Entrada destacada

Desordenado y vacío

“Y la tierra estaba desordenada y vacía…” . Génesis 1:2. La Biblia dice que cuando Dios creó los cielos y la tierra, la tierra estaba d...

Mostrando entradas con la etiqueta diezmo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta diezmo. Mostrar todas las entradas

martes, 1 de septiembre de 2020

El cristiano y el dinero. Capítulo 9

Huye de las deudas. Aprende a ahorrar



El ahorro es la base de la fortuna, y no el endeudamiento. No tomar control de tu presupuesto y gastar según tu intuición y deseo puede ser catastrófico. Y si para eso, se hace uso del endeudamiento, has cavado una cómoda fosa.
 
Hay que diferenciar entre dos tipos de bienes: los bienes durables y los no durables. 

Bienes de consumo durables son aquellos cuyo uso se da a lo largo de un período extenso de tiempo y son utilizados en un gran número de ocasiones. Se consideran durables si poseen una vida útil mayor a los tres años. Va desde la TV, un aire acondicionado, una computadora, un auto y hasta una casa. En la mayoría de los casos, se debe tener en cuenta que los bienes durables van perdiendo su valor al pasar el tiempo. Es decir, el auto que hoy te costó U$S 20.000, lo retirás de la automotora y ya te vale menos si lo queres vender. 

Bienes de consumo y servicios no durables son aquellos bienes que son consumidos en un corto plazo y utilizados en un menor número de ocasiones (algunos solo se utilizan una vez). Su costo es menor al de los bienes de consumo durable. Por ejemplo: alimentos, útiles escolares, comer en restaurantes, cine, estadio, vacaciones. 

Muchos cristianos no controlan sus presupuestos, no hacen cuentas, y gastan en bienes no durables por intuición. En alguno casos, sin control. Para peor, usan frases como: “sabemos que Dios quiere que disfrutemos de estas cosas…”, “Dios será fiel para proveernos” y otros tantos etc., excusas revestidas de espiritualidad para licuar cualquier sentimiento de inseguridad o advertencia que pudiera surgir.

Pero veamos qué tiene para decir la Palabra de Dios. 

Con ansiedad será afligido el que sale por fiador de un extraño; Mas el que aborreciere las fianzas vivirá seguro.
Proverbios 11:15

El hombre falto de entendimiento presta fianzas, y sale por fiador en presencia de su amigo.
Proverbios 17:18

El rico se enseñorea de los pobres, y el que toma prestado es siervo del que presta.
Proverbios 22:7

Los pensamientos del diligente ciertamente tienden a la abundancia; Mas todo el que se apresura alocadamente, de cierto va a la pobreza.
Proverbios 21:5

El hombre fiel recibirá muchas bendiciones; el que tiene prisa por enriquecerse no quedará impune.
Proverbios 28:20 (NVI)

(…) el que recoge con mano laboriosa las aumenta [las riquezas]
Proverbios 13:11

(…) quien ahorra, poco a poco se enriquece.
Proverbios 13:11 (NVI)

Todos estos versículos, y algún otro, tienden a aconsejar al cristiano a no endeudarse y no apurarse para tomar decisiones financieras. La bendición material sobre la vida de un cristiano está lejos de pasar tan solamente por diezmar y ofrendar. Esto es importante e imprescindible, condición necesaria, pero insuficiente. Estar al día con el diezmo y ofrendar no es una licencia para manejarse como se quiera con la economía, ni mucho menos un permiso para el despilfarro o las decisiones apresuradas. 

Sin embargo, hay cristianos que toman decisiones pensando en que todo va a estar bien, que Dios nos va a prosperar o que Dios va a suplir, o que Dios proveerá, y todas esas justificaciones que el cristiano tiene adaptado a su jerga y que, de tanto escucharlas en forma aislada, se terminan convirtiendo en argumentos que a la postre se levantan en contra del verdadero conocimiento de Cristo y se terminan convirtiendo en conductas que son desobedientes a sus principios. 

El cristiano debe siempre buscar la guía del Espíritu Santo en cada situación de su vida, procurando encontrar la sabiduría antes de tomar una decisión. Cada decisión del cristiano debe ser meditada y bien pensada.

Los bienes que se adquieren de prisa al principio, no serán al final bendecidos.
Proverbios 20:21

Los planes bien pensados: ¡pura ganancia! Los planes apresurados: ¡puro fracaso!
Proverbios 21:5 (NVI)

Bienaventurado el varón que (…) en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche, (…) todo lo que hace, prosperará.
Salmo 1

Dios es especialmente contrario a las deudas. Toda la ley de Dios está llena de referencia en contra de las deudas. Por ejemplo, las deudas tenían que ser perdonadas al séptimo año, a los esclavos había que ofrecerles la libertad al séptimo año, y en el año 50, todas las tierras tenían que volver sus dueños originales. En adición a esto, Dios le prometió a su pueblo lo siguiente: 

Ya que Jehová tu Dios te habrá bendecido, como te ha dicho, prestarás entonces a muchas naciones, mas tú no tomarás prestado;
Deuteronomio 15:6

No es recomendable tomar deuda para el consumo de bienes no durables. Uno debe consumir en el mismo o menor nivel en el que gana. Si el dinero no me alcanza para consumir determinadas cosas, sacarlas a pagar en cuotas o pedir prestado para obtenerlas es un mal camino. 

