen establecido en sus estatutos la prohibición de invertir en países sin grado inversor.

Son un mal porque en el caso en que le quiten el grado inversor a un país, éste país dejará de recibir inversiones y eso hace daño.

El caso argentino es elocuente. Tras el cambió de gobierno, asumió el Ing. Macri, visto por muchos como un gobernante con un perfil amigable hacia el mercado y las inversiones, pagó todo lo que Argentina debía (para lo cual tuvo que endeudarse lindo) y aún sigue sin recibir el volumen de inversiones que esperaban, y la razón es simple: no tienen grado inversor.

¿Qué tiene que ver esto del grado inversor y las calificadoras de riesgo con el ajuste fiscal? Todo. El ajuste fiscal se hace para que algunos indicadores (inflación, deuda, déficit) se encausen en términos adecuados para que las calificadoras de riesgo no nos saquen el grado inversor.

El gobierno, por más frenteamplista que sea, por más izquierdista que se proclame, no le queda otra que hacer los deberes frente a las calificadoras de riesgo porque las consecuencias para toda la población serían muy graves si perdemos el grado inversor. Mucho más graves que pagar un poco más de impuestos.

Y para lograr encausar esos indicadores, el gobierno usó la única receta que se puede usar en casos como los nuestros, dónde tenemos déficit fiscal: aumentar los ingresos por impuestos y recortar los gastos. Se propuso aumentar las alícuotas de algunas franjas del IRPF, creación de nuevas franjas, y modificación del régimen deducciones. Por el lado de los gastos, el gobierno insiste en decir que es una postergación, que lo que se gastaría en este año, se gastará más adelante, pero en la práctica es un recorte.

Cómo es típico en los últimos tiempos, toda la discusión pública transcurrió sobre el nombre del engendro, sobre si se cumplió o no las promesas de campaña, sobre si uno es mentiroso o el otro no, etc. Las pocas voces, todas técnicas, que advirtieron de los efectos del ajuste, por alguna razón que no logro digerir, no logran tomar la misma dimensión en la opinión pública y las redes sociales qué si toman expresiones del tipo: “mentirosos”, “fachos, ¿qué les cuesta pagar 100 pesitos más de impuestos?”, “la mayoría de los trabajadores que ganan menos de $50.000 no pagan” etc.

Lo que voy a tratar de hacer a continuación en estas líneas es tratar de ilustrar las consecuencias que tendrá el ajuste fiscal, es decir, las consecuencias que algunos veamos reducidos nuestros ingresos y como esto no afecta a unos pocos, sino a todos.
Supongamos una familia que tiene ingresos que serán afectados por el aumento de impuestos y que entre sus gastos tienen:

  • servicio de cable tv HD con paquetes de futbol, cine y dibujitos animados.
  • son socios del club de sus amores.
  • servicio de internet en el hogar de la mayor cuota que ofrece ANTEL.
  • todos en la familia tienen Smartphone con contratos caros.
  • salen a comer afuera todos los viernes, sábados y domingos.
  • ahorran una x cantidad de dinero mensual.


Ahora que van a ver sus ingresos reducidos por el aumento de impuestos y por efecto de la inflación, empezarán a tomar algunas decisiones

  • servicio de cable tv: sacarán el HD, dejarán el futbol, y sacarán los otros paquetes.
  • Dejarán de ser socios del club de sus amores.
  • Se pasarán al servicio de internet más barato que ofrece Antel.
  • Están desperdiciando mucho paquete de datos que al final no usan en sus smartphones. Se pasarán a un contrato más barato y aprovecharán el wifi de la casa.
  • Dejarán de salir a comer los viernes.
  • Ahorrarán menos.
Todas estas decisiones de economía familiar son las que nadie advierte cuando dicen “che, se quejan de llenos, qué les hace pagar un poco más de impuestos, con todo lo que ganan”.

Desde el gobierno (y su ejército de fieles seguidores carentes de espíritu crítico que repiten consignas como loros) se ufanan que la mayoría de los trabajadores, como ganan menos de $50.000, no sentirán los efectos del ajuste. Esta afirmación no solo es falsa, sino que es vergonzosa. En primer lugar, significa que el gobierno festeja que haya gente que gane tan poco. Pero por otro lado, es falsa por lo que voy a exponer a continuación.

La mayoría de los empleados que no verán modificadas las cantidades de IRPF que pagan, por lo general son empleados de la compañía de cable, tercerizados de ANTEL, o el mozo del bar de la esquina. Esta familia, como otras, ha tomado la decisión de dejar de hacer ciertos gastos y las empresas que sufrirán esa baja de recaudación también comenzarán a tomar decisiones de recorte. De esa manera, si una empresa no mantiene su nivel de negocios, o si no puede crecer lo que tenía pensado crecer, no solo no aumentará su plantilla de trabajadores (se frena la creación de empleos), sino que posiblemente entre a despedir a algunos. De esta manera, algunos de aquellos que supuestamente no se iban a ver afectados por el aumento de impuestos, se verán gravemente afectados, porque perderán el 100% de sus ingresos.

