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viernes, 1 de mayo de 2020

Guárdalo en el cielo

GUÁRDALO EN EL CIELO 
Por Emanuel Seropián 
Sermón predicado en 
Ministerio Tiempo de la 
Gloria de Dios 
Domingo 03 de 
noviembre 2019, 
año de cielos abiertos
Disponible en Youtube: click aquí 
Introducción 
Hablaremos acerca del amor, pero en su concepción romántica y literaria. Sabemos que manejamos una definición de amor que está lejos de las emociones del hombre, sino que es concebida como una decisión y un compromiso; el amor como pacto de entrega del propio ser en beneficio del otro. 
Pero popularmente se concibe al amor como una emoción, un sentimiento, un impulso interno que nos lleva a realizar acciones que terminan a la postre siendo justificadas en sí mismas por ese mismo impulso. Se suele escuchar: “si es por amor, está bien” o “mientras lo hagas por amor…” y expresiones de ese estilo en donde el amor es algo que nadie sabe definir pero que todo lo justifica. 
En esta ocasión hablaremos del amor pero en esa concepción cultural, en el amor como un sentimiento, una emoción, un impulso interno. 

Donde está tu tesoro… 
No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. 
Mateo 6:19-21 
No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino. Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón 
Lucas 12:32-34 

Si hablamos de amor, hablamos de corazón, porque el corazón en el sentido literario al que refiere la Biblia (no anatómico) es el centro, la totalidad o esencia de todas las cosas o actividades. En particular, se refiere al centro de la personalidad del hombre. 
Hablar del amor o del corazón es vital. Jesús dijo en Mateo 5:8 “bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios”. Si dice “limpio corazón” es porque el corazón puede estar sucio, y eso significa que nuestros impulsos o nuestras motivaciones podrían estar equivocadas, o contaminadas. 
Dice el proverbio: 
Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él. 
Proverbios 23:7 (a) 
¿Pensamiento en su corazón? ¿Es capaz de pensar el corazón? Sí, porque en el hebreo bíblico, corazón y mente eran sinónimos. El hebreo es un idioma más inclinado hacia lo subjetivo que a lo científico, por lo tanto a menudo se encuentran estas faltas de precisión en la terminología veterotestamentaria. Carácter, personalidad, voluntad y mente son términos modernos que ahora representan lo que corazón significaba para los hebreos. 
La ley de la primera referencia, ya mencionada en ocasiones anteriores, nos dice que la primera vez que algo se menciona en la Biblia define el propósito. Esta es la primera vez que se menciona corazón en la Biblia: 
Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. 
Génesis 6:5-6 

Nota: en la Biblia existe una famosa alocución del profeta Balaam en la que afirma que Dios no se arrepiente (Números 23:19) que pareciera contradecir el relato de Génesis donde dice que Dios se arrepintió de hacer el hombre. La aparente contradicción se debe analizar en función del contexto en que ambas expresiones se dicen. La palabra hebrea para arrepentimiento es נָחַם (nakjám) y entre sus varios significados se encuentra arrepentimiento, pero también lamentación, pesar. Aquí la palabra debe entenderse como luego lo reafirma el texto: a Dios le pesó haber hecho al hombre; es decir, le dolía las acciones malvadas que el hombre realizaba de continuo. En cambio, en el momento en que Balaam habla, está haciendo una comparación entre Dios y el hombre y se está refiriendo a que Dios no cambia de parecer o de idea cuando ha decidido hacer una cosa, en contraste con el hombre que puede ser inconstante en sus caminos y un día pensar una cosa, y al otro día pensar otra, sin aparente razón para el cambio; además, lo dicho por Balaam se aplica solamente para el caso específico en que está actuando. 

