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martes, 4 de julio de 2017

¿De qué sirven los guardas de ómnibus? Una mirada acerca de la automatización de los puestos de trabajo.

Si hace un mes atrás alguien me preguntaba acerca de la eliminación del puesto de guarda en los ómnibus, manifestaría mi acuerdo sin más razonamiento, en base a la tendencia de sustituir puestos de trabajo por tecnología. La experiencia nos muestra que efectivamente, los guardas son cada vez más un paisaje del pasado y que muchas unidades del transporte público se las arreglan con un solo chófer cobrador.

Pero hace un mes atrás ocurrió un hecho que me llamó a la reflexión. Un hombre de edad avanzada que caminaba por la acera de la calle Gral. Urquiza, al cruzar en la esquina de Mariano Moreno correctamente habilitado por el semáforo, fue embestido por un ómnibus que transitaba por la calzada de la calle Gral. Urquiza y que giró a su izquierda en Mariano Moreno. La escena fue captada por la cámara de seguridad de una casa ubicada en dicha esquina y las imágenes llegaron al WhatsApp de todos en cuestión de horas.

¿Qué hacía ese ómnibus yendo por la calle Gral. Urquiza cuando su recorrido habitual es por Av. Ocho de Octubre? Casualmente, y como parte de este combo fatal que terminó con la vida del inocente anciano, otro ómnibus protagonizó un accidente tránsito sobre la Av. Ocho de Octubre que obligó a desviar. Si ese accidente no hubiese ocurrido, el ómnibus no desviaba su recorrido habitual, y el anciano no habría sido atropellado.

Esto ocurrió a 500 metros de mi casa, en una esquina que transito a diario. Ese anciano pude ser yo.

Me puse a reflexionar acerca del conductor del ómnibus, mientras todo el mundo se escandalizaba porque fue procesado sin prisión y pedían su cabeza para calmar la furia del dios “alarma pública”. Viajo en ómnibus todos los días y veo las condiciones en qué los choferes trabajan. Conozco el hostigamiento de un público por lo general ordinario. Fui testigo cuando tres inadaptados que, actuando visiblemente bajo los efectos de estupefacientes, pretendieron abordar desde una esquina, fuera de la parada, y al no lograrlo, apedrearon la unidad. Estoy al tanto de que el personal de un ómnibus es apremiado por las autoridades por cumplir su función en un determinado tiempo so pena de sanciones, al tiempo que es acechado por violentos que no dudan en descargar sobre el vehículo su frustración, mientras. Están obligados a conducir un vehículo de gran porte simultáneamente con la tarea de cobrar boleto, contar dinero, responder dudas de los pasajeros, y lidiar con el tránsito denso de la ciudad.

Una mínima distracción puede costarle la vida a alguien.

Y así ocurrió.

Y pude ser yo.

Ahora, imagino al conductor de este ómnibus, yendo por un recorrido no habitual, respondiendo dudas de los pasajeros acerca de dónde iría a hacer las paradas durante el desvío, alguna queja, etc.

¿Dónde habría quedado el “prohibido hablar con el conductor”?

El tránsito en Montevideo es una experiencia por demás caótica. Mueren entre 400 y 500 uruguayos por año involucrados en siniestros de tránsito. Las autoridades ponen especial énfasis en que los conductores se concentren exclusivamente en la conducción, que no den lugar a distracciones como atender un celular, etc. Incluso se hace hincapié en que los choferes de vehículos de carga no participen de la carga y descarga de materiales, ya que el agotamiento físico atenta contra una conducción segura. Pero curiosamente, las mismas autoridades impulsan las transformaciones que conducirán a que el conductor de un vehículo automotor de enorme porte (que transporte unas 40 personas promedio) sí pueda distraer su conducción emitiendo boletos, cobrando, atendiendo dudas de los clientes, recibiendo quejas, etc.

La contradicción entre las exigencias a los conductores en general y los choferes de ómnibus parece sacada de un mal chiste. Mientras que a los primeros se les exige dedicación exclusiva a la conducción, a los segundos se les prohíbe la dedicación exclusiva a la conducción.

Esto me ha llevado a replantearme la duda acerca de la vigencia del guarda de ómnibus y estoy cada vez más acercándome a pensar que son necesarios, aun cuando la tecnología avance. Debemos hacer que el conductor se dedique únicamente a conducir, y disponer de una persona que se dedique a atender al usuario, a efectos de que esa tarea no distraiga al conductor.

Reflexionando acerca del accidente que describí más arriba, conjuntamente con la tendencia a sustituir la mano de obra del guarda por la tecnología, he concluido que, de pronto, en este tema, si profundizamos la tendencia, vamos a exponernos a todos a mayores riesgos. A los obreros del volante, por un aumento en sus “distracciones” a la hora de manejar y el consecuente estrés asociado a todo ello. A los que vamos arriba del ómnibus. A los que somos transeúntes, y en general, a todos los que participamos del tránsito de una manera u otra.

Como siempre, las reformas parecen hechas por burócratas que, en este caso, hace rato que no se suben a un ómnibus con frecuencia diaria, ni viven lo que vivimos los usuarios, ni se exponen a nuestros riesgos.

Estoy convencido de que el progreso y el avance de la tecnología le proveen al sistema de transporte público un amplio margen de acción para lograr eficiencias, sin necesidad de eliminar el puesto de trabajo de guarda. Es decir, no creo que la eliminación de los guardas sea el paso indispensable a dar para bajar el precio del boleto. Ahora, si las autoridades, que son quienes tienen el sartén por el mango y manejan la información necesaria para la toma de decisiones, nos dicen que la eliminación del puesto de guarda es la única vía de bajar el precio del boleto, yo les digo: primero, que no les creo, y segundo, que prefiero pagar $35 el boleto y andar tranquilo, sabiendo que las unidades están siendo adecuadamente conducidas y que las condiciones están dadas para la seguridad de todos, que pagar $25 el boleto siendo consciente de la carga de estrés que recae sobre el único empleado a cargo de la unidad que me transporta, y que esto será una bomba de tiempo que cuando reviente, va a generar grande estrago. 

¿Hemos discutido suficientemente el futuro del transporte público? ¿Estamos seguros de cómo será el transporte cuando solo haya conductor? ¿Tenemos todo previsto o simplemente estamos eliminando al guarda para achicar costos? Si las consecuencias de tomar decisiones sin el adecuado nivel de análisis resultaran negativas, luego no vale escudarse tras el clásico “con el diario del lunes…” ya que lo que estoy proponiendo en este artículo es que discutamos el tema a efectos de que escribamos la noticia que saldrá el lunes.

Me parece oportuna la situación para reflexionar en términos más amplios, ya que esta discusión acerca de la eliminación del puesto de guarda en los ómnibus se engloba dentro de una discusión más general: la de la aplicación de automatismos en sustitución de la mano de obra humana. Hoy en día hay tecnología que puede desplazar algunas funciones del guarda, pero no todas. No hay aun máquina capaz de atender al usuario del sistema, responderle dudas, mantener el orden, brindar información, todo esto sin perturbar la atención del conductor. Entonces, el planteo radica en analizar si resulta viable eliminar un puesto de trabajo humano con todas las funciones que tiene, y sustituirlo por tecnología que sustituye apenas algunas de sus funciones.

Y la oportunidad es propicia para plantear algunas interrogantes en cuanto a la aplicación de automatismos en la conducción de vehículos.

Los autos de conducción autónoma son una realidad, más allá de prototipos. Pero en la medida en que este progreso va avanzando, van surgiendo interrogantes para ir resolviendo.

