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martes, 19 de junio de 2018

Hablando de Islandia

Si hay un sitio de referencia en inglés acerca de temas de salud es el sitio de la prestigiosa compañía Health Line, Inc.: https://www.healthline.com/

El virus de la curiosidad acerca de Islandia (inoculado por el Mundial de Rusia) me hizo dar con un artículo de esa publicación llamado: “El debate acerca de la interrupción de embarazos con síndrome de Down”. En el epígrafe del artículo dice: “Debido a los abortos, solamente uno o dos bebes con síndrome de Down nacen cada año en Islandia, despertando el debate acerca del control parental de las anormalidades genéticas”.

Debo confesar que el sólo título me produjo un dolor inmenso. El epígrafe me terminó de liquidar. De ambos se desprende que en Islandia las madres se hacen un test para saber si el niño viene con síndrome de Down, y en caso afirmativo, interrumpen el embarazo. Es decir, lisa y llanamente, desprecian a la criatura que viene en camino porque es “enfermita”. Y no tiene nada que ver con el argumento típico del “mi cuerpo, mi decisión”, no tiene que ver con aspectos personales de la mujer embarazada, ni con su situación socioeconómica (en Islandia no hay pobres) ni con sus aspiraciones personales/profesionales.
El aborto, en estos casos, deja de ser una razón personal de la madre que quiere decidir sobre su cuerpo.
Es un problema con la criatura.
La criatura es la que no viene como yo quiero, por lo tanto, no la quiero. Se visualizan las dificultades futuras de la crianza de la criatura con el síndrome y se decide escapar de las mismas, eludirlas. No complicarse la vida.

La repugnancia del hecho me desafió a no seguir leyendo el artículo, pero tuve que reponerme para hacerlo y descubrir cosas peores.

La nota comienza diciendo que en Estados Unidos son 6.000 los bebes que nacen con síndrome de Down, pero casi ninguno en Islandia. La población en EEUU son 324 millones, por lo que el porcentaje de nacidos con el síndrome es 0,00185%. En Islandia, si nacen a lo sumo dos por año, el porcentaje es 0,00059% (la población es 338.000 habitantes). “Esto hace que casi el 100% de las mujeres en Islandia que obtienen un resultado positivo del test de síndrome deciden terminar su embarazo”, dice la nota.
Estos porcentajes son de 98% si hablamos de Dinamarca, 77% en Francia, y 67% en Estados Unidos. En Islandia, donde el gobierno exige que todas las madres sepan que existen test para saber si el feto tiene una anormalidad, el plazo para terminar el embarazo se extiende hasta 16 semanas en caso de deformidad en el feto. Por tales razones, el 85% de las embarazadas eligen hacerse esos tests y casi el 100% de los casos positivos por síndrome de Down, espina bífida u otras anomalías, terminan en aborto.

Los exámenes prenatales, combinados con la libertad para abortar, en lugar de servir para preparar a los padres para la crianza de los niños, son usados en estos países para sacarse un problema de encima. Ese es el enfoque filosófico de los padres modernos acerca de la concepción. ¿Es esto el fruto del progresismo o la libertad absoluta e irrestricta de elegir? ¿Acaso no existe ningún enfoque ético que nos proponga la conveniencia de determinadas limitaciones?

Eric Scheidler, director ejecutivo de la Liga de Accion Pro Vida, dice: “habiendo conocido a varias personas con síndrome de Down en mi vida, estoy horrorizado con la idea de que Islandia, y la sociedad occidental en general, está rechazando a estos niños”.

La presidente de la Sociedad Nacional para personas con Síndrome de Down de los Estados Unidos, Sara Hart Weir, asegura que los padres no están siendo apropiadamente informados por profesionales de la salud acerca de como puede ser la vida con un niño con síndrome de Down, por lo tanto “no pueden aprobar las acciones de un país tendientes a erradicar a las personas con síndrome de Down”, las cuales, dice, “necesitan ser aceptadas como parte de la sociedad”.

“En los Estados Unidos, las personas con síndrome de Down continúan excediendo nuestras expectativas: viven independientemente, van a estudiar, trabajan en tareas competitivas, se casan, viven a su máximo potencial, y llevan adelante vidas plenas”.