De modo que aquí queda claro que hablar del corazón refiere al lugar donde se producen los pensamientos y también las emociones. 
Dice la Biblia en Cantar de los Cantares: 
Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo; Porque fuerte es como la muerte el amor; Duros como el Seol los celos; Sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama. Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos. Si diese el hombre todos los bienes de su casa por este amor, de cierto lo menospreciarían. 
Cantares 8:6-7 

¿Qué significa “sello en el corazón”? Emociones, sentimientos, lealtad. La verdadera riqueza consiste en obedecerme de todo corazón. Donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. El amor hace que dispongamos todas nuestras emociones, sentimientos y toda nuestra lealtad hacia la persona que amamos. 
Y, ¿Qué significa “sello en el brazo”? Representa el trabajo y esfuerzo. El amor me impulsa a querer trabajar y esforzarme por aquello que amo. 
Este es un popular versículo que se usa para invitación de bodas. Los novios lo suelen invocar frecuentemente. Es que cuando nos vamos a casar, hacemos un pacto de volcar todos nuestros sentimientos y emociones en favor del cónyuge, le dedicamos a nuestra pareja toda nuestra lealtad y nos comprometemos a trabajar y esforzarnos por ella. 
El amor nos sella. Allí donde tengamos nuestro principal amor, allí pondremos nuestras emociones, sentimientos y lealtad. También, es allí donde dedicaremos nuestro trabajo y nuestro esfuerzo. Cuando amamos a Dios, nuestra devoción (corazón) se direcciona hacia Dios, y nuestro brazo comienza a trabajar para el propósito de Dios. 
Las bolsas celestiales donde ponemos nuestro tesoro nunca envejecen ni se agujerean. 
Si seguimos con el versículo de Cantares, vemos que dice que el amor es fuerte como la muerte, así que conviene que estudiemos algunas características de la muerte para entender al amor.
• La muerte es conquistadora, porque una vez que te agarra, no te deja ir.
• La muerte es más fuerte que la voluntad humana.
• No puedes controlar a la muerte. 
No puedes controlar al amor, el amor te controlará a ti. 
Así que OJO CON EL AMOR. 

Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, por los corzos y por las ciervas del campo, que no despertéis ni hagáis velar al amor, hasta que quiera. 
Cantares 3:5 

Ahí está la advertencia: no despierten al amor hasta que llegue el momento apropiado. 
No saber manejar el amor puede tener consecuencias negativas. Hay que estar muy atentos. 
Por ejemplo. El amor es sanador, por eso las personas dolidas buscan amor. El amor se necesita. Ejemplo: Mujer Samaritana. A cada fracaso matrimonial, la mujer samaritana buscaba uno nuevo. Cuando se encuentra con Jesús, la mujer ya llevaba cinco matrimonios fallidos e iba por el sexto. Jesús llega y le dice en sentido: mujer, si seguís bebiendo de esa agua, vas a seguir teniendo sed. Mejor bebé de mi agua, y no tendrás sed jamás. 
El punto es el siguiente: el amor es sanador, pero SOLAMENTE EL AMOR DE DIOS SANA DEFINITIVAMENTE. El amor humano, el que tu puedes tener por una pareja, un hijo, por tu trabajo o una causa, es apenas una venda, una curita. Te da la sensación de que te sana, te alivia por un tiempo, pero no sana definitivamente. Y no hay nada peor en la vida que encarar proyectos si no estamos sanos. Primero el amor de Dios nos debe sanar, para luego poder encarar otros amores. Si no has sanado interiormente de tus heridas, es todo un riesgo aventurarte al matrimonio, por ejemplo. Y si tu matrimonio está fallando, no creas que teniendo un hijo lo vas a salvar. 
La buena noticia es que Jesucristo venció a la muerte, por lo tanto, Jesucristo que es el amor que conquistó a la muerte. 

Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 
Romanos 8:37 

Otra característica del amor. El amor es fuego. Dice la escritura: 
porque nuestro Dios es fuego consumidor 
Hebreos 12:29
… Dios es amor. 
I Juan 4:8 

El amor es fuego consumidor (Dios es amor). Por lo tanto: NO JUEGES CON FUEGO. 
El amor te puede llevar a donde Dios no quiere llevarte. Y el engaño funciona en el hecho de que a vos te va a parecer que todo está bien porque es amor. 
Por ejemplo, caso adulterio. El cónyuge infiel se justifica en que lo que siente por su amante es amor y que, por ende, va a disolver su matrimonio para formar un nuevo proyecto con su amante. Podrá ser amor, pero no está bien. 