Una de ellas tiene que ver con lo que la revista del reconocido Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) Technology Review bautizó como un dilema ético de moral algorítmica imposible de responder. El ser humano toma decisiones en base a información que recoge. Esas decisiones son paulatinamente sustituidas por una máquina, que recopila la misma información que el ser humano, toma decisiones según fue programada, y las ejecuta. Ejemplo de esto en la industria automotriz es el control de crucero inteligente: mantiene el vehículo siempre a la misma velocidad, pero detecta si te estás acercando demasiado al vehículo que tienes enfrente en la ruta y reduce la velocidad para mantener la distancia adecuada. El mismo vehículo capta información con sus sensores y al detectar un vehículo delante a una distancia igual o menor a la preestablecida en su sistema, toma la decisión y reduce la velocidad del coche. Es un ejemplo entre muchos en los que la tecnología aplicada a la conducción te permite sencillamente estar sentado detrás del volante mientras una computadora conduce.

Ahora, el MIT nos propone el siguiente dilema: ¿cómo debería programarse un auto para actuar en caso de un inevitable accidente? ¿Debería reducir la posibilidad de pérdidas de vida, aun a costa de sacrificar la de sus ocupantes, o debería proteger a sus ocupantes a cualquier costo? ¿O debe elegir aleatoriamente entre esos dos extremos?

El planteo concreto es el siguiente: eres el propietario de un vehículo que se maneja solo. Un día, mientras conduces, un desafortunado conjunto de eventos hace que el coche se dirija hacia un conjunto de 10 personas cruzando la calle. No puede detenerse a tiempo, pero puede evitar matar a 10 personas girando la dirección y desviándose, colisionando contra una pared, a consecuencia de lo cual mataría al ocupante del vehículo, en este caso, tu. ¿Qué debería hacer el auto? ¿Qué harías tu si el auto fuera convencional y tuvieses el 100% del control del mismo?

Las preguntas para este tipo de dilemas son varias y variadas. Una de las opciones podría ser que se programe el auto para minimizar la cantidad de vidas perdidas. En este caso específico, el auto decidiría sacrificar a sus ocupantes ya que es preferible que se pierda una vida y no diez.

La respuesta a estas preguntas son importantes para el futuro de los autos autónomos ya que, ¿quién compraría un auto programado para sacrificar a su dueño?

Ahora, si pocas personas en total están dispuestas a comprarse un auto que los terminaría sacrificando, los autos autónomos serían pocos, y entonces más personas podrían morir si tenemos en cuenta los autos comunes protagonizan muchos más accidentes en total. Se genera un círculo sin salida.

La discusión se puede diversificar. ¿Si la cantidad de peatones a salvar es igual a los ocupantes del vehículo (supongamos cuatro ocupantes y cuatro peatones)? En este caso, si una colisión es inevitable, ¿a quién se sacrifica?

Un auto autónomo podría estar programado para desviarse y evitar colisionar un motociclista, aun a costa de dar el auto contra una pared, teniendo en cuenta que la probabilidad de sobrevivir es mayor para el ocupante de un auto que para el motociclista. Pero, ¿si en el auto hay un niño?

¿Se imaginan a los fabricantes de los autos autónomos ofreciendo distintas configuraciones de algoritmos para reaccionar de distinta manera ante diferentes situaciones, a efectos de que el propietario elija la configuración a aplicar? ¿A quién le asignaríamos las culpas: al fabricante o al dueño?

Se podría decir que si los peatones están cruzando en un cruce habilitado, el auto no debería tener inconvenientes para frenar a tiempo. O que si los peatones no están cruzando en un cruce habilitado, lo lamentamos por ellos. O la siguiente: miren si es un grupo de 10 suicidas que buscan ser atropellados y por obra de los algoritmos terminan “asesinando” a los ocupantes del vehículo que por salvarlos, se termina dando contra una pared.

¿Realmente morirían los 10 si son chocados?

Considerando el elevado número de accidentes de tránsito fatales que se deben a errores humanos, ¿es ético retrasar la incorporación de la tecnología que evitaría muchos de estos accidentes por no tener resuelto aún algunos casos muy excepcionales?

Si bien no existen respuestas correctas o incorrectas a estas interrogantes, las respuestas que demos como sociedad van a definir cuánto avanzan y se incorporan los automatismos a la vida, específicamente en este caso, a la conducción. Ahora, las respuestas surgirán si nos hacemos las preguntas, y las preguntas hay que hacerlas en lo posible, antes de ir incorporando los cambios, si no queremos que las consecuencias nos sorprendan.

Probablemente no nos imaginamos que filosofar tenga que ser parte del desarrollo tecnológico, pero es exactamente lo que hay que hacer. ¿Acaso estamos discutiendo las implicancias éticas de la tecnología que se está desarrollando? ¿Es ético querer ahorrarnos costos eliminando los guardas de los ómnibus si esto significare un aumento de los riesgos de vida de los ciudadanos? Cuando alguien espeta alegremente un “los guardas ya no tienen sentido”, ¿es una afirmación panfletaria o tiene fundamento? ¿Se han considerado todas las posibles derivaciones de tal acción?

Uno de los vehículos que tiene funciones autónomas incorporadas son los vehículos de la marca TESLA, que se propulsan eléctricamente y que son altamente computarizados. Tienen una función llamada Autopilot que si bien el fabricante aclara que no es conducción autónoma, en los hechos funciona muy bien. Con la función activada, el auto lee las líneas en la calzada para determinar los carrilles, lee las señales de tránsito para saber la velocidad máxima, se guía por GPS, mide la distancia con los vehículos circundantes y detecta obstáculos. Es una funcionalidad en desarrollo pero numerosos videos en Youtube nos muestran que sus usuarios están forzando al sistema más allá de sus capacidades.
Un estudio que realizó experimentos con simuladores mostró que, dependiendo en lo que el conductor esté haciendo y lo que esté ocurriendo alrededor, puede requerirse hasta ocho segundos para que un conductor recupere el total control del vehículo que se venía manejando solo.

La automatización es lo que se viene y resulta indispensable que la discutamos, que analicemos sus pro y sus contras pero desde una perspectiva más profunda que la del mero costo-beneficio financiero, sino contemplando una perspectiva más humana.


Mientras no me convenzan de lo contrario: larga vida a los guarda de ómnibus.

Sobre el final del presente, dejo links de artículos relacionados. 

http://www.cromo.com.uy/alemania-aprueba-el-primer-codigo-etico-vehiculos-autonomos-n1109950

