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“Y la tierra estaba desordenada y vacía…” . Génesis 1:2. La Biblia dice que cuando Dios creó los cielos y la tierra, la tierra estaba d...

jueves, 3 de septiembre de 2020

El cristiano y el dinero. Capítulo 11. Final.

Agradece tu escasez


La vida en el huerto del Edén era una maravilla. Había una única regla que cumplir: no comer el fruto de determinado árbol. Luego de esa regla, no había más nada de qué preocuparse. En el Edén no había ni maldad ni muerte. Así que imagínate que los alimentos que se cosechaban en ese huerto no se echaban a perder, había abundancia, las plantas no se morían, no había inclemencias del tiempo, no había plagas ni enfermedades. Los hombres vivían desnudos y no había malos pensamientos ni malas intenciones. En ese contexto, no tenían sentido ninguno de los conceptos que rigen la vida hoy en día, como por ejemplo propiedad privada o libertad. 

Pero el pecado cambió todo. Comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal abrió la puerta a la muerte y al mal. Todo cambió a partir de ese momento.

Ahora los alimentos se echarían a perder y la escasez comienza a ser la regla. La tierra produciría espinas y cardos, las cosechas ya no serían abundantes. Ahora todo será trabajoso, porque el cuerpo humano ahora comenzará a morirse, y una de sus evidencias es el cansancio (cansancio que no había en Edén). Ahora, comer iba a ser trabajoso (con el sudor de tu rostro comerás el pan…). Ahora sí existe la maldad y las malas intenciones, así que ahora sí podría darse que un hombre quisiera quedarse con lo que cosechó otro hombre. Ahora sí, uno con fuerza querrá enseñorearse de uno más débil. Ahora sí tiene sentido delimitar la propiedad y defender lo propio. Nació el mundo tal cual lo conocemos hoy. 

En este nuevo mundo, habrá inclemencias del tiempo. Ahora necesito ropa para cubrir mi cuerpo y una casa para almacenar mis bienes. Es en este momento donde nacen las relaciones de intercambio, en su forma más rudimentaria como lo fue el trueque: el que sabe construir una casa lo hará a cambio del alimento que producirá su cliente como forma de pago. 

El pecado dio lugar a la economía. La economía es el arte de administrar la escasez. No hay administración o economía posible en un ambiente de abundancia, porque en tal ambiente, no hay que preocuparse ni tomar medidas, total, siempre hay. Pero en la vida, vivimos en escasez, por lo cual debemos aprender a administrar. 

No vas a aprender a administrar cuando ganes mucho dinero. Se aprende a administrar en la escasez, para luego, cuando venga la abundancia, no la vayas a desperdiciar. 

Recordarás la historia del hijo pródigo. Este joven tomó la abundante herencia que le dio su padre y la derrochó rápidamente, al punto de envidiar la comida de los chanchos. La solución a los problemas de tu vida no pasa por tener más dinero, sino por aprender a administrarlo. 

Prosperidad no es tener cada vez más dinero, sino saber administrar el que él nos da. 

Nosotros lo hacemos con nuestras hijas; desde pequeñas les enseñamos a administrar. A mis hijas les encanta el tomate cherry. Mi esposa les compra cada domingo en la feria, 20 tomates cherry a cada una. Llega a casa y coloca los tomates en dos vasos diferentes y les dice a ambas que esos tomates les tienen que durar hasta el domingo próximo cuando vaya a comprar más. Es responsabilidad de ellas contener sus deseos y no comerse todos los tomates sin control, porque nadie les va a comprar más tomates antes del domingo siguiente. Aun cuando nosotros, sus padres, tenemos posibilidades de comprarles más tomates a mitad de la semana si se les acaba, hemos decidido usar ese elemento para enseñarles a administrar, a tener dominio propio y paciencia. 

Nadie aprende a administrar en situación de abundancia, sencillamente porque en esa situación no es necesario administrar. Se aprende a administrar en la escasez, para que cuando llegue la abundancia, la misma no se pierda. 

Recuerda: sé fiel en lo poco y Dios te pondrá en lo mucho. 

miércoles, 2 de septiembre de 2020

El cristiano y el dinero. Capítulo 10

El diezmo nos ayuda a ahorrar y prosperar


Diezmar es un acto de fe; es separar el diezmo primero, antes de pagar las demás cuentas, sin saber si lo que va a sobrar alcanzará. 

Ejecutar gastos sin la seguridad de que se pueden pagar, confiando en que Dios de alguna manera nos dará provisión, NO ES UN ACTO DE FE, sino un acto de presunción, como se vio en el capítulo anterior. Es obligación del cristiano sentarse a calcular si tiene lo necesario para hacer frente a sus gastos. No podemos hacer gastos diciendo que Dios nos va a ayudar, si Dios no nos dijo que hiciéramos ese gasto y que nos iba a ayudar.

No obstante esto, el diezmo es diferente, porque es el único caso en toda la Biblia en la que Dios mismo nos pide que lo demos sin hacer cálculos, aun aunque no estemos seguros de que podremos hacer frente a las demás obligaciones, porque Él mismo se compromete a bendecirnos.

Da con generosidad y serás más rico; sé tacaño y lo perderás todo.
Proverbios 11:24

Más allá de su significado espiritual, el diezmo es una conducta financiera recomendable para la buena administración y la prosperidad. Requiere coraje limitar los gastos de modo de poder cumplir con el diezmo. Y eso te va a educar para que limites tus gastos en aras del ahorro y la inversión, también. 

Es imposible que una persona progrese económicamente si gasta absolutamente todo lo que le entra. El progreso económico ha sido siempre, a lo largo de la historia, fruto de la capacidad de las personas de ahorrar e invertir (para lo cual se requiere no gastar todo lo que ingresa). Así lo hizo José, que obligó al pueblo de Egipto a ahorrar durante la época buena, administró correctamente durante la época mala, y pasado ese período, le sobró grano para darle al pueblo para que vuelvan a sembrar. 