Si a una persona no le alcanza el dinero para llegar a fin de mes (como se dice popularmente) y saca un préstamo o compra un bien en cuotas, ¿de dónde sacará dinero los meses siguientes para pagar la cuota del préstamo o la cuota de la compra a crédito?

La clave del mejor consumo es privarse de consumir hoy, ahorrar, y consumir mejor más adelante. Por ejemplo: el celular último modelo que hoy sale $24.000, lo puedes obtener en 24 cuotas de $1.000. Suponiendo que te sobran $1.000 por mes, tienes dos opciones. Lo obtienes ya y lo pagas en cuotas, o ahorras esos $1.000 cada mes para comprarlo al contado luego. En 18 meses, habrás ahorrado $18.000, y quizás el precio del celular ya haya caído a ese valor. Lo comprás al contado y más barato. Claro, eso implica cultivar la paciencia y saber esperar.

El ejemplo del celular es muy aplicable para la mayoría de los bienes que consumimos. Cada vez que un nuevo bien de consumo sale al mercado, la gente se desespera por obtenerlo, y por lo general lo obtienen a un precio elevado y a costa de deuda. No hay porqué tener todo ya. Esperar te va a dar buenos resultados. Y por otro lado, no hay satisfacción más grande que comprar algo y saber que es 100% tuyo y que no se lo debes a nadie, ni tienes que trabajar los próximos meses de tu vida para pagarlo.

Si en todo caso, la situación amerita que se actúe ya y no se puede esperar, es absolutamente necesario que el cristiano tenga control de su presupuesto y sepa cuánto dinero le sobra al mes, para saber si puede hacer frente a la cuota. No es gasto y después veo. 

Si un cristiano usa deuda constantemente para sostener su nivel de consumo, puede llegar a acumular deuda al punto tal de quebrar. Cuando compra a crédito o pide préstamos para el consumo de bienes no durables, los bienes se consumieron, y en caso de no poder pagar por ellos, ¿de dónde vas a sacar para pagar? Comer afuera, cine, estadio, vacaciones, etc., son todos consumos que se agotan en el momento. No duran. Y si todo ese consumo se hace sin control, acumulando deuda, cuando tengas que pagar por eso, tendrás que vender otros bienes que tengas, o vas a tener que sacrificar buena parte de tus ingresos futuros en el pago de la misma. Te sentirás esclavo de tu deudor. Sentirás la frustración de trabajar y trabajar solo para pagar cuentas y no vas a poder disfrutar del fruto de tu trabajo. No hay nada peor que trabajar y no poder disfrutar el dinero que se gana, porque hay que pagar las malas decisiones financieras que arrastro del pasado por haber manejado mal las finanzas. 

La buena salud financiera pasa por ahorrar. Y en este sentido, hay que derribar mitos. La verdad es que SIEMPRE SE PUEDE AHORRAR. Tu tienes que obligarte a ahorrar. Aunque sean $400 por mes. No debes menospreciar tu capacidad de ahorrar, por pequeña que sea. Al final del año habrás ahorrado $4.800. No es una fortuna, pero no desprecies lo poco que puedas ahorrar.

Obligarte a ahorrar va a moderar tu conducta. Poner el ahorro en prioridad, te va a permitir privarte de ciertos consumos que no son estrictamente necesarios. Yo sé que no es simpática la vida con privaciones y que queremos darnos gustos, pero si no te privas hoy en aras de construir una vida más sana financieramente, las privaciones no acabarán nunca. En el capítulo 11 ahondaremos en este concepto.

Empezarás ahorrando poco, terminarás ahorrando mucho más, y tendrás un mejor futuro. Recuerda: lo ideal no es gastar y luego pagar. Mejor es ahorrar, luego consumir. Pero aun mejor que ahorrar y consumir, es ahorrar e invertir. No te gastes todo tu ahorro en el futuro consumo. Parte del ahorro (cuánto más mejor) debe invertirse, para que esa inversión produzca nuevos ahorros o incluso ganancias. Una compra no produce ganancias, una inversión, sí. 

El ahorro es una conducta bíblica y forma parte de las mejores prácticas de administración financiera que se conocen en el mundo.

viernes, 14 de agosto de 2020

El cristiano y el dinero. Capítulo 6

Malaquías y el diezmo

Quizás uno de los pasajes que es al mismo tiempo duro pero esperanzador en cuanto a la cuestión del diezmo está registrado en la última profecía del antiguo testamento. 

Óiganme, israelitas: Si ustedes no han sido destruidos es porque yo soy el Dios todopoderoso y mi amor no cambia. En cambio ustedes, desde los días de sus antepasados, siempre han desobedecido mis mandamientos. Pero si ustedes se arrepienten y vuelven a mí, yo también me volveré a ustedes. Yo soy el Dios todopoderoso, y les aseguro que así lo haré.

