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martes, 1 de septiembre de 2020

El cristiano y el dinero. Capítulo 9

Huye de las deudas. Aprende a ahorrar



El ahorro es la base de la fortuna, y no el endeudamiento. No tomar control de tu presupuesto y gastar según tu intuición y deseo puede ser catastrófico. Y si para eso, se hace uso del endeudamiento, has cavado una cómoda fosa.
 
Hay que diferenciar entre dos tipos de bienes: los bienes durables y los no durables. 

Bienes de consumo durables son aquellos cuyo uso se da a lo largo de un período extenso de tiempo y son utilizados en un gran número de ocasiones. Se consideran durables si poseen una vida útil mayor a los tres años. Va desde la TV, un aire acondicionado, una computadora, un auto y hasta una casa. En la mayoría de los casos, se debe tener en cuenta que los bienes durables van perdiendo su valor al pasar el tiempo. Es decir, el auto que hoy te costó U$S 20.000, lo retirás de la automotora y ya te vale menos si lo queres vender. 

Bienes de consumo y servicios no durables son aquellos bienes que son consumidos en un corto plazo y utilizados en un menor número de ocasiones (algunos solo se utilizan una vez). Su costo es menor al de los bienes de consumo durable. Por ejemplo: alimentos, útiles escolares, comer en restaurantes, cine, estadio, vacaciones. 

Muchos cristianos no controlan sus presupuestos, no hacen cuentas, y gastan en bienes no durables por intuición. En alguno casos, sin control. Para peor, usan frases como: “sabemos que Dios quiere que disfrutemos de estas cosas…”, “Dios será fiel para proveernos” y otros tantos etc., excusas revestidas de espiritualidad para licuar cualquier sentimiento de inseguridad o advertencia que pudiera surgir.

Pero veamos qué tiene para decir la Palabra de Dios. 

Con ansiedad será afligido el que sale por fiador de un extraño; Mas el que aborreciere las fianzas vivirá seguro.
Proverbios 11:15

El hombre falto de entendimiento presta fianzas, y sale por fiador en presencia de su amigo.
Proverbios 17:18

El rico se enseñorea de los pobres, y el que toma prestado es siervo del que presta.
Proverbios 22:7

Los pensamientos del diligente ciertamente tienden a la abundancia; Mas todo el que se apresura alocadamente, de cierto va a la pobreza.
Proverbios 21:5

El hombre fiel recibirá muchas bendiciones; el que tiene prisa por enriquecerse no quedará impune.
Proverbios 28:20 (NVI)

(…) el que recoge con mano laboriosa las aumenta [las riquezas]
Proverbios 13:11

(…) quien ahorra, poco a poco se enriquece.
Proverbios 13:11 (NVI)

Todos estos versículos, y algún otro, tienden a aconsejar al cristiano a no endeudarse y no apurarse para tomar decisiones financieras. La bendición material sobre la vida de un cristiano está lejos de pasar tan solamente por diezmar y ofrendar. Esto es importante e imprescindible, condición necesaria, pero insuficiente. Estar al día con el diezmo y ofrendar no es una licencia para manejarse como se quiera con la economía, ni mucho menos un permiso para el despilfarro o las decisiones apresuradas. 

Sin embargo, hay cristianos que toman decisiones pensando en que todo va a estar bien, que Dios nos va a prosperar o que Dios va a suplir, o que Dios proveerá, y todas esas justificaciones que el cristiano tiene adaptado a su jerga y que, de tanto escucharlas en forma aislada, se terminan convirtiendo en argumentos que a la postre se levantan en contra del verdadero conocimiento de Cristo y se terminan convirtiendo en conductas que son desobedientes a sus principios. 

El cristiano debe siempre buscar la guía del Espíritu Santo en cada situación de su vida, procurando encontrar la sabiduría antes de tomar una decisión. Cada decisión del cristiano debe ser meditada y bien pensada.

Los bienes que se adquieren de prisa al principio, no serán al final bendecidos.
Proverbios 20:21

Los planes bien pensados: ¡pura ganancia! Los planes apresurados: ¡puro fracaso!
Proverbios 21:5 (NVI)

Bienaventurado el varón que (…) en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche, (…) todo lo que hace, prosperará.
Salmo 1

Dios es especialmente contrario a las deudas. Toda la ley de Dios está llena de referencia en contra de las deudas. Por ejemplo, las deudas tenían que ser perdonadas al séptimo año, a los esclavos había que ofrecerles la libertad al séptimo año, y en el año 50, todas las tierras tenían que volver sus dueños originales. En adición a esto, Dios le prometió a su pueblo lo siguiente: 

Ya que Jehová tu Dios te habrá bendecido, como te ha dicho, prestarás entonces a muchas naciones, mas tú no tomarás prestado;
Deuteronomio 15:6

No es recomendable tomar deuda para el consumo de bienes no durables. Uno debe consumir en el mismo o menor nivel en el que gana. Si el dinero no me alcanza para consumir determinadas cosas, sacarlas a pagar en cuotas o pedir prestado para obtenerlas es un mal camino. 

Si a una persona no le alcanza el dinero para llegar a fin de mes (como se dice popularmente) y saca un préstamo o compra un bien en cuotas, ¿de dónde sacará dinero los meses siguientes para pagar la cuota del préstamo o la cuota de la compra a crédito?

La clave del mejor consumo es privarse de consumir hoy, ahorrar, y consumir mejor más adelante. Por ejemplo: el celular último modelo que hoy sale $24.000, lo puedes obtener en 24 cuotas de $1.000. Suponiendo que te sobran $1.000 por mes, tienes dos opciones. Lo obtienes ya y lo pagas en cuotas, o ahorras esos $1.000 cada mes para comprarlo al contado luego. En 18 meses, habrás ahorrado $18.000, y quizás el precio del celular ya haya caído a ese valor. Lo comprás al contado y más barato. Claro, eso implica cultivar la paciencia y saber esperar.

El ejemplo del celular es muy aplicable para la mayoría de los bienes que consumimos. Cada vez que un nuevo bien de consumo sale al mercado, la gente se desespera por obtenerlo, y por lo general lo obtienen a un precio elevado y a costa de deuda. No hay porqué tener todo ya. Esperar te va a dar buenos resultados. Y por otro lado, no hay satisfacción más grande que comprar algo y saber que es 100% tuyo y que no se lo debes a nadie, ni tienes que trabajar los próximos meses de tu vida para pagarlo.