jueves, 29 de junio de 2017

Carta abierta a mis hermanos evangélicos que quieren hacer política

Publicado en la sección Cartas al Director del Semanario Búsqueda, el jueves 29 de junio de 2017
Los cristianos evangélicos hemos cuestionado y roto el paradigma que nos decía que no podíamos involucrarnos en política por ser un mundo sucio y corrupto. Comprendimos que ese mundo es como es precisamente por falta de gente honesta. No que todos los políticos sean sucios y corruptos y tampoco que los cristianos evangélicos tengamos la exclusividad en materia de probidad, pero sí ya era hora de que dejáramos de impedirles que se involucraran en política a nuestros dignos y honorables hermanos que así lo desearan, sin temor de ser contaminados. Vamos, que si una persona va a terminar deshonrando sus principios, lo hará en política, en los negocios, o donde sea que le toque estar. No es una cuestión del medio, sino de uno mismo.
No obstante esto, aún nos está costando romper un paradigma duro como una roca que indica que todo tiene que recaer sobre los hombros de nuestros pastores, quienes hacen una tarea encomiable, sacrificada, y muchas veces tan ingrata como humana y necesaria. Pero no contentos con eso, los evangélicos hemos creído que el pastor debe ser un ente multiuso. Además de su rol, debe ser buen expositor, locutor de radio, conductor de TV, y últimamente, político. Los evangélicos rompimos el paradigma de no participar en política, y cuando lo hicimos, al preguntarnos a quién mandamos a dicha tarea, la respuesta no fue muy original: al pastor, cuya formación está lejos de la necesaria para ser político. No está mal que un pastor quiera ser político, pero al menos, necesita complementar su formación para desempeñarse aceptablemente.
El mundo de la política no es trigo limpio, ya se dijo, y para entrar en él es recomendable ser astutos como serpientes y sencillos como palomas, ya que somos ovejas en medio de lobos. No se puede encarar un camino en la política si uno no se va a preparar para enfrentar adecuadamente el debate político, si no sabe hacer declaraciones, si no se está preparado para responder inquisitivas preguntas periodísticas, si a la hora de decir algo no se calcula la respuesta o la repregunta del receptor.
Un pastor no necesariamente debe ser un intelectual, pero un político sí. De lo contrario, me conformaría con votar al diputado que propuso la delación remunerada de Uber.
Recientemente, en declaraciones al semanario Búsqueda, un diputado fundamentó sus respuestas acerca de la ideología de género invocando supuestas noticias que le llegan por WhatsApp, cuya veracidad aseguró aún no haber investigado y que tales noticias referían a una eventual aprobación de la zoofilia por parte de La Corte Suprema de Canadá. Inmediatamente remató diciendo que no eran cosas que él afirmara, sino que lo decían los “portales de Internet”.
Un representante nacional, entrevistado por uno de los semanarios más prestigiosos del país, que sabe que se le va a leer y opinar de lo que diga por semanas hace referencia a un trascendido de WhatsApp. Yo me pregunto: el diputado, ¿es de los que ponen declaraciones legales en Facebook para que Zuckerberg no se apropie de sus contenidos? ¿Es de los que reenvían el mensaje para que se le aparezca la pelotita azul para que WhatsApp siga siendo gratis? ¿Cree que hay unas dosis sobrantes de medicamentos para donar, para la cual hay que llamar a un teléfono que claramente no es de Uruguay? ¿A cuánto estamos de que afirme que existe un árbol en Madagascar que come humanos?
Es muy poco serio, en boca de un diputado, hacerse de trascendidos de WhatsApp, y menos en un medio que llega a los hogares de un público tan amplio y calificado como el del semanario Búsqueda. Si no hubo tiempo de verificar el hoax, mejor ni siquiera mencionarlo.
¿Acaso no hay suficientes argumentos para fundamentar nuestra postura acerca de la ideología de género, que tenemos que apelar a este tipo de cosas? ¿Un diputado no sabe argumentar?
Si mis hermanos evangélicos quieren hacer política, yo les digo: adelante. Solo les pido una cosa. No sean panfletarios.
No puede ser que lo único por lo que nos conocen a los evangélicos sea porque estamos en contra del aborto, del matrimonio igualitario y el consumo de drogas. ¿No tenemos nada que decir los evangélicos en cuanto al modelo económico? ¿En cuanto a los derechos laborales? ¿Ningún aporte que hacer en cuanto a la ética del uso de los dineros públicos? ¿Cómo nos paramos frente a la delincuencia y el deterioro social? ¿Qué podemos decir de las fuentes energéticas del futuro? ¿Con qué propuestas resolvemos la necesidad de vivienda de la gente? ¿Tenemos ideas para universalizar el acceso a servicios básicos de salud y de calidad? ¿Qué propuestas tenemos para la educación? ¿Qué opinamos del avance tecnológico? ¿Qué tenemos que decir acerca de la inmigración proveniente de zonas de conflicto?
¿Acaso tiene un pastor, solo por el hecho de serlo, capacidad de responder acerca de todos estos temas? El aspirante a político (sea o no pastor, no importa qué profesión tenga), ¿no debería formarse en estas y otras cuestiones? Yo pienso que sí, que hace falta menos WhatsApp y más libros.
La Justicia obliga a una senadora a pagar una deuda que ella adjudica a una de nuestras iglesias por la impresión de listas de votación. ¿Quién debía pagar esas listas? ¿La senadora o la Iglesia? No importa. Aquí lo que importa es que hay una empresa que hizo su trabajo, lo entregó y nadie se lo pagó, y hace tres años que está esperando para cobrar 30.000 dólares. Una empresa que tiene empleados, jornaleros, a los que tiene que pagarles su jornal; ¿acaso nadie leyó Deuteronomio 24:14-15? Y en el medio de todo este bochorno, está el buen nombre de nuestras iglesias evangélicas puesto en medio del escándalo.
¿Por qué el buen nombre de nuestra comunidad tiene que pagar tributo a las consecuencias de hacer las cosas en forma desprolija, amateur, sin profesionalidad ni planificación?
Los políticos tienen claros y legítimos objetivos de llegar a lo más alto en su carrera, para lo cual necesitan votos (ya que es sabido que a algunos les sobra capacidad material). En nuestras iglesias encuentran un lugar donde ofrecemos hacer andar toda nuestra capacidad movilizadora para conseguir los votos necesarios a cambio de colocar a nuestros miembros lo más arriba posible en las listas. La ecuación cierra notablemente. Ahora, ¿es esta mera coincidencia, de tipo sustrato-enzima, suficiente para la conformación de un pacto político electoral? ¿No hay aspectos más profundos, de corte ideológico y metodológico, en las que hay que coincidir antes de comenzar un camino conjunto? ¿Acaso no se nos pasa por la cabeza que determinados pactos con determinados políticos pueden terminar siendo como el de Josafat con Ocozías?
Mi opinión, muy modesta y probablemente improcedente, es que los pastores deberían dedicarse a su tarea pastoral, tan necesaria, y dejar la política a quienes quieran y tengan la capacidad de dedicarse a ella. Nuestras iglesias están llenas de gente capaz e inteligente como para formarse en lo necesario para llevar adelante una carrera política mediante la cual puedan aportar al desarrollo de la comunidad. ¿Por qué todo lo tiene que hacer el pastor?
Ahora, ¿tenemos pastores que quieren ser políticos? Me parece genial. Pero por favor: que estudien, se preparen y formen. Que no nos expongan. Que hagan las cosas bien, con profesionalismo, que guarden la imagen y tengan cuidado cuando hagan alianzas; no arruinen nuestra reputación. Es el nombre de todo el pueblo evangélico el que está en juego. Qué digo el nombre del pueblo evangélico… Es el nombre de Dios el que está en juego.