Porque los labios de la mujer extraña destilan miel, y su paladar es más blando que el aceite (…). Aleja de ella tu camino, y no te acerques a la puerta de su casa. 
Proverbios 5:3, 8 
Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida 
Proverbios 4:23 

Este proverbio está diciendo que el corazón determina el rumbo de la vida. 
El amor es también un formidable obstáculo entre Dios y yo 
Lo que se interpone entre yo y Dios 
• ORGULLO (amor a mi mismo y a mis gustos y deseos) 
• DINERO (amor al dinero, raíz de todos los males) 
• PAREJA 
Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón. 
OJO CON LO QUE VES 
El mecanismo es muy sutil. 
1) Necesito amor. 
2) Soy herido en relación al amor verdadero. Ej: amor paternal. 
3) Cuando estás herido, necesitás amor, pero te cuesta recibir amor porque para recibir amor necesitás ser vulnerable. Y ser vulnerable te puede herir. 
4) Se nos ofrece un sustituto (porno). En la pornografía tu te satisfaces sin necesidad de satisfacer a otro. Es todo autogratificación – orgullo. 
Estamos diseñados para amar muchas cosas. DONDE PONGAS TU GRAN AMOR, ESO CONTROLARÁ TODO LO DEMÁS QUE AMES. 
Si amas más a ti mismo que a Dios… 
Si amas más a Peñarol… 
Si amas más a tu familia… 
Si amas más a tu dolor… Hay gente que ama sus heridas, porque el amor a nuestros dolores nos da permiso de hacer lo que queramos. El amor a nuestras heridas es el patio de recreo de la carne. Las expresiones típicas de las personas dolidas son: “por qué vos no sabés lo que me pasó… Por que me hicieron esto o aquello”; y puede ocurrir que una persona no querrá sanarse del trauma porque pierde la excusa para hacer lo que quiera. 
Si haces a Dios tu gran amor, o lo que la Biblia dice “tu primer amor”, Dios controlará todos tus demás amores. Pero si hay otra cosa en primer lugar en tu vida, si tu gran amor es otra cosa, eso controlará el resto de tus amores, inclusive el amor por Dios. Hay gente que hace de su trabajo su gran amor, y quedan de lado su familia, su relación con Dios, etc. 
DIOS TE DICE: HAZME TU GRAN AMOR. (QUE LA GENTE LO DIGA Y QUE SE TOMEN UN TIEMPO PARA ORAR). 
SI ME HACES TU GRAN AMOR, YO VOY A CONTROLAR COMO AMAS LO DEMÁS. 
AMOR AL DEPORTE, A LA COMIDA, A LOS AUTOS, A LAS RELACIONES, A LA MÚSICA. 
Si no haces a Dios tu gran amor, algo más controlará tu amor por Dios. 

Lectura: Cantares 5 

Si Dios es omnipresente, ¿por qué pide permiso para que le abran la puerta? Porque necesita tu consentimiento para entrar en una relación más profunda. Abrir la puerta significa dejarlo entrar a mi vida para que pueda “ver dentro de mi” = INTIMIDAD. 
Vs. 3 te saca de la comodidad. Si quieres algo que nunca has tenido deberás hacer algo que nunca has hecho. Tengo una noticia; Dios aparece cuando quiere. Y por lo general, va a aparecer en un momento inoportuno. En este pasaje la amada parece decir: “justo ahora se te ocurrió aparecer”. Que es como decirle al Señor: ¿justo los domingos a las 6 hay que ir a la iglesia? O ¿justo en este momento en que me quiero dedicar a mi carrera me venis a llamar para servirte? 
Hay muy poca distancia entre el amor lastimado y el odio (celos) 
Pero el amor debe superar obstáculos: el obstáculo de la comodidad, y el obstáculo de que él se vaya y no tomarlo como un abandono o un rechazo. Esto es cuando por fin damos el paso, nos decidimos que queremos buscar a Dios, y empezamos a orar, pero no sentimos su presencia. Oramos, leemos su palabra, pero parece que habláramos al aire o que leyéramos un libro de cuento. No conectamos con Dios. Abrimos la puerta, esperábamos verlo, pero parece que no está. 
A muchas personas les cuesta pasar esta prueba y perseverar en su búsqueda de Dios. Se les desploma el corazón. Había expectativa en encontrar al amado, se levanta, abre la puerta, y no está. 
El tema es que Dios no nos ha abandonado, sino que él desea ser buscado. 
Pero el amor es más fuerte que la muerte y el dolor de no estar encontrándolo es vencido por la fuerza del amor. Supera ese obstáculo y busca a Dios. 
Vs.7 La mujer de campo se mete en un lugar desconocido para ella: la ciudad. Todo por encontrar a su amado. Allí se enfrentará a un obstáculo final: las personas lastimando. Los guardias de la ciudad, representan a las personas que se nos cruzan en la vida, incluso hermanos en la fe, líderes. Los guardias de la ciudad son las personas en las que uno confía que lo cuiden, sin embargo, la lastiman, la desnudan, que equivale a violarla. 
Sin embargo, es tan grande el amor que ella siente por su amado. Que ella dice: 
Estoy enferma de amor 
Enferma de amor – fiebre – control del cuerpo. El amor es algo que no lo puede controlar. 
Ella podría haber dicho: qué sentido tiene seguir buscando a mi amado. Por amar a Dios terminé así. Por amar a Dios me pasó esto o aquello. Sin embargo, ella no lo puede controlar. Está enferma de amor. Necesita ubicar a su amado. 
La pregunta es: ¿por qué? 
¿Por qué aun así, quiere encontrarse con su amado? 