Ustedes me preguntan: “¿Y de qué tenemos que arrepentirnos?”. Yo les respondo: “No es fácil que alguien me robe; sin embargo, ¡ustedes me han robado!”. Todavía se atreven a preguntarme: “¿Y qué te hemos robado?” Pues escúchenme bien: ¡Me han robado porque han dejado de darme el diezmo y las ofrendas! Todos ustedes, como nación, me han robado; por eso yo los maldigo a todos ustedes, también como nación.

Traigan a mi templo sus diezmos, y échenlos en el cofre de las ofrendas; así no les faltará alimento. ¡Pónganme a prueba con esto! Verán que abriré las ventanas del cielo, y les enviaré abundantes lluvias. Además, alejaré de sus campos las plagas de insectos que destruyen sus cosechas y sus viñedos. Tendrán entonces un país muy hermoso, y todas las naciones los considerarán muy dichosos. Yo soy el Dios todopoderoso, y les juro que así lo haré.
Malaquías 3:6-12 (TLA)

Antes de analizar estos versículos, ubiquémonos en el contexto y en el trasfondo de los mismos. 

Durante la dominación del imperio persa, a los judíos se les permite regresar a Jerusalén a reconstruir el templo. Años después, Nehemías (el copero del rey Artajerjes) recibe permiso para ir a Jerusalén a reconstruir las murallas de la ciudad, que estaban en ruinas. 

Nehemías es contemporáneo con el rabino Esdras, y toda una generación que no conocía la ley de Moisés. Esdras se dedica a enseñar las sagradas escrituras al pueblo y como consecuencia de ello, un avivamiento surge, el pueblo se arrepiente de sus pecados, y comienzan a enderezar sus pasos de acuerdo a los preceptos divinos. 

Por primera vez en muchísimo tiempo, los judíos vuelven a diezmar para sostener a los levitas en el servicio religioso, tal cual lo disponía la ley y también las ordenanzas que el rey David había dispuesto, con cantores y músicos que alababan y glorificaban el nombre de Dios en el templo. Así había sido establecido por Dios: los levitas no deberían trabajar la tierra para sostenerse, sino que sus hermanos de las demás tribus debían sostenerlos. 

Concluida la obra, Nehemías regresa a Babilonia a dar cuentas de lo que había hecho, y más tarde, vuelve a Jerusalén. Al volver, se encuentra con un panorama desolador. Todo lo que había dejado funcionando bien, ya no funciona. El capítulo 13 de Nehemías nos muestra que los judíos habían dejado de respetar el día de reposo y se habían vuelto a mezclar en matrimonios mixtos con otros pueblos. La corrupción creció tanto, que las autoridades religiosas se quedaban con el diezmo del pueblo para su propio beneficio y no lo repartían entre los levitas ni a los cantores, por lo que estos se fueron del templo a buscar trabajo en los campos para subsistir. Finalmente, luego de esto, los judíos dejaron directamente de diezmar. 

En medio de este trasfondo, aparece la profecía de Malaquías. 

Visto el trasfondo, vamos al contexto. En el primer capítulo, Dios comienza su mensaje reafirmando su amor por su pueblo, pero los israelitas estaban tan lejos de Dios que tienen el atrevimiento de responderle a Dios: “de veras nos amas?”. Israel no creía en el amor de Dios. 

Es importante señalar este hecho: el amor de Dios es la base y sustento de toda la profecía de Malaquías. La razón de ser. La fuente del mensaje. 

Yo soy Malaquías. Dios me dio la orden de comunicarles a ustedes, los israelitas, este mensaje: «Israelitas, Dios los ama». Y ustedes preguntan: «¿Y cómo nos demuestra ese amor?»
Malaquías 1:1-2 (TLA)

Todo lo que continua en la profecía es un clamor desesperado de un Dios acongojado porque su pueblo lo desprecia. Resultó que los judíos le presentaban a Dios como ofrenda animales impuros, que no valían nada porque estaban ciegos, cojos y enfermos, teniendo animales en buenas condiciones para ofrecer, como lo establece el versículo 14. En pocas palabras, la ofrenda que le traían a Dios no tenía valor monetario alguno, puesto que le traían “el clavo”, lo defectuoso, lo que no le iban a poder vender a nadie. Usaban el culto a Dios para sacarse de encima lo que les molestaba de sus ganados. Lo que valía algo, se lo quedaban para ellos. 

Es tal el desprecio que la gente tenía por el culto a Dios que Dios mismo desafía a los judíos a que le lleven esos mismos animales al gobernador de Persia, si tenían suficiente valentía para hacerlo. En otras palabras, no se les ocurría presentarle esa porquería a nadie, y se la presentaban a Dios. Dios les dice: prefiero que cierren el templo y que no haya más actividad religiosa, porque para que me traigan eso de ofrenda, mejor no me traigan nada. 