Las personas que practican el diezmo son personas que están llevando adelante una buena práctica de administración financiera. Empezamos primero cumpliendo estrictamente con el diezmo y obligamos al resto de nuestras obligaciones a acomodarse al 90%. Pronto, tendremos bajo control nuestro presupuesto y sabremos tomar decisiones que hagan que nuestros gastos no superen ese 90%. Una vez allí, podremos seguir adelante controlando aun mejor nuestros gastos para comenzar a ahorrar.

Es más fácil gastar después de haber ahorrado, que ahorrar después de haber gastado. Por tanto, si esperas que te sobre para diezmar (o ahorrar), NUNCA LO HARÁS.

Aunque los números hoy te dicten lo contrario, es absolutamente posible vivir hoy con menos de lo que te ingresa. Eso siempre es posible, y el diezmo juega un rol fundamental en ese aspecto. Muchas personas viven enceguecidas, gastando todo lo que les entra, porque están convencidos de que ganan poco. Si esa es la conducta que tienen ganando poco, el día que ganen más, seguirán en la misma lógica de gastar todo lo que les entra. Es así como hay casos de personas que tienen buenos ingresos y siempre están endeudados o ajustados. 

Si uno comienza a generar el hábito y la conducta de diezmar, aun ganando poco, ese hábito quedará instalado. En la medida en que vayas prosperando y ganando más, no te será difícil evitar gastar todo y ahorrar. Eso lo llevará a mayor prosperidad. 

Hay una lucha entre mi consciencia y los paradigmas que rodean al dinero y al diezmo, que evitan la continuidad de la acción de diezmar. Esto es así porque hemos sido educados bajo dos ideas erróneas: 

1.- Si doy, me va a faltar.
2.- Si doy, debo recibir algo a cambio que valga lo mismo o más de lo que doy.

Estas dos ideas son contrarias a la fe y la acción del diezmo nos ayuda a liberarnos de esas ideas, y por ende, liberarnos de la esclavitud y dependencia del dinero. 

A pesar de esto, es de hacer notar que el diezmo tiene por objeto servir a Dios y no tiene como objeto lucrar o pretender hacerme más rico solo por el hecho de acumular riquezas.

Al contrario, la idea del diezmo es lograr que el cristiano no tenga a los bienes materiales como el centro de su vida. Es decir, no se debe diezmar por avaricia, con la idea de que es similar a hacer una inversión que me tiene que reportar ganancias, sí o sí. Es un error decir: yo diezmo porque gracias a eso tengo un buen trabajo y un buen ingreso. Eso no puede ser el objetivo del diezmo. Eso es una consecuencia, una recompensa. Pero la motivación no debe ser esa, sino que yo diezmo porque tengo deseos de servir a Dios con mis bienes.

Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos; Y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto.
Proverbios 3:9-10

Si diezmamos con la motivación correcta, Dios va a cumplir sus promesas, prosperándonos hasta que desaparezca todo temor de vivir en pobreza.

Algunos creen que porque están en aprietos no les es posible diezmar pero lo harán en cuanto sus circunstancias lo permitan. Esto es perder todo el significado porque mientras mayor sea la presente dificultad, mayor la necesidad de diezmar, ya que las dificultades que atravesamos en materia económica suelen ser fruto de una errónea actitud mental, por una forma de pensar equivocada. Naturalmente, las circunstancias no podrán cambiar hasta que haya un cambio en la actitud mental. Diezmar será una prueba de que la actitud está cambiando.

A través del diezmo estamos demostrando nuestra creencia de que el único origen de nuestro suministro es Dios, y que el negocio o el empleo, las inversiones o los clientes no representan sino el canal a través de los cuales se está manifestando en ese momento la provisión que nos viene de Dios. La consecuencia inevitable de dicha expresión de fe es la prosperidad visible. 

Aquellos que diezman siempre están seguros de que tienen a Dios por Socio, pero no como cualquier socio, sino un socio bastante particular, que no se comporta como un socio humano se comportaría. En una sociedad humana, si uno de los dos socios pone la mayor parte de los recursos, pretenderá llevarse la mayor parte de las ganancias. En la sociedad con Dios, Él PONE TODO y pide solamente el 10%. 

Cuando das el diezmo, como dice mi pastor, cero a cero y pelota al medio. 

Dios nos ha dado todo. La vida, la salud, las fuerzas para trabajar, la inteligencia para hacer negocios, y nos ha dado también nuestros bienes. Como socio, ha puesto el 100% y nosotros nada. Ahora, Él solamente elige pedirnos el 10%, cuando podría pedirnos todo. 

Por eso dijimos anteriormente que el diezmo es un acto de adoración, porque el cristiano que diezma reconoce que la totalidad de todo lo que tiene y todo lo que es le pertenece a Dios y no a sí mismo. Cuando entendemos que somos 100% pertenencia de Dios y que él es soberano, estamos adorando.

martes, 1 de septiembre de 2020

El cristiano y el dinero. Capítulo 9

Huye de las deudas. Aprende a ahorrar



El ahorro es la base de la fortuna, y no el endeudamiento. No tomar control de tu presupuesto y gastar según tu intuición y deseo puede ser catastrófico. Y si para eso, se hace uso del endeudamiento, has cavado una cómoda fosa.
 
Hay que diferenciar entre dos tipos de bienes: los bienes durables y los no durables. 

Bienes de consumo durables son aquellos cuyo uso se da a lo largo de un período extenso de tiempo y son utilizados en un gran número de ocasiones. Se consideran durables si poseen una vida útil mayor a los tres años. Va desde la TV, un aire acondicionado, una computadora, un auto y hasta una casa. En la mayoría de los casos, se debe tener en cuenta que los bienes durables van perdiendo su valor al pasar el tiempo. Es decir, el auto que hoy te costó U$S 20.000, lo retirás de la automotora y ya te vale menos si lo queres vender. 

Bienes de consumo y servicios no durables son aquellos bienes que son consumidos en un corto plazo y utilizados en un menor número de ocasiones (algunos solo se utilizan una vez). Su costo es menor al de los bienes de consumo durable. Por ejemplo: alimentos, útiles escolares, comer en restaurantes, cine, estadio, vacaciones. 