Lectura: Cantares 6. 

Sé que te han lastimado. Así es la vida. Nadie está libre. Pero la pregunta en esta noche es: ¿Podrás superar todos esos obstáculos para encontrarme a mi? Por que yo superé todos los obstáculos para llegar a la cruz y para encontrarme contigo. Ahora es tu turno.

miércoles, 9 de octubre de 2019

Las diaconisas de Jesús


Las diaconisas de Jesús 

No era fácil la vida para las personas en la época en la que Jesús estuvo en la tierra. En particular, la vida en Galilea, una provincia del imperio romano, era dura. La mayoría de las personas vivía de su trabajo como agricultores en el campo, o pescadores.

Pero el sistema de impuestos era sumamente opresivo. Podía llegar hasta la mitad de lo cosechado. Esto hacía que las familias no pudieran llegar con lo necesario a la siguiente cosecha, por lo cual, recurrían a la deuda.

Si no eran capaces de pagar la deuda, perdían su campo y se convertían en jornaleros. Si aún así no lograban saldar sus cuentas, perdían sus casas y acababan por ser esclavos. Muchos hombres no encontraban otra salida que la mendicidad, el delito, y las mujeres, el meretricio.

Jesús andaba principalmente entre las personas más despreciadas de la sociedad, los menos privilegiados. Siempre los vio como víctimas y se preocupó por acercarles el Reino de los Cielos. La Biblia cuenta que Jesús era la alegría en cada reunión. Era conocido como un comedor y bebedor de vino. Se juntaba con publicanos y pecadores.

Para estas personas, el hecho de que alguien tendiera una mesa y quisiera compartir un tiempo de amistad con ellos era algo que sencillamente no ocurría. Tocaba sus corazones. Que alguien quisiera compartir el pan con ellos, no se daba todos los días. Y ese era el mensaje del Reino de los Cielos.

Esto es el Reino de los Cielos: una mesa donde todos tenemos un lugar para celebrar un banquete con el Señor. Están todos invitados. Vengan, pasen.

De hecho, hay una parábola en la que un señor quería celebrar un banquete y no le viene ningún invitado, entonces le dice a su criado que fuera a buscar a los más despreciados de la sociedad, y que los forzara a entrar. No se refiere a forzarlos a entrar en contra de su voluntad, sino a que iba a ser necesarios forzarlos a entrar porque solos no vendrían porque no podrían creer que de veras alguien los estuviera invitando a un banquete. Pensarían que se trataba de una broma de mal gusto, o sentirían mucha vergüenza como para aceptar el convite. Pero el señor le dice: hacelos venir. Este banquete es para ellos y quiero que lo degusten.

Esta circunstancia en la que tenemos personas oprimidas y despreciadas, viviendo mal, no es otra cosa que el fruto del perverso amor al dinero que gobierna nuestra sociedad. Vean nada más el caso del meretricio. ¿Qué es eso sino un hombre al que le sobra plata y que la usa para su satisfacción personal abusándose de la necesidad de una mujer? No le pidas a ese hombre que done su dinero a la caridad. No lo hará. Aprovechará ese dinero para satisfacerse, aun a costa de pasar por encima de la dignidad de los demás.