Recuerdo haber visto un documental en internet dónde una joven con síndrome de Down decía: “Sólo ven el síndrome, no me ven a mi”.

Siempre sostuve que la discusión no era entre “aborto sí” o “aborto no”, sino que la cuestión debe ser más profunda. El aborto es una decisión que viene siempre como consecuencias de otras decisiones anteriores. Esas otras decisiones tienen detrás razones que son las que nunca llegamos abordar. Pero adicionalmente a esto, también ha quedado pendiente el debate ético acerca del abordaje que tenemos de la paternidad.

¿Cómo debemos aproximarnos a eso que viene ahí, sea un cigoto, sea un embrión, sea un feto?
¿Realmente podemos ignorar ese ser a la hora de tomar decisiones?
¿Acaso lo que allí viene no es una parte de mí?
¿Es aceptable que lo considere una molestia que quisiera evitarme?
¿Es aceptable rechazar a un bebé porque viene con una anormalidad genética como algo que cabe dentro de la libertad de la mujer de elegir?
¿La desesperación del ser humano para evitar el dolor puede llevarnos a traspasar tantos límites?
¿Acaso el amor no lleva intrínsecamente una dosis inevitable de dolor?
Si procuro por todos los medios alejar el dolor por completo de mi vida, ¿no me llevaría eso a una vida vacía de amor? ¿Y por ende, sencillamente, vacía?


En medio de esta realidad tan devastadora, llené mi ánimo con una dosis de esperanza que encontré en Instagram, y que quiero que conozcas.
Se llama Candelaria.
Según su mamá, ella tiene una tremenda sonrisa, un carácter fuerte, un hermano mayor y una menor, inigualable ternura.... y síndrome de Down. Su perfil de Instagram es “cande_down_side_up” y su web: http://candedownsideup.com/.

Su mamá se llama Alfonsina Almandoz, se define a si misma como “apasionada por esto de la maternidad y una ignorante declarada de las maravillas que las personas con síndrome de Down pueden lograr y aportarnos”. Ella extrae tesoros de la vida de su hija y nos enseña a todos que la vida con síndrome de Down es una “vida UP”.

El poeta germano-español Marcos Vidal Roloff describe a las personas con síndrome de Down de una manera excepcional en su canción “Ángeles de Mazapán”:

“Hasta que vi en sus ojos el fulgor,
el sello de un ser superior
el brillo plateado
de tu rostro disfrazado
Pequeños ángeles de mazapán
más inquietantes que un volcán
capaces de romper el corazón mas duro
llenan el valle con burbujas de aire puro
Son emisarios de la paz
dejan tu huella por donde van
nunca sabran cuanto cariño
son capaces de generar”



El día en que naciste, nadie se preocupó por ti. No te cortaron el cordón umbilical ni te lavaron ni te frotaron con sal ni te envolvieron en pañales. Nadie puso el más mínimo interés en ti; nadie tuvo compasión de ti ni te cuidó. El día de tu nacimiento, no fuiste deseada; te arrojaron en el campo y te abandonaron para que murieras. Sin embargo, llegué yo y te vi ahí, pataleando indefensa en tu propia sangre. Mientras estabas allí tirada dije: ‘¡Vive!’; y te ayudé a florecer como una planta del campo. Creciste y te convertiste en una joya preciosa