Si en todo caso, la situación amerita que se actúe ya y no se puede esperar, es absolutamente necesario que el cristiano tenga control de su presupuesto y sepa cuánto dinero le sobra al mes, para saber si puede hacer frente a la cuota. No es gasto y después veo

Si un cristiano usa deuda constantemente para sostener su nivel de consumo, puede llegar a acumular deuda al punto tal de quebrar. Cuando compra a crédito o pide préstamos para el consumo de bienes no durables, los bienes se consumieron, y en caso de no poder pagar por ellos, ¿de dónde vas a sacar para pagar? Comer afuera, cine, estadio, vacaciones, etc., son todos consumos que se agotan en el momento. No duran. Y si todo ese consumo se hace sin control, acumulando deuda, cuando tengas que pagar por eso, tendrás que vender otros bienes que tengas, o vas a tener que sacrificar buena parte de tus ingresos futuros en el pago de la misma. Te sentirás esclavo de tu deudor. Sentirás la frustración de trabajar y trabajar solo para pagar cuentas y no vas a poder disfrutar del fruto de tu trabajo. No hay nada peor que trabajar y no poder disfrutar el dinero que se gana, porque hay que pagar las malas decisiones financieras que arrastro del pasado por haber manejado mal las finanzas. 

La buena salud financiera pasa por ahorrar. Y en este sentido, hay que derribar mitos. La verdad es que SIEMPRE SE PUEDE AHORRAR. Tu tienes que obligarte a ahorrar. Aunque sean $400 por mes. No debes menospreciar tu capacidad de ahorrar, por pequeña que sea. Al final del año habrás ahorrado $4.800. No es una fortuna, pero no desprecies lo poco que puedas ahorrar.

Obligarte a ahorrar va a moderar tu conducta. Poner el ahorro en prioridad, te va a permitir privarte de ciertos consumos que no son estrictamente necesarios. Yo sé que no es simpática la vida con privaciones y que queremos darnos gustos, pero si no te privas hoy en aras de construir una vida más sana financieramente, las privaciones no acabarán nunca. En el capítulo 11 ahondaremos en este concepto.

Empezarás ahorrando poco, terminarás ahorrando mucho más, y tendrás un mejor futuro. Recuerda: lo ideal no es gastar y luego pagar. Mejor es ahorrar, luego consumir. Pero aun mejor que ahorrar y consumir, es ahorrar e invertir. No te gastes todo tu ahorro en el futuro consumo. Parte del ahorro (cuánto más mejor) debe invertirse, para que esa inversión produzca nuevos ahorros o incluso ganancias. Una compra no produce ganancias, una inversión, sí. 

El ahorro es una conducta bíblica y forma parte de las mejores prácticas de administración financiera que se conocen en el mundo.

domingo, 30 de agosto de 2020

El cristiano y el dinero. Capítulo 7

¿Por qué Israel había dejado de diezmar? 
Causas por las cuales las personas dejan de diezmar o nunca comienzan a hacerlo.


Hay dos razones por las cuales Israel había dejado de diezmar en épocas de Nehemías y Malaquías. La primera de ellas, era por el propio desprecio que la gente tenía por Dios y por el culto a Dios. Esto ya lo vimos. 

Ese desprecio al culto a Dios, que obligó a los levitas a retirarse del templo para ir a trabajar a los campos para tener qué comer, vino seguido de una temporada de sequía y plagas de insectos que afectaron las cosechas. Y ahí está la segunda razón por la que no solo dejaron de diezmar, sino que no se les pasaba por la cabeza volver a hacerlo: porque estaban atravesando momentos de dificultad financiera. Y lo primero que hace un pueblo infiel e incrédulo cuando pasa momentos de dificultad financiera es dejar de lado el culto a Dios. 

Esto es evidente por las promesas que Dios hace: bendición sobreabundante, lluvias en medio de las sequías, acabar con las plagas de insectos que atacaban las cosechas (devorador), y un futuro floreciente. Y les promete todo eso porque los judíos no le creían a Dios. Por eso dejaron de diezmar, porque no le creían. No le creían que los fuera a bendecir, por eso miraron por su propia situación y dejaron de diezmar. 

Y ahí aparece el clamor desesperado de Dios: vuelvan a diezmar y van a ver como los bendigo. Pero no era solo volver a diezmar. La profecía de Malaquías no se centra en el diezmo. Sino que lo que Dios ruega es que lo vuelvan a amar y a demostrarle ese amor, y como parte del amor a Dios, había que reestablecer el culto a Dios, no como una obligación, sino como un gesto de amor y agradecimiento. 

Dios está desesperado porque tiene acumuladas en su mano un montón de bendiciones, y no se las está pudiendo derramar a su pueblo porque la llave para que eso ocurra la tiene el pueblo, y no la está usando. Si tan solamente el pueblo retomara su amor y devoción por Dios, y le volvieran a rendir culto (culto que abarca, entre otras cosas, diezmar), Dios lo bendeciría tanto que se acabarían la sequía y las plagas y florecerían como una nación hermosa a los ojos de todo el mundo. 

Ese es el clamor desesperado de Dios: Los quiero bendecir y no me dejan. Dependo de ustedes para bendecirlos y ustedes están haciendo todo mal. Por favor, les ruego, háganlo bien, así les envío todo esto que tengo para ustedes

Porque desde que el mundo es mundo nadie vio ni oyó jamás de un Dios como el nuestro, que se manifiesta en favor de los que en él confían.
Isaías 64:4

El diezmo es un principio espiritual porque no solamente se aplica a la economía, sino a toda nuestra vida: marca un patrón de vida, un estilo. Darle a Dios lo mejor que tenemos. Los judíos le traían a Dios los desperdicios, y muchas veces nosotros hacemos lo mismo. Por ejemplo, ¿dedicamos tiempo de calidad cada día para Dios? El tiempo de la oración, ¿es un tiempo de calidad o son unos minutos así nomás, al pasar, como para cumplir? ¿Voy a la iglesia para cumplir, llegando tarde y yéndome temprano, o mi tiempo de comunión es un tiempo de calidad?

La primicia del diezmo tiene poder redentor sobre el 90% que queda de nuestros ingresos, y Dios lo bendecirá y multiplicará. Cuando le damos a Dios lo primero de nuestro tiempo y dinero, él multiplica todo lo demás.

Demuéstrale a Dios que para ti él es lo más importante. Dale de lo que tienes y de todo lo que ganes; así nunca te faltará ni comida ni bebida.
Proverbios 3:9-10 (TLA)
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viernes, 14 de agosto de 2020

El cristiano y el dinero. Capítulo 6

Malaquías y el diezmo

Quizás uno de los pasajes que es al mismo tiempo duro pero esperanzador en cuanto a la cuestión del diezmo está registrado en la última profecía del antiguo testamento. 