Pero para que Jesús pudiera llevar a cabo ese ministerio itinerante, de ir por las ciudades y aldeas sirviendo un banquete a las personas menos privilegiadas, necesitaba apoyos materiales y la Biblia nos dice que contaba con el apoyo de un grupo de diaconisas que lo financiaban.
¿Conocía usted a las diaconisas de Jesús?

Se las presento.

Están en el capítulo 8 de Lucas.

Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él, y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes. 
Lucas 8:1-3 

Aquí estamos en presencia de mujeres de la alta sociedad, que manejaban su propio dinero. No es que a las mujeres de la baja sociedad no se les permitiera manejar su propio dinero, es que directamente no tenían dinero. Así que si estas mujeres tenían dinero y lo podían manejar, es porque eran mujeres de la alta sociedad.

Resalta una, llamada Juana, mujer de Chuza, intendente de Herodes, es decir, integrante de la corte del rey, o administrador del rey.

Y aquí se nos dice que servían al señor con sus bienes. El término “servían” proviene del griego diakoneo, de donde deriva la palabra latina diácono.

Estas eran las diaconisas del maestro, es decir, las que ejercían el diaconado para sostener la obra de Jesús.

Pero antes de prestar atención al hecho de que servían al Señor con sus bienes, veamos la motivación que hay detrás de esto. El por qué lo hacían.

Dice el pasaje que estas mujeres habían sido sanadas por Jesús tanto de enfermedades físicas como de ataduras espirituales. Imagínate. Años en las que estas mujeres, teniendo todo el dinero del mundo, no habrían podido ser libres de sus enfermedades y problemas. De pronto, llega Jesús y las sana sin más, y sin pedirles nada a cambio.

Estas mujeres inmediatamente razonaron que, si el dinero no había podido sanarlas, pero Jesús sí, qué sentido tenía seguir aferradas a sus bienes. Cuando más necesitaron de su dinero, el dinero las traicionó. No les sirvió para nada.

Hay un poder muy superior al del dinero que puede cambiar vidas. ¿Qué mejor que acompañar a Jesús poniendo sus bienes a disposición para que cada vez más personas puedan conocer a Jesús y ser liberados de sus problemas?

Estas mujeres acompañaron a Jesús desde Galilea hasta Jerusalen, estuvieron a los pies de la cruz, y fueron las primeras en recibir la noticia de la resurrección.

De la misma manera que estas mujeres, nosotros también hemos sido sanados por Jesús, liberados por Jesús, bendecidos por él.

Por eso traemos nuestros diezmos y ofrendas. No por obligación, no porque una organización nos lo exige. Jesús nunca pidió ofrendas. Las personas se veían impulsadas a ofrendar como gratitud a él.

Así también nosotros hoy tenemos la oportunidad de ser diáconos del maestro con nuestros bienes, porque tenemos el deseo de que cada vez más personas puedan experimentar lo que nosotros hemos vivido. 

Cuando una persona ama a otra, va a querer hacer todo lo que la otra persona anhela, para satisfacerla. Así también nosotros, si amamos a Dios, vamos a querer hacer lo que él anhela, y ¿qué otra cosa anhela más nuestro Señor que poder alcanzar a cada persona con el evangelio?

Es el anhelo del corazón de nuestro amado: alcanzar a todos.

¿Cuál es nuestro anhelo? Poder cumplir el anhelo de él.

lunes, 18 de diciembre de 2017

Adviento 2017 – Semana #3: Abnegación. Reflexión #1

Adviento 2017 – Semana #3: Abnegación. Reflexión #1 

Abnegación: Renuncia voluntaria a los propios deseos, afectos o intereses en beneficio de otras personas.

Se acerca la Navidad y si hay un ejemplo de abnegación admirable es el de María, la madre de Jesus.

Nada más imagínate la vida de María. Era una jovencita comprometida para casarse, virgen, y de buena familia. Sus planes eran esos: casarse y formar su familia, ser una buena esposa para José y una buena madre para sus hijos. De la noche a la mañana todos sus planes se ponen en riesgo.

Un ángel del Señor se le presenta y le anuncia que ella había sido escogida por Dios para llevar en su vientre al Salvador del mundo. “¿Cómo será esto posible si soy virgen? ¿Cómo voy a quedar embarazada?” El ángel le dice que el poder del Altísimo le cubriría y engendraría al niño en su interior.

