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“Y la tierra estaba desordenada y vacía…” . Génesis 1:2. La Biblia dice que cuando Dios creó los cielos y la tierra, la tierra estaba d...

domingo, 15 de mayo de 2016

Rebaja de IVA

Montevideo, 3 de agosto de 2014.
Publicado en Ecos, Diario El País.
En el 2007 se rebajó un punto al IVA. Si un bien o servicio costaba $100 + IVA ($123), después de la reforma debió costar $122 (0.81% menos). Esa rebaja nunca se vio en las góndolas de los supermercados ni en ningún comercio. Ese punto de IVA que resignó de recaudar la DGI se lo quedó el comercio. Lo que costaba $100 + IVA, pasó de la noche a la mañana a costar $100,813 + IVA.
Ante esto, el gobierno decidió que no iba a cumplir su promesa electoral de una nueva rebaja del IVA en dos puntos de forma directa como en el 2007, sino que decidieron aplicar salvaguardas para que le llegue al consumidor final. Para eso se tomaron cuatro años y cinco meses para pensar cómo hacerlo, para que finalmente la rebaja quede condicionada a complicarle la vida a la gente usando “medios de pago electrónicos”.
A partir de agosto, las compras con tarjetas de débito y dinero electrónico devolverán 4 puntos de IVA, mientras con tarjeta de crédito devolverán 2 puntos de IVA. Pero según el decreto 203/14, la situación definitiva a partir de agosto de 2016, las compras con tarjetas de crédito no devolverán IVA (la devolución es transitoria; art.3), y las compras con tarjetas de débito y dinero electrónico dejarán de devolver 4 puntos de IVA para pasar a devolver 2.
El descuento será 1,82% del precio final si la transacción está gravada por IVA mínimo (10%), y 1,64% si la transacción está gravada por IVA básico (22%). La gran mayoría de los bienes y servicios están gravados por IVA básico. Algunos como OSE, y la educación privada, no están gravados por IVA. Es decir que no se puede establecer un porcentaje promedio de la rebaja, porque dependerá mucho de cuánto pesa cada tipo de bien o servicio en el gasto total, según el tipo de gravamen que le corresponde.
Pero en la hipótesis de mayor descuento, la de 1,82%, suponiendo que una familia gasta mensualmente $20.000, el descuento será $364. Como se dijo, en la realidad el descuento será menor.
Toda esta complicación del uso de tarjetas y otros medios, ¿para ahorrar $300 por mes?
En realidad para nada. Porque es falaz decir que con estas condiciones en los medios de pagos se logrará que la rebaja llegue al consumidor final, porque el comercio tranquilamente podría subir los precios a partir del 1º de agosto pensando que la gente no va a notar la suba de precios cuando vea el precio definitivo una vez operado el descuento.
Es decir, la promesa de rebajar IVA en dos puntos no se cumplió, porque no solo la condicionan a el medio de pago y le complican la vida a la gente, sino que además no es para cualquier compra (como lo fue la rebaja directa del 2007) sino que solo para compras menores a UI4.000 (actualmente aprox. $11.500, o U$S 500). Es decir que si UD se quiere comprar una computadora o un LCD que supere los U$S 500, adiós rebaja.
Ahora, si el gobierno quiere que la rebaja le llegue a todos, podría haber votado una norma especial para las empresas monopólicas estatales, para que a estas se les permita aplicar una tasa de IVA, y no condicionar la rebaja a medios de pago. Por algo no lo hicieron.



esd

Acerca del "paro electoral"

