Entrada destacada

Desordenado y vacío

“Y la tierra estaba desordenada y vacía…” . Génesis 1:2. La Biblia dice que cuando Dios creó los cielos y la tierra, la tierra estaba d...

Mostrando entradas con la etiqueta uruguay. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta uruguay. Mostrar todas las entradas

sábado, 16 de mayo de 2020

Y hoy te vi

Modesto homenaje a Eduardo Mateo a 30 años de su muerte 

Suelen haber poemas transformados en canciones que logran poner en palabras bellas y armoniosas, experiencias desgarradoras de la vida. Difícilmente un artista logre componer una pieza de estas características si no ha vivido lo que expresa. Y me pregunto, ¿por qué lo compone? ¿Por qué lo expresa? ¿Es simplemente por su deseo de expresar, o porque al hacerlo logra o intenta sanar y liberarse?

Y sin quererlo, quizás, logra brindarnos algo que nos ayuda a remover aquello que dejamos enterrado pero nunca solucionado, y nos permite revivirlo para sanarlo y liberarnos, dejarlo ir. 

Probablemente sea inevitable que las más bellas obras de arte hayan tenido que provenir de personas que la pasaron mal. Quizás no queda otra que atravesar los más profundos valles del dolor para poder componer los más elevados compases o las más sublimes pinceladas. 

Pienso en la depresión de Van Gogh, en el corto y sinuoso camino que recorrió Seurat, en la penumbra de Juana de Ibarborou, y en la tragedia de Delmira Agustini. 

Y al repasar la letra de Y hoy te vi pude sentir que el autor no estaba describiendo algo ajeno, sino su propio derrotero. Enseguida me conmoví pensando que hay tanta gente que atraviesa tormentos pero sin mostrarlos. De pronto, ve su rostro aparentemente alegre o una actitud de exagerada exaltación de un momento de sonrisa, pero en realidad, no vemos lo que sufre, porque como dice la misma canción, nunca dice lo que hay en él. 

Valoro a los artistas no solo por su obra, sino también por su vida. Es que una bella obra de arte me lleva a querer conocer al artista y de pronto pensar que el estilo de vida del artista es también digno de admiración e imitación. Eduardo Mateo nunca fue santo de mi devoción. Siempre admiré sus piezas pero nunca le tuve ese grado de veneración que mucha gente le tributa. Era capaz de componer arte con belleza, orden y armonía, pero su vida personal estaba alejada de eso. ¿Cómo puede un artista componer arte pero no componer su propia existencia? 

De joven, solía ser una persona muy prejuiciosa. Al ver a los demás, su apariencia y una breve conversación, solía armarme una idea de lo que la otra persona era. Pero Dios me ha dado la oportunidad de estar cerca de personas, todas muy diversas entre si, y tener la oportunidad de conocerlas más íntimamente. Descubrí que la vida no es lo que uno se imagina que es, y que muchas personas de pronto no son lo que hubiesen querido ser, sino lo que resultó ser a causa de su entorno, sus vivencias, etc. Aprendí que a veces las personas tan solo intentan llenar su tiempo de momentos de felicidad pero resignados a no poder cambiar su situación de fondo. Algunos, como decía Dino, sienten frío y ya no se quejan. 

Y he llevado a preguntarme si sería que una persona vive determinada vida porque así realmente lo ha querido, o porque así lo quisieron otras fuerzas que hacia allí lo han llevado. 
O una combinación de ambas: una mala decisión en algún momento que desató una serie de acontecimientos que se salieron de control y le llevaron a un destino que le resulta difícil abandonar y que, de pronto, al pasar el tiempo y disminuir las fuerzas, ya no quiere intentar hacerlo. 

Aprendí a mirar cada vida con misericordia, como Dios nos ve.

Hace meses me contaron una historia de Eduardo Mateo. 

En la década del 70, durante un período económico malo de la vida del artista, mientras toda una generación ya tarareaba sus canciones, solía ir al café Sorocabana para solicitar la generosidad de algún comensal que le ofreciera unos pesos para comprarse un café y una medialuna. Para su fortuna, habían comensales que no le daban unos pesos, sino que lo invitaban a compartir la mesa y le compraban el café y las medialunas. Y así, a diario. 