En ese momento, María podría haber pensado mil cosas y haber calculado los riesgos de tal situación. Decir que había quedado embarazada sin que José la haya tocado aun iba a ser interpretado por el resto del pueblo como que María anduvo con otro, engañando a su futuro marido y teniendo intimidad con un hombre sin estar casada: le esperaba la muerte por lapidación. En concreto, la hubieran apedreado. Se quedaría sin su sueño de ser esposa y madre. Se quedaría sin nada, y además, muerta. ¿ Todo por decir que sí a un loco plan de Dios?

Al decir que sí al ángel, María asumía un montón de riesgos y una incertidumbre enorme. No sabía cómo José iba a reaccionar. Incluso la primera reacción de José fue mala, la quiso repudiar. Imagínate la noche que habrá pasado María luego de que José le dijo que la iba a repudiar. Pero para su fortuna, Dios habló con José y le confirmó el asunto, y éste no la repudió.

María podrían haberle dicho al ángel: “Mirá, yo ya tengo planes y los quiero llevar adelante con tranquilidad, no me compliques, búscate a otra”. “Me arriesgo mucho, no; gracias”. Pero María sabía quién le hablaba. Era el mismísimo mensajero de Dios. María sabía que Dios no haría nunca algo para su mal. En el fondo tenía la plena convicción de que podía entregarse confiadamente a las manos de Dios para que Su plan se cumpliera. María dijo sí. Y Dios cuidó de cada detalle para que ningún sueño de María cayera por la borda. María se casó, fue esposa y madre y sin dudas la mujer más privilegiada de la historia de la humanidad.

 ¿Y tú? ¿Aceptarías el llamado de Dios sin medir las consecuencias? ¿Te entregarías por completo a él?

Dios es abnegación y entrega. Se entregó por completo, no escatimó nada. Ni siquiera a su propio hijo. Para cumplir su plan, necesitó de María, otra abnegada; otro ejemplo de entrega.

Dios busca personas con su mismo carácter. Si en una semana vamos a estar celebrando la navidad, es gracias a que hubo una mujer abnegada, llena de fe y confianza en Dios, que aceptó ser un instrumento en manos del Creador.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Adviento 2017 – Semana #2: Paz. Reflexión #2

Adviento 2017 – Semana #2: Paz. Reflexión #2 

El Regalo de Dios es VIDA ETERNA en Cristo Jesús nuestro Señor. 
Romanos 6:23 
Todo bien y todo regalo perfecto vienen de arriba, del Padre de las luces. 
Santiago 1:17 

Estamos en las semanas previas a la navidad y no parece lógico que hablemos de la muerte de Jesús; eso quedaría para pascuas. Pero resulta imposible: Jesús nació para morir. Ese era su cometido. Dar su vida por un determinado propósito. Por eso quizás los sabios del oriente (los reyes magos) le obsequiaron mirra a María. Ellos obsequiaron oro (presente para un rey) proclamando a Jesús como Rey, obsequiaron incienso (usado para rituales de adoración divina) proclamando a Jesús como Dios, y mirra (sustancia resinosa aromática usada para embalsamar a los muertos) proclamando que este niño que acababa de nacer, iría a morir. Bueno, en definitiva, todos vamos a morir. 

Ya se sabe que todo niño cuando nace, algún día va a morir. ¿Cuál es la necesidad de resaltar ese hecho, que siempre es triste, en un momento tan feliz, como el de un nacimiento? Es que la muerte de Jesús sería algo especial. 

La ley de Dios indica que los padres no pagarán por el pecado de los hijos, ni viceversa, sino que cada uno dará cuenta de sus propios actos. No es que hoy estemos pagando el pecado de Adán, sino que todos somos pecadores y merecemos castigo por nuestras propias malas acciones. 

Sí, es cierto que gracias a Adán nuestra naturaleza es pecaminosa, no parece racional que ante cada acto malo de nosotros, escapemos al son de: “ah bueno, culpa de Adán”. El castigo que merecemos no es el castigo por los actos de Adán, sino por nuestros malos actos. Y como se detalló en la reflexión anterior, en la medida en que cada ser humano tiene la potencialidad de cometer actos atroces, viviremos en un mundo rodeado de maldad. 