Óiganme, israelitas: Si ustedes no han sido destruidos es porque yo soy el Dios todopoderoso y mi amor no cambia. En cambio ustedes, desde los días de sus antepasados, siempre han desobedecido mis mandamientos. Pero si ustedes se arrepienten y vuelven a mí, yo también me volveré a ustedes. Yo soy el Dios todopoderoso, y les aseguro que así lo haré.

Ustedes me preguntan: “¿Y de qué tenemos que arrepentirnos?”. Yo les respondo: “No es fácil que alguien me robe; sin embargo, ¡ustedes me han robado!”. Todavía se atreven a preguntarme: “¿Y qué te hemos robado?” Pues escúchenme bien: ¡Me han robado porque han dejado de darme el diezmo y las ofrendas! Todos ustedes, como nación, me han robado; por eso yo los maldigo a todos ustedes, también como nación.

Traigan a mi templo sus diezmos, y échenlos en el cofre de las ofrendas; así no les faltará alimento. ¡Pónganme a prueba con esto! Verán que abriré las ventanas del cielo, y les enviaré abundantes lluvias. Además, alejaré de sus campos las plagas de insectos que destruyen sus cosechas y sus viñedos. Tendrán entonces un país muy hermoso, y todas las naciones los considerarán muy dichosos. Yo soy el Dios todopoderoso, y les juro que así lo haré.
Malaquías 3:6-12 (TLA)

Antes de analizar estos versículos, ubiquémonos en el contexto y en el trasfondo de los mismos. 

Durante la dominación del imperio persa, a los judíos se les permite regresar a Jerusalén a reconstruir el templo. Años después, Nehemías (el copero del rey Artajerjes) recibe permiso para ir a Jerusalén a reconstruir las murallas de la ciudad, que estaban en ruinas. 

Nehemías es contemporáneo con el rabino Esdras, y toda una generación que no conocía la ley de Moisés. Esdras se dedica a enseñar las sagradas escrituras al pueblo y como consecuencia de ello, un avivamiento surge, el pueblo se arrepiente de sus pecados, y comienzan a enderezar sus pasos de acuerdo a los preceptos divinos. 

Por primera vez en muchísimo tiempo, los judíos vuelven a diezmar para sostener a los levitas en el servicio religioso, tal cual lo disponía la ley y también las ordenanzas que el rey David había dispuesto, con cantores y músicos que alababan y glorificaban el nombre de Dios en el templo. Así había sido establecido por Dios: los levitas no deberían trabajar la tierra para sostenerse, sino que sus hermanos de las demás tribus debían sostenerlos. 

Concluida la obra, Nehemías regresa a Babilonia a dar cuentas de lo que había hecho, y más tarde, vuelve a Jerusalén. Al volver, se encuentra con un panorama desolador. Todo lo que había dejado funcionando bien, ya no funciona. El capítulo 13 de Nehemías nos muestra que los judíos habían dejado de respetar el día de reposo y se habían vuelto a mezclar en matrimonios mixtos con otros pueblos. La corrupción creció tanto, que las autoridades religiosas se quedaban con el diezmo del pueblo para su propio beneficio y no lo repartían entre los levitas ni a los cantores, por lo que estos se fueron del templo a buscar trabajo en los campos para subsistir. Finalmente, luego de esto, los judíos dejaron directamente de diezmar. 

En medio de este trasfondo, aparece la profecía de Malaquías. 

Visto el trasfondo, vamos al contexto. En el primer capítulo, Dios comienza su mensaje reafirmando su amor por su pueblo, pero los israelitas estaban tan lejos de Dios que tienen el atrevimiento de responderle a Dios: “de veras nos amas?”. Israel no creía en el amor de Dios. 

Es importante señalar este hecho: el amor de Dios es la base y sustento de toda la profecía de Malaquías. La razón de ser. La fuente del mensaje. 

Yo soy Malaquías. Dios me dio la orden de comunicarles a ustedes, los israelitas, este mensaje: «Israelitas, Dios los ama». Y ustedes preguntan: «¿Y cómo nos demuestra ese amor?»
Malaquías 1:1-2 (TLA)

Todo lo que continua en la profecía es un clamor desesperado de un Dios acongojado porque su pueblo lo desprecia. Resultó que los judíos le presentaban a Dios como ofrenda animales impuros, que no valían nada porque estaban ciegos, cojos y enfermos, teniendo animales en buenas condiciones para ofrecer, como lo establece el versículo 14. En pocas palabras, la ofrenda que le traían a Dios no tenía valor monetario alguno, puesto que le traían “el clavo”, lo defectuoso, lo que no le iban a poder vender a nadie. Usaban el culto a Dios para sacarse de encima lo que les molestaba de sus ganados. Lo que valía algo, se lo quedaban para ellos. 

Es tal el desprecio que la gente tenía por el culto a Dios que Dios mismo desafía a los judíos a que le lleven esos mismos animales al gobernador de Persia, si tenían suficiente valentía para hacerlo. En otras palabras, no se les ocurría presentarle esa porquería a nadie, y se la presentaban a Dios. Dios les dice: prefiero que cierren el templo y que no haya más actividad religiosa, porque para que me traigan eso de ofrenda, mejor no me traigan nada

Es que Dios no necesita ni de nuestras ofrendas, ni de nuestro coro de hermanos que le cante canciones, ni nada de eso. El mismo se los dice: 

En todas las naciones del mundo hay quienes reconocen mi grandeza, y por eso me presentan ofrendas aceptables. Pero ustedes los sacerdotes hacen todo lo contrario: me faltan al respeto, y desprecian mi altar y las ofrendas que allí se me presentan.
Malaquías 1:11-12 (TLA)

En otras palabras, Dios les dice: miren que yo no necesito sus ofrendas, ni sus cantos, ni sus honores, porque mi nombre es grande en toda la tierra, y en todos lados hay quien me alaba y me honra genuinamente

Entonces, si Dios no necesita nuestras ofrendas, ¿para qué pretende que se le presenten ofrendas, y que encima tienen que ser perfectas, sin mancha ni defecto? La respuesta está en el inicio del mensaje: el amor. 

Yo los amo - dice Dios - y si me van a presentar ofrendas, que sean ofrendas que salgan de un corazón que me ama, que responde a mi amor. Y si nuestro corazón responde al amor de Dios, nuestras ofrendas serán ofrendas gratas, buenas, y no las sobras o lo desperdicios. 

En otras palabras, lo que Dios dice es: “no me tienen que presentar las ofrendas porque está escrito en un reglamento o por cumplir con una disposición. No se traen ofrendas por compromiso. Se traen por amor a mí. Es tan evidente que ustedes no me aman, que desprecian el culto a mi trayéndome desperdicios”

Y eso no acaba ahí. No solo se le ofrecían animales defectuosos e inservibles, sino que encima los sacerdotes expresaban su fastidio con su oficio. Servían a Dios de mala gana y lo decían. 