Es que Dios no necesita ni de nuestras ofrendas, ni de nuestro coro de hermanos que le cante canciones, ni nada de eso. El mismo se los dice: 

En todas las naciones del mundo hay quienes reconocen mi grandeza, y por eso me presentan ofrendas aceptables. Pero ustedes los sacerdotes hacen todo lo contrario: me faltan al respeto, y desprecian mi altar y las ofrendas que allí se me presentan.
Malaquías 1:11-12 (TLA)

En otras palabras, Dios les dice: miren que yo no necesito sus ofrendas, ni sus cantos, ni sus honores, porque mi nombre es grande en toda la tierra, y en todos lados hay quien me alaba y me honra genuinamente. 

Entonces, si Dios no necesita nuestras ofrendas, ¿para qué pretende que se le presenten ofrendas, y que encima tienen que ser perfectas, sin mancha ni defecto? La respuesta está en el inicio del mensaje: el amor. 

Yo los amo - dice Dios - y si me van a presentar ofrendas, que sean ofrendas que salgan de un corazón que me ama, que responde a mi amor. Y si nuestro corazón responde al amor de Dios, nuestras ofrendas serán ofrendas gratas, buenas, y no las sobras o lo desperdicios. 

En otras palabras, lo que Dios dice es: “no me tienen que presentar las ofrendas porque está escrito en un reglamento o por cumplir con una disposición. No se traen ofrendas por compromiso. Se traen por amor a mí. Es tan evidente que ustedes no me aman, que desprecian el culto a mi trayéndome desperdicios”. 

Y eso no acaba ahí. No solo se le ofrecían animales defectuosos e inservibles, sino que encima los sacerdotes expresaban su fastidio con su oficio. Servían a Dios de mala gana y lo decían. 

Y exclaman: “¡Qué hastío!” Y me tratan con desdén —dice el Señor Todopoderoso—. ¿Y creen que voy a aceptar de sus manos los animales lesionados, cojos o enfermos que ustedes me traen como sacrificio? —dice el Señor—.
Malaquías 1:13

Dios está acongojado porque su pueblo, el que él eligió de entre todos los pueblos, no le ama, sino que le desprecia. 

En ese contexto, llega el pasaje leído anteriormente, referente a los diezmos. Repasémoslo. 

Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.
Malaquías 3:10

Lo primero que llama poderosamente la atención en este versículo es el “probadme ahora en esto”. Dios aceptando que su pueblo lo ponga a prueba. Es llamativo porque el mismo Dios nos dio orden de no ponerlo a prueba. 

No tentaréis a Jehová vuestro Dios, como lo tentasteis en Masah.
Deuteronomio 6:16

En Masah no había suficiente agua para beber y el pueblo dudó si Dios estaba con ellos. Dios les hace acuerdo de que esa actitud no debería volver a ocurrir. El pueblo debía confiar en el cuidado de Dios. 

Otro enfoque de esto es el que da el Señor Jesucristo cuando es tentado por el diablo, antes de iniciar su ministerio. 

Y le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo; (…) Respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios.
Lucas 4:9, 12

A Dios no se lo pone a prueba, porque él es soberano y creador; nosotros somos sus criaturas. Dios no miente, nunca falla; por ende, no corresponde que nosotros que somos mentirosos y falibles por naturaleza, lo probemos a él. 

Además, ¿en qué consistiría el probar a Dios con los diezmos? ¿Diezmar tres o cuatro meses y si al cabo de ese tiempo no estoy viviendo en un barrio residencial con tres autos en el garaje, entonces no funcionó y dejo de diezmar? ¿Cuál es la medida del tiempo y la magnitud de la prosperidad mediante la cual se puede medir la prueba?

Es claro que las palabras de Dios dichas a través de profeta tienen otro sentido, y el sentido hay que buscarlo en el contexto y en el trasfondo de la profecía. Una profecía cuya base y tema principal es el amor no correspondido que Dios tiene por su pueblo. Un Dios que ama, y un pueblo que desprecia ese amor. 

Toda la profecía es un clamor desesperado de Dios por llamar la atención de ese pueblo y lograr que lo ame. Un Dios que se humilla a sí mismo, que no guarda orgullo, y que busca una y otra vez que sus criaturas fijen sus ojos en él. 

En ese contexto, el “probadme ahora en esto” es un clamor desesperado de Dios para que el pueblo retome aquellas prácticas que redundarán en su beneficio. ¿Qué prácticas? Rendirle culto a él (lo que implica, entre otras cosas, el diezmo, pero el también el hacer las cosas con ganas, de manera genuina, de buena gana, dándole a Dios lo mejor). No es Dios el que se beneficia cuando le rendimos culto y le traemos diezmos, sino nosotros mismos. Con tal de que diezmen, Dios está dispuesto a que lo pongan a prueba. Como sea, pero vuelvan a diezmar, se los ruego - parece decir.

Nosotros, si nos consideramos cristianos fieles que amamos a Dios, no formamos parte del público objetivo de esta profecía, porque Dios le está hablando a un pueblo infiel, ladrón, y desobediente. Y aun así, siendo el pueblo infiel, ladrón y desobediente, Dios les promete bendición y prosperidad. Si fue capaz de ofrecerle eso a semejante público, ¿no nos dará también lo mismo a nosotros, si somos un pueblo fiel y obediente?