La buena noticia es que Jesús nació y se convirtió en PRÍNCIPE DE PAZ. Y lo es porqué sufrió lo peor que la humanidad le puede hacer a una persona. Él venció a la muerte y es quien puede derrotar el mal en nosotros. Gracias a su muerte, Él pagó el castigo que deberíamos pagar nosotros y nos da la posibilidad de acercarnos a Él y entregarle nuestra humanidad para que Él ponga paz en nuestros pensamientos e impulsos. 

Hubo un tiempo cuando el rostro de la humanidad era hermoso y agradable. Pero eso era antes de la maldición, antes que las sombras cayeran sobre Adán. A partir de ese día, hemos sido diferentes. Bestiales. Feos. Despreciables. Cascarrabias. Hacemos las cosas que sabemos que no debemos hacer y después nos preguntamos por qué las hicimos. Momentos después, comienza el remordimiento. 

"¿Por qué habré hecho eso?" 

La Biblia nos lo explica: No hago lo que quiero, sino lo que no quiero, eso hago (Romanos 7:15). La maldad en su máxima expresión se manifestó cuando Jesús fue azotado, torturado y escupido, para luego ser crucificado, sin haber cometido pecado alguno. Los soldados romanos sometieron a Jesús a un tratamiento indigno, infrahumano. Solamente odio salía de cada golpe, de cada insulto, y del escupitajo que le propinaron a un ya medio muerto Jesús. Un inexplicable placer en ver el dolor y la desgracia ajenas. Una ausencia total de empatía. 

No es agradable escribir acerca de estas cosas, pero debemos enfrentar el hecho que hay algo bestial dentro de cada uno de nosotros. Alguien que nos hace hacer cosas que aun a nosotros nos sorprenden. 

"¿Qué hay dentro de mí?" 

Para esa pregunta, la Biblia tiene una respuesta de seis letras: P-E-C-A-D-O. Hay algo malo -bestial- dentro de cada uno de nosotros. El pecado. No es que no podamos hacer lo bueno. Lo hacemos. Lo que pasa es que no podemos dejar de hacer lo malo. Nuestras obras son feas. Nuestros actos, rudos. No hacemos lo que queremos, no nos gusta lo que hacemos y, lo que es peor (si hay algo aun peor), no podemos cambiar. Tratamos de hacerlo, sí. Pero: 

¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal? 
Jeremías 13:23 

Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden. 
Romanos 8:7 

Para confirmar la eficacia de esta afirmación, se propone el siguiente reto: durante las siguientes 24 horas debes intentar vivir una vida sin pecado. ¿No puedes? ¿Una hora? ¿Cinco minutos? Esto significa que tenemos un problema. Somos pecadores. Y esto es lo que nos merecemos por ser pecadores: 

La paga del pecado es muerte (Romanos 6:23) 
Sin santidad nadie verá al Señor (Hebreos 12:14) 
La ganancia del impío es castigo (Proverbios 10:16) 

Jesucristo llevó toda esa maldad a la cruz. Cargó sobre sus hombros toda la maldad de la humanidad representada en los actos atroces de los que fue víctima. Y al cargar toda la maldad del hombre y llevarla a la cruz, literalmente mató la maldad. Venció al mal. Lo clavó en la cruz junto con Él. 

Isaías 50:6: no escondí mi rostro de injurias y de escupitajos. 

Esto significa, concretamente, que cada día podemos acercarnos en oración a Jesús y pedirle que tome nuestra humanidad y la crucifique junto con él. De esta manera, nuestros impulsos quedan sometidos voluntariamente al señorío de Cristo y podremos desarrollar un carácter pacífico. 

Si tan solamente todas las personas sometieran sus impulsos al dominio de Cristo, tendríamos cada vez menos actos de maldad, y tendríamos un mundo de paz. 

Jesús es el Príncipe de Paz, quien sufrió en sí mismo el castigo que era para nosotros y quien tiene todo el poder de intervenir nuestro carácter, para que tengamos un mundo más pacífico. 

Romanos 6:23. Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. 

 En cada oportunidad de recordar el nacimiento de Jesús, recordemos que su nacimiento también es el comienzo de una nueva oportunidad para la paz.

domingo, 10 de diciembre de 2017

Adviento 2017 – Semana #2: Paz. Reflexión #1 

Desde el momento en que Adán y Eva comieron del fruto prohibido, abrieron la puerta al mundo a un elemento que hasta ese momento estaba excluido: el mal. Dios puso a la tierra bajo el mando de Adán y una vez que éste pecó, su pecado tuvo efectos sobre esa tierra que tenía a su cargo. Desde ese momento, el mundo pasó a tener el combo competo: el bien y el mal. 