Montevideo, agosto de 2014
Se ha anunciado que el secretariado de la central obrera resolvió hacer un paro general el próximo 18 de setiembre para hacer conocer su posturade cara a las elecciones de octubre.
El Pit-Cnt afirma que hay dos grandes proyectos de país y que si bien ellos nunca va a decir a quién votar, se van a pronunciar sobre qué país quieren.
Me parece absolutamente legítimo que el Pit-Cnt se pronuncie, y también me parece legítimo que, para tal anuncio, utilice el método que más le plazca, en este caso un paro. Es su derecho, ya que gracias a Dios vivimos armónicamente en un país libre, democrático y plural, que son los valores que estoy seguro también persigue el movimiento sindical.
Es más, es bueno que así ocurra, que en estos tiempos de definiciones tan importantes para el país, todos los ciudadanos tengan la libertad de expresarse y manifestarse, porque es en ese intercambio que entre todos construimos el mejor Uruguay.
Y así como defiendo y reivindico el derecho de la central sindical a hacer el paro y la manifestación para la cual han convocado, debe defenderse y reivindicarse el derecho de quienes no coincidimos con la opinión del Pit-Cnt y el Frente Amplio, de maninfestarnos también.
Y en ese sentido, entiendo que debe respetarse a aquellos trabajadores que, afiliados al Pit-Cnt, resuelvan no acompañar ni la medida ni los conceptos que impulsa éste, sin ser acosados ni perseguidos, ni acusados de “carneros” u otras expresiones descalificantes, y sin ser hostigados con amenazas de comparecencia a tribunales de ética o disciplina, o con la expulsión.
Pero ya que han prescindido de hacer el Pit una organización independiente desde el punto de vista político, ojalá den muestras también de ser democráticos y plurales.
Sabido es que los dirigentes del movimiento sindical uruguayo son, en su mayoría, dirigentes de izquierda, que pueden o no militar en el Frente Amplio, pero que tienen su opinión política y que han hecho del Pit una organización que trasciende su objetivo de defensa del trabajador para ir más allá y accionar en dirección al proyecto político que defienden. Y esto también es legítimo y está bien porque los dirigentes del movimiento sindical se han ganado su lugar allí a base de trabajo, militancia, esfuerzo, dedicación y constancia, y además los trabajadores los siguen votando período tras período y les siguen dando ese lugar.
De modo que saludo esta iniciativa del movimiento sindical de expresarse con las esperanzas de que sean respetados los que pensamos diferente, sin ser víctimas de agravios, a efectos de construir un mejor país con paz y sin dividir a los compatriotas entre bandos enemigos. Ya se intentó eso de radicalizar a la sociedad entre bandos enemigos, hace algunos años (muchas más que los que yo tengo sobre la Tierra) y todos sabemos cómo nos fue.