Ezequiel 16:4-7

jueves, 6 de julio de 2017

Los cristianos somos conservadores

Los cristianos creemos que somos criaturas de Dios: fuimos hechos por Él.
La idea de Dios y sus normas no son construcción humana. Creemos que Dios nos creó y se nos reveló, y dicha revelación es la que ha quedado recogida en los textos sagrados que han sido recopilados en La Biblia. Cualquier otro texto, por antiguo que sea, y sin importar su origen, que se contradiga con La Biblia, no será considerado por nosotros como de inspiración divina.
Hebreos 1:1-2: "DIOS, habiendo hablado muchas veces y en muchas maneras en otro tiempo á los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo"
Como criaturas que somos, creemos que Nuestro Creador tiene algo para decirnos acerca de la verdad de nosotros y del mundo que nos rodea. Él nos creó y, por tanto, nos conoce mejor que nosotros a nosotros mismo.
Salmos 100:3: "Reconoced que Jehová es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos"
Reconocer que Dios existe es reconocer que Él nos hizo. Si nos hizo, sabe para qué nos hizo, para qué propósito estamos en este mundo, y sabe para qué cosa nos diseñó. Cada cosa que hizo en nuestra vida lo hizo con un propósito; no hizo nada al azar.
Entre las cosas que Nuestro Creador tiene para decirnos, está un código de normas morales mediante las cuales debemos conducir nuestra vida, ya que según Él, eso es para nuestro bien.
No podemos adorar a otro Dios, ni venerar objetos materiales, o tomar el nombre de Dios en vano. Debemos descansar un día a la semana y respetar a los padres. No podemos robar, matar, adulterar, calumniar ni codiciar lo que no es nuestro.
Este código de normas morales ha sido así desde la creación, lo es hoy, y lo seguirá siendo. En ese sentido tenemos que ser claros: nuestro código de normas no se puede modificar, porque no es invento nuestro, sino que nos fue dado por Dios. Es decir, en cuanto a estos aspectos, el cristianismo es esencialmente conservador. Dígase claramente: NO SOMOS PROGRESISTAS en el campo de las ideas morales. ¿Por qué? Por lo dicho: no es una construcción nuestra, nos vino dado. Si Dios no lo cambia, nosotros no lo podemos cambiar. Y Dios no cambia.
Cuando Dios hizo a la humanidad, varón y hembra los creó para que dejando el hombre a su padre y madre, se una a su mujer y sean una sola carne. El diseño de la institución familiar de Dios es clara y no da a lugar a más de una interpretación: la familia es esa institución creada por un hombre y una mujer que han resuelto unir sus vidas con el propósito de ser fructíferos y reproducirse.
Cuando Dios hace al hombre ve que sólo no va a poder cumplir su propósito. Por eso decide hacerle una ayuda idónea. El término "ayuda idónea" ha dado a lugar a interpretaciones tan erróneas como malintencionadas. No es un ayudante lo que Dios hizo cuando hizo a la mujer. Lo que Dios hizo fue el complemento sin el cual el hombre sería absolutamente incapaz de cumplir con su propósito.
Es más, la materia prima de la que está hecho el hombre es el polvo de la tierra, mientras que la mujer es hecha la costilla del hombre. El hombre parte de lo inorgánico, la mujer parte de una pieza orgánica. Es mejor la materia prima de la mujer que la del hombre.
La mujer es superior al hombre, sin dudas. Por eso, la serpiente busca engañar a la mujer para hacer caer al hombre, ya que al revés no hubiera resultado: el hombre no hubiera sido capaz de hacer caer a la mujer.
Y es ahí, cuando Dios hace a la mujer, que crea el concepto de sexualidad. De hecho, si fuera solo por el hombre, no hay sentido para el concepto de sexualidad: es solo hombre. Pero Dios hace un ser distinto y complementario, y crea la idea de sexualidad. Podría haber hecho a otro hombre para que fuera la ayuda idónea del primer hombre, pero no. No hizo a un compañero, a un amigo, a un ayudante, a un cadete. Hizo a un ser nuevo, diferente, complementario y, entre otras cosas, lo hizo con los genitales complementarios a los del hombre. ¿Con qué objeto?
Dios dice: "no es bueno que el hombre esté solo". La presencia de la mujer viene a llenar una necesidad primordial: la de la compañía. La sexualidad tiene, por ende, como principal objetivo el factor unitivo. Viene a unir, a fortalecer y consolidar el vínculo matrimonial.
Luego Dios bendice a la pareja y les dice: "sean fructíferos y multiplíquense". El mismo instrumento que Dios les dio para unirse, es el que les va a permitir reproducirse.
La unión física se logra cuando se concreta el coito pene-vagina, que es como naturalmente fue diseñado. De hecho, la vagina tiene una arquitectura muscular adecuada para el coito y el parto, no así un esfínter. Los genitales masculinos y femeninos son complementarios entre ellos, y no unos consigo mismos. De hecho, naturalmente dos hombres o dos mujeres no pueden reproducirse. Todas son evidencias de cómo Dios diseñó las cosas, y para qué las diseñó así.
El diseño de Dios para la familia, por tanto, es claro. Y el ejercicio de la sexualidad también. Cualquier otro ejercicio cae fuera del diseño divino, y esto abarca desde el sexo en una pareja heterosexual no casada, hasta el sexo homosexual. Ni que hablar el sexo entre más de dos personas.
Estas normas de conducta en cuanto a lo sexual, nuevamente, no son construcción humana, sino que son dadas por el Creador. Él es Dios, sabe más que nosotros, y sabe porqué nos creó de la manera que nos creó, y sabe qué es lo mejor para nosotros.
Ahora, esto es válido para aquellas personas que reconocen a Dios como Creador y que se reconocen a sí mismas como criaturas de este ser superior. Y dicho reconocimiento necesariamente tiene que ser el fruto de una decisión personal y libre. Quienes no reconocen que hay un Creador han desarrollado sus propias ideas que son muy respetables, aunque no podemos compartirlas.
Dios crea al hombre y le otorga el libre albedrío, es decir, la libertad de elegir. A Dios no le sirve que una persona le siga porque no tiene otra opción. De hecho, cuando crea a Adán y Eva les muestra el jardín que les había hecho y les dice: "todo esto lo hice para ustedes, porque los amo. No se alejen de mi". Pero, ¿cómo sería posible para el hombre rechazar a Dios, o alejarse de Él? Dios necesitaba asegurarse de que hubiese una vía para rechazarlo, a efectos de que la adhesión del hombre sea realmente una decisión voluntaria y no la consecuencia de la falta de alternativas. Para eso pone el árbol de la ciencia del bien y el mal.
Así como Adán y Eva decidieron rechazar a Dios, de la misma manera nosotros tenemos la opción: o nos acercamos a Nuestro Creador, o le rechazamos. La decisión es nuestra y debe respetarse.