sábado, 11 de marzo de 2017

La lucha de clases ha muerto

El pasado miércoles 8 de marzo, Uruguay vivió uno de esos momentos que quedan como mojones en la historia. Una multitudinaria marcha (se estima que convocó unas 300.000 personas) se dio a lugar en el Centro y Cordón de Montevideo, con réplicas en el interior. La consigna de la misma versaba sobre reivindicaciones del movimiento feminista sobre las cuales no me voy a extender en el presente artículo. Nada más mencionar y referencias algunas notas con las que me siento identificado al respecto (que se pueden visitar aquí, aquí, y aquí). Tampoco voy a profundizar en los actos de vandalismo y manifestaciones de odio que intentaron desprestigiar la convocatoria (ya comenté aquí, aquí, aquí, aquí, y lo que ocurrió en Argentina aquí y aquí).
Quiero detenerme en la multitud que concurrió. Pocas veces Uruguay logra juntar tanta gente en torno a una causa, la que sea. En 1983 fue el Río de Libertad, momento que encontró a todos los orientales unidos en contra de un tirano, un enemigo concreto y perfectamente identificado (con nombres y apellidos). Luego, hay que trasladarse a momentos electorales, como la multitud con la que el Frente cerró su campaña en 2004 en Av. Libertador, o la multitud de la rambla en 2009.
La clave por la cual el la marcha logró tan amplia convocatoria no tiene otra explicación más que la siguiente: se adhirió el PIT-CNT. Haciendo abuso de su facultad de convocar al uso del derecho de huelga, convocó una huelga cuando no había ningún motivo laboral por el cual reclamar; y lo hace para adherir a la convocatoria del movimiento feminista.
La secretaría de género del PIT-CNT, Milagro Pau, declaró en el programa “La tarde en casa” que la convocatoria al paro se estudió para que tuviera el efecto más movilizador posible. Y vaya si lo lograron. Pasar de ser una fecha que año a año pasa casi desapercibida, a un mojón de la historia del país, no hay duda que la diferencia la hizo el PIT-CNT con su capacidad movilizadora.
Por tanto, la marcha del pasado 8/3 no fue otra cosa que una muestra de poder del PIT-CNT. Nos mostró que cuando quiere, puede.
El problema está en que el Uruguay viene perdiendo puestos de trabajo, nos aumentan los impuestos, nos suben las tarifas, tenemos un déficit fiscal que tiene paralizado al país, ANCAP se traga mil millones de dólares así como si nada mientras el país no puede reactivar el ferrocarril para mejorar su competitividad y atraer nuevas inversiones, cierran históricas industrias como las ubicadas en Juan Lacaze, perdimos Pluna, perdimos Alas-U, la educación es paupérrima, la inseguridad en el peor momento de la historia, y ante todo esto, ¿qué hace el PIT-CNT? Alguna declaración de prensa pour la gelerie y poco más.
La marcha del 8/3 no tenía un enemigo claro al cual dedicarle esa demostración de fuerza. ¿Quién es el responsable de la opresión sobre la mujer, la violencia intrafamiliar, etc? El discurso está plagado de entelequias como “la sociedad”, el “mandato social”, los “roles sociales”, el “machismo”, el “patriarcado”, etc. Nadie en concreto. Ni Soros, ni Lord Rothschild.
¿Qué fue entonces la marcha del 8/3 sino el entierro de lujo de la lucha de clases?
No lo ve el que no quiere. El PIT-CNT no convoca a sus fuerzas contra el desempleo, contra las fábricas que cierran, contra el dinero que año a año seguimos pagando de deuda externa. No convoca a sus fuerzas para exigir que no se nos siga endeudando. No convoca sus fuerzas para seguir combatiendo (como lo hacía la vieja CNT) contra las estructuras económicas, que son las que, en última instancia, provocan las diferencias, las brechas salariales, la delincuencia, y la violencia. No. El enemigo ya no parece ser la clase dominante, los dueños del capital. Los oprimidos ya no son los obreros que vendemos nuestra fuerza de trabajo para vivir. El oprimido es solamente la mujer, y algunos hombres, los afrodescendientes y los homosexuales. Si tuviste la desgracia de nacer blanquito y ser cisgénero y heteroexual, por más que hayas nacido en el Marconi, mi amigo, te tengo una noticia: sos el opresor.
Ya que hablamos del Marconi. Sabemos que hay barrios enteros que son gobernados por poderes paralelos de carácter delictivo que someten a los pobres a una vida de miedo y servidumbre, pero para eso no hay Marcha.
Los dueños de los bienes de capital aplauden de pie las marchas como la del 8/3. No fue contra ellos.
De las 300.000 personas que marcharon, no creo que muchas de ellas (más bien creo que ninguna de ellas) tuvieran problemas para parar la olla a fin de mes. Esos no tienen sindicato, y no pueden darse el lujo de hacer huelga, a no sea que se haga contra su empresa para exigirle un mejor pago.
Los verdaderos oprimidos no están más en las marchas, como en 1983.
Los verdaderos oprimidos ya no están representados en el PIT-CNT. Es más, les queda demasiado grande la sigla CNT.
En el PIT hay hoy día un séquito de nuevos pitucos que hace rato se olvidaron lo que es cumplir un horario y aguantarse a un jefe abusivo. Ya no representan a los oprimidos, sino a las capas medias que con sus reclamos muchas veces oprimen más a los sojuzgados (como cuando los docentes dejan sin clases a los pobres).

La lucha de clases, señores, ha muerto. O mejor dicho, probablemente el conflicto entre trabajo y capital continúe existiendo, pero ni el PIT ni el FA, levantan ya más esa bandera.