esd

La cultura premio-castigo

Publicado en Semanario Búsqueda el 16 de abril de 2015
Antiguamente, se solía pegarle una palmadita en la mano a un niño cuando éste dirigía sus dedos hacia un enchufe. El niño asociará “enchufe” con “dolor” y no volverá a intentar meter sus dedos allí, no porque sea capaz de razonar que no debe meter los dedos en el enchufe para no electrocutarse, sino para evitar el castigo. Incluso es la forma en que algunos conciben la seguridad ciudadana. Como el delincuente no es capaz de razonar que lo que hizo está mal y no debe hacerse, se le castigará para que asocie el castigo a su mala acción y no la repita. Algunos creen que el castigo es la forma de reeducar o rehabilitar, donde el castigo intentará generar una conducta en el castigado según el deseo de su castigador.
Lo mismo se aplica al contrario, con el premio, el cual daremos a nuestros hijos por haber salvado las materias del liceo. Se esforzará por salvarlas, no por entender que es bueno estudiar, sino por el premio. De esta forma, un sistema basado sobre la lógica premio/castigo intentará estimular determinadas acciones e inhibir otras.
Esta forma de actuar parece estar grabada en la cultura del hombre desde hace mucho tiempo. ¿Cuántas relaciones de pareja se mantienen bajo la coacción de una de las dos partes que amenaza con ruptura a la otra si ésta tiene o no inhibe ciertas actitudes?
Antiguamente, el esclavo obedecía o era castigado; por tanto, obedecía para evitar el dolor. Derogada la esclavitud, un empleado obedecerá para evitar el castigo de ser despedido. La posibilidad del empleador de dejar en desamparo laboral al empleado es, en cierta forma, una manifestación de esclavitud moderna.
¿Cuántas personas quisieran renunciar a su trabajo, por ejemplo por tener un jefe abusivo, y no pueden por miedo a no poder encontrar sustento?
Como lo enseña el Prof. Carlos Delasio en su “Abordaje desde la Teoría Crítica de la Evaluación del Desempeño” (publicado en la plataforma EVA de la Carrera de Relaciones Laborales – UDELAR), los intentos para condicionar la conducta de los trabajadores se basan en el miedo como estímulo, ya sea a perder la fuente de ingresos, o a la exclusión social o al no acceso a determinados niveles de consumo, entre otros.  
En el Estado no es tan fácil despedir, pero aun así existen mecanismos tendientes a condicionar la conducta del funcionario, que se basan en tocar el bolsillo del mismo ya sea mediante el otorgamiento de un premio monetario o todo lo que pueda significar un descuento en el sueldo. “Si llego tarde me lo descuentan del sueldo”, y así el trabajador será puntual para no perder plata, en lugar de entender lo conveniente de la puntualidad y tener tal actitud como parte de su compromiso con la empresa. Termina actuando por acto reflejo.
A algunas empresas esto no les interesa, mientras los empleados “hagan lo que les digamos que hagan”. De esta manera, las empresas “alinean” a sus empleados. Esta expresión alude a estar “en la misma línea de pensamiento y acción”, y aquellos que no estén “alineados” serán señalados como individuos patológicos, excéntricos o neuróticos, su perfil no encajará, y podría eventualmente no ser contratado o considerado para un concurso. Es una de las formas más sofisticadas de acoso moral.
De un tiempo a esta parte se han implementado sistemas de pago por productividad que agregan partidas económicas al salario a cambio de alcanzar ciertos objetivos o de demostrar ciertas conductas. Algunos sistemas incluso vinculan el pago del premio o aumentos salariales al resultado de un sistema de evaluación. Como lo explica Delasio, la preocupación por evaluar el desempeño es una preocupación del empleador y resulta en procesos que siguen una lógica de vigilancia e intervención, y buscan la gobernabilidad de una fuerza de trabajo cada vez más independiente y pensante
Esto ha generado importantes discusiones y conflictos a la interna del movimiento sindical uruguayo, ya que se ha abandonado la tradicional postura de que el salario del trabajador debía crecer por efecto de su derecho de obtener mayor participación en el producido (teoría de la plusvalía), a cambio de que el salario del trabajador crezca por efecto de estos mecanismos pavlovianos de control laboral, ya que en algunos casos los sindicatos han defendido y en otros hasta han propuesto la implementación de pagos por productividad, cumplimiento de metas y/o sistemas de evaluación que condicionen aumentos salariales o partidas.
En la obra de la fundación Peter Drucker titulada “El líder del futuro”, el Dr. Peter M. Senge, escribe un capítulo llamado “El liderazgo de las organizaciones de aprendizaje” donde plantea que la autoridad jerárquica, tal como se ha utilizado de forma habitual, tiende a originar la sumisión y no fomenta el compromiso. Afirma que cuanto más fuertemente se ejerce el poder jerárquico, más sumisión resulta, y a la hora de pretender hacer cambios, afirma que sólo el compromiso puede originar un cambio profundo. Ni las reorganizaciones, reestructuras o reformas modifican las culturas empresariales basadas en el temor y en las actitudes defensivas.