Y exclaman: “¡Qué hastío!” Y me tratan con desdén —dice el Señor Todopoderoso—. ¿Y creen que voy a aceptar de sus manos los animales lesionados, cojos o enfermos que ustedes me traen como sacrificio? —dice el Señor—.
Malaquías 1:13

Dios está acongojado porque su pueblo, el que él eligió de entre todos los pueblos, no le ama, sino que le desprecia. 

En ese contexto, llega el pasaje leído anteriormente, referente a los diezmos. Repasémoslo. 

Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.
Malaquías 3:10

Lo primero que llama poderosamente la atención en este versículo es el “probadme ahora en esto”. Dios aceptando que su pueblo lo ponga a prueba. Es llamativo porque el mismo Dios nos dio orden de no ponerlo a prueba. 

No tentaréis a Jehová vuestro Dios, como lo tentasteis en Masah.
Deuteronomio 6:16

En Masah no había suficiente agua para beber y el pueblo dudó si Dios estaba con ellos. Dios les hace acuerdo de que esa actitud no debería volver a ocurrir. El pueblo debía confiar en el cuidado de Dios. 

Otro enfoque de esto es el que da el Señor Jesucristo cuando es tentado por el diablo, antes de iniciar su ministerio. 

Y le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo; (…) Respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios.
Lucas 4:9, 12

A Dios no se lo pone a prueba, porque él es soberano y creador; nosotros somos sus criaturas. Dios no miente, nunca falla; por ende, no corresponde que nosotros que somos mentirosos y falibles por naturaleza, lo probemos a él. 

Además, ¿en qué consistiría el probar a Dios con los diezmos? ¿Diezmar tres o cuatro meses y si al cabo de ese tiempo no estoy viviendo en un barrio residencial con tres autos en el garaje, entonces no funcionó y dejo de diezmar? ¿Cuál es la medida del tiempo y la magnitud de la prosperidad mediante la cual se puede medir la prueba?

Es claro que las palabras de Dios dichas a través de profeta tienen otro sentido, y el sentido hay que buscarlo en el contexto y en el trasfondo de la profecía. Una profecía cuya base y tema principal es el amor no correspondido que Dios tiene por su pueblo. Un Dios que ama, y un pueblo que desprecia ese amor. 

Toda la profecía es un clamor desesperado de Dios por llamar la atención de ese pueblo y lograr que lo ame. Un Dios que se humilla a sí mismo, que no guarda orgullo, y que busca una y otra vez que sus criaturas fijen sus ojos en él. 

En ese contexto, el “probadme ahora en esto” es un clamor desesperado de Dios para que el pueblo retome aquellas prácticas que redundarán en su beneficio. ¿Qué prácticas? Rendirle culto a él (lo que implica, entre otras cosas, el diezmo, pero el también el hacer las cosas con ganas, de manera genuina, de buena gana, dándole a Dios lo mejor). No es Dios el que se beneficia cuando le rendimos culto y le traemos diezmos, sino nosotros mismos. Con tal de que diezmen, Dios está dispuesto a que lo pongan a prueba. Como sea, pero vuelvan a diezmar, se los ruego - parece decir.

Nosotros, si nos consideramos cristianos fieles que amamos a Dios, no formamos parte del público objetivo de esta profecía, porque Dios le está hablando a un pueblo infiel, ladrón, y desobediente. Y aun así, siendo el pueblo infiel, ladrón y desobediente, Dios les promete bendición y prosperidad. Si fue capaz de ofrecerle eso a semejante público, ¿no nos dará también lo mismo a nosotros, si somos un pueblo fiel y obediente?

De modo que si somos fieles y amamos a Dios, diezmamos porque le amamos, no por ponerle a prueba. No es un intercambio ni un negocio. No se diezma por avaricia.

El cristiano y el dinero. Capítulo 5.

El diezmo en forma de primicia

Las ofrendas que traigan a mi templo serán de los mejores primeros frutos que produzcan sus campos.
Éxodo 23:19 (TLA).

Nuestra primicia es darle a Dios lo primero de nuestra cosecha o de nuestras ganancias.

Si el primer trozo de pan fue dedicado a Dios, entonces todo el pan está dedicado a él...
Romanos 11:16 (PDT)

Decir que el diezmo es primicia es decir que el diezmo es lo primero que se paga una vez que he obtenido mi ingreso. Esto debe ser hecho así para que el diezmo tenga validez delante de Dios, por al menos dos razones.

En primer lugar, porque Dios es lo primero en nuestra vidas, lo más importante, y por ende, lo primero a ser atendido. 

Y en segundo lugar, porque si una persona espera a cubrir primero todos sus gastos y deja el diezmo para el final a ver si le alcanza para diezmar, el diezmo pasó a ser un sobrante, y no una primicia, y por ende pierde valor. No se está diezmando por las razones correctas, sino porque sobra. Como me alcanzó para pagar todo, entonces doy el diezmo. Eso convierte al diezmo en una limosna. 

Un sobrante nunca tiene el mismo valor que una primicia. El sobrante tiene intrínsecamente la noción de escasa relevancia. Los sobrantes se dan a las personas que menos estimamos. 

Si una persona espera a cubrir todos sus gastos para luego dar el diezmo, es preferible que directamente no lo dé, porque deja de tener valor frente a los ojos de Dios. Si el diezmo se da al final, por más dinero que sea, por más que sea hasta un 15% o un 20%, no interesa: dejó de ser diezmo. En este sentido, ni el diezmo ni ninguna ofrenda valen por su valor monetario, sino que valen por el corazón con el que es dado. 

En términos más ilustrativos y prácticos: si un hermano gana $10.000 y el primer gasto que hace es dar los $1.000 de diezmo, esos $1.000 valen más delante de Dios que los $20.000 que da el otro hermano que cobra $200.000 pero espera a cubrir todos sus gastos primero para entregar el diezmo al final. 

Jesús levantó la mirada y vio a los ricos poniendo sus ofrendas en la caja del dinero del templo. También vio a una viuda pobre que estaba dando dos pequeñas monedas de cobre como ofrenda. Entonces Jesús dijo:
—En verdad les digo que esta pobre viuda dio más que todos los demás. Porque todos ellos dieron de lo que les sobraba, pero ella, a pesar de su pobreza, entregó todo lo que tenía para vivir.
Lucas 21:1-4 (PDT)

Dios no rechazó la ofrenda de Caín porque era de menor valor monetario frente al cordero que presentó Abel. De hecho, no tenemos posibilidad alguna de medir el precio o valor económico de la ofrenda de cada uno. La ofrenda de Caín fue rechazada, entre otros motivos, porque Caín ya era una mala persona.
 