Muchos cristianos no controlan sus presupuestos, no hacen cuentas, y gastan en bienes no durables por intuición. En alguno casos, sin control. Para peor, usan frases como: “sabemos que Dios quiere que disfrutemos de estas cosas…”, “Dios será fiel para proveernos” y otros tantos etc., excusas revestidas de espiritualidad para licuar cualquier sentimiento de inseguridad o advertencia que pudiera surgir.

Pero veamos qué tiene para decir la Palabra de Dios. 

Con ansiedad será afligido el que sale por fiador de un extraño; Mas el que aborreciere las fianzas vivirá seguro.
Proverbios 11:15

El hombre falto de entendimiento presta fianzas, y sale por fiador en presencia de su amigo.
Proverbios 17:18

El rico se enseñorea de los pobres, y el que toma prestado es siervo del que presta.
Proverbios 22:7

Los pensamientos del diligente ciertamente tienden a la abundancia; Mas todo el que se apresura alocadamente, de cierto va a la pobreza.
Proverbios 21:5

El hombre fiel recibirá muchas bendiciones; el que tiene prisa por enriquecerse no quedará impune.
Proverbios 28:20 (NVI)

(…) el que recoge con mano laboriosa las aumenta [las riquezas]
Proverbios 13:11

(…) quien ahorra, poco a poco se enriquece.
Proverbios 13:11 (NVI)

Todos estos versículos, y algún otro, tienden a aconsejar al cristiano a no endeudarse y no apurarse para tomar decisiones financieras. La bendición material sobre la vida de un cristiano está lejos de pasar tan solamente por diezmar y ofrendar. Esto es importante e imprescindible, condición necesaria, pero insuficiente. Estar al día con el diezmo y ofrendar no es una licencia para manejarse como se quiera con la economía, ni mucho menos un permiso para el despilfarro o las decisiones apresuradas. 

Sin embargo, hay cristianos que toman decisiones pensando en que todo va a estar bien, que Dios nos va a prosperar o que Dios va a suplir, o que Dios proveerá, y todas esas justificaciones que el cristiano tiene adaptado a su jerga y que, de tanto escucharlas en forma aislada, se terminan convirtiendo en argumentos que a la postre se levantan en contra del verdadero conocimiento de Cristo y se terminan convirtiendo en conductas que son desobedientes a sus principios. 

El cristiano debe siempre buscar la guía del Espíritu Santo en cada situación de su vida, procurando encontrar la sabiduría antes de tomar una decisión. Cada decisión del cristiano debe ser meditada y bien pensada.

Los bienes que se adquieren de prisa al principio, no serán al final bendecidos.
Proverbios 20:21

Los planes bien pensados: ¡pura ganancia! Los planes apresurados: ¡puro fracaso!
Proverbios 21:5 (NVI)

Bienaventurado el varón que (…) en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche, (…) todo lo que hace, prosperará.
Salmo 1

Dios es especialmente contrario a las deudas. Toda la ley de Dios está llena de referencia en contra de las deudas. Por ejemplo, las deudas tenían que ser perdonadas al séptimo año, a los esclavos había que ofrecerles la libertad al séptimo año, y en el año 50, todas las tierras tenían que volver sus dueños originales. En adición a esto, Dios le prometió a su pueblo lo siguiente: 

Ya que Jehová tu Dios te habrá bendecido, como te ha dicho, prestarás entonces a muchas naciones, mas tú no tomarás prestado;
Deuteronomio 15:6

No es recomendable tomar deuda para el consumo de bienes no durables. Uno debe consumir en el mismo o menor nivel en el que gana. Si el dinero no me alcanza para consumir determinadas cosas, sacarlas a pagar en cuotas o pedir prestado para obtenerlas es un mal camino. 

Si a una persona no le alcanza el dinero para llegar a fin de mes (como se dice popularmente) y saca un préstamo o compra un bien en cuotas, ¿de dónde sacará dinero los meses siguientes para pagar la cuota del préstamo o la cuota de la compra a crédito?

La clave del mejor consumo es privarse de consumir hoy, ahorrar, y consumir mejor más adelante. Por ejemplo: el celular último modelo que hoy sale $24.000, lo puedes obtener en 24 cuotas de $1.000. Suponiendo que te sobran $1.000 por mes, tienes dos opciones. Lo obtienes ya y lo pagas en cuotas, o ahorras esos $1.000 cada mes para comprarlo al contado luego. En 18 meses, habrás ahorrado $18.000, y quizás el precio del celular ya haya caído a ese valor. Lo comprás al contado y más barato. Claro, eso implica cultivar la paciencia y saber esperar.

El ejemplo del celular es muy aplicable para la mayoría de los bienes que consumimos. Cada vez que un nuevo bien de consumo sale al mercado, la gente se desespera por obtenerlo, y por lo general lo obtienen a un precio elevado y a costa de deuda. No hay porqué tener todo ya. Esperar te va a dar buenos resultados. Y por otro lado, no hay satisfacción más grande que comprar algo y saber que es 100% tuyo y que no se lo debes a nadie, ni tienes que trabajar los próximos meses de tu vida para pagarlo.

Si en todo caso, la situación amerita que se actúe ya y no se puede esperar, es absolutamente necesario que el cristiano tenga control de su presupuesto y sepa cuánto dinero le sobra al mes, para saber si puede hacer frente a la cuota. No es gasto y después veo

Si un cristiano usa deuda constantemente para sostener su nivel de consumo, puede llegar a acumular deuda al punto tal de quebrar. Cuando compra a crédito o pide préstamos para el consumo de bienes no durables, los bienes se consumieron, y en caso de no poder pagar por ellos, ¿de dónde vas a sacar para pagar? Comer afuera, cine, estadio, vacaciones, etc., son todos consumos que se agotan en el momento. No duran. Y si todo ese consumo se hace sin control, acumulando deuda, cuando tengas que pagar por eso, tendrás que vender otros bienes que tengas, o vas a tener que sacrificar buena parte de tus ingresos futuros en el pago de la misma. Te sentirás esclavo de tu deudor. Sentirás la frustración de trabajar y trabajar solo para pagar cuentas y no vas a poder disfrutar del fruto de tu trabajo. No hay nada peor que trabajar y no poder disfrutar el dinero que se gana, porque hay que pagar las malas decisiones financieras que arrastro del pasado por haber manejado mal las finanzas. 