Preocupado por los cambios, el Gerente General del BROU, Lic. Daniel García afirmó el pasado 24 de julio de 2014 en el II Genexus Projects Day organizado por Genexus Consulting que: “lo que me ocupa y me preocupa es el cambio en la gente, que es lo más complicado, cambiar la cultura organizacional, y esa es una tarea de los que lideramos organizaciones (…) que la gente entienda que todo es parte de lo mismo (…), que entiendan que lo que es importante para la colmena, es importante para la abeja, y no al revés, que la abeja se salva sola: eso es imposible”.
Es lógico el planteo; cómo no van a costar los cambios en el Estado si el funcionariado público está muy acostumbrado a asociar “cambios”, “reestructuras”, y “reformas”, con “perjuicio”.
Constantemente y a lo largo de las últimas décadas, ha habido una obsesión en ubicar al funcionario público como centro de todos los problemas del país, criticando su estabilidad laboral y sus beneficios sociales, sin olvidar las exigencias que se les pretende imponer a base de expresiones del tipo “con el sueldo que ganan”, comentario que no resulta feliz, que afecta la dignidad del trabajador y encierra una concepción autoritaria y perimida que pretende que a cambio del salario, el trabajador se debe prestar a cualquier cosa que le exija el empleador.
A su vez, cada vez que se menciona que se reformará el Estado en busca de eficiencia, resulta que dichas reformas han promoviendo reestructuras que tienen el efecto secundario de incrementar el miedo y la desconfianza, generando competitividades internas que tienden a reducir la cooperación y la colaboración, y sin poder dejar afuera los básicos ataques al régimen horario, los feriados y, más recientemente, creando un Procedimiento Disciplinario Abreviado donde un funcionario puede ser suspendido por hasta 10 días sin mediar sumario (principalmente éste último es diáfanamente elocuente y explícito de la filosofía detrás de la reforma).
Ante esta práctica consecuente y constante, es natural que el funcionariado se ponga en estado de alerta ante anuncios de cambios que, por experiencia, ya asume previamente que le serán perjudiciales. Las malas experiencias pasadas han generado ahora un reflejo condicional, que es el núcleo de la dificultad para implementar el cambio en la gente.
Como muestra de esto basta con remitirse al semanario Voces, donde en entrevista al Ec. Fernando Calloia (por aquel entonces, presidente del BROU) entrevistado en noviembre del 2011 dijo que la remuneración variable es un incentivo que alinea y mueve hacia los objetivos, y que bajo su gestión se elaboró un plan estratégico tras el cual se alineó al funcionariado. Afirmó que hay gerentes que solicitan que se les retiren ciertos funcionarios que rinden. Al punto, el periodista pregunta a quién “se le enchufa” un funcionario que no rinde, y si existía (textualmente) “un basurero” para los tales. Calloia responde: “Va a una dependencia “depósito” de funcionarios que no son deseados por nadie, porque su costo es mayor de lo que aporta. Nadie quiere ir ahí porque es deshonroso. Entonces, mejora el desempeño de todo el mundo”. Al periodista no le pareció suficiente tratar al funcionario de basura y saber que se lo envía a un lugar deshonroso, y quiso indagar acerca de si existía algún otro castigo, y pregunta si no se les podía bajar el sueldo. Calloia responde que eso es imposible, pero que al menos “no logran cobrar el incentivo”, tras lo cual aclara que no hay muchos funcionarios de ese tipo “porque se cuidan”. Es decir, porque tienen miedo. Los métodos del sistema son elocuentes: se somete a unos pocos como acto ejemplarizante para los demás.
Si pasar a los individuos por sistemas que evaluación que terminarán por definir que son ineptos y serán enviados a un galpón aislados del resto de la organización, donde las ratas corren carreras, la humedad se filtra por las paredes, y sean sometidos a la deshonra pública como la que se verificó en aquella entrevista, no es un acto de acoso moral y de desprecio por el ser humano, al menos se reconocerá que es una de las expresiones más lamentables y deshumanizantes de la cultura premio/castigo imperante.
Generar compromiso en los empleados como resultado, no de la coacción, sino de un proceso de análisis donde actuarán convencidos y no condicionados puede implicar instancias en las que el empleado aporte, opine, discuta, analice, proponga, para lo cual deberá acceder a información, y por lo general las empresas son reticentes a todo esto.
Si todo lo que gira en torno a las relaciones laborales se trata de estímulos o incentivos, debe reconocerse que esta cultura dominante ha producido personas que no saben responder si no es a base de estímulos y que han fallado los liderazgos que debieron producir compromiso en la gente. Si en el futuro no se quiere seguir produciendo personas que necesitan constantemente un nuevo estímulo para responder, si se quiere tener personas comprometidas, se deberá de comenzar desde hoy a cambiar la cultura.
No hay porqué dudar acerca de las buenas intenciones de una nueva generación de jerarcas públicos que quieran cambiar el paradigma imperante en las relaciones laborales estatales. Pero no será fácil ni inmediato cambiar la cultura vigente que se viene implementando y afianzando hace décadas. Cambiar la forma en que pensamos y concebimos la realidad, en busca de una mejor, es el anhelo colectivo y nos debe encontrar a todos trabajando por eso.