Y los puestos de trabajo que más expuestos están a perderse, son los más vulnerables: limpiadores, serenos, porteros, domésticas, paseadores de perros, etc.

Lo otro que se ha dicho desde el gobierno es que el ajuste no afectará más que la capacidad de ahorro de los que más ganan. Eso es otro sofisma, ya que nadie en el gobierno sabe a ciencia cierta qué decisión tomará cada familia para afrontar el ajuste. De pronto no están dispuestos a dejar de ahorrar, y concentrarán sus decisiones en recortar otros gastos.
Pero por otro lado, ¿cuál es el mensaje del gobierno? ¿Está mal ahorrar? ¿Por qué el gobierno pretende financiar sus gastos con la confiscación del ahorro nacional?

Más bien, el ahorro sería la base del crecimiento sostenido y sano de la sociedad, pero éste no parece fomentarse, sino atacarse (en una futura entrega hablaré de lo bueno de ahorrar y lo malo de comprar a crédito).

Vamos a poner el ejemplo bien concreto de una familia que como gana bien, tienen contratado servicio doméstico y le pagan a un muchacho para que le pasee los perros, todo lo cual es sumamente ineficiente, porque tranquilamente son tareas que las pueden cumplir los propios integrantes de la familia; pero en épocas de bonanza y holgura, solemos tomar decisiones de ineficiencia, porque la plata sobra.

Ante una situación de crisis, es esperable que empiecen a sacar al perro ellos mismos, y que al servicio doméstico lo hagan trabajar menos horas o directamente lo recorten. Esta familia, de pronto, no está dispuesta a ahorrar menos, ya que el ahorro y la acumulación de capital es lo que ofrece seguridad financiera y una mayor independencia a los individuos. Todos podemos limpiar nuestra casa y pasear nuestros perros. Hay puestos de trabajo en la sociedad que existen, pero que no son del todo necesarios, y son los fusibles.

De esta manera (en este ejemplo concreto), el paseador de perros o la empleada doméstica que el gobierno decía que no iban a ser afectados porque no pagarían más impuestos, habrán perdido el 100% de sus ingresos. Quizás hubieran estado dispuestos a pagar algo de impuestos a perder buena parte o la totalidad de sus ingresos.

Y aquí se inicia una discusión filosófica. Hay quienes acusarán de insensibilidad y falta de solidaridad a la familia que a la hora de recortar lo hizo por el lado del ingreso y sustento de otro ser humano, su empleada doméstica. La familia se defenderá por el lado de que no tienen ninguna obligación de mantener su empleada doméstica, sino que tienen el derecho de dejar de contratar el servicio que ya no consideran necesario.

La discusión es un tanto maniquea porque si en lugar de despedir a su servicio doméstico, suspendieran el servicio de cable, y si otras familias van en la misma dirección, se los felicitaría por mantener a sus empleadas domésticas, pero nadie les criticaría que muy probablemente habrán dejado sin empleo a alguno de la empresa de cable. Si estaban ahorrando para comprar una casa y dejan de ahorrar para mantener a su empleada doméstica, lo felicitarán por esto, pero nadie verá que por no comprar la casa, posiblemente algún empleado de la inmobiliaria habría sido despedido.

Pero lo más coleccionable de la discusión es que si quien prescinde del servicio doméstico es una familia de clase media que lo que está haciendo es ahorrar para comprar una casa propia porque quieren dejar de alquilar, no habría condena por despedir a su empleada doméstica; estaría justificada porque está bien que quieran tener su casa propia.

Pero si quien prescinde del servicio doméstico es una familia de clase adinerada que no está dispuesta a dejar de ahorrar para comprarse su quinta propiedad para ponerla a alquilar, la condena sería inmediata.

La pregunta es: ¿a partir de cuánto patrimonio es moralmente aceptable que una familia despida a su servicio doméstico para enfrentar una crisis? Y, ¿por qué a partir de ese patrimonio y no más? ¿o menos? ¿con qué criterio estableceríamos ese monto?

Más allá de esa discusión, lo que parece no tener claro quienes dicen “¿qué te hace pagar 100 pesitos más de impuestos?” es que las decisiones que a diario tomamos en materia de gastos generan repercusiones que no somos capaces de visualizar. Todo recorte de gastos que hagamos, y que haga el vecino, y el otro, y el otro, va a terminar repercutiendo siempre en aquellos más vulnerables; justamente en aquellos que el gobierno dice que protege porque sus medidas no les aumentan los impuestos a ellos.

Seguir sosteniendo que el ajuste fiscal no afectará a los más vulnerables porque estos no pagarán impuestos, o da cuenta de la incompetencia de nuestros gobernantes (me consta que no) o simplemente es una burda falacia de la más baja calaña pero que la gente no solo no la advierte, sino que, además, la repiten.