jueves, 2 de marzo de 2017

Debate acerca del FONASA

Recientemente se volvió a avivar la polémica en torno a la financiación del Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS). El debate se revive cada año cuando se informa la cantidad de dinero que Rentas Generales tiene que aportar al Fondo Nacional de Salud (FONASA), que es el fondo de dónde se sirve el SNIS para funcionar.
La Junta Nacional de Salud (JUNASA) le paga a las Instituciones de Asistencia Médica Colectiva (IAMC) y a la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE) un monto de dinero por cada usuario que tienen. El dinero sale del FONASA y no es un monto único por usuario, sino que el valor se calcula de acuerdo a la edad y el sexo de la persona. Ese monto por usuario se llama cápita.
Las cápitas más elevadas son las de los usuarios menores de un año, y los mayores de 74 años. De ahí la insistente y casi fastidiosa publicidad de las IAMC intensivamente concentrada en los nacimientos y los partos.
Esta información está disponible en la página de la JUNASA.
El FONASA recibe ingresos de parte del aporte de los trabajadores, empleadores y pasivos. Pero ese dinero no alcanza, entonces Rentas Generales hace sus aportes para completar lo que falta.
De acuerdo a un resumen que publica el Diario El País, el aporte de Rentas Generales desde 2010 ha sido el siguiente:
     * 2010: U$S 25.000.000
     * 2011: U$S 65.000.000
     * 2012: U$S 159.000.000
     * 2013: U$S 295.000.000
     * 2014: U$S 375.000.000
     * 2015: U$S 377.000.000
    * 2016: U$S 432.000.000 (solo en el período enero-octubre).
Total: U$S 1.728.000.000.
Queda claro que el sistema no se sostiene a si mismo con los aportes de los usuarios y las empresas. Necesitan un aporte adicional Rentas Generales (entiéndase, de todos, ya que ese aporte surge de los impuestos que pagamos todos).
En un principio, la reforma me pareció buena. Pasé de pagar un 3% de mi sueldo a pagar 4,5%, de una, a cambio de nada, ya que en ese momento no tenía hijos. Sin embargo, no me parecía mal tener que hacer un aporte adicional ahora si en un futuro, al tener hijos, me iba a poder beneficiar de lo que ofrece el sistema: afiliar a mis hijos sin necesidad de pagar la cuota social de la mutualista.
Además, para los sueldos más bajos, el aporte siempre es menos al gasto que uno debería afrontar si debiera pagar la cuota de su bolsillo.
Luego tuve hijos (dos) y tanto a mi señora como a mi nos descuentan un 6% del sueldo, y aun así, si tuviéramos que pagarnos la cuota de la mutualista, pagaríamos más, por lo que estaríamos siendo beneficiados por el sistema.
Ahora, viendo el sistema en su globalidad, cabe preguntarnos hasta cuándo se va a poder sostener una situación en la que año a año los aportes de Rentas Generales aumentan, no solo en monto absoluto, sino en el porcentaje que ese aporte significa en el total del Fondo. Si requiere cada vez aportes más grandes de Rentas Generales para funcionar, ¿no hay allí algún error de diseño? ¿Por qué asumimos que Rentas Generales siempre va a tener dinero para volcar al sistema?
Pero más allá de esa cuestión, hay un hecho que es innegable. Queda claro para todos que el aporte que todos hacemos supera ese porcentaje que se ve en el recibo de sueldo. El aporte es mayor, porque al volcar dinero de Rentas Generales, se está aportando el dinero que el Estado también recauda de los aportantes al FONASA a través de IRPF, IRAE, IVA, etc. Por lo tanto, uno aporta más que, en mi caso 6%, que le descuentan del sueldo.
Y esa cuenta es la que no está clara. Entonces, si considero sólo el 6% que me descuentan del sueldo y lo comparo con tener que pagar la cuota social de la mutualista me veo beneficiado, pero si a ese 6% le agrego el resto del dinero que vía IRPF o IVA al final forma parte del FONASA, ¿cómo queda la ecuación?
Entonces, un sistema que requiera aportes cada vez mayores del Rentas Generales puede estar dando una señal de mal diseño. Sería mejor que se ajustaran los porcentajes de descuento. Si en lugar de 6% tiene que ser 8% o 9%, pues que sea, pero nos quedaría a todos mucho más claro los números para analizar el sistema.
Ahora, uno se pregunta si no hay alguna alternativa al sistema. Analicemos qué psaría si no existiera el SNIS, pero tampoco el anterior sistema que descontaba un 3%, y cada uno tuviera que contratar de su bolsillo la mutualista para sí y para sus hijos. Qué tal si todos los usuarios de la salud pasamos a ser potenciales clientes de las IAMC que deberán competir entre ellas para ofrecernos mejores servicios a menores precios. Y que tal si esos 1.700 millones de dólares que hemos puesto todos para el FONASA (y que van a parar a las arcas de las IAMC), se dieran a ASSE para que invierta en la salud pública, de modo que pueda competirle a las IAMC por sus potenciales clientes, y no ya por los más pobres. Qué tal si de esa forma cada mutualista tenga que esforzarse por ser más eficientes, competir y bajar sus precios.
Porque lo que hay hoy, se parece mucho a un mercado cautivo de las IAMC, asegurado por el Estado. Existen 2 millones y medios de usuarios con cobertura a través del FONASA. Es un mercado jugoso para las mutualistas. Pero cautivo. Veamos cómo funciona el sistema.
Una vez que elegiste mutualista, no puedes cambiar por otra por espacio de 3 años. Es decir, el usuario no tiene la libertad de cambiar de prestador de salud, sino ha logrado una antigüedad que el establece el Estado. Por lo tanto, las mutualistas saben que cuando adquieren un nuevo socio lo van a tener cautivo al menos tres años. Esto es así por dos razones:
1.- Para asegurarle a las IAMC cierta previsibilidad, para que sepan que van a contar con ese público por lo menos por unos tres años, pero también para que estén atentos a qué porcentaje de sus afiliados podrían írseles, etc. Es decir, el Estado nos obliga a no cambiar de prestador por tres años para protegerle el negocio a los privados.
A mi me encantaría que los privados se cuidaran su negocio ellos solitos, que se esforzaran por dar la mejor atención, por cuidar a cada usuario como un valioso cliente, pero no. El Estado, una vez más, sale a cuidarle el negocio. Claro, se dirá que es preferible velar por el equilibrio financiero de las IAMC que permitir que la movilidad de usuarios termine desestabilizando a alguna de ellas y que tenga que salir el Estado a disponer de fondos públicos para estabilizar la situación. Pues yo digo que si alguna IAMC pierde muchos usuarios, por algo será, y si se tiene que fundir, que se funda. A Juan Antonio, almacenero, si pierde a sus clientes, no viene nadie del Estado a ayudarlo, muchos menos a obligar a los vecinos a que le compren sólo a Juan Antonio.
2.- Para evitar la intermediación lucrativa. Desde antes que el propio Frente Amplio asumiera el gobierno, se resolvió el conocido corralito mutual para evitar que las mutualistas, mediante promotores que captaban nuevos socios en las calles, ofreciera dinero en efectivo a los potenciales nuevos socios para afiliarse. La intermediación lucrativa se tipificó como delito y una de las manera de desalentar ese delito era el corralito mutual. Sólo se permitiría que en un determinado mes del año (febrero) se puedan hacer cambios (salvo excepciones que la JUNASA autorice) y solo para los socios con más de 3 años de antigüedad en la IAMC (o a los afiliados de oficio a ASSE, en cualquier momento).
Recientemente se descubrió una estafa perpetrada contra el FONASA (se supone que alcanza los 4 millones de dólares) y la forma de realizar la estaba era, precisamente, la intermediación lucrativa.
Es decir, el corralito mutual y la restricción de 3 años para cambiarse de mutualista fueron absolutamente ineficaces para desalentar ese delito. Se siguió cometiendo y con resultados nefastos para el Fondo.
Cabe destacar en este punto que la experiencia nos está mostrando que no podemos seguir tolerando que nos restrinjan la libertad por nada. Si alguien comete un delito, debe ser perseguido y todo el peso de la ley debe caer sobre él. Esto de que uno resigne su libertad de elegir el prestador de salud para “desalentar” el delito de intermediación lucrativa, no solo es inaceptable desde un punto de vista filosóficamente liberal, sino que ahora la experiencia nos muestra su ineficacia.
Lo mismo con el uso del dinero en efectivo. El dinero en efectivo es libertad. Hoy nos obligan a darle nuestro dinero a un banco (solo podemos elegir el banco) y es el banco el que nos marca las condiciones en que vamos a poder hacernos de nuevo de nuestro dinero, llegando en algunos casos (por movimientos por ventanilla) a cobrarnos por darnos de nuevo el dinero que nosotros nunca quisimos darles. Es el colmo del ridículo, pero se establece esta restricción de la libertad de todos para “desalentar” los robos.
Vean como de a poco nos van recortando libertades en nombres de soluciones al delito, absolutamente ineficaces. Cabe preguntarse sencillamente porqué el gobierno no actúa, en primer lugar reprimiendo contundentemente el delito, y en segundo lugar atacando las causas socio-económicas del delito que no tiene nada que ver con la forma en que gastamos nuestro dinero o si ostentamos nuestros bienes (pero esa discusión parece que no la quieren dar).
No somos libres de cambiar de IAMC cuando queremos, sino cuando nos dejan. No somos libres de tener nuestro dinero con nosotros. No somos libres de caminar con la calle con un reloj, con un celular, con un anillo, una cadenita, o ropa de marca.
Pero, volvamos al SNIS.
Creo que sería buena cosa una honesta discusión acerca del diseño del SNIS. Está desfinanciado, no se sostiene solo con el aporte directo de sus usuarios, es pasible de ser estafado, etc.
A eso súmele que la idea de mercado cautivo repercute en una mala calidad de atención de las mutualistas.
Si el Fondo no existiera, podríamos elegir libremente la mutualista que quisiéramos que nos atendiera. Podríamos cambiar de mutualista cuando quisiéramos, y no habría fondo ni sistema (mal) administrados por el Estado que sea estafado, y el dinero de todos, dilapidado. Sin la cautividad de los clientes, las mutualistas deberán esforzarse por alcanzar la excelencia para obtener clientes. El dinero que dejamos de verter a las IAMC para cubrir lo que no recauda el Fondo, lo dedicamos a la salud pública, como principal competidor y forzador de la mejora continua de los privados.
Por lo menos, considero que sería productivo dar la discusión.