Entonces Dios le preguntó a Caín: «¿Por qué estás tan triste y enojado? Si haces lo correcto, siempre te aceptaré con agrado, pero si haces lo malo, el pecado está listo para atacarte como un león. ¡No te dejes dominar por él!»
Génesis 4:6-7 (TLA)

Mucha gente espera primero obtener más ingresos para luego diezmar. Es una noble pretensión pero errada, porque ubica al diezmo en el último lugar de las prioridades, y además, le da la posibilidad de surgir una vez que obtenga más ingresos, o lo que es lo mismo decir, cuando sobre lo suficiente como para empezar a darlo. Lo cierto es que, aun con esa noble pretensión, si la persona no diezma hoy, difícilmente diezmará mañana. El que no logra ser fiel cuando se tiene poco, difícilmente lo logrará cuando tenga mucho.

Su señor le dijo: «Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor».
Mateo 25:23

Si somos fieles en lo poco, es Dios quien se va a encargar de ponernos en lo mucho. En otras palabras, si hoy digo que no puedo diezmar porque tengo poco, no puedo esperar que Dios me ponga en lo mucho para empezar a diezmar, porque Dios pondrá en lo mucho a quienes son fieles en lo poco. Esto es clave entenderlo, porque la gente que espera a tener mucho para diezmar no logra ver que no es Dios quien los está llevando a lo mucho, porque Dios lleva a lo mucho solo a aquellos que son fieles con lo poco. Así que si tu estás en una etapa en tu vida en donde en materia económica te está yendo bien y estás yendo a lo mucho, pero nunca has diezmado, pregúntate si es Dios quien te está llevando a lo mucho o si lo estás logrando en tus propias fuerzas (o si a alguien más le interesa que te vaya bien sin diezmar…). 

Aquí voy a decir algo que va a rayar con lo escandaloso: no se necesita ser fiel a Dios para prosperar económicamente. Se puede perfectamente prosperar dejando a Dios de lado. No se entrega el diezmo para prosperar. Y si no me creen, miren a su alrededor: la cantidad de personas que no conocen a Dios ni han dado nunca un peso a la iglesia y son más prósperos que la mayoría de los cristianos. Por eso en la Biblia hay referencias en las que se le pide al cristiano que no se impaciente al ver como los que no son creyentes prosperan. 

Para ir a lo mucho en materia económica lo único que hace falta es estudiar y trabajar duro, ser disciplinado, buen administrador, y poco más. No se necesita ser fiel a Dios. Si tu objetivo en la vida es prosperar materialmente, no necesitas ir a la iglesia, necesitas ir a la escuela. Si pones un ladrillo encima de otro, terminarás construyendo una pared, y no importa si eres bueno o malo, cristiano o ateo. 

Esto del diezmo se trata de ser fiel a Dios. Nuestro objetivo diario es ser fiel a Dios. Parte de nuestra fidelidad es el diezmo. Y Dios, en su amor y bondad, nos prosperará y nos dará un buen pasar. Él nos pondrá en lo mucho, de acuerdo a su voluntad, que es siempre buena.

El cristiano y el dinero. Capítulo 4

El diezmo como mandamiento: ¿es obligatorio?

Aunque el diezmo es anterior a la ley (una costumbre oriental instalada desde antaño) pasa a ser una obligación exigible para Israel en el momento en que Dios lo introduce en la ley. 

Para nosotros que vivimos en el tiempo de la dispensación de la gracia, y en el ejercicio de esa libertad ontológica con la que Dios nos creó, podemos decir que ningún mandamiento es obligatorio. No suele ser un enfoque tradicional, pero es el más acertado: ningún mandamiento es una obligación. 

La razón es sencilla. Si algo es una obligación, necesariamente debe existir alguien o una entidad que se encargue de obligarnos. Para eso, alguien nos controlará, y en caso de incumplimiento, nos castigará. 

En cuanto a los mandamientos divinos, un estudio pormenorizado de las Escrituras nos muestra que Dios entregó los mandamientos más bien como enseñanzas y consejos para que el hombre tenga bienestar al cumplirlos. Y lo que se suele percibir como un castigo, en la mayoría de los casos suelen ser la simple consecuencia de la conducta vedada. 

Si obedecen mis decretos y mis ordenanzas, encontrarán vida por medio de ellos. Yo soy el Señor.
Levíticos 18:5

Los supuestos castigos que Dios envía por incumplir los mandamientos no se tratan (en muchos casos) estrictamente de castigos propiamente enviados por Dios, sino que eso ha sido más bien una manera en que los hombres de la antigüedad han entendido determinados acontecimientos. El mejor acercamiento al tema nos lleva a concluir que los tales castigos no son más que la simple consecuencia que se deriva de una conducta (todo efecto tiene una causa); conducta que se intentó prevenir mediante un mandamiento. 

Una forma ilustrativa de mostrarlo es la siguiente: yo le doy la orden a mi hijo de que se abrigue porque hace frío, de lo contrario podría contraer neumonía y morirse. Acto seguido, mi hijo sale desabrigado a la intemperie. Se enferma de neumonía y se muere. No fui yo, como padre, que le envié la neumonía ni la muerte para castigarlo por haber desobedecido mi orden de abrigarse, sino la simple consecuencia de haber salido desabrigado (o lo que es lo mismo decir, la consecuencia de haberme desobedecido). Tampoco yo le di la orden de abrigarse por capricho, sino que se la di para protegerlo.

Cuando Dios le dice a Adán y Eva que si comen del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal morirían, no era un castigo asociado a un capricho divino, sino que era el anuncio de lo que ocurriría si se le abría la puerta al mal. Cuando Dios le dice a Eva que Adán la sometería, no es eso ni un castigo que Dios le impone, ni mucho menos el plan de Dios para la mujer, es simplemente el anuncio de la consecuencia de haberle abierto la puerta al mal. Lo mismo con el parto doloroso: no es la voluntad ni el deseo de Dios que la mujer sufra al parir. De hecho, la propia expresión bíblica nos muestra que el diseño original de Dios para el parto no necesariamente contenía el dolor, por eso anuncia que de ese momento para adelante tendría dolor. Si uno analiza la propuesta de vida paradisíaca, el dolor no tiene sentido alguno en un cuerpo que no está diseñado para morir, y en un ambiente libre de mal (sin inclemencias del tiempo, sin riesgo de lesiones, etc.). El dolor, elemento ausente en el diseño original divino, pasa a ser un mal necesario para nuestro instinto de conservación en un mundo nuevo que le acaba de abrir la puerta a la muerte y al mal. De ahí que, nuevamente, sin ser ni el deseo ni la voluntad de Dios que fuera así, lo que Dios hace es anunciar como serían las cosas en el nuevo escenario.