La buena salud financiera pasa por ahorrar. Y en este sentido, hay que derribar mitos. La verdad es que SIEMPRE SE PUEDE AHORRAR. Tu tienes que obligarte a ahorrar. Aunque sean $400 por mes. No debes menospreciar tu capacidad de ahorrar, por pequeña que sea. Al final del año habrás ahorrado $4.800. No es una fortuna, pero no desprecies lo poco que puedas ahorrar.

Obligarte a ahorrar va a moderar tu conducta. Poner el ahorro en prioridad, te va a permitir privarte de ciertos consumos que no son estrictamente necesarios. Yo sé que no es simpática la vida con privaciones y que queremos darnos gustos, pero si no te privas hoy en aras de construir una vida más sana financieramente, las privaciones no acabarán nunca. En el capítulo 11 ahondaremos en este concepto.

Empezarás ahorrando poco, terminarás ahorrando mucho más, y tendrás un mejor futuro. Recuerda: lo ideal no es gastar y luego pagar. Mejor es ahorrar, luego consumir. Pero aun mejor que ahorrar y consumir, es ahorrar e invertir. No te gastes todo tu ahorro en el futuro consumo. Parte del ahorro (cuánto más mejor) debe invertirse, para que esa inversión produzca nuevos ahorros o incluso ganancias. Una compra no produce ganancias, una inversión, sí. 

El ahorro es una conducta bíblica y forma parte de las mejores prácticas de administración financiera que se conocen en el mundo.

domingo, 30 de agosto de 2020

El cristiano y el dinero. Capítulo 7

¿Por qué Israel había dejado de diezmar? 
Causas por las cuales las personas dejan de diezmar o nunca comienzan a hacerlo.


Hay dos razones por las cuales Israel había dejado de diezmar en épocas de Nehemías y Malaquías. La primera de ellas, era por el propio desprecio que la gente tenía por Dios y por el culto a Dios. Esto ya lo vimos. 

Ese desprecio al culto a Dios, que obligó a los levitas a retirarse del templo para ir a trabajar a los campos para tener qué comer, vino seguido de una temporada de sequía y plagas de insectos que afectaron las cosechas. Y ahí está la segunda razón por la que no solo dejaron de diezmar, sino que no se les pasaba por la cabeza volver a hacerlo: porque estaban atravesando momentos de dificultad financiera. Y lo primero que hace un pueblo infiel e incrédulo cuando pasa momentos de dificultad financiera es dejar de lado el culto a Dios. 

Esto es evidente por las promesas que Dios hace: bendición sobreabundante, lluvias en medio de las sequías, acabar con las plagas de insectos que atacaban las cosechas (devorador), y un futuro floreciente. Y les promete todo eso porque los judíos no le creían a Dios. Por eso dejaron de diezmar, porque no le creían. No le creían que los fuera a bendecir, por eso miraron por su propia situación y dejaron de diezmar. 

Y ahí aparece el clamor desesperado de Dios: vuelvan a diezmar y van a ver como los bendigo. Pero no era solo volver a diezmar. La profecía de Malaquías no se centra en el diezmo. Sino que lo que Dios ruega es que lo vuelvan a amar y a demostrarle ese amor, y como parte del amor a Dios, había que reestablecer el culto a Dios, no como una obligación, sino como un gesto de amor y agradecimiento. 

Dios está desesperado porque tiene acumuladas en su mano un montón de bendiciones, y no se las está pudiendo derramar a su pueblo porque la llave para que eso ocurra la tiene el pueblo, y no la está usando. Si tan solamente el pueblo retomara su amor y devoción por Dios, y le volvieran a rendir culto (culto que abarca, entre otras cosas, diezmar), Dios lo bendeciría tanto que se acabarían la sequía y las plagas y florecerían como una nación hermosa a los ojos de todo el mundo. 

Ese es el clamor desesperado de Dios: Los quiero bendecir y no me dejan. Dependo de ustedes para bendecirlos y ustedes están haciendo todo mal. Por favor, les ruego, háganlo bien, así les envío todo esto que tengo para ustedes

Porque desde que el mundo es mundo nadie vio ni oyó jamás de un Dios como el nuestro, que se manifiesta en favor de los que en él confían.
Isaías 64:4

El diezmo es un principio espiritual porque no solamente se aplica a la economía, sino a toda nuestra vida: marca un patrón de vida, un estilo. Darle a Dios lo mejor que tenemos. Los judíos le traían a Dios los desperdicios, y muchas veces nosotros hacemos lo mismo. Por ejemplo, ¿dedicamos tiempo de calidad cada día para Dios? El tiempo de la oración, ¿es un tiempo de calidad o son unos minutos así nomás, al pasar, como para cumplir? ¿Voy a la iglesia para cumplir, llegando tarde y yéndome temprano, o mi tiempo de comunión es un tiempo de calidad?

La primicia del diezmo tiene poder redentor sobre el 90% que queda de nuestros ingresos, y Dios lo bendecirá y multiplicará. Cuando le damos a Dios lo primero de nuestro tiempo y dinero, él multiplica todo lo demás.

Demuéstrale a Dios que para ti él es lo más importante. Dale de lo que tienes y de todo lo que ganes; así nunca te faltará ni comida ni bebida.
Proverbios 3:9-10 (TLA)
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viernes, 14 de agosto de 2020

El cristiano y el dinero. Capítulo 8

Quiero empezar a diezmar pero no me animo; ¿Cómo arrancar?

El diezmo suele ser una de las cosas más difíciles para el cristiano, puesto que en su corazón anhela adorar y honrar a Dios con sus bienes, pero  la realidad le juega una mala pasada. Los números nos dicen que no es posible agregar un gasto más. El barco se está hundiendo: diezmar sería una locura. 

Esto nos hace recordar la ocasión en la que los discípulos de Cristo se encontraban en una barca en medio de una tempestad, una tempestad verdaderamente difícil. No sería la primera vez que los discípulos atravesaban una tempestad. Eran pescadores. Alguna que otra tormenta seguramente los habrá agarrado en alguna de las tantas noches en las que buscaban su alimento en el mar. Sin embargo, esta parece especialmente desafiante. Y se está hundiendo la barca.