lunes, 13 de febrero de 2017

El que se cree perfecto

Estimados:
He estado reflexionando sobre el siguiente pasaje.
Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; mas me seguirás después. Le dijo Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por ti. Jesús le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces.
Juan 13:36-38
Solía ser una persona (capaz que lo sigo siendo) parecida a Pedro. Siempre estuve convencido de que habían ciertas cosas que jamás haría. Del tipo de personas que abundan en expresiones del tipo “yo sería incapaz de ponerle una mano encima a mis hijos”, “jamás engañaría a mi esposa”, al igual que Pedro, cuando le aseguró a Jesús que daría la vida por él, que sería incapaz de negarlo. Este tipo de personas son las que se creen perfectas.
Pedro se creía perfecto; él estaba convencido de que sería incapaz de negar al Maestro. Se creía todopoderoso.
A mi también me pasó (¡joven e ingenuo, yo!) de creerme que estaba de alguna manera vacunado en contra de cometer ciertos errores o pecados. Muchas veces se oyen testimonios de personas que fueron rescatadas por Dios de los escenarios más bajos en los que el ser humano puede transcurrir y piensa que está tan lejos de eso; creemos que tenemos una suerte de inmunidad frente a algunos pecados.
Es por eso que el apóstol Pablo advierte: “Por tanto, el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga.” (1º Co. 10:12 LBLA). Pablo advierte esto porque cuando uno cree que nunca le pasarán ciertas cosas, inmediatamente baja la guardia, y queda expuesto a que le pasen esas cosas y más.
Muchas de las cosas acerca de las cuales me creía infalible me terminaron pasando.
La persona que se cree perfecta tiene ciertas características. Le cuesta amar y ser amada. Cuando comete un error, inmediatamente se autoflagela, se condena a si mismo por haber hecho lo que se suponía que jamás haría. Le cuesta perdonarse. Cree que debe pagar con un castigo doloroso el error cometido. Se llena de culpa. La culpa le duele, y cómo le duele, entonces rehúsa deshacerse de la misma, ya que ella le está haciendo sufrir y cree que sufriendo expiará el error. Es un concepto muy imbuido en nuestra cultura: el sufrimiento purifica.
Le pasó a Pedro. Frustrado luego de estar toda la noche intentado pescar sin éxito, Jesús (¿qué sabe de peces un carpintero?) le dice a Pedro (el experto empresario de la pesca): “salí a pescar ahora”. Pedro, cómo era de suponerse, en un principio se lo toma con escepticismo, y dice “pero Maestro, mirá que se pesca de noche”, pero inmediatamente reacciona ante quién es el que le está recomendando salir a pescar, y dice: “pero si tu me lo dices, entonces voy”.
Pedro accede a salir a pescar sólo porque Jesús se lo pidió, con muy pocas esperanzas, más bien esperando pescar poco o nada (como naturalmente debió pasar) cosa de volver y decirle a Jesús: “¿viste? No se pesca de día, ya estuve toda la noche pescando. Mirá que yo sé de esto, si es a lo que me he dedicado toda la vida”. Pero para su sorpresa, pescó en una sola tarde lo que le tomaría días o meses. Al volver, Jesús se le acerca, y Pedro rechaza ese acercamiento diciendo: “apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador” (Lucas 5).
El que se cree perfecto, al darse cuenta que cometió un error, además de odiarse a sí mismo por haberse equivocado, su siguiente reacción es sentirse indigno. Indigno de recibir un gesto de amor. Indigno de buscar a Dios y presentarse en su presencia. El que se cree perfecto, entonces, se la agarra con si mismo, y como consecuencia de eso, concluye que es indigno pero a su vez, inservible.
Esto también le pasó a Pedro, luego de negar a Jesús.
Todos sabemos que el acto de negar a Jesús generó en Pedro una angustia y vergüenza tan grande, que hace que este personaje desaparezca del relato bíblico de la pasión y crucifixión de Cristo. Desde el momento de la negación, hasta el “consumado es”, Pedro desaparece de todos los relatos. Se siente tan mal con su acción que se encierra en sí mismo y se aleja. Se siente indigno de permanecer al lado de nadie. Declina la posibilidad de recibir un gesto de amor, consuelo, compasión, o sostén. Desearía morirse por el error tan grande que cometió. Cree merecerse lo peor.
Recién luego de la resurrección de Jesús, Pedro reaparece en los relatos. Uno supondría que estando Jesús resucitado, es decir, la victoria materializada, deberían sobrar motivos de alegría y felicidad. El dolor de su crucifixión debía pasar. Ya fue. Ahora resucitó, venció, dejemos atrás lo ocurrido. Al final todo ocurrió como el propio Maestro lo anticipó, así que ahora sigamos adelante.
Pero el caso de Pedro es otro. Le era imposible estar feliz o contento. Seguía cargando con la culpa de la traición cometida, porque en el fondo Pedro sabía que su traición había sido peor que la de Judas, ya que éste nunca le prometió nada a Jesús, sin embargo él sí, le había prometido dar la vida por él y se acobardó. Le falló a Jesús y a él mismo, a su palabra empeñada.
Estando los discípulos reunidos, ya habiendo visto a Jesús resucitado (incluso habiendo ocurrido el episodio dónde Tomás le pide meter sus dedos en los agujeros de sus manos), Pedro fue incapaz de contener su dolor y su sentimiento de indignidad. Tampoco se sentía útil. Estando reunido junto con otros seis discípulos dice: “voy a pescar”.
La última vez que Pedro había salido a pescar con su barca fue en la pesca milagrosa que comenté algunos párrafos antes. Luego de esa ocasión, Jesús le dijo a Pedro que acabó su tiempo de pescador, sino que sería “pescador de hombres” y a partir de ese momento Pedro dejó todo para seguir a Jesús.
Esta actitud de volver a pescar, es un acto de volver a su vida anterior, a aquella vida antes de conocer a Jesús, dónde salía a pescar y vivía de eso, dónde hacía lo que sabía hacer, y para lo que cree que es útil. El pensamiento de Pedro, sumergido en la culpa y el dolor, decía: “jamás serviría para esto a lo que me llamó Jesús. Mirá nada más lo que hice. Lo negué. Si fui incapaz de dar mi vida por él cuando le prometí que lo haría, mirá si voy a servir para ser apóstol, predicador, líder de la iglesia. Yo voy a pescar, que es lo único que se hacer bien. Es para lo que sirvo”.
El diablo es muy acusador. Aprovecha tus errores para minar tu mente de pensamientos condenatorios:
·         Eres inservible para Dios
·         Eres un inútil
·         Mirá si te va a ir bien en el ministerio luego de lo que hiciste
·         Dios jamás usa pecadores como vos
·         Dios necesita gente muy espiritual en lugar de un tipo como vos
Nuevamente, al igual que en la pesca milagrosa anterior, los discípulos se pasaron toda la noche sin poder pescar nada. Los pensamientos de Pedro podemos imaginarlos: “bueno, ahora parece que hasta para esto tampoco sirvo”. Y nuevamente, en ese momento en que los discípulos se apartan, Jesús los busca. Dios siempre nos busca. Dios siempre toma la iniciativa para acercarse al hombre. Jesús aparece en escena y repite el milagro, vuelven a tener una pesca abundante.
Esta vez la actitud de Pedro cambia. En lugar de encerrarse en si mismo y alejarse, se lanza a los brazos del Maestro. Sabía que tenía una cuenta pendiente con él, impagable, por más que sufriera la culpa y el dolor el resto de su vida; era una deuda imposible de restituir.
Jesús también sabía que Pedro le debía una disculpa. Le prepara un escenario similar al que había la noche de la traición: una fogata. Pero lejos de recriminarle nada a Pedro, Jesús va al grano del asunto, a lo medular, a lo importante. Jesús jamás le reprocharía algo, sólo le importaba saber si Pedro aun lo amaba. Eso es todo lo necesario: el amor. Si Pedro aun amaba al Maestro, entonces eso era todo lo necesario para que emprendiera la misión dada por él: que fuera pastor de sus ovejas (Juan 21).
¿Por qué Jesús le preguntó si aun lo amaba? En todo caso diríamos que Pedro se odiaba a sí mismo, pero carecía de motivos para no amar a Jesús. El tema es que si no podemos amarnos y perdonarnos a nosotros mismos, tampoco podemos amar a los demás.
Juan, el apóstol del amor, en su primera epístola nos habla consejos, y nos pide que tengamos amor, que andemos en luz, y nos dice:
Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.
1º Juan 2:1
De nada vale autoflagelarse con la culpa, infrigirse a uno mismo un dolor con fines purgatorios. Dios nos pide que dediquemos nuestra vida a amarle. Él sabe que somos pecadores y que cometeremos errores, por eso tenemos a Jesucristo.
Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
1º Juan 1:9
Lo importantes es buscar a Dios, porque la acción más típica del ser humano es alejarse de Dios. Le pasó a Adán. Luego de comer del fruto prohibido, cuando vio que Dios estaba presente en el jardín, se escondió. Es Dios quién le busca y le pregunta por qué se esconde.
Dios jamás nos busca para condenarnos. Ninguna condenación hay para los que estamos en Cristo Jesús (Romanos 8). Dios nos busca porqué nos ama, y quiere que estemos bien con Él. En caso contrario, en lugar de buscarnos, nos hubiera dejado librados a nuestra suerte.
De modo que para concluir, quisiera decirte que nunca bajes la guardia. Jamás creas que estás libre de cometer ningún error. Por más años que lleves de cristiano, o de ministerio, por más elevado espiritualmente que estés (o creas que estás), debes estar atento para evitar caer. Pero si caes, es un error creer que todo está acabado. Si amas a Dios, Él da oportunidades. A Dios no le interesa perderte ni que te pierdas. Dios te ama.