"(...) os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, (...)".
Deuteronomio 30:19 
Para quienes hemos resuelto adherir a Nuestro Creador, adoptamos sus normas libre y voluntariamente. Si tal adhesión no es libre y voluntaria, si no es el fruto de la conclusión de un proceso de análisis y examen, no es genuino; no tiene validez. Por tanto, siempre en el marco del respeto a los demás por sus decisiones libres y voluntarias, no podemos cambiar nuestras normas (porque, repito, no son nuestras, son de Él) ni tampoco podemos promover normas contrarias.
Como corolario de lo anterior, es absolutamente dable esperar que hayan hombres que, revelándose contra su condición de criaturas y negando la existencia del Creador, no hayan querido aceptar este código de normas dado por la Divinidad, sino que han querido construir el suyo propio.
¿Cuál es el problema? Ninguno. Las sociedades, a lo largo de la historia, han construido sus propios códigos de normas recogiendo lo que para la sociedad son actitudes aceptables e inaceptables, de acuerdo a cada momento histórico. Como toda construcción humana, es pasible de revisaciones y adaptaciones. En la medida en que las sociedades van adaptando nuevas costumbres, valores, y conductas, van modificando sus códigos de normas para contemplarlas.
De hecho, cuando Friedrich Nietzsche parte de la base de que Dios está muerto, propone que no muere solo, sino que con su muerte se muere todo lo creado por Él, en especial, su cuerpo de normas (no demuestra que Dios está muerto, lo asume como cierto. No argumenta a favor del ateísmo, sino desde el ateísmo. De hecho, luego hace la aclaracion de que no es que Dios haya muerto, sino que nunca existió).
Así que con Dios muerto, nada define quién soy, así que esa es tarea para nosotros. La muerte de Dios nos hace libres de convertirnos nosotros mismos en dioses. Esa suerte de liberación de las normas morales que Dios nos imponía debería conducirnos, según Nietzsche, a la felicidad, ya que somos libres de vivir como nos plazca, es decir, según el conjunto de reglas que nosotros nos hemos creado para nosotros mismos.
En este punto, el lector me disculpará si hago un paréntesis para introducir una pequeña e inocente falacia ad hominen: el testimonio de vida de Nietzsche no parece confirmar sus ideas: sobre el final de su vida sufrió un colapso mental que lo condujo a la demencia y vivió en la locura sus últimos 10 años de vida.
No hay nada de malo en que una sociedad como la uruguaya haya recogido en su normativa un aspecto de la vida de las personas que está ampliamente aceptado, como lo es el matrimonio igualitario. No veo nada de malo en eso, porque como lo expresé, los códigos de conductas de una sociedad suelen ser revisados y ser actualizados para acompasarse a los usos y costumbres vigentes.
Lo que no puede pretenderse es que los cristianos promovamos estas conductas que son claramente contrarias a nuestro código. Respetamos las decisiones libres y voluntarias de todos los seres humanos, pero en aquellas decisiones que no compartimos, no se puede pretender que, además, las tengamos que promover. Por lo tanto, es el corolario más lógico que un parlamentario cristiano vote en contra de la ley de matrimonio igualitario, ya que es su deber expresar con su voto cuál es su pensamiento, y representar en esa acción a sus electores. De la misma manera, es lo más esperable que un político de convicciones cristianas se exprese de forma desfavorable a estas nuevas normas, y que haga público su deseo de que algún día las mismas se revisen.
¿Acaso esto debe ser tomado como que los cristianos estamos en contra de las personas homosexuales? De ninguna manera. Nosotros nunca estamos en contra de personas. Nosotros nada más no compartimos determinadas conductas, pero nunca estamos en contra de personas.
¿Qué ocurre si un homosexual se acerca a una iglesia? Voy a responder con un ejemplo distinto al que me plantea la pregunta. Supongamos que a una iglesia concurre un hombre cisgénero heterosexual casado pero alto mujeriego, con tal suerte que mujer que se le cruza, se le acuesta. Esa persona se va a acercar a la iglesia y lo que nosotros le vamos a enseñar es lo que enseña la Biblia: mire, hermano, Dios no lo hizo para que usted se ande acostando con cuanta mujer se le cruce, sino que Dios lo hizo para que usted elija una mujer y se acueste sólo con esa y forme (y conserve) su familia. Ante este planteo (el único planteo que podemos hacer) el hombre podrá responder de dos maneras:
1.-reconoce que efectivamente necesita cambiar su conducta para, de esa manera, reconocer a Dios. Libre y voluntariamente, decide que quiere que su vida se rija por las normas de Dios, porque lo considera Su Creador. Ante eso, la iglesia le ayudará a que logre su deseo de cambiar su conducta (y le dé un poco de respiro a las mujeres del barrio).
2.- rechaza el planteo apoyado en la razón de que quiere disfrutar la vida y las mujeres mientras pueda. Pues bien, en ese caso, ha hecho su elección, será lo más feliz que pueda. Por acá, amigos como siempre.
¿En caso de que decida rechazar la opción de cambiar y adecuar su conducta, se le prohíbe el acercamiento a la iglesia? De ninguna manera, pero se nos hace que el pobre hombre se va a sentir un pelín incómodo concurriendo asiduamente a un lugar dónde se enseña que lo que él hace está mal.
Ahora sí podemos ir al caso del homosexual. Si una persona homosexual se acerca a una iglesia, es deber de una iglesia enseñarle que Dios no lo hizo para que se acueste con una persona que comparta su mismo sexo biológico, sino para que forme una familia con una persona del otro sexo biológico. Ante eso, esta persona tendrá las mismas dos opciones que en el caso anterior. 
La eventual decisión de un homosexual de querer dejar esa conducta, como todas las decisiones de esta índole, si es tomada libre y voluntariamente, podrá contar con la ayuda de una comunidad cristiana para poder llevarse a cabo. Y como todo cambio de conductas, llevará su proceso. Fácil sería cambiar la conducta de una persona metiéndola en un cuartito y haciéndole un par de rituales.
¿Es la homosexualidad una enfermedad? Qué se yo. Si bien hasta hace 45 años atrás era considerada una parafilia, yo cara de médico no tengo para andar catalogando las cosas como enfermedad o no. Sí se puede afirmar que es una conducta que se sale de los parámetros de las normas cristianas. Y por eso mismo, en términos más generales, me inclino a pensar que un comportamiento socialmente anómalo (en este caso desde el punto de vista religioso) que puede generar conflicto entre el individuo y la sociedad, no parece que pueda ser considerado un trastorno mental, salvo que esté relacionado con alguna disfunción del individuo.
Como sea, no tiene nada de malo que una persona quiera, libre y voluntariamente, cambiar una conducta, ¿o sí?
¿No puede Dios aceptar que dos personas se amen, aunque sean del mismo sexo? Por supuesto que puede aceptar que se amen. Nada más que no se acuesten juntos.
A lo largo de la historia, las distintas expresiones religiosas vinculadas al cristianismo han evolucionado en un montón de aspectos, pero nunca en cuánto al código de conducta moral. Podemos estar abiertos a ser progresistas en cualquier ámbito, pero menos en el de la moral. Y esto es un mensaje especialmente dedicado para las personas que se definen como cristianas y que coquetean políticamente con la izquierda.
Las izquierdas políticas son organizaciones esencialmente progresistas, en el sentido de que están todo el tiempo analizando cómo pueden hacer evolucionar la sociedad y sus leyes hacia nuevos modelos que sean el fruto de una construcción colectiva que, como tal, será cambiante y evolucionante en la medida en que pasa el tiempo. La izquierda no se conforma con que un modelo permanezca mucho tiempo por inercia (statu quo) o por resistencia de grupos interesados. En ese sentido, el campo de las modificaciones a promover incluye la moral.
Nosotros los cristianos tenemos que ser claros en esto: no somos progresistas en términos de las normas morales, sino conservadores. Y como entendemos que la mejor sociedad en la que se puede vivir es una sociedad que adopta las normas de nuestra moral, trabajamos y promovemos ese fin. Por tanto, si alguien nos señala indicando nuestro carácter conservador y nuestra pretensión de restaurar las normas a su estado anterior (cuando estaban más acordes a las normas divinas), tiene razón, y no hay porque avergonzarse de tal señalamiento. En el plano de las normas morales somos conservadores y restauradores. Si ser conservador y tener pretensiones restauradoras es lo que se etiqueta con el rótulo de derecha, pues que cada uno sea feliz rotulándonos como más le plazca. ¿Puede, entonces, un individuo con profundas convicciones cristianas conformar un grupo político con un partido de izquierda? (¡Hola PDC!).