De modo que si somos fieles y amamos a Dios, diezmamos porque le amamos, no por ponerle a prueba. No es un intercambio ni un negocio. No se diezma por avaricia.

El cristiano y el dinero. Capítulo 5.

El diezmo en forma de primicia

Las ofrendas que traigan a mi templo serán de los mejores primeros frutos que produzcan sus campos.
Éxodo 23:19 (TLA).

Nuestra primicia es darle a Dios lo primero de nuestra cosecha o de nuestras ganancias.

Si el primer trozo de pan fue dedicado a Dios, entonces todo el pan está dedicado a él...
Romanos 11:16 (PDT)

Decir que el diezmo es primicia es decir que el diezmo es lo primero que se paga una vez que he obtenido mi ingreso. Esto debe ser hecho así para que el diezmo tenga validez delante de Dios, por al menos dos razones.

En primer lugar, porque Dios es lo primero en nuestra vidas, lo más importante, y por ende, lo primero a ser atendido. 

Y en segundo lugar, porque si una persona espera a cubrir primero todos sus gastos y deja el diezmo para el final a ver si le alcanza para diezmar, el diezmo pasó a ser un sobrante, y no una primicia, y por ende pierde valor. No se está diezmando por las razones correctas, sino porque sobra. Como me alcanzó para pagar todo, entonces doy el diezmo. Eso convierte al diezmo en una limosna. 

Un sobrante nunca tiene el mismo valor que una primicia. El sobrante tiene intrínsecamente la noción de escasa relevancia. Los sobrantes se dan a las personas que menos estimamos. 

Si una persona espera a cubrir todos sus gastos para luego dar el diezmo, es preferible que directamente no lo dé, porque deja de tener valor frente a los ojos de Dios. Si el diezmo se da al final, por más dinero que sea, por más que sea hasta un 15% o un 20%, no interesa: dejó de ser diezmo. En este sentido, ni el diezmo ni ninguna ofrenda valen por su valor monetario, sino que valen por el corazón con el que es dado. 

En términos más ilustrativos y prácticos: si un hermano gana $10.000 y el primer gasto que hace es dar los $1.000 de diezmo, esos $1.000 valen más delante de Dios que los $20.000 que da el otro hermano que cobra $200.000 pero espera a cubrir todos sus gastos primero para entregar el diezmo al final. 

Jesús levantó la mirada y vio a los ricos poniendo sus ofrendas en la caja del dinero del templo. También vio a una viuda pobre que estaba dando dos pequeñas monedas de cobre como ofrenda. Entonces Jesús dijo:
—En verdad les digo que esta pobre viuda dio más que todos los demás. Porque todos ellos dieron de lo que les sobraba, pero ella, a pesar de su pobreza, entregó todo lo que tenía para vivir.
Lucas 21:1-4 (PDT)

Dios no rechazó la ofrenda de Caín porque era de menor valor monetario frente al cordero que presentó Abel. De hecho, no tenemos posibilidad alguna de medir el precio o valor económico de la ofrenda de cada uno. La ofrenda de Caín fue rechazada, entre otros motivos, porque Caín ya era una mala persona.
 
Entonces Dios le preguntó a Caín: «¿Por qué estás tan triste y enojado? Si haces lo correcto, siempre te aceptaré con agrado, pero si haces lo malo, el pecado está listo para atacarte como un león. ¡No te dejes dominar por él!»
Génesis 4:6-7 (TLA)

Mucha gente espera primero obtener más ingresos para luego diezmar. Es una noble pretensión pero errada, porque ubica al diezmo en el último lugar de las prioridades, y además, le da la posibilidad de surgir una vez que obtenga más ingresos, o lo que es lo mismo decir, cuando sobre lo suficiente como para empezar a darlo. Lo cierto es que, aun con esa noble pretensión, si la persona no diezma hoy, difícilmente diezmará mañana. El que no logra ser fiel cuando se tiene poco, difícilmente lo logrará cuando tenga mucho.

Su señor le dijo: «Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor».
Mateo 25:23

Si somos fieles en lo poco, es Dios quien se va a encargar de ponernos en lo mucho. En otras palabras, si hoy digo que no puedo diezmar porque tengo poco, no puedo esperar que Dios me ponga en lo mucho para empezar a diezmar, porque Dios pondrá en lo mucho a quienes son fieles en lo poco. Esto es clave entenderlo, porque la gente que espera a tener mucho para diezmar no logra ver que no es Dios quien los está llevando a lo mucho, porque Dios lleva a lo mucho solo a aquellos que son fieles con lo poco. Así que si tu estás en una etapa en tu vida en donde en materia económica te está yendo bien y estás yendo a lo mucho, pero nunca has diezmado, pregúntate si es Dios quien te está llevando a lo mucho o si lo estás logrando en tus propias fuerzas (o si a alguien más le interesa que te vaya bien sin diezmar…). 