Pero un día fue diferente. Entró al café, se dirigió a la mesa donde estaban sus habituales comensales y dijo: hoy invito yo el café y las medialunas para todos. 
Para sorpresa de todos, ese día Mateo tenía dinero. Entonces, le preguntaron: ¿Qué pasó, Mateo?
Y él respondió: Sandra Miánovich grabó “Y hoy te vi” y me acaban de pagar las regalías. 

Y allí se deja ver la luz de un corazón noble detrás de las sombras de aquel rostro: lo primero que hizo cuando tuvo unos mangos fue agradecerle a los comensales que durante días lo ayudaron desinteresadamente. Para esas personas, el gracias era suficiente. No necesitaban que Mateo ni que nadie les pague un café. Y Mateo también sabía que no necesitaba pagarles un café de regreso. Pero lo de Mateo en esa noche no fue un “gracias por el café y las medialunas”, sino un “gracias por sentarme en vuestras mesas, por no rechazarme, por tratarme como uno de ustedes, por no juzgarme. Ahora que tengo, quiero compartir así como ustedes han compartido lo que tenían conmigo”. 
Al final, eso es lo que los evangelios nos dicen que Jesús hacía: compartía la mesa con los más necesitados y les brindaba un momento de vida y esperanza, para comunicarles el mensaje de que el reino de los cielos es eso, una larga mesa donde todos vamos a compartir un banquete, cuando ya no haya tormento ni dolor. 

Quizás aquellas medialunas con café que los comensales del Sorocabana le invitaban, eran para Mateo una dosis de vida en medio de la muerte que sufría cada noche larga cuando una esperanza le mentía.

No. No va a ser nunca un ejemplo de vida. Y sí. Es cierto que él nunca pretendió serlo. Y sí. Es injusto que uno le exija eso. A menudo, ni siquiera uno mismo es un ejemplo de vida para uno mismo.

En el día de hoy, a treinta años de su muerte, quiero recordar al ser humano que tuvo la generosidad de convertir su vivencia en obras de arte que han contribuido y contribuirán a que seamos cada vez más humanos, más empáticos, y más sensibles a comprender los misteriosos y complejísimos mecanismos que condicionan nuestras decisiones y conductas. 

Hoy creo que Mateo contribuyó a que tengamos un mundo un poquito mejor. 

jueves, 5 de julio de 2018

El mal alumno Suárez

Carta publicada en el Semanario Búsqueda, en la sección Ecos de El País (Uruguay) y en el portal de En Perspectiva. 

En la conferencia de prensa post partido de Uruguay con Portugal, el periodista Federico Paz le pregunto al maestro Oscar Tabarez: “¿por qué Uruguay marca ese diferencial con el resto de trancar con la cabeza? ¿Es el perfil de jugador que Ud. elige? ¿Es el gen ganador o cómo concibe el futbol el jugador uruguayo? ¿Es lo que Ud. transmite? ¿Es lo que se contagia en un plantel que viene trabajando hace tiempo? ¿Ud. qué explicación le encuentra a eso que emociona a todos?”.

La pregunta del periodista tenía un presupuesto muy claro: el axioma de que la entrega o la garra es patrimonio exclusivo de los uruguayos.  

El maestro Tabarez, en otra lectio magistralis de las que nos tiene acostumbrados, le responde: “Yo me permito decir que tenemos que tener cuidado con considerarnos únicos en algunas cosas. Me parece que es una posición poco humilde. Todos los equipos tienen jugadores que se brindan …”. Luego de desarrollar un poco más la idea, concluyó con la frase que resaltó más en el fin de semana: “cuando se tiene la suerte de ganar, hay que ganar sin estridencias; y cuando nos toque perder, perder con dignidad, con humildad”. El mensaje del maestro Tabarez resultó diáfano. Huelga la necesidad de comentarlo o explicarlo.