En el siguiente link te dejo una canción.
https://www.youtube.com/watch?v=7rlFX97nErc
Es del poeta, pastor, compositor y músico español Marcos Vidal. Está inspirada en Pedro, su negación y posterior reencuentro con Jesús. Espero que la disfrutes y que el Señor continúe bendiciéndote.

sábado, 4 de febrero de 2017

Acerca de la ideología de género

La sexualidad de las personas no es una funcionalidad biológica que venga con manual de instrucciones de cómo se debe usar. Precisamente, ese manual de instrucciones de cómo vivir nuestra sexualidad difiere según la cultura que se trate, la cual está muy influenciada por la religión, la ideología predominante, tradiciones, etc.

La ideología de género es, precisamente, una ideología, una forma de concebir la sexualidad. Es un sistema de pensamiento cerrado: difícilmente acepte cambiar alguna de sus posturas.

Lo que la ideología de género propone en cuanto a su concepción de la sexualidad, es que las diferencias entre el hombre y la mujer (dejando de lado las obvias diferencias anatómicas, las únicas que no pueden cuestionar) son construcciones culturales y sociales, hechas según los roles y estereotipos que cada sociedad asigna a cada sexo. Detrás de esta ideología, prima la idea de que una persona puede vivir su sexualidad como quiera, con quien quiera, dónde quiera, cuando quiera, y con cuantas personas quiera. Es decir, el ejercicio de la sexualidad absolutamente carente de toda restricción. Ningún acto sexual es malo en si mismo.

La sexualidad, según la entiendo yo, abarca mucho más que tan solamente el momento, la oportunidad y la eventual pareja con la que se le practica. Pero (no sé si queriéndolo o no) parece que toda la discusión que la ideología de género nos propone acerca de la sexualidad se redujera a eso. De ahí que uno juzgaría inicialmente que es una visión parcial de la sexualidad.

Entre las posibles restricciones que pueden existir al ejercicio de la sexualidad, se hace especial énfasis en las restricciones que emanan de las religiones. La Biblia, que abarca los textos sagrados tanto del cristianismo como del judaísmo, establece un código moral que restringe la actividad sexual exclusivamente dentro del matrimonio compuesto por un hombre y una mujer. Bíblicamente, cuando Dios creó al ser humano, varón y hembra los creó, con el objetivo de que, dejando a sus respectivos padres, se unan para formar una nueva entidad (en este caso, el matrimonio), con el objetivo de ser fructíferos y multiplicarse. Dentro de la concepción judeocristiana del mundo, al ser los seres humanos producto de la creación de un ser superior, parece lógico y adecuado seguir las recomendaciones de quien nos creó, no solo para el ejercicio de nuestra sexualidad, sino para todos los aspectos de la vida.

Naturalmente que hay personas que no creen que los seres humanos seamos producto de la creación de un ser superior, y que, por tanto, no tienen porqué gobernar ningún ámbito de sus vidas mediante normativas previamente establecidas, y eso incluye, evidentemente, el ámbito de la sexualidad.

En este contexto, podemos interpretar que la ideología de género es la una de las más modernas manifestaciones de rebelión de las criaturas contra su condición de criaturas; es la negación de la existencia de un ser superior, externo, que nos dice algo sobre la verdad de nosotros mismos, lo bueno, y lo malo. Es decir, es el rechazo a un código moral que proviene externamente, a cambio de uno propiamente diseñado. Con esta idea, el ser humano pretende librarse de cualquier exigencia al considerarse un ser autónomo capaz de construirse a sí mismo.

De la misma manera que Dios lo hace, corresponde respetar el libre albedrío de aquellas personas que eligen dirigir sus vidas de acuerdo a sus propias normas y formas de entender la vida. Y también, de la misma manera, corresponde que las demás personas respeten a quienes hemos querido regir nuestras vidas de conformidad con determinadas reglas, en este caso, la moral judeocristiana.

En este artículo no pretendo entrar en un análisis minucioso de la ideología de género, ni tampoco pretendo extenderme en la concepción bíblica de la sexualidad. Lo que pretendo hacer en este artículo es aclarar porque estoy en contra de la Guía De Educación Y Diversidad Sexual promovida por el Ministerio de Desarrollo Social.

Cuando yo iba a la escuela y al liceo se nos enseñaba acerca de la sexualidad desde el campo de lo objetivo, el funcionamiento de los órganos sexuales, qué es una relación sexual, cuáles son sus objetivos, el placer, la reproducción, cuáles son las consecuencias de una relación sexual, el embarazo, el embarazo no deseado, las enfermedades de transmisión sexual, y las formas de evitar esto, los métodos anticonceptivos, los de barrera (preservativo), el DIU, las pastillas anticonceptivas, la vasectomía, la ligadura de trompas. Nunca un docente entró en el campo de la moral a decirnos si una forma u otra de acto sexual era correcta o no. Eso sencillamente no era parte de la currícula. Quedaba para que cada padre tuviera la libertad de criar a su hijo de conformidad a sus tradiciones, moral y creencias. Esto es la laicidad, dónde el Estado no promueve moral alguna, ni la intenta imponer, explícita o sutilmente.