Aquí voy a decir algo que va a rayar con lo escandaloso: no se necesita ser fiel a Dios para prosperar económicamente. Se puede perfectamente prosperar dejando a Dios de lado. No se entrega el diezmo para prosperar. Y si no me creen, miren a su alrededor: la cantidad de personas que no conocen a Dios ni han dado nunca un peso a la iglesia y son más prósperos que la mayoría de los cristianos. Por eso en la Biblia hay referencias en las que se le pide al cristiano que no se impaciente al ver como los que no son creyentes prosperan. 

Para ir a lo mucho en materia económica lo único que hace falta es estudiar y trabajar duro, ser disciplinado, buen administrador, y poco más. No se necesita ser fiel a Dios. Si tu objetivo en la vida es prosperar materialmente, no necesitas ir a la iglesia, necesitas ir a la escuela. Si pones un ladrillo encima de otro, terminarás construyendo una pared, y no importa si eres bueno o malo, cristiano o ateo. 

Esto del diezmo se trata de ser fiel a Dios. Nuestro objetivo diario es ser fiel a Dios. Parte de nuestra fidelidad es el diezmo. Y Dios, en su amor y bondad, nos prosperará y nos dará un buen pasar. Él nos pondrá en lo mucho, de acuerdo a su voluntad, que es siempre buena.

El cristiano y el dinero. Capítulo 4

El diezmo como mandamiento: ¿es obligatorio?

Aunque el diezmo es anterior a la ley (una costumbre oriental instalada desde antaño) pasa a ser una obligación exigible para Israel en el momento en que Dios lo introduce en la ley. 

Para nosotros que vivimos en el tiempo de la dispensación de la gracia, y en el ejercicio de esa libertad ontológica con la que Dios nos creó, podemos decir que ningún mandamiento es obligatorio. No suele ser un enfoque tradicional, pero es el más acertado: ningún mandamiento es una obligación. 

La razón es sencilla. Si algo es una obligación, necesariamente debe existir alguien o una entidad que se encargue de obligarnos. Para eso, alguien nos controlará, y en caso de incumplimiento, nos castigará. 

En cuanto a los mandamientos divinos, un estudio pormenorizado de las Escrituras nos muestra que Dios entregó los mandamientos más bien como enseñanzas y consejos para que el hombre tenga bienestar al cumplirlos. Y lo que se suele percibir como un castigo, en la mayoría de los casos suelen ser la simple consecuencia de la conducta vedada. 

Si obedecen mis decretos y mis ordenanzas, encontrarán vida por medio de ellos. Yo soy el Señor.
Levíticos 18:5

Los supuestos castigos que Dios envía por incumplir los mandamientos no se tratan (en muchos casos) estrictamente de castigos propiamente enviados por Dios, sino que eso ha sido más bien una manera en que los hombres de la antigüedad han entendido determinados acontecimientos. El mejor acercamiento al tema nos lleva a concluir que los tales castigos no son más que la simple consecuencia que se deriva de una conducta (todo efecto tiene una causa); conducta que se intentó prevenir mediante un mandamiento. 

Una forma ilustrativa de mostrarlo es la siguiente: yo le doy la orden a mi hijo de que se abrigue porque hace frío, de lo contrario podría contraer neumonía y morirse. Acto seguido, mi hijo sale desabrigado a la intemperie. Se enferma de neumonía y se muere. No fui yo, como padre, que le envié la neumonía ni la muerte para castigarlo por haber desobedecido mi orden de abrigarse, sino la simple consecuencia de haber salido desabrigado (o lo que es lo mismo decir, la consecuencia de haberme desobedecido). Tampoco yo le di la orden de abrigarse por capricho, sino que se la di para protegerlo.

Cuando Dios le dice a Adán y Eva que si comen del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal morirían, no era un castigo asociado a un capricho divino, sino que era el anuncio de lo que ocurriría si se le abría la puerta al mal. Cuando Dios le dice a Eva que Adán la sometería, no es eso ni un castigo que Dios le impone, ni mucho menos el plan de Dios para la mujer, es simplemente el anuncio de la consecuencia de haberle abierto la puerta al mal. Lo mismo con el parto doloroso: no es la voluntad ni el deseo de Dios que la mujer sufra al parir. De hecho, la propia expresión bíblica nos muestra que el diseño original de Dios para el parto no necesariamente contenía el dolor, por eso anuncia que de ese momento para adelante tendría dolor. Si uno analiza la propuesta de vida paradisíaca, el dolor no tiene sentido alguno en un cuerpo que no está diseñado para morir, y en un ambiente libre de mal (sin inclemencias del tiempo, sin riesgo de lesiones, etc.). El dolor, elemento ausente en el diseño original divino, pasa a ser un mal necesario para nuestro instinto de conservación en un mundo nuevo que le acaba de abrir la puerta a la muerte y al mal. De ahí que, nuevamente, sin ser ni el deseo ni la voluntad de Dios que fuera así, lo que Dios hace es anunciar como serían las cosas en el nuevo escenario.