Desde la izquierda se está continuamente analizando y cuestionando todo paradigma para revaluarlo y adaptarlo a los usos y costumbres de la sociedad o a un nuevo paradigma que se entiende que promoverá el desarrollo de la misma. Es por eso que desde la izquierda han surgido siempre las ideas de contemplar en la legislación civil las formas en que las personas se vinculan, y en el primer período de gobierno del Frente Amplio apareció la "unión concubinaria" (Ley 18.246 del 27 de diciembre de 2007), y más acá en el tiempo, el matrimonio igualitario (ley 19.075 y 19.119 de agosto 2013). En suma, es la izquierda la que está siempre cambiando, adaptándose, puesto que la izquierda cree en la construcción colectiva de todo, y de las normas morales también.
Cree en la construcción colectiva de todo y en el cambio constante y en la búsqueda de mejores paradigmas para la sociedad, pero no lo aplica en todo. En materia económica es especialmente conservadora. Para muestra de ello, cabe señalar que en 12 años de gobierno frenteamplista, el presupuesto nacional sigue quedando acotado al superavit primario. Esto es lo que todos los gobiernos de todos los signos han hecho (y por lo visto seguirán haciendo) siempre. El superavit primario es el dinero que sobra luego de que a los ingresos del Estado se le restan los servicios de deuda. Es decir, el Estado primero asegura el pago a los acreedores, y recién con lo que le sobra planifica cómo atiende seguridad social, salud, educación, seguridad, etc.
Ustedes lo ven. La discusión es siempre acerca de los recursos limitados para esas áreas, pero nunca usted va a ver un anuncio o referencia del gobierno de que la plata no alcanza para pagar los servicios de deuda. Para eso siempre hay. Es la prioridad. Ha sido siempre así. Son conservadores.
Aquel discurso del Cr. Astori en recordada entrevista al programa Prioridad en el año 1989 (con los periodistas Barret Puig y Omar Defeo) en el que señalaba que en cuanto al manejo de la deuda externa había que tomar decisiones más soberanas, ha quedado solo en eso. En discurso.
El lector me permitirá una segunda disgreción para agregar entre paréntesis un fragmento del discurso de Wilson Ferreira de fecha 10 de setiembre de 1985, con motivo del homenaje al general Aparicio Saravia en Santa Clara del Olimar: "(...) así como los individuos tienen mínimos por debajo de los cuales no se les puede detraer un centésimo, porque por debajo de ello no pueden vivir, es un mínimo vital, es lo mínimo que necesita una familia para sobrevivir, nuestro país no vive sin menos de 800 u 850 millones de dólares. Y entonces nosotros decimos que el Uruguay tiene que tener la dignidad de afirmar que por debajo de eso no pagamos nada. Nosotros no estamos dispuestos a pagar un solo centavo de lo que el país necesita indispensablemente para sobrevivir. Fíjense que aquí está encerrado un poco el problema mismo, porque estamos diciendo a los acreedores: <<Señores, si quieren cobrar, compren, si quieren cobrar, no cierren sus fronteras a los productos uruguayos, si quieren cobrar cesen su absurdo proteccionismo>>". (Fuente: Biografía de Wilson: Una comunidad espiritual. Carlos Luppi. Editorial Sudamericana, 2008. Págs. 359-360). Lástima que no tuvimos oportunidad de ver si Wilson hubiera cumplido.
Retomando, y para finalizar. Queda claro que no hay comunidad política que sea puramente de izquierda o de derecha. El Frente Amplio ha demostrado ser muy de izquierda para unas cosas y muy conservador para otras. De la misma manera, no debe haber prurito en reconocer que los cristianos somos conservadores en cuanto a las normas de conducta, pero estamos absolutamente abiertos a ser progresistas en cualquier otro aspecto.
En este sentido, no parece lógico que personas con convicción cristiana acumulen fuerzas (léase votos) con grupos políticos que tienen como fin la revisación y el cambio de cosas que para nosotros son sagradas e inmutables.
Recientemente, en entrevista con el semanario Brecha (cuya reproducción parcial puede leerse aquí) el Dr. Álvaro Vázquez Delgado, hijo del presidente y reconocido católico, se expresó en un sentido que hizo saltar la térmica a toda la izquierda nacional. Sus declaraciones señalando su postura acerca de los temas que están en debate y que integran la llamada "Nueva Agenda de Derechos" hicieron reaccionar hasta a su propio partido, el Partido Demócrata Cristiano, que emitió la siguiente declaración vía Twitter:

Fuente: https://twitter.com/PDC808UY/status/880831097973739520
Más tarde, por si a alguno le quedaba alguna duda, el presidente del PDC, Jorge Rodríguez, dijo que su partido asume una perspectiva humanística de la política.
Mientras que el humanismo es una doctrina que tiene como centro al hombre, el cristianismo es una doctrina que tiene como centro a Dios. En algún punto se tiene que dar el conflicto, y en este caso es evidente. Habría que discutir hasta dónde parece razonable acumular políticamente con una fuerza política que en lo fundamental pretende dirigirse en sentido contrario a nuestros postualdos.
Creemos que Dios se reveló a los hombres mediante las sagradas escrituras y que Dios es inmutable. No cambia, y por ende, nosotros no podemos (por mucho que quisieramos contemplar a todos) cambiar los mandamientos y los diseños de Dios. El modelo de familia y la sexualidad, para el cristiano, es uno y solo uno.
Cualquier doctrina que tome la base del cristianismo y la modifique en algún punto, ya no será cristianismo. Será alguna otra cosa nueva, muy respetable como todas las corrientes de pensamiento, pero no será cristianismo. Predicarán a un dios, pero que no es Nuestro Dios, sino uno distinto, producto de la construcción de un colectivo, muy respetable y que lo hace con todo su derecho.
Reitero, son muy respetables todas las doctrinas y las formas de pensar, pero los cristianos tenemos claras indicaciones, de las que no podemos salirnos.
"Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracias de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas aun si nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema".
Gálatas 1:6-9
No es que tengamos mala voluntad, o que no aceptemos a las personas tal como son. De hecho, sí aceptamos a cada uno tal como es. El tema es que nosotros nos concebimos a nosotros mismos como criaturas de un Creador. Por lo tanto, no construimos nuestras normas, las hemos recibido. Al que no le guste las normas, vaya y arréglese con el que las hizo. Nosotros simplemente las aceptamos, las promovemos y hacemos nuestro mayor esfuerzo por honrarlas (y siempre le erramos en alguna, porque si hay algo que nos iguala a todos es el pecado).