Mediante la Guía de Educación y Diversidad Sexual, se les impone a los estudiantes una moral acerca de la sexualidad, en detrimento de las demás.

Esto es así, porque en realidad, toda la ideología de género y el lobby gay no predican la diversidad, sino la imposición de su visión sobre el resto de la sociedad, lo cual se fundamenta en un hecho objetivo: la propia guía mencionada, sobre el final de la misma, contiene una serie de recomendaciones y referencias a bibliografías, publicaciones, películas, videos de referencia del tema, y sitios web únicamente de organizaciones LGBTI. Esto sin perjuicio de señalar que la guía entera es un panfleto proselitista de una ideología en particular
.
Por lo tanto, esto constituye una violación a la laicidad de conformidad con la legislación vigente, ya que la ley 18.437 (ley general de educación) define la laicidad en su artículo 17 de la siguiente manera:

“El principio de laicidad asegurará el tratamiento integral y crítico de todos los temas en el ámbito de la educación pública, mediante el libre acceso a las fuentes de información y conocimiento que posibilite una toma de posición consciente de quien se educa. Se garantizará la pluralidad de opiniones y la confrontación racional y democrática de saberes y creencias”.

No hay garantía ninguna a la pluralidad de opiniones, mucho menos una confrontación racional y democrática de creencias, en la medida que el Estado, a través de una de sus secretarías, promueve oficialmente una sola visión de este tema, no asegurando (este es el término que usa la ley) el libre acceso a las fuentes de información y conocimiento.

Y esto es claro a todas luces, en la medida en que uno observa que este tipo de materiales, al igual que las marchas de la diversidad, y otras acciones públicas, no son acciones que reivindiquen la diversidad, sino que reivindican una ideología, una sola orientación sexual, la homosexual, y termina siendo agresivo en detrimento de otras ideologías, principalmente en contra de la orientación heterosexual.

El 90% de la gente en es heterosexual (y estoy siendo algo mezquino con el porcentaje). Ese es el estereotipo mayoritario: ser heterosexual. Bajo el argumento de deconstruir esos estereotipos y promover relacionamientos libres de discriminación, se pretende imponer la homonormatividad a la mayoría de las personas, y allí radica la agresión.

Una cosa es enseñar a no discriminar al distinto, respetar la decisión de cada persona a hacer de su sexualidad lo que le plazca, y otra cosa muy distinta es pretender que la única y aceptable moral acerca de la sexualidad es la que un colectivo (encima minoritario) promueve.

La agresión de la guía es tal, que promueve que a los niños en edad de 5º o 6º año se les proponga un juego en el que sacan fotografías de un sobre dónde se muestran imágenes de parejas besándose. No me importa si la pareja es homosexual o heterosexual; trabajar sobre la base de fotografías que muestran a una pareja besándose en la boca implica ir trabajando en las distintas formas de vivenciar la sexualidad, y allí se entra a violar un terreno que debería ser privativo de los padres y del hogar. La moral asociada al ejercicio de la sexualidad debe ser enseñada por la familia, de acuerdo a lo que la misma considere adecuado (artículo 258 del código civil y 41 de la constitución). El hecho de que efectivamente haya fotografías de parejas homosexuales besándose pretende adoctrinar al estudiante en la naturalización de tal práctica como una práctica buena, dejando de lado que el estudiante puede pertenecer a una familia que considere que tal práctica no es buena.

Y aquí es donde se confunden, a propósito, los conceptos de aceptabilidad moral con discriminación. Para muchas no es buena la práctica de fumar, sin embargo nadie puede decir que los fumadores son odiados por su conducta por parte de aquellos que consideran malo fumar.

Todo nace de hacer creer que hay un problema de dimensiones gigantescas cuando en realidad no lo hay. Al parecer, la sociedad somete a los homosexuales a una vida de sufrimiento y discriminación, por culpa de los conceptos de roles que se heredan de hace siglos. Entonces, para que los homosexuales no sigan sufriendo, debemos deconstruir todos esos conceptos y promover unos nuevos, supuestamente libres de discriminación, pero que lo que hacen es discriminar a quienes tienen una visión distinta.

Los estereotipos de masculinidad y femeneidad impuestos culturalmente desde hace siglos no someten solo a los homosexuales como nos lo quieren hacer ver estos colectivos que promueven esta visión tan homogénea de la diversidad que incluye exclusivamente la aceptación de la homosexualidad. Esta visión está dejando por el camino otros aspectos igual de serios. Las mujeres han sido históricamente y son sometidas por parte de algunos estereotipos a un nivel de exigencias de lo que se espera de una mujer, pero los hombres también. La visión de cuál es el papel o el rol que el hombre debe cumplir en todos los aspectos de la vida abarca niveles de exigencia enormes que muchos no están (o no estamos) en condiciones de satisfacer.

Entonces, el sometimiento comprende a todas las personas (sin distinción alguna). La idea de que el único rol de los heterosexuales (el 90%) es discriminar a los homosexuales (el 10%) es ridícula. ¿El 90% de una humanidad (presuntamente feliz) discrimina al 10% restante (presuntamente sometida en exclusividad)? Parece que la estrategia es darle dimensiones titánicas a una problemática que, si existe, abarca a una cantidad de personas prácticamente residual en términos estadísticos. Y sobre la base de ese sobredimensionamiento de un supuesto problema de discriminación, se asienta la necesidad de la promoción de esta visión acerca del tema, en detrimento de las demás, supuestamente culpables del problema.

Los números son elocuentes. El Colectivo Ovejas Negras realizó una “ENCUESTA NACIONAL DE CLIMA ESCOLAR EN URUGUAY 2016” en donde se encuesta a 423 estudiantes que declaran no ser heterosexuales de entre 13 y 20 años de edad. Los resultados muestran los porcentajes de estudiantes que manifiestan algún inconveniente vivido en referencia a su orientación sexual. Con estos números, pretenden establecer que hay un clima hostil en la educación secundaria, en referencia a los estudiantes no  heterosexuales, lo cual es absolutamente falso si se tiene en cuenta que se entrevistó a 423 estudiantes de una matrícula total de 358.000 estudiantes de educación secundaria y técnico profesional. Es decir que los entrevistados son el 0,12% de la matrícula.

La guía es proselitista desde el momento en que promueve consignas del tipo “mis genitales no definen mi género” (es decir, promueven la confusión de género) y contiene material gráfico de apoyo que consiste únicamente en imágenes de modelos de familia homosexual (dos mamás, o dos papás). Claramente, no es una guía ni diversa ni objetiva, sino profundamente proselitista.

En suma. Respeto que haya personas que piensen diferente en cuánto a la cuestión de la sexualidad, género y demás. Respeto y defiendo su derecho a promover su idea, dado que de lo contrario cómo podría exigir yo que se me defienda en el derecho de promover la mía. No resulta de conformidad con la laicidad que caracteriza a nuestro país, y que es un valor caro, que el Estado tome partido por una de las tantas visiones acerca del tema y la promueva de manera oficial. Si bien respeto las opiniones distintas acerca del tema, no comparto tampoco la agresividad ni la invasión a la privacidad de las familias que implican los métodos con los que se quiere promover la idea.

Para terminar, quiero dejar un link a dos video elocuentes. La cuestión de género está siempre vinculada a una cierta simpatía que la izquierda política suele tener con este tipo de movimientos que exageran problemas para imponer visiones. No obstante eso, en los siguientes video se ve un contundente Rafael Correa, presidente de Ecuador y político de izquierda, hablar del asunto.