Una de las formas de entender adecuadamente esto es observar el contexto en el que Dios pronuncia sus afamados Diez Mandamientos. Los hebreos acababan de ser rescatados de la cruel esclavitud egipcia. La palabra mandamientos no es mitzvá o mitzvot, que en hebreo significa ordenanza en el sentido más estricto. La palabra mandamiento en hebreo es devarim, que se traduce más exactamente como “palabra”, “consejo”. De hecho, en el encabezado de los diez mandamientos, se traduce: 

Y habló Dios todas estas palabras, diciendo:
Éxodo 20:1

No dice “habló estos mandamientos”, sino “habló estas palabras”

Acto seguido en el pasaje Dios se presenta como el libertador de Israel, no como su nuevo faraón o su nuevo opresor. Por lo tanto, no le presenta órdenes como se las presentaba el faraón, sino consejos para que sean libres. 

La motivación correcta para obedecer los mandamientos de Dios nunca debe ser el miedo al castigo divino (que en muchas ocasiones, como se vio, no es tal), ni tampoco es válido obedecer por tener a alguien que me controla y me obliga. De hecho, la iglesia no es una institución pensada para ejercer control sobre sus miembros. 

En ese sentido, ni el diezmo ni la ofrenda, ni ninguno otro mandamiento es una obligación en términos prácticos, porque nadie obliga a diezmar. A nadie se le descuenta del sueldo el diezmo ni nadie concurre a intervenir la caja de un comercio cuyo dueño es cristiano para obtener el diezmo. Y nunca debería ser así, dado que el diezmo como cualquier otro mandamiento, necesariamente debe ser un acto voluntario, que nazca desde el corazón de la persona, porque en primer lugar ama a Dios, y porque ha entendido que lo que Dios pide es por su bien. Esa es la obediencia genuina y válida a los mandamientos, y es la obediencia que Dios pretende. 

En este contexto, entonces, yo me tomo los mandamientos como una exigencia, como una obligación para mí mismo, pero no porque alguien o alguna institución me lo impone.

En la época de Israel, el diezmo era una exigencia porque estaba en la ley. Si en el tiempo de la ley era una exigencia, como no ir nosotros más allá de la ley, el día de hoy, para honrar a Dios y sostener su obra en la tierra.

viernes, 7 de agosto de 2020

La maldición del así nomás

Lo atamo' con alambre, lo atamo'

Estaba Eliseo enfermo de la enfermedad de que murió. Y descendió a él Joás rey de Israel, y llorando delante de él, dijo: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo! Y le dijo Eliseo: Toma un arco y unas saetas. Tomó él entonces un arco y unas saetas.
Luego dijo Eliseo al rey de Israel: Pon tu mano sobre el arco. Y puso él su mano sobre el arco. Entonces puso Eliseo sus manos sobre las manos del rey, y dijo: Abre la ventana que da al oriente. Y cuando él la abrió, dijo Eliseo: Tira. Y tirando él, dijo Eliseo: Saeta de salvación de Jehová, y saeta de salvación contra Siria; porque herirás a los sirios en Afec hasta consumirlos.
Y le volvió a decir: Toma las saetas. Y luego que el rey de Israel las hubo tomado, le dijo: Golpea la tierra. Y él la golpeó tres veces, y se detuvo. Entonces el varón de Dios, enojado contra él, le dijo: Al dar cinco o seis golpes, hubieras derrotado a Siria hasta no quedar ninguno; pero ahora sólo tres veces derrotarás a Siria.
II Reyes 13:14-19
Explicación del acto profético y la desidia de Joás. 

Estamos ante una entrevista entre el rey de Israel y el profeta Eliseo, en uno de sus últimos días de vida. Eliseo ya padecía la enfermedad que lo llevaría a la muerte. Joás se preocupa por la situación de Israel frente a los sirios, y la inminente guerra que se estaba por desatar. 
Los actos proféticos eran comunes en la antigüedad, e incluso se recogen algunos en el Nuevo Testamento (Hch 21:11). Los profetas solían dar el mensaje de parte de Dios con un acto profético. 
Los actos proféticos necesariamente deben ser tomados en serio. En ocasiones, parecen una locura, pero su simbolismo es sagrado, y no deben tomarse a la ligera ni en vano. 

Creer que por lanzar una flecha al aire se le va a ganar a un enemigo parece una locura, pero eso es precisamente lo que el profeta hace. Al poner sus manos encima de las manos del rey, le está señalando que es Dios el que le dará tanto la fuerza como la dirección, o la guía. La flecha es lanzada al este, en dirección a Siria, y cuando la flecha sale en su viaje, el profeta realiza una declaración profética: “Saeta de salvación de Jehová, y saeta de salvación contra Siria; porque herirás a los sirios en Afec hasta consumirlos”. No se trataba de una simple flecha lanzada al aire: era un mensaje de parte de Dios, que anunciaba la victoria que Israel tendría sobre los sirios en Afec. 

Pero el rey Joás no le daba la importancia debida al acto profético. Inmediatamente después, Eliseo le manda a Joas a tirar flechas contra el piso. Joás ya parecía algo fastidiado de lo que le pedía el profeta. Quizás estaba apurado, o todo le pareció una pérdida de tiempo. Pero si la primer flecha que lanzó era un anuncio de salvación, las siguientes flechas que el profeta le mandara tirar sin dudas tendrían un buen mensaje. Pero, a juzgar por el enojo posterior del profeta, el rey Joás lanzó apenas tres flechas y las lanzó de mala gana, en lugar de vaciar su aljaba con todas sus flechas contra el piso. 

El profeta dice: Al dar cinco o seis golpes, hubieras derrotado a Siria hasta no quedar ninguno; pero ahora sólo tres veces derrotarás a Siria. 

La propia actitud de Joás limitó la bendición de Dios en su vida. 

Es la maldición del así nomás. 

Se le pidió que haga algo y lo hizo “así nomás”, sin tomarlo en serio, con desidia, con dejadez. Es tremendo, pero es así. Dios tenía una bendición más grande disponible para Joás, pero el no tomarse en serio el acto profético, limitó la bendición. En este caso, solamente tendría tantas batallas ganadas como flechas lanzadas; tres. 

Así ocurrió. Más adelante en el relato, la Biblia describe los hechos tal y como los profetizó Eliseo. 