Después de esto, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca, para que cruzaran el lago antes que él y llegaran al otro lado mientras él despedía a la gente. Cuando la hubo despedido, Jesús subió a un cerro, para orar a solas. Al llegar la noche, estaba allí él solo, mientras la barca ya iba bastante lejos de tierra firme. Las olas azotaban la barca, porque tenían el viento en contra. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos caminando sobre el agua.
Mateo 14:22-25

Hay cosas que son importantes en la vida. La oración, nuestro tiempo de intimidad con Dios, es una prioridad. Jesús despidió a la gente y en lugar de salir raudamente a encontrarse con sus discípulos, se quedó orando, mientras sus discípulos ya se encontraban lidiando con la tormenta. 

No lo hizo por descuidado. No lo hizo porque tenía poco amor por sus discípulos. Lo hizo porque sabía el poder de la oración. 

Pero finalmente aparece Jesús. El desafío ahora es caminar sobre las aguas hasta Jesús. 

El negocio marcha mal, la barca se está hundiendo, y se me está pidiendo que cada día, del total de las ventas, aparte el 10% para el diezmo. Me están pidiendo que me tire al agua, que tome una decisión de fe. Si ya me estaba hundiendo en la barca, me voy a hundir más si salgo de la barca.

Si al negocio, que ya le va mal así como está, encima agregar un gasto, como ser el diezmo, más se va a hundir. Incluso, muchos que se quedan en la barca te dirán que es una locura: cómo se te ocurre poner un pie en el agua con la tormenta que hay, cómo se te ocurre diezmar siendo que los números no cierran, mejor quédate en la barca y trata de resistir hasta que pase la tormenta, y quizás no te hundas

Sin embargo, te la juegas, te arriesgas. Dejas de ver la tempestad que te rodea. Por un momento decides dejar de ver el viento y lo truenos. La lluvia sigue cayendo sobre ti, pero pones tus ojos en Cristo y pones un pie en la superficie del agua. 

Das el primer paso sobre el agua. Es el primer día en que estás diezmando. La realidad no cambió mucho. No vinieron más clientes ni facturaste más que el día anterior. Sin embargo, has decidido separar el diezmo. La tempestad sigue, pero los ojos están en Cristo. 

Segundo paso sobre el agua. Es el segundo día diezmando. La realidad no cambió mucho. Las dificultades siguen estando. Tampoco hoy vinieron más clientes ni aumentaron las ventas. Sin embargo, has decidido separar el diezmo. La tempestad sigue, pero los ojos están en Cristo. 

Tercer paso sobre el agua. Es el tercer día en que estás diezmando. Hoy esperabas que el milagro empiece a ocurrir, pero no. Los clientes son los mismos, las ventas se mantienen. La tempestad sigue. Los vientos te están azotando tanto como cuando estabas en la barca. Pero has tomado una decisión. Ya me estaba hundiendo en la barca, así que hundido por hundido… 

Cuarto paso sobre el agua. Es el cuarto día en que estás diezmando. Hoy vencía un plazo para cumplir con un acreedor y no tenías lo suficiente para pagar. El cielo se ilumina por un rayo. Vino un proveedor y no pudiste pagarle. Te estremece el sonido de un trueno. Es el último día del mes y no cubriste la cuenta corriente. Un viento fuerte te tambalea… Por un momento pensás: si estuviera en la barca, al menos tendría un pedazo de madera de donde agarrarme…

Pero vio que el viento era fuerte, tuvo miedo, se empezó a hundir…
Mateo 14:30 (a) (PDT)

Por un momento, dejaste de ver a Cristo y te abrumó la tormenta y comenzaste a hundirte. Te asalta la duda y el temor: empecé a diezmar y todo empeoró. En ese momento, tienes dos opciones. Puedes volver a atrás y dejar de diezmar porque no funcionó. Esto sería equivalente a que Pedro, al comenzar a hundirse, haya intentado desesperadamente nadar de regreso a la barca a ver si podría asirse de al menos algún pedazo de madera para esperar a que la tormenta pase, al mejor estilo Jack y Rose en la escena final del Titanic (todos sabemos que había lugar para Jack en esa tabla).

Sin embargo, Pedro ya había tomado una decisión por Cristo. 

Pero vio que el viento era fuerte, tuvo miedo, se empezó a hundir y gritó: —¡Señor, sálvame!
Mateo 14:30 (PDT)

Pedro ya tenía una decisión tomada por Cristo. No vuelvo atrás. Si me hundo, me hundo con los ojos en Cristo. 

Al momento, Jesús extendió sus manos y tomó a Pedro, calmó la tempestad, y juntos volvieron a la barca. Caminando, naturalmente. Pedro caminó nuevamente sobre el agua. Esta vez, de la mano de Jesús. 

Lo primero, primordial, y lo más importante en la vida del cristiano es serle fiel a Dios

¿De qué nos sirve cualquier cosa que hayamos logrado, si no la logramos siendo fieles a Dios?

El diezmo no es una fórmula mágica. Bien puede ocurrir que comiences a diezmar y el negocio no salga adelante. Puede ser duro, pero si tu negocio no sale adelante diezmando, es porque Dios no quiso que saliera adelante. El cristiano debe aceptar la voluntad de Dios, aprender, y encomendarse a la mano de Dios para lo que vendrá luego. Y el negocio se habrá fundido pero podrás decir: fui fiel a Dios en todo momento. Morí con las botas puestas. Porque más importante que mi negocio, es ser fiel a Dios. Y Dios, que es fiel, no me dejará desamparado y tiene un futuro mejor para mi vida

Quizás al diezmar, tu negocio comienza a salir milagrosamente adelante. Allí tendrás la oportunidad de darle gloria a Dios mostrando como la fidelidad a Dios te sacó adelante. 