esd

Desagravio a los futbolistas brasileños

Montevideo, junio de 2014
La Federación Alemana de Fútbol lleva adelante un proceso iniciado en 1998 que incluye un programa de formación nacional de jugadores, que nunca se dejó de lado incluso ante la catástrofe de la Eurocopa 2000, cuando el equipo quedó eliminado en primera ronda luego de dos derrotas y un empate. A partir de allí los resultados han sido más que aceptables. 2º puesto en mundial 2002, dos terceros puestos consecutivos en Alemania 2006 y Sudáfrica 2010, y la coronación mundial del 2014.
Pero en la otra esquina, la Confederación Brasileña de Futbol debió, en el momento en que presentó su candidatura, iniciar un proceso al estilo de la selección alemana. No fue así y protagonizaron un pobre mundial en Sudáfrica, una magra participación en la Copa América 2011, para recién ahí empezar a pensar en preparar a la selección de cara al 2014, de la mano de Mano Meneses como DT. Tras las olimpiadas 2012 (donde obtienen medalla de plata), se convoca a Luis Felipe Scolari (campeón del mundo con Brasil en 2002), desconociendo el consejo del refrán que recomienda no cambiar de caballo en la mitad del río, mucho menos a dos años de la copa.
Mucho menos cuando la selección brasileña, por el hecho de tener asegurada una plaza en calidad de anfitrión, se le exonera de ganársela en eliminatorias. Brasil no tuvo, en los últimos dos años previso al mundial, ninguna competencia de exigencia. Y esto es fundamental, porque bajo presión se conoce de qué está hecho el equipo, se puede corregir errores y potenciar capacidades. Así, llegaron a la copa del mundo, con un seleccionado que iba a rendir su primer examen de exigencia en por lo menos cuatro años. Y no dieron la talla.
No llegar a la final era previsible; no así la humillación. La goleada con Alemania fue un golpe durísimo, inmerecido para los jugadores que patrióticamente aceptaron ponerse la camiseta aun en el contexto descripto. Fácil les hubiera sido anticipar lo previsible y excusarse de participar en el mundial (“a mí me llamó Del Bosque antes que Scolari”, dijo uno y zafó olímpico). Sin embargo, en una muestra de valentía y coraje que hay que destacar, aceptaron el reto, no pusieron su orgullo, su nombre, reputación ni imagen por delante de lo que seguramente consideraron un deber sagrado para con su patria, a sabiendas de la posibilidad de lo que efectivamente ocurrió, de escribir su nombre en la historia negra del futbol brasileño. No aceptaron ese lugar por vanagloria, sino ante todo con humildad, como considerándose privilegiados de poder defender a su nación en esta cita.
El público brasileño tiene la mala costumbre de ser lapidario con sus jugadores. Estos hombres se la jugaron, no se guardaron nada, se entregaron por enteros a su país. Lamentablemente el destino les tenía preparada una mala pasada: descolgarían definitivamente la mochila de 1950, pero para colgarse una mucho más pesada.
Me pregunto qué necesidad tenían Scolari y Parreira de ser sometidos a semejante vergüenza cuando ambos tenían en su haber un campeonato del mundo cada uno. No tenían necesidad ninguna de poner en juego la buena reputación que se habían ganado en su país. Sin embargo, no estimaron nada de eso como valioso, y lo sacrificaron por su selección.
Si yo fuera brasileño, a sabiendas de las condiciones en las que aceptaron jugar, estaría orgulloso de ellos, y los silbidos los dirigiría a los negligentes que conducen la CBF, que parecen haberse quedado atrasados en el abc de la gestión moderna de un seleccionado de futbol y que son los verdaderos responsables de esta tragedia deportiva. Lo más sensato hubiera sido darle continuidad al proceso Scolari y apostar firmemente a Rusia 2018, donde seguramente tendrán chances categóricas. Con un desenlace de este tipo a cuestas, no habría otra opción: el equipo se solidificará y crecerá. Basta recordar la publicidad que la propia televisión brasileña emitía cuando la crisis de 1998: “con crisis se crece”.
Además, en el contexto, haber superado la actuación del mundial anterior y haber llegado entre los primeros cuatro no debería ser considerado ni un vejamen ni una vergüenza (más allá del resultado con Alemania). En lo que me es personal, creo que la campaña de Brasil ha sido más que satisfactoria a juzgar por la preparación. Al lado de Brasil, ¿dónde quedaron selecciones con mejor preparación como España (defensora del título), Francia, Italia, Inglaterra y la propia Uruguay?
En el contexto de lo dicho anteriormente, me produce un profundo pesar que se haya festejado la derrota y humillación brasileña como si de una victoria celeste se tratara, desconociendo el hondo drama humano detrás de las lágrimas de David Luiz y del testimonio al borde del llanto de Julio Cesar, haciendo morcilla de la sangre fresca que brota de una herida apenas infligida. Qué lástima que pululen individuos que, cuales buitres, desconocen el contenido humano de los acontecimientos, los vacían de contenido y los rebajan a la categoría de mero entretenimiento.