Una de las formas de entender adecuadamente esto es observar el contexto en el que Dios pronuncia sus afamados Diez Mandamientos. Los hebreos acababan de ser rescatados de la cruel esclavitud egipcia. La palabra mandamientos no es mitzvá o mitzvot, que en hebreo significa ordenanza en el sentido más estricto. La palabra mandamiento en hebreo es devarim, que se traduce más exactamente como “palabra”, “consejo”. De hecho, en el encabezado de los diez mandamientos, se traduce: 

Y habló Dios todas estas palabras, diciendo:
Éxodo 20:1

No dice “habló estos mandamientos”, sino “habló estas palabras”. 

Acto seguido en el pasaje Dios se presenta como el libertador de Israel, no como su nuevo faraón o su nuevo opresor. Por lo tanto, no le presenta órdenes como se las presentaba el faraón, sino consejos para que sean libres. 

La motivación correcta para obedecer los mandamientos de Dios nunca debe ser el miedo al castigo divino (que en muchas ocasiones, como se vio, no es tal), ni tampoco es válido obedecer por tener a alguien que me controla y me obliga. De hecho, la iglesia no es una institución pensada para ejercer control sobre sus miembros. 

En ese sentido, ni el diezmo ni la ofrenda, ni ninguno otro mandamiento es una obligación en términos prácticos, porque nadie obliga a diezmar. A nadie se le descuenta del sueldo el diezmo ni nadie concurre a intervenir la caja de un comercio cuyo dueño es cristiano para obtener el diezmo. Y nunca debería ser así, dado que el diezmo como cualquier otro mandamiento, necesariamente debe ser un acto voluntario, que nazca desde el corazón de la persona, porque en primer lugar ama a Dios, y porque ha entendido que lo que Dios pide es por su bien. Esa es la obediencia genuina y válida a los mandamientos, y es la obediencia que Dios pretende. 

En este contexto, entonces, yo me tomo los mandamientos como una exigencia, como una obligación para mí mismo, pero no porque alguien o alguna institución me lo impone.

En la época de Israel, el diezmo era una exigencia porque estaba en la ley. Si en el tiempo de la ley era una exigencia, como no ir nosotros más allá de la ley, el día de hoy, para honrar a Dios y sostener su obra en la tierra.

El cristiano y el dinero. Capítulo 3

El diezmo es un principio de adoración


El versículo en Deuteronomio 14:22 (citado en el capítulo anterior) es de los pocos casos en las Escrituras en la que se usa la palabra “indefectiblemente”, que significa “ineludible, irrenunciable, insoslayable, indeclinable, inevitable, cierto, seguro, evidente, infalible, imprescindible, que no puede faltar o dejar de ser, que tiene que acontecer”. 

De todos los mandamientos que hay en la Escritura, es el único que viene precedido de un adjetivo tan contundente como “indefectiblemente”. No encontramos que diga “indefectiblemente” no matarás, ni “indefectiblemente” honrarás a tus padres, o “indefectiblemente” guardarás el día de reposo. 

Sí se utiliza este adjetivo en otras cuatro citas de las Escrituras para enfatizar sobre ciertas ordenanzas específicas de menor rango (Lv. 20:10, 20:16, 27:29 y Nm. 35:31).

En otras traducciones de la Biblia, se observa: 

Diezmarás fielmente todo el producto… 
(La Biblia de las Américas).

Indispensablemente diezmarás todo el producto… 
(Biblia del Jubileo).

Cada año, sin falta, deberán ustedes apartar la décima parte de todo… 
(Dios Habla Hoy + Nieva Versión Internacional).

Cada año deberán entregarle a Dios la décima parte de todo lo que ustedes cosechen y produzcan. ¡No fallen ni una sola vez! 
(Traducción en lenguaje actual).

La razón por la cual este es el único mandamiento que tiene un énfasis especial en su cumplimiento es porque Dios sabía desde un principio que meterse con el dinero de la gente era algo complicado. Sería el mandamiento más difícil de cumplir, el primero en no ser honrado. Sabía Dios que podría tener hebreos que en toda su vida no mataran ni robaran a nadie, fieles a su esposa y que respetaran el sábado, pero no les fueras a pedir plata.
 
De hecho, modernamente, cuando le comentas a un conocido que estás yendo a una iglesia, lo primero que te preguntan es: “En esa iglesia a la que vas, ¿te piden dinero?”. 

Ah, no te metas con el dinero de la gente…

Es ofensivo hablar de dinero, y sobre todo, pedir dinero, y la razón es una sola: el dinero es un dios al que la gente adora, aun sin darse cuenta. 

Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.
Mateo 6:24

El dinero es lo único a lo que Jesucristo llamó señor. La competencia no es entre Jesucristo y el diablo, la competencia es entre Jesucristo y el dios dinero (Mammonas), el dios de la avaricia deificada o riqueza personificada. 

Por tal razón, las indicaciones que Dios nos deja en cuanto al manejo del dinero son indicaciones tendientes a evitar el peor de los pecados: la idolatría.
 
Conclusión: cuando diezmamos adoramos a Dios y evitamos adorar al dinero.

El cristiano y el dinero. Capítulo 2.