Pero por otro lado, siempre se puede optar por no diezmar y hacer ingentes esfuerzos para sacar el negocio adelante, y lograrlo. Pero al final del camino, dirás: salvé mi negocio, pero no pude ser fiel a Dios en ningún momento. Y seguramente, habrás sufrido mucho para sacar ese negocio adelante, porque habrás luchado con tus propias fuerzas, en lugar de contar con Dios como tu socio. Al no diezmar, te amputaste la posibilidad de ser bendecido y levantado por Dios, y lograr el éxito con menos esfuerzo, quizás. Remaste en dulce de leche, pudiendo remar en aguas con la corriente a favor.  

Y, ¿de que vale eso? ¿De que vale triunfar dejando a Dios de lado?

Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.
Mateo 16:25

Jesús está diciendo: Si sólo les preocupa salvar su vida, la van a perder. Pero si deciden dar su vida por mi causa, entonces se salvarán. En otras palabras, es insensato pretender salvar algo dejando a Dios de lado. Pero si por hacer lo que Dios manda, parece que fuera a perder, tranquilo: no se va a perder. 

Nada se pone en riesgo si estamos obedeciendo a Dios.

Todo aquel que quiera salvar algo dejando de lado a Dios…

De nada sirve que una persona gane en este mundo todo lo que quiera, si al fin de cuentas pierde su vida. Y nadie puede dar nada para salvarla.
Mateo 16:26

De nada sirve el éxito en este mundo, si para lograrlo tuve que dejar a Dios de lado. 

¿Habrá alguien dispuesto, como los amigos de Daniel, a ser fiel a Dios siempre, pase lo que pase? La venida del Señor está cerca. Cuando venga, ¿encontrará gente que aun le crea? (Lucas 18:8)

El cristiano y el dinero. Capítulo 6

Malaquías y el diezmo

Quizás uno de los pasajes que es al mismo tiempo duro pero esperanzador en cuanto a la cuestión del diezmo está registrado en la última profecía del antiguo testamento. 

Óiganme, israelitas: Si ustedes no han sido destruidos es porque yo soy el Dios todopoderoso y mi amor no cambia. En cambio ustedes, desde los días de sus antepasados, siempre han desobedecido mis mandamientos. Pero si ustedes se arrepienten y vuelven a mí, yo también me volveré a ustedes. Yo soy el Dios todopoderoso, y les aseguro que así lo haré.

Ustedes me preguntan: “¿Y de qué tenemos que arrepentirnos?”. Yo les respondo: “No es fácil que alguien me robe; sin embargo, ¡ustedes me han robado!”. Todavía se atreven a preguntarme: “¿Y qué te hemos robado?” Pues escúchenme bien: ¡Me han robado porque han dejado de darme el diezmo y las ofrendas! Todos ustedes, como nación, me han robado; por eso yo los maldigo a todos ustedes, también como nación.

Traigan a mi templo sus diezmos, y échenlos en el cofre de las ofrendas; así no les faltará alimento. ¡Pónganme a prueba con esto! Verán que abriré las ventanas del cielo, y les enviaré abundantes lluvias. Además, alejaré de sus campos las plagas de insectos que destruyen sus cosechas y sus viñedos. Tendrán entonces un país muy hermoso, y todas las naciones los considerarán muy dichosos. Yo soy el Dios todopoderoso, y les juro que así lo haré.
Malaquías 3:6-12 (TLA)

Antes de analizar estos versículos, ubiquémonos en el contexto y en el trasfondo de los mismos. 

Durante la dominación del imperio persa, a los judíos se les permite regresar a Jerusalén a reconstruir el templo. Años después, Nehemías (el copero del rey Artajerjes) recibe permiso para ir a Jerusalén a reconstruir las murallas de la ciudad, que estaban en ruinas. 

Nehemías es contemporáneo con el rabino Esdras, y toda una generación que no conocía la ley de Moisés. Esdras se dedica a enseñar las sagradas escrituras al pueblo y como consecuencia de ello, un avivamiento surge, el pueblo se arrepiente de sus pecados, y comienzan a enderezar sus pasos de acuerdo a los preceptos divinos. 

Por primera vez en muchísimo tiempo, los judíos vuelven a diezmar para sostener a los levitas en el servicio religioso, tal cual lo disponía la ley y también las ordenanzas que el rey David había dispuesto, con cantores y músicos que alababan y glorificaban el nombre de Dios en el templo. Así había sido establecido por Dios: los levitas no deberían trabajar la tierra para sostenerse, sino que sus hermanos de las demás tribus debían sostenerlos. 

Concluida la obra, Nehemías regresa a Babilonia a dar cuentas de lo que había hecho, y más tarde, vuelve a Jerusalén. Al volver, se encuentra con un panorama desolador. Todo lo que había dejado funcionando bien, ya no funciona. El capítulo 13 de Nehemías nos muestra que los judíos habían dejado de respetar el día de reposo y se habían vuelto a mezclar en matrimonios mixtos con otros pueblos. La corrupción creció tanto, que las autoridades religiosas se quedaban con el diezmo del pueblo para su propio beneficio y no lo repartían entre los levitas ni a los cantores, por lo que estos se fueron del templo a buscar trabajo en los campos para subsistir. Finalmente, luego de esto, los judíos dejaron directamente de diezmar. 

En medio de este trasfondo, aparece la profecía de Malaquías. 

Visto el trasfondo, vamos al contexto. En el primer capítulo, Dios comienza su mensaje reafirmando su amor por su pueblo, pero los israelitas estaban tan lejos de Dios que tienen el atrevimiento de responderle a Dios: “de veras nos amas?”. Israel no creía en el amor de Dios. 

Es importante señalar este hecho: el amor de Dios es la base y sustento de toda la profecía de Malaquías. La razón de ser. La fuente del mensaje. 

Yo soy Malaquías. Dios me dio la orden de comunicarles a ustedes, los israelitas, este mensaje: «Israelitas, Dios los ama». Y ustedes preguntan: «¿Y cómo nos demuestra ese amor?»
Malaquías 1:1-2 (TLA)

Todo lo que continua en la profecía es un clamor desesperado de un Dios acongojado porque su pueblo lo desprecia. Resultó que los judíos le presentaban a Dios como ofrenda animales impuros, que no valían nada porque estaban ciegos, cojos y enfermos, teniendo animales en buenas condiciones para ofrecer, como lo establece el versículo 14. En pocas palabras, la ofrenda que le traían a Dios no tenía valor monetario alguno, puesto que le traían “el clavo”, lo defectuoso, lo que no le iban a poder vender a nadie. Usaban el culto a Dios para sacarse de encima lo que les molestaba de sus ganados. Lo que valía algo, se lo quedaban para ellos. 