martes, 30 de agosto de 2016

Hay luchas que hay que darlas

Existen luchas que valen la pena darlas por el simple hecho de darlas, aún sabiendo desde el comienzo que no serán ganadas, aún cuando el gigante a enfrentar es el monstruo burocrático y su perversa lógica, aún cuando le ponen ese nombre que asusta más: “El Sistema”. La lógica de “El Sistema” es perversa. Es inescrupulosa y no conoce de ética. Suele ser egoísta, mira para un costado y no suelen importarle cuestiones humanitarias.

Nadie discute que tenemos un país en el que existe una mala distribución de la riqueza generada y una educación en decadencia, situación que sirve al interés mezquino de quienes ven acrecentar sus riquezas (que, curiosamente, no me extrañaría que fueran los mismos que vuelcan recursos económicos para las campañas políticas. Algunos van más allá y no solo aportan dinero, sino aviones, helicópteros y hasta le confeccionan la banda presidencial al presidente de turno), y va en detrimento de los más necesitados y humildes que no pueden pagar la educación privada.

Nuestra sociedad se fue acostumbrando, de a poquito, sin darse cuenta, a convivir con toda clase de injusticias como algo cotidiano que solo requiere de un buen grado de indiferencia. Aquel que mínimamente se resista a “El Sistema” deberá tolerar los más bajos calificativos y vivir la represión en todos los ámbitos imaginables. 

Dentro de “El Sistema” existen dos caminos posibles a tomar, y sólo dos: o jugamos el juego con las reglas que la lógica perversa de la burocracia nos propone, nos acomodamos al sistema y hacemos carrera o somos fieles a los principios y valores que nos ponen de frente y en contra con esta lógica perversa.

La primera nos asegura un buen pasar, sin mayores sobresaltos y, si tenemos “padrino”, no moriremos infiel. La segunda sabemos que la perdemos de entrada.

¿Quién osará enfrentar al gigante en nombre de la moral?

Hay luchas que valen la pena darlas por el solo hecho de darlas, aun cuando sabemos que nadie nos reconocerá ni nos agradecerá por la pequeña semilla sembrada en nombre del bien y la justicia, aun cuando renunciemos a cargos, posición, bienestar, buen pasar, prestigio, renombre. 

Es la lucha que la única recompensa que te trae, y que es la mejor de todas, es la de llegar sobre el fin de nuestra peregrinación con la satisfacción de que en la vida nos condujimos coherentemente con nuestra moral, que no sacamos provecho de las “ventajas” de las desprolijidades del sistema, y sobre todo, la satisfacción de que dedicamos nuestra vida a lograr una visa más justa, honesta…


Se suele medir a la gente por sus logros. Tanto o más hay que medirlas por sus renunciamientos. Porque el éxito lo disfruta cualquiera y atrae multitudes, pero frente a una encrucijada jodida, renunciar a la salida fácil por principios, cuesta horrores y suele agrandar problemas y generar soledad. En el CV de la vida, para mí importa tanto o más que lo hecho, todo a lo que se dijo "NO" por convicción.
Dr. Gonzalo Perera Ferrer


Un gran tipo que conocí gracias a la militancia sindical, comunista él, de una conducta y una moral intachable, me dijo un día cuando me hallaba profundamente contrariado por el resultado de una instancia colectiva adversa: “Esta noche, cuando tu hija se duerma, posiblemente en tus brazos, besala, con la serenidad de los que no han claudicado. Siempre hay un mañana”.

Esa es la meta.