Sin embargo, el pasado martes 3 de julio, apenas pasadas algo más de 48 horas después de la conferencia de prensa, se le realizan varias preguntas a Luis Suárez y resalto la que hacía referencia al delantero del seleccionado francés, Antoine Griezmann, y su sentimiento de simpatía y cercacnía con el Uruguay, producto de sus amistades con Carlos Bueno, Diego Ifrán, Gonzalo Castro, Cristian Rodriguez, Diego Godín y José María Gímenez (sumado a su cercanía con Martín Lasarte y Pablo Balbi cuando lo dirigieron y con su actual preparador físico en el Atlético de Madrid, Oscar Ortega).

Suárez respondió: “por más que diga que es medio uruguayo, es francés y no sabe en realidad lo que es el sentimiento de un uruguayo. Él no sabe la entrega y el esfuerzo que hacemos los uruguayos desde chicos para poder triunfar en el futbol, con tan pocas personas que somos. Y eso lo sentimos nosotros. Tendrá sus costumbres, su forma de hablar y todo eso de uruguayo, pero el sentimiento nosotros lo sentimos de otra manera”.

Suárez se ubica, con estas declaraciones, en las antípodas del pensamiento del maestro Tabarez y lo ubica en una posición penosa a juicio de quien suscribe. Cuando deberíamos estar orgullosos como uruguayos de que un extranjero abrace nuestros valores y costumbres como propios solo por el simple hecho de haber tenido algunas amistades uruguayas (lo cual habla muy bien de esos amigos y de los uruguayos en general), Luis Suárez le sale al cruce con expresiones despectivas (“por más que diga que es medio uruguayo, es francés” como si fuese malo serlo) que denotan un rasgo de su personalidad que evidencia una actitud típica del resentido que se victimiza por las dificultades de su pasado y que por más que haya llegado lejos y triunfado en la vida profesional y familiar, acumulando enormes sumas de dinero y fama, siempre tiene algo que envidiar o reprochar en el otro.

Pero por otro lado, parece que Suárez no se enteró que Francia tuvo que levantarse del polvo al ser devastada por dos guerras mundiales que la dejaron como un muladar. Si bien Griezmann no es hijo directo e esa generación, ningún uruguayo lleva en sus genes la información que se transmite de generación a generación conteniendo la noción intrínseca de la supervivencia y la superación, que en el caso de los galos, proviene de una época difícil para ellos pero muy dulce para nosotros, ya que mientras Europa se consumía en el horror bélico, Uruguay florecía como una nación próspera e igualitaria, dónde se ganaban torneos Sudamericanos y Copas Mundiales más seguido que ahora. Hasta estoy empezando a creer que por eso ganábamos tanto: porque nuestros rivales estaban diezmados.

Afortunadamente, estoy convencido de que a la mayoría de los uruguayos nos representan ampliamente más las palabras que día a día con tanta generosidad nos regala el maestro Tabarez, que las puerilidades de Suárez.