Es tal el desprecio que la gente tenía por el culto a Dios que Dios mismo desafía a los judíos a que le lleven esos mismos animales al gobernador de Persia, si tenían suficiente valentía para hacerlo. En otras palabras, no se les ocurría presentarle esa porquería a nadie, y se la presentaban a Dios. Dios les dice: prefiero que cierren el templo y que no haya más actividad religiosa, porque para que me traigan eso de ofrenda, mejor no me traigan nada

Es que Dios no necesita ni de nuestras ofrendas, ni de nuestro coro de hermanos que le cante canciones, ni nada de eso. El mismo se los dice: 

En todas las naciones del mundo hay quienes reconocen mi grandeza, y por eso me presentan ofrendas aceptables. Pero ustedes los sacerdotes hacen todo lo contrario: me faltan al respeto, y desprecian mi altar y las ofrendas que allí se me presentan.
Malaquías 1:11-12 (TLA)

En otras palabras, Dios les dice: miren que yo no necesito sus ofrendas, ni sus cantos, ni sus honores, porque mi nombre es grande en toda la tierra, y en todos lados hay quien me alaba y me honra genuinamente

Entonces, si Dios no necesita nuestras ofrendas, ¿para qué pretende que se le presenten ofrendas, y que encima tienen que ser perfectas, sin mancha ni defecto? La respuesta está en el inicio del mensaje: el amor. 

Yo los amo - dice Dios - y si me van a presentar ofrendas, que sean ofrendas que salgan de un corazón que me ama, que responde a mi amor. Y si nuestro corazón responde al amor de Dios, nuestras ofrendas serán ofrendas gratas, buenas, y no las sobras o lo desperdicios. 

En otras palabras, lo que Dios dice es: “no me tienen que presentar las ofrendas porque está escrito en un reglamento o por cumplir con una disposición. No se traen ofrendas por compromiso. Se traen por amor a mí. Es tan evidente que ustedes no me aman, que desprecian el culto a mi trayéndome desperdicios”

Y eso no acaba ahí. No solo se le ofrecían animales defectuosos e inservibles, sino que encima los sacerdotes expresaban su fastidio con su oficio. Servían a Dios de mala gana y lo decían. 

Y exclaman: “¡Qué hastío!” Y me tratan con desdén —dice el Señor Todopoderoso—. ¿Y creen que voy a aceptar de sus manos los animales lesionados, cojos o enfermos que ustedes me traen como sacrificio? —dice el Señor—.
Malaquías 1:13

Dios está acongojado porque su pueblo, el que él eligió de entre todos los pueblos, no le ama, sino que le desprecia. 

En ese contexto, llega el pasaje leído anteriormente, referente a los diezmos. Repasémoslo. 

Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.
Malaquías 3:10

Lo primero que llama poderosamente la atención en este versículo es el “probadme ahora en esto”. Dios aceptando que su pueblo lo ponga a prueba. Es llamativo porque el mismo Dios nos dio orden de no ponerlo a prueba. 

No tentaréis a Jehová vuestro Dios, como lo tentasteis en Masah.
Deuteronomio 6:16

En Masah no había suficiente agua para beber y el pueblo dudó si Dios estaba con ellos. Dios les hace acuerdo de que esa actitud no debería volver a ocurrir. El pueblo debía confiar en el cuidado de Dios. 

Otro enfoque de esto es el que da el Señor Jesucristo cuando es tentado por el diablo, antes de iniciar su ministerio. 

Y le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo; (…) Respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios.
Lucas 4:9, 12

A Dios no se lo pone a prueba, porque él es soberano y creador; nosotros somos sus criaturas. Dios no miente, nunca falla; por ende, no corresponde que nosotros que somos mentirosos y falibles por naturaleza, lo probemos a él. 

Además, ¿en qué consistiría el probar a Dios con los diezmos? ¿Diezmar tres o cuatro meses y si al cabo de ese tiempo no estoy viviendo en un barrio residencial con tres autos en el garaje, entonces no funcionó y dejo de diezmar? ¿Cuál es la medida del tiempo y la magnitud de la prosperidad mediante la cual se puede medir la prueba?

Es claro que las palabras de Dios dichas a través de profeta tienen otro sentido, y el sentido hay que buscarlo en el contexto y en el trasfondo de la profecía. Una profecía cuya base y tema principal es el amor no correspondido que Dios tiene por su pueblo. Un Dios que ama, y un pueblo que desprecia ese amor. 

Toda la profecía es un clamor desesperado de Dios por llamar la atención de ese pueblo y lograr que lo ame. Un Dios que se humilla a sí mismo, que no guarda orgullo, y que busca una y otra vez que sus criaturas fijen sus ojos en él. 

En ese contexto, el “probadme ahora en esto” es un clamor desesperado de Dios para que el pueblo retome aquellas prácticas que redundarán en su beneficio. ¿Qué prácticas? Rendirle culto a él (lo que implica, entre otras cosas, el diezmo, pero el también el hacer las cosas con ganas, de manera genuina, de buena gana, dándole a Dios lo mejor). No es Dios el que se beneficia cuando le rendimos culto y le traemos diezmos, sino nosotros mismos. Con tal de que diezmen, Dios está dispuesto a que lo pongan a prueba. Como sea, pero vuelvan a diezmar, se los ruego - parece decir.

Nosotros, si nos consideramos cristianos fieles que amamos a Dios, no formamos parte del público objetivo de esta profecía, porque Dios le está hablando a un pueblo infiel, ladrón, y desobediente. Y aun así, siendo el pueblo infiel, ladrón y desobediente, Dios les promete bendición y prosperidad. Si fue capaz de ofrecerle eso a semejante público, ¿no nos dará también lo mismo a nosotros, si somos un pueblo fiel y obediente?