Hay muchas cosas que deberíamos tomar en serio en nuestra vida y muchas veces no lo hacemos, y eso limita el accionar de Dios en nuestra vida. 
Dios tiene enormes bendiciones para nuestras vidas, pero como dice el dicho, lo bueno es enemigo de lo mejor. Al recibir algunas bendiciones, nos conformamos con ellas y resignamos la posibilidad de seguir creciendo y alcanzar nuestro máximo potencial.

Se ve que cuando Joás supo que iba a derrotar a los sirios en Afec, se conformó con eso, y pensó: así está bien, ¿para qué más?, por eso se vio sorprendido cuando el profeta le pidió que continuara haciendo otro acto profético. Él ya estaba conforme con ganar en Afec. “Ya está, gracias, me quiero ir, nos vemos”.

Un segundito, rey. Ahora lance flechas contra el suelo.


“Uf, qué viejo pesado. Cuánto más viejo, más pesado. Bueno, le tiro unas flechitas para que no me joda más”, habrá pensado el insolente Joás. 

Muchas veces, estamos conformes con lo que tenemos, y cuando alguien nos viene a enseñar o a corregir algo de nuestras vidas para nuestro bien y para nuestro crecimiento, lo rechazamos porque no hace falta, no vemos necesidad de seguir creciendo y mejorando. 

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
Romanos 12:2

“Este siglo” es una expresión que se refiere al mundo cotidiano, que nos rodea, con sus costumbres y tradiciones. Es fácil quedarnos conformes con lo que el mundo nos ofrece: un buen trabajo, una buena casa, etc. Muchas personas viven materialmente bien en este mundo y no tienen inquietudes por Dios. No ponen a Dios en primer lugar ni le dan importancia. No toman en cuenta a Jesús cuando arman su agenda o sus objetivos. Lo importante es otra cosa, no lo es ni Dios, ni su Palabra, ni la Iglesia. Como consecuencia de esta actitud, podrán tener una vida bastante conforme, pero no alcanzan la plenitud de la voluntad de Dios para sus vidas: no gozan de todo lo bueno, agradable y perfecto que Dios planificó para ellos.
 
El apóstol Pablo exhorta a la iglesia en Roma, la capital del mundo de aquella época, plagada de cuanta diversión y placeres podía el hombre de aquel siglo imaginar. Era fácil par aun cristiano distraerse con todo lo que Roma tenía para ofrecerle a las personas. 

Lo mismo nos puede pasar a nosotros hoy en día. El mundo tiene muchas cosas para ofrecernos y mantenernos ocupados y entretenidos. Hay mejores cosas para hacer que leer la Biblia. Hay mejores cosas para hacer que ir a la iglesia. Hay mejores cosas para hacer que tomarme un tiempo para orar. 

Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.
Santiago 1:22

Aun así, quizás algunas personas dedican algún tiempo a oír, puesto que resulta mucho más fácil sólo oír la palabra que poner por obra la voluntad de Dios. Por ejemplo, yo puedo concurrir a la iglesia cada domingo, solo escuchar, y que el resto de mi vida durante la semana sea como si nunca hubiese ido a la iglesia. 

Es necesario oír, sí. Pero en algún momento lo que oigo tiene que necesariamente llevarme a actuar. A cambiar. 

El mundo tiene mucho para ofrecernos para distraernos de prestarle atención a lo importante. Es fácil olvidarnos de tomarnos en serio las cosas de Dios. 
El problema con esto lo describe el apóstol Juan en su primera epístola. 

Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
I Juan 2:17

Sería trágico que ocupáramos la mayor parte de nuestro tiempo en las cosas del mundo y no en las cosas de Dios, que son eternas. El mundo nos invita peligrosamente a la desidia, la dejadez, el descuido o la negligencia. A hacer las cosas así nomas. 
Imagínate que eres el dueño de tu propia empresa. ¿Cómo te gustaría que tus empleados actúen? ¿Cómo tú lo mandas, o así nomás, como se les ocurre a ellos?

En la vida ocurre lo mismo. No se progresa haciendo las cosas así nomás, o como a nosotros mismos se nos ocurre. Hay cosas que ya están probadas que funcionan de una determinada manera. 

Hay una rebeldía innata en el ser humano que le lleva a querer hacer las cosas como se le cante para llegar a ciertos resultados. Una experiencia así viví en uno de mis trabajos, el de profesor particular. Yo ya tenía claro qué métodos y fórmulas eran las adecuadas para resolver determinados problemas. Aun así, tenía alumnos que insistían en hacer las cosas a su manera. Era curioso. Por hacer las cosas a su manera terminaron en un profesor particular, pero bueno…

Existen muchas maneras de descuidar nuestra vida espiritual. En ocasiones, las necesidades materiales son las que nos obligan. Pasar por momentos de dificultades materiales nos lleva a dedicarnos excesivamente al trabajo y nos quita tiempo para lo importante. 
Mucho trabajo no nos permite organizar nuestro tiempo adecuadamente para leer la Palabra, concurrir a su Casa, etc. Muchas veces, es una combinación de mucho trabajo y de pasar algunas horas preocupándonos. 
Hay valores que sirven para nuestra bendición, aunque muchas veces el aplicarlos en nuestras vidas no muestran un resultado tan inmediato. 
El compromiso y la buena actitud son siempre la evidencia de lo que hay en nuestro corazón. Mostramos compromiso y buena actitud frente a las cosas que son importantes para nosotros. Y aquellas que no son tan relevantes, las solemos atender “así nomás”

Por ejemplo: ser puntuales no nos hace más espirituales. Pero ser puntuales es una característica de los exitosos. ¿Usted imagina una empresa exitosa en la que sus clientes no saben nunca a qué hora abre? ¿Usted imagina un empleado promovido a gerente, llegando tarde todos los días al trabajo? Imagínense un empresario que le deja a uno de sus empleados el encargo de abrir la empresa en el turno de la mañana: “cuento con que vas a tener el negocio abierto a las 9:00”. Pero el empleado llega tarde, y los clientes que llegaron temprano, se van a otro lugar. ¡Adiós encargado!

Muchas veces, la impuntualidad es hija del “no pasa nada”. No pasa nada si hoy llego algo tarde a la célula, los hermanos comprenderán. No pasa nada si llego al culto y ya está empezado. No pasa nada si hoy abro el negocio cinco minutos más tarde. No pasa nada… No pasa nada…

Sí, pasa. 

Y lo que pasa es que es una actitud que retrasa al progreso en tu vida. 