esd

Acerca de las elecciones del BPS

Montevideo, marzo de 2016
Hay un idea de que elecciones es igual a democracia y no hay nada más lejos de la realidad.
Se realizaron varias elecciones durante la última dictadura militar, y si elecciones fuese sinónimo de democracia, deberíamos decir que los militares fueron unos dictadores democráticos, extremo que a nadie se le pasa por la cabeza.
Democracia es el poder en manos del pueblo. Democracia sería si el pueblo pudiera elegir la totalidad del directorio del BPS y de esa manera incidir en el destino del Instituto. Pero los hechos indican que nuestros gobernantes en realidad no quieren darle tanta posibilidad de incidencia al pueblo. Quieren que se los elija una vez cada 5 años y que eso sirva como una especia de cheque en blanco para que ellos, en nombre de nosotros, puedan hacer lo que quieran, aun cuando nosotros, si pudiéramos, posiblemente haríamos lo contrario.
Todos sabemos que por votar a estos directores sociales, no vamos a incidir en lo más mínimo en el rumbo del BPS. Sus objetivos seguirán siendo definidos por el Poder Ejecutivo, como corresponde. Se hacen campañas con promesas que se sabe de antemano que no se cumplirán, porque los directores sociales son una minoría en la conducción del Instituto.
¿Qué tienen de democráticas estas elecciones? ¿Realmente nos dan la posibilidad de ejercer un poder? Período tras período triunfan los candidatos por activos y pasivos que proponen la eliminación de las AFAP’s. ¿Cuándo las van a eliminar? Nunca, en la medida en que los principales partidos políticos del país las sigan defendiendo. No está en el programa del Frente ni en la agenda de la oposición eliminar el régimen, entonces el mismo seguirá en pie, por más directores sociales que votemos en el BPS. ¿Aguinaldo para los jubilados? Tampoco, no importa cuánto lo prometan, no está en el programa del Frente.
Verdadera democracia sería si el Pit Cnt dejara de mentirnos llenándose la boca con que pretende eliminar las AFAP’s y se dedicara a juntar firmas para convocar un referéndum para derogar el régimen. Ellos lo pueden hacer, ya que lo hicieron (y de ello se jactan) para supuestamente defender el patrimonio público de los malvados neoliberales de los 90 que querían privatizar todo. Sin embargo hoy no lo hacen.
Elecciones donde lo que se elige no cambia nada, no marca rumbo, no incide, no son un ejercicio de democracia, sino más bien un acto panfletario, para que algunos puedan seguir insistiendo en esa mentira de que a cuánto más elecciones más democracia, chantajeando emocionalmente a buena parte del pueblo que sufrió el no poder votar, haciéndoles creer que tienen un cierto poder o incidencia. Todos los costos y la logística de una elección, para un caso como este, no solo es dinero mal gastado, sino que bastardea la herramienta del voto al generar molestias en buena parte de la población que sabe que el acto que fue obligado a ejercer el pasado domingo carecía de todo sentido y utilidad.
Si se abusa de algo tan valioso como las elecciones, al final terminará perdiendo el valor simbólico y la importancia que en la ciudadanía aun representan. O nos dan a elegir la totalidad del directorio para que nuestra opción de veras incida en la conducción del Instituto, o no nos den a elegir nada. No nos hagan perder nuestro tiempo y el dinero de todos en lo que no le aprovecha a nadie, salvo a los propios electos y a los que recibirán algunos favores de parte de éstos, claro está.