De modo que si somos fieles y amamos a Dios, diezmamos porque le amamos, no por ponerle a prueba. No es un intercambio ni un negocio. No se diezma por avaricia.

El cristiano y el dinero. Capítulo 5.

El diezmo en forma de primicia

Las ofrendas que traigan a mi templo serán de los mejores primeros frutos que produzcan sus campos.
Éxodo 23:19 (TLA).

Nuestra primicia es darle a Dios lo primero de nuestra cosecha o de nuestras ganancias.

Si el primer trozo de pan fue dedicado a Dios, entonces todo el pan está dedicado a él...
Romanos 11:16 (PDT)

Decir que el diezmo es primicia es decir que el diezmo es lo primero que se paga una vez que he obtenido mi ingreso. Esto debe ser hecho así para que el diezmo tenga validez delante de Dios, por al menos dos razones.

En primer lugar, porque Dios es lo primero en nuestra vidas, lo más importante, y por ende, lo primero a ser atendido. 

Y en segundo lugar, porque si una persona espera a cubrir primero todos sus gastos y deja el diezmo para el final a ver si le alcanza para diezmar, el diezmo pasó a ser un sobrante, y no una primicia, y por ende pierde valor. No se está diezmando por las razones correctas, sino porque sobra. Como me alcanzó para pagar todo, entonces doy el diezmo. Eso convierte al diezmo en una limosna. 

Un sobrante nunca tiene el mismo valor que una primicia. El sobrante tiene intrínsecamente la noción de escasa relevancia. Los sobrantes se dan a las personas que menos estimamos. 

Si una persona espera a cubrir todos sus gastos para luego dar el diezmo, es preferible que directamente no lo dé, porque deja de tener valor frente a los ojos de Dios. Si el diezmo se da al final, por más dinero que sea, por más que sea hasta un 15% o un 20%, no interesa: dejó de ser diezmo. En este sentido, ni el diezmo ni ninguna ofrenda valen por su valor monetario, sino que valen por el corazón con el que es dado. 

En términos más ilustrativos y prácticos: si un hermano gana $10.000 y el primer gasto que hace es dar los $1.000 de diezmo, esos $1.000 valen más delante de Dios que los $20.000 que da el otro hermano que cobra $200.000 pero espera a cubrir todos sus gastos primero para entregar el diezmo al final. 

Jesús levantó la mirada y vio a los ricos poniendo sus ofrendas en la caja del dinero del templo. También vio a una viuda pobre que estaba dando dos pequeñas monedas de cobre como ofrenda. Entonces Jesús dijo:
—En verdad les digo que esta pobre viuda dio más que todos los demás. Porque todos ellos dieron de lo que les sobraba, pero ella, a pesar de su pobreza, entregó todo lo que tenía para vivir.
Lucas 21:1-4 (PDT)

Dios no rechazó la ofrenda de Caín porque era de menor valor monetario frente al cordero que presentó Abel. De hecho, no tenemos posibilidad alguna de medir el precio o valor económico de la ofrenda de cada uno. La ofrenda de Caín fue rechazada, entre otros motivos, porque Caín ya era una mala persona.
 
Entonces Dios le preguntó a Caín: «¿Por qué estás tan triste y enojado? Si haces lo correcto, siempre te aceptaré con agrado, pero si haces lo malo, el pecado está listo para atacarte como un león. ¡No te dejes dominar por él!»
Génesis 4:6-7 (TLA)

Mucha gente espera primero obtener más ingresos para luego diezmar. Es una noble pretensión pero errada, porque ubica al diezmo en el último lugar de las prioridades, y además, le da la posibilidad de surgir una vez que obtenga más ingresos, o lo que es lo mismo decir, cuando sobre lo suficiente como para empezar a darlo. Lo cierto es que, aun con esa noble pretensión, si la persona no diezma hoy, difícilmente diezmará mañana. El que no logra ser fiel cuando se tiene poco, difícilmente lo logrará cuando tenga mucho.

Su señor le dijo: «Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor».
Mateo 25:23

Si somos fieles en lo poco, es Dios quien se va a encargar de ponernos en lo mucho. En otras palabras, si hoy digo que no puedo diezmar porque tengo poco, no puedo esperar que Dios me ponga en lo mucho para empezar a diezmar, porque Dios pondrá en lo mucho a quienes son fieles en lo poco. Esto es clave entenderlo, porque la gente que espera a tener mucho para diezmar no logra ver que no es Dios quien los está llevando a lo mucho, porque Dios lleva a lo mucho solo a aquellos que son fieles con lo poco. Así que si tu estás en una etapa en tu vida en donde en materia económica te está yendo bien y estás yendo a lo mucho, pero nunca has diezmado, pregúntate si es Dios quien te está llevando a lo mucho o si lo estás logrando en tus propias fuerzas (o si a alguien más le interesa que te vaya bien sin diezmar…). 

Aquí voy a decir algo que va a rayar con lo escandaloso: no se necesita ser fiel a Dios para prosperar económicamente. Se puede perfectamente prosperar dejando a Dios de lado. No se entrega el diezmo para prosperar. Y si no me creen, miren a su alrededor: la cantidad de personas que no conocen a Dios ni han dado nunca un peso a la iglesia y son más prósperos que la mayoría de los cristianos. Por eso en la Biblia hay referencias en las que se le pide al cristiano que no se impaciente al ver como los que no son creyentes prosperan. 

Para ir a lo mucho en materia económica lo único que hace falta es estudiar y trabajar duro, ser disciplinado, buen administrador, y poco más. No se necesita ser fiel a Dios. Si tu objetivo en la vida es prosperar materialmente, no necesitas ir a la iglesia, necesitas ir a la escuela. Si pones un ladrillo encima de otro, terminarás construyendo una pared, y no importa si eres bueno o malo, cristiano o ateo. 

Esto del diezmo se trata de ser fiel a Dios. Nuestro objetivo diario es ser fiel a Dios. Parte de nuestra fidelidad es el diezmo. Y Dios, en su amor y bondad, nos prosperará y nos dará un buen pasar. Él nos pondrá en lo mucho, de acuerdo a su voluntad, que es siempre buena.