El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero? Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?
Lucas 16:10

Es un principio bíblico que uno debe ser fiel y comprometido en los detalles, para que Dios nos confíe cosas mayores. Hasta que no logres ser fiel en lo poco, difícilmente Dios te dará lo mucho. Esa es la razón por la cual para muchas personas, el tiempo pasa y no avanzan.
Algunas personas piensan que el día que tengan su propio negocio entonces van a cambiar de actitud. Ahora que son empleados, hacen las cosas así nomás, total, es la empresa de otro, si fuera mi empresa lo haría distinto. Sin embargo, pensar así es un engaño. Si no obtienes el hábito ahora, que eres empleado, te costará enormemente cuando seas el dueño. 

Ve a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos, y sé sabio; La cual no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor, prepara en el verano su comida, y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento.
Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? Un poco de sueño, un poco de dormitar, y cruzar por un poco las manos para reposo; Así vendrá tu necesidad como caminante, y tu pobreza como hombre armado.
Proverbios 6:6-11

La hormiga es un ejemplo notable. No tiene un jefe encima que le dé ordenes, como lo dice el proverbio. No tiene capitán, ni gobernador ni señor, sin embargo, no necesita tener alguien encima que le diga lo qué hacer: sabe lo que tiene que hacer y lo hace. 
Muchas veces nosotros somos como el contrario de la hormiga. Necesitamos tener a alguien encima nuestro que nos esté todo el tiempo marcando lo que ya sabemos que tenemos que hacer. No hay manera de lograr que lo podamos hacer por nosotros mismos. 

Maldito el que hiciere indolentemente la obra de Jehová, y maldito el que detuviere de la sangre su espada.
Jeremías 48:10

Indolentemente: Que no se afecta ni se conmueve, flojo, perezoso, así nomás. 

En otras palabras: Maldito el que hiciere con pereza la obra de Jehová.

Otras versiones de este versículo dicen: 
Maldito el que no haga con gusto el trabajo que el Señor encarga (DHH)
Maldito el que sea negligente para realizar el trabajo del Señor (NVI)
Maldito el que sólo aparenta hacer el trabajo del SEÑOR (PDT)

Es necesario tener en cuenta la concepción teocrática y la propensión a las frases radicales de los orientales para comprender estas expresiones que a nuestra sensibilidad cristiana nos resultan demasiado feroces. No debemos olvidar que cuando estas expresiones se escribieron, los escritores sagrados pertenecían a un estadio muy rudimentario de la revelación divina, donde el amor de Cristo todavía estaba muy lejos de ser el centro de la misma verdad. La expresión “maldito” es una expresión fuerte. En aquel entonces, era una declaración enmarcada en forma preventiva por si acaso el ejército que salía a la guerra no derrotaba totalmente a Moab. Peleaban “así nomás”, con que se rindan está bien, si se escapan dejalos. Dios había determinado la destrucción de Moab, y por ende, emite esta declaración al ejército que la fuera a atacar para que no vaya a hacerlo de forma indolente. 

Pero para nosotros hoy en día, no debe ser tomado como una maldición en sentido estricto, pero sí como una enseñanza: no hay nada bueno en hacer las cosas indolentemente. 

No es de bendición hacer las cosas así nomás. 

Y cuando dice: “maldito el que detuviere de la sangre su espada” hemos de recibir la enseñanza: nuestra lucha contra la carne no puede ser negligente. Si detenemos la espada para que no mate del todo a nuestra carne, eso no nos traerá ninguna bendición. 
No podemos tener desidia en nuestra vida espiritual, nuestro compromiso debe ser firme. 

“Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones.”
Hebreos 3:15




lunes, 18 de diciembre de 2017

Adviento 2017 – Semana #3: Abnegación. Reflexión #1

Adviento 2017 – Semana #3: Abnegación. Reflexión #1 

Abnegación: Renuncia voluntaria a los propios deseos, afectos o intereses en beneficio de otras personas.

Se acerca la Navidad y si hay un ejemplo de abnegación admirable es el de María, la madre de Jesus.

Nada más imagínate la vida de María. Era una jovencita comprometida para casarse, virgen, y de buena familia. Sus planes eran esos: casarse y formar su familia, ser una buena esposa para José y una buena madre para sus hijos. De la noche a la mañana todos sus planes se ponen en riesgo.

Un ángel del Señor se le presenta y le anuncia que ella había sido escogida por Dios para llevar en su vientre al Salvador del mundo. “¿Cómo será esto posible si soy virgen? ¿Cómo voy a quedar embarazada?” El ángel le dice que el poder del Altísimo le cubriría y engendraría al niño en su interior.

En ese momento, María podría haber pensado mil cosas y haber calculado los riesgos de tal situación. Decir que había quedado embarazada sin que José la haya tocado aun iba a ser interpretado por el resto del pueblo como que María anduvo con otro, engañando a su futuro marido y teniendo intimidad con un hombre sin estar casada: le esperaba la muerte por lapidación. En concreto, la hubieran apedreado. Se quedaría sin su sueño de ser esposa y madre. Se quedaría sin nada, y además, muerta. ¿ Todo por decir que sí a un loco plan de Dios?

Al decir que sí al ángel, María asumía un montón de riesgos y una incertidumbre enorme. No sabía cómo José iba a reaccionar. Incluso la primera reacción de José fue mala, la quiso repudiar. Imagínate la noche que habrá pasado María luego de que José le dijo que la iba a repudiar. Pero para su fortuna, Dios habló con José y le confirmó el asunto, y éste no la repudió.

María podrían haberle dicho al ángel: “Mirá, yo ya tengo planes y los quiero llevar adelante con tranquilidad, no me compliques, búscate a otra”. “Me arriesgo mucho, no; gracias”. Pero María sabía quién le hablaba. Era el mismísimo mensajero de Dios. María sabía que Dios no haría nunca algo para su mal. En el fondo tenía la plena convicción de que podía entregarse confiadamente a las manos de Dios para que Su plan se cumpliera. María dijo sí. Y Dios cuidó de cada detalle para que ningún sueño de María cayera por la borda. María se casó, fue esposa y madre y sin dudas la mujer más privilegiada de la historia de la humanidad.

 ¿Y tú? ¿Aceptarías el llamado de Dios sin medir las consecuencias? ¿Te entregarías por completo a él?

Dios es abnegación y entrega. Se entregó por completo, no escatimó nada. Ni siquiera a su propio hijo. Para cumplir su plan, necesitó de María, otra abnegada; otro ejemplo de entrega.

Dios busca personas con su mismo carácter. Si en una semana vamos a estar celebrando la navidad, es gracias a que hubo una mujer abnegada, llena de fe y confianza en Dios, que aceptó ser un instrumento en manos del Creador.