esd

Convivencia ciudadana

Montevideo, 5 de octubre de 2014
Publicado en Ecos, Diario El País.
Pocos días atrás concurrí junto con mi esposa a una plaza pública para darle a nuestras hijas un momento de recreación en los juegos infantiles allí presentes. A escasos metros de donde nos encontrábamos hamacándolas, un grupo de cinco jóvenes, de muy buen aspecto, bien vestidos, acompañados de un perro de raza y equipados con termo, mate, en matera de cuero, lentes de sol y smartphones en sus manos, disfrutaban de la soleada tarde, al igual que lo intentábamos hacer el resto de los presentes, pero con un detalle: fumaban marihuana.
El humo exhalado por cada uno de estos jóvenes se dirigía hacia donde estábamos, no solo yo, sino otros padres con otros niños y de esta forma todos, adultos y niños, nos drogamos junto con estos jóvenes.
Me sentí indignado ante una actitud tan egoísta como la de disfrutar de la libertad personal sin importar el perjuicio al prójimo. Tomé a mi familia y me retiré, ofuscado porque entendía que este tipo de actitud no debería ser tolerado pasivamente, ya que los inadaptados terminan conquistando para sí, y para sus caprichos, los espacios que son para el disfrute de todos, y en los cuales todos debemos disfrutar pero sin invadir ni molestar al otro.
Recordé las palabras del asesor del Ministerio del Interior en temas de convivencia urbana, el sociólogo Gustavo Leal, quien en su momento declaró que la pasividad sobre la apropiación de espacios públicos es cultivar la indiferencia. Es que la indiferencia es la consecuencia natural de los que se sienten en situación de debilidad ante el hecho, y terminan, al decir poético de Gastón “Dino”Ciarlo, sintiendo frío y no se quejan. Ya no se quejan.
Como sociedad nos debemos un debate ético para meditar acerca de valores que hoy parecen perdidos, como la cortesía. Afirmó Savater en su artículo titulado Preferir al otro” (tiempodehoy.com) que preferir la conveniencia del otro antes que la nuestra, parece ser “una especie de orgullo en no ser tan animal como a uno le apetecería rabiosamente ser”, ya que “lo natural y espontáneo es que cada uno de nosotros se considere el centro del mundo, el ser más importante que pisa el planeta y ante cuyos apetitos deben inclinarse cielos y cienos”. Lamentablemente, hoy día la cortesía ha perdido paso ante la grosería, como si fuera algo moderno, cuando (Savater termina afirmando) “no hay nada de moderno en la grosería, que es tan antigua como la barbarie frente a la perpetua y frágil novedad de las buenas maneras”.
La grosería no es ni más ni menos que una forma de pereza y la vida civilizada consiste en esforzarse y tomarse molestias. Podrán abundar reglamentaciones y prohibiciones (como la prohibición de fumar en espacios públicos cerrados) pero ninguna ley va a cambiar lo que es exclusivamente dominio de nuestro fuero más íntimo e interno. Debemos tomarnos la molestia de pensar en el otro y comprometernos con acciones de bien para el prójimo. Es la única manera de lograr la paz y la convivencia.