Origen y definición de diezmo
Origen. Entregar el diezmo a Dios es un concepto antiguo, muy anterior a la ley de Moisés. El primer registro bíblico del diezmo ocurre precisamente unos 600 años antes de Moisés. Luego de venir de una guerra donde fue a rescatar a su sobrino Lot, Abram recibe un botín de guerra, se encuentra con el sacerdote Melquisedec y le entrega los diezmos del botín. 

Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo.
Génesis 14:18-20

Aquí se nota el detalle de que Abraham, sin que Melquisedec le pidiera nada, por iniciativa propia, le da los diezmos de todo. Esto evidencia que diezmar era un hábito en la cultura de aquel entonces: es claro que las poblaciones antiguas tenían por costumbre diezmar a sus divinidades. 

Más adelante, vemos lo mismo en Jacob, nieto de Abraham. 

E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios. Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti.
Génesis 28:20-22

Aquí vemos al diezmo como parte de un pacto (un voto) que Jacob hace con Dios, luego de tener un encuentro con él. Nuevamente, por iniciativa propia, sin que la Biblia registre que Dios le pidiera o exigiera el mismo.

Hasta aquí ambos ejemplos nos muestran que el diezmo es una práctica antiquísima que se hacía por iniciativa del diezmista; es un acto de dar que nace del corazón, sin que nadie lo pida. Esto era así posible porque, en la cultura oriental, el diezmo era una costumbre instalada. Era de lo más normal. 

Definición. Más allá de su origen, más tarde el diezmo se vuelve una exigencia para Israel, pues pasa a estar contenido en la ley. El diezmo es la décima parte o diez por ciento de algo y se define así: 

Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová. Y si alguno quisiere rescatar algo del diezmo, añadirá la quinta parte de su precio por ello. Y todo diezmo de vacas o de ovejas, de todo lo que pasa bajo la vara, el diezmo será consagrado a Jehová.
Levítico 27:30-32

Indefectiblemente diezmarás todo el producto del grano que rindiere tu campo cada año.
Deuteronomio 14:22

En base a estas dos definiciones, podemos actualizar la definición de diezmo al día de hoy como la décima parte del producto de un emprendimiento. Para el día de hoy, el diezmo es la décima parte del salario nominal en caso de empleados, y la décima parte de la facturación, en el caso de las empresas.

miércoles, 5 de agosto de 2020

El Cristiano y el dinero. Capítulo 1.

¿Corresponde hablar de dinero en la iglesia?
Típicamente se entiende que hablar de dinero en la iglesia es cosa mala. La iglesia, y en general, el ámbito de lo espiritual, se asume como desprendido de las vicisitudes materiales. Hablar de dinero en la iglesia resulta escandaloso, cuando no, ofensivo. 

Sin embargo, es responsabilidad de la iglesia abarcar todos los temas del quehacer humano, puesto que sus miembros merecen saber qué tiene para decir la Biblia acerca de todos los temas: dinero inclusive. 

El apóstol Pablo, mientras se despide de un grupo de cristianos que conformaban la iglesia en Mileto, dice lo siguiente:

Hoy les puedo decir algo de lo que estoy seguro: Dios no me castigará si algunos de ustedes no se salvan, porque nunca vacilé en decirles lo que Dios quería que ustedes hicieran.
Hechos 20:26-27 (PDT)

Pablo no vaciló nunca en comunicarles a sus discípulos todo el consejo de Dios acerca de todos los temas. De hecho, Pablo ofrece importantes aportes doctrinales al asunto de las ofrendas en varias de sus epístolas, destacándose los capítulos 8 y 9 de la segunda epístola a los Corintios. 

Es el derecho de los miembros de una congregación y la responsabilidad de los líderes, hablar todos los temas. Por esa razón, esta serie trata del cristiano y el dinero. 

Una de las razones por las cuales es importante hablar de dinero en la iglesia es porque nuestra relación con el dinero marca la manera en que nos paramos frente a muchas cosas en la vida, y nuestra relación con Dios es una de esas cosas que el dinero puede afectar. Dios lo advierte de esta manera: 

Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios (…) y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. 
Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día.
Deuteronomio 8:11-14, 17-18

Dios le pide a Israel que, una vez que hubiesen prosperado, no se olviden de él. Nótese el orden: no es que Dios primero se asegure de que no lo van a olvidar para luego hacer prosperar a su pueblo, sino que primero hace prosperar a su pueblo y luego espera que su pueblo no lo olvide. Es la misma manera en la que actuamos nosotros como padres: primero les damos a nuestros hijos una educación y una formación de modo que cuando sean adultos puedan ser prósperos y valerse por sí mismos, luego esperamos que no se olviden de lo que hicimos por ellos y no nos abandonen. 

Por lo tanto, se concluye contundentemente que la riqueza puede conducirte a olvidarte de Dios. Si no sabes manejar el dinero de la manera correcta, tu relación con Dios se puede arruinar. 

De modo que en la siguiente entrega se pasa a tocar concretamente uno de los principios espirituales más poderosos que Dios dejó en su palabra: el diezmo.