domingo, 15 de mayo de 2016

Desagravio a los futbolistas brasileños

Montevideo, junio de 2014
La Federación Alemana de Fútbol lleva adelante un proceso iniciado en 1998 que incluye un programa de formación nacional de jugadores, que nunca se dejó de lado incluso ante la catástrofe de la Eurocopa 2000, cuando el equipo quedó eliminado en primera ronda luego de dos derrotas y un empate. A partir de allí los resultados han sido más que aceptables. 2º puesto en mundial 2002, dos terceros puestos consecutivos en Alemania 2006 y Sudáfrica 2010, y la coronación mundial del 2014.
Pero en la otra esquina, la Confederación Brasileña de Futbol debió, en el momento en que presentó su candidatura, iniciar un proceso al estilo de la selección alemana. No fue así y protagonizaron un pobre mundial en Sudáfrica, una magra participación en la Copa América 2011, para recién ahí empezar a pensar en preparar a la selección de cara al 2014, de la mano de Mano Meneses como DT. Tras las olimpiadas 2012 (donde obtienen medalla de plata), se convoca a Luis Felipe Scolari (campeón del mundo con Brasil en 2002), desconociendo el consejo del refrán que recomienda no cambiar de caballo en la mitad del río, mucho menos a dos años de la copa.
Mucho menos cuando la selección brasileña, por el hecho de tener asegurada una plaza en calidad de anfitrión, se le exonera de ganársela en eliminatorias. Brasil no tuvo, en los últimos dos años previso al mundial, ninguna competencia de exigencia. Y esto es fundamental, porque bajo presión se conoce de qué está hecho el equipo, se puede corregir errores y potenciar capacidades. Así, llegaron a la copa del mundo, con un seleccionado que iba a rendir su primer examen de exigencia en por lo menos cuatro años. Y no dieron la talla.
No llegar a la final era previsible; no así la humillación. La goleada con Alemania fue un golpe durísimo, inmerecido para los jugadores que patrióticamente aceptaron ponerse la camiseta aun en el contexto descripto. Fácil les hubiera sido anticipar lo previsible y excusarse de participar en el mundial (“a mí me llamó Del Bosque antes que Scolari”, dijo uno y zafó olímpico). Sin embargo, en una muestra de valentía y coraje que hay que destacar, aceptaron el reto, no pusieron su orgullo, su nombre, reputación ni imagen por delante de lo que seguramente consideraron un deber sagrado para con su patria, a sabiendas de la posibilidad de lo que efectivamente ocurrió, de escribir su nombre en la historia negra del futbol brasileño. No aceptaron ese lugar por vanagloria, sino ante todo con humildad, como considerándose privilegiados de poder defender a su nación en esta cita.
El público brasileño tiene la mala costumbre de ser lapidario con sus jugadores. Estos hombres se la jugaron, no se guardaron nada, se entregaron por enteros a su país. Lamentablemente el destino les tenía preparada una mala pasada: descolgarían definitivamente la mochila de 1950, pero para colgarse una mucho más pesada.
Me pregunto qué necesidad tenían Scolari y Parreira de ser sometidos a semejante vergüenza cuando ambos tenían en su haber un campeonato del mundo cada uno. No tenían necesidad ninguna de poner en juego la buena reputación que se habían ganado en su país. Sin embargo, no estimaron nada de eso como valioso, y lo sacrificaron por su selección.
Si yo fuera brasileño, a sabiendas de las condiciones en las que aceptaron jugar, estaría orgulloso de ellos, y los silbidos los dirigiría a los negligentes que conducen la CBF, que parecen haberse quedado atrasados en el abc de la gestión moderna de un seleccionado de futbol y que son los verdaderos responsables de esta tragedia deportiva. Lo más sensato hubiera sido darle continuidad al proceso Scolari y apostar firmemente a Rusia 2018, donde seguramente tendrán chances categóricas. Con un desenlace de este tipo a cuestas, no habría otra opción: el equipo se solidificará y crecerá. Basta recordar la publicidad que la propia televisión brasileña emitía cuando la crisis de 1998: “con crisis se crece”.
Además, en el contexto, haber superado la actuación del mundial anterior y haber llegado entre los primeros cuatro no debería ser considerado ni un vejamen ni una vergüenza (más allá del resultado con Alemania). En lo que me es personal, creo que la campaña de Brasil ha sido más que satisfactoria a juzgar por la preparación. Al lado de Brasil, ¿dónde quedaron selecciones con mejor preparación como España (defensora del título), Francia, Italia, Inglaterra y la propia Uruguay?
En el contexto de lo dicho anteriormente, me produce un profundo pesar que se haya festejado la derrota y humillación brasileña como si de una victoria celeste se tratara, desconociendo el hondo drama humano detrás de las lágrimas de David Luiz y del testimonio al borde del llanto de Julio Cesar, haciendo morcilla de la sangre fresca que brota de una herida apenas infligida. Qué lástima que pululen individuos que, cuales buitres, desconocen el contenido humano de los acontecimientos, los vacían de contenido y los rebajan a la categoría de mero entretenimiento.


esd