esd

Calmar la furia de los dioses

Montevideo, agosto de 2015
Con el paso de los días va quedando claro algo que parece ser crónico en esta sociedad contemporánea, que gusta más del escándalo que de atender seriamente los problemas para resolverlos.
Los episodios recientes acerca de lo ocurrido en el Sirpa son una muestra de ello. Con asombrosa virulencia se desplegó una arremetida en todos los medios de comunicación y redes sociales apuntando a la cabeza de Jose Lorenzo López, del funcionario que le pegó a un interno en el piso, y de toda la “patota” que se vio en el famoso video de los incidentes en el INAU.
De pronto, todo el mundo se puso de acuerdo. Es una de las pocas veces en que izquierda, derecha, centro, gobierno, oposición, la INDDHH, los radicales y los conservadores cantan al unísono la melodía contra funcionarios públicos y dirigentes sindicales.
Cuánto más pasa el tiempo, más claro queda que el polémico video vio la luz con el único objetivo de dañar la imagen y la moral de los funcionarios y, principalmente, del dirigente sindical aludido. No se ha visto a nadie hacer un análisis, aunque sea somero, de las condiciones de reclusión y trabajo en los centros del SIRPA.
Los jóvenes que allí llegan lo hacen con una violencia latente, y el lugar que los recibe, lejos de intentar neutralizarla, la alienta, en virtud de las pésimas condiciones de reclusión que los albergarán y de la ausencia de programas de rehabilitación contundentes. Entre medio de la violencia que ya traen los internos cuando ingresan y la violencia que generan las condiciones sistémicas, están los funcionarios, también insertos en una situación de violencia y sometidos a un estrés y hostigamiento psicológico sin descanso, ya que estos no tienen manera de rotar.
Este coctel explosivo en algún momento debe detonar y una vez que lo hace, tenemos dos opciones. Una es la de sentarnos a analizar seriamente las causas por las cuales ocurren estas cosas y trabajar para arreglarlas definitivamente. La segunda opción es observar desde la tribuna el video, absolutamente descontextualizado, y procurar el sacrificio de algunas víctimas para calmar la furia de los dioses, que no es más que lo que se está haciendo con el dirigente sindical Jose Lorenzo López y con el funcionario que agredió a un interno en el piso.
En caso de que López caiga, y también lo haga el funcionario que agredió a un interno en el piso, los ánimos de la verdadera patota (la opinión pública) se aplacarán y el resultado de semejante nadería será que todo seguirá igual. Otro dirigente tomará el lugar de López, y otro funcionario en algún momento va a descargar su ánimo sobre otro interno, porque sencillamente quienes deben hacer algo para arreglar esta situación no han hecho más que intentar la caída de algunos hombres para limpiar su imagen y no parecer lo tan incompetente que ya son.
Prueba de esto es que una ministra de Estado, lejos de hacer el mea culpa que le cabe al gobierno por no tomar cartas en el asunto en la raíz de estos problemas, ha aprovechado su posición para obtener la atención de la prensa procurando, no solo la caída de López como dirigente sindical, sino su destitución como funcionario público.
Los que se alzan con la bandera de la defensa de los derechos humanos de los internos, y rasgan sus vestiduras ante estos hechos, bien saben que esto no lo soluciona la caída de uno o dos funcionarios. Bien saben que la responsabilidad es política y está en el más alto nivel, pero ahí no se animan a golpear. Entonces todo queda en un lamentable circo tribunero, que de tan ineficaz que es, raya con la inmoralidad.


esd