Hoy en día vivimos en un mundo donde abundan tanto las obras de bien como las de mal. Pero las obras malignas son las que más nos impactan y nos duelen. Muchas veces nos hacen sentir la percepción de que es mayor el mal que hay sobre la tierra, que el bien. De hecho, no estamos muy equivocados. Jesús, refiriéndose a los últimos tiempos, dijo: “por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” (Mateo 24:12). 

A menudo vemos actos atroces, cometidos por personas a las que rápidamente nos apuramos a juzgar y condenar. Pero el detalle está en que, en realidad, cada uno de nosotros, en tanto somos hijos de Adán, tenemos la posibilidad de cometer maldad. Desde que Adán comió del fruto prohibido, ingresó un personaje a la escena, que pasó a formar parte de nuestra naturaleza. Su nombre: PECADO. El pecado que habita en nosotros nos conduce a hacer cosas malas. Algunos tenemos más o menos capacidad de refrenar nuestra maldad, pero todos, en mayor o menor grado, hemos cometido alguna maldad alguna vez, y las seguimos cometiendo. 

Ya sea una acto cruel, inhumano, o una pequeña maldad, todas tienen un mismo origen: el pecado que habita en nosotros. Nuestros impulsos humanos están siempre enemistados con el bien, porque no pueden someterse a la ley divina, ni tampoco pueden (Romanos 8:7). Por más que nos esforcemos, no podemos hacer siempre el bien. El Apóstol Pablo nos enseñó que hacemos el mal que no queremos hacer. 

La buena noticia es que Jesús nació. Él es el PRÍNCIPE DE PAZ. Y lo es, porqué sufrió lo peor que la humanidad le puede hacer a una persona. Él venció a la muerte y es quien puede derrotar el mal en nosotros. Pero sobre eso reflexionaremos en la próxima entrega.

martes, 5 de diciembre de 2017

Adviento 2017 – Semana #1: Amor. Reflexión #2

Adviento 2017 – Semana #1: Amor. Reflexión #2

¿Qué es el amor? Es una decisión racional que implica dar la vida por el otro. No tiene nada que ver con las emociones, y ni siquiera es romántico. El amor es una decisión personal que se toma y se sostiene SIN IMPORTAR CÓMO LOS DEMÁS RESPONDEN.

Dios decidió amarnos desde antes de crearnos, por tanto, la decisión de amor de Dios se hizo sin esperar nuestra respuesta. Nuestra decisión de apartarnos de Dios (el pecado) nos mereció la muerte, el castigo. Pero Dios se levanta por encima de eso y nos obsequia la vida eterna a través de Jesús. Sólo tenemos que querer aceptar ese regalo.

Pero lo importante es que Dios nos ofrece ese regalo sin importar nuestra respuesta ante su gesto. Él no se sentó a esperar a ver si el hombre quería ser salvado. Nos salvó igual, porque el amor impulsa a tomar decisiones sin esperar la acción del otro. Si algo ha de hacerse por amor, ha de hacerse, no importa cómo actúe el otro.

Ese concepto de amor de Dios, incondicional, desinteresado, y muchas veces no correspondido, es muy distinto al concepto de amor que tenemos los humanos. Nosotros solemos hacer cosas buenas por los demás, en la medida en que los demás luego respondan adecuadamente a nuestros actos, o hacemos buenos actos en respuesta a buenas acciones recibidas. Pero nos cuesta enormemente hacer actos buenos para con aquellas personas que ignoran nuestra existencia, o que responden hostilmente a nuestras acciones.

Dios nos enseña que el amor no tiene porqué ser recíproco. Las Escrituras nos muestran precisamente esto: Dios nos amó primero y nosotros respondemos a su amor (1º Jn. 4:19). No al revés. No es que Dios nos amó luego de ver nuestra acción de amor hacia Él.

Esto nos conduce a un punto importante: Dios no te echa en cara el regalo que ha logrado para ti. Nosotros, sin Dios, no somos nada; pero Dios sin nosotros sigue siendo Dios. Él ha dado la muestra más grande de amor que se puede dar.

Y lo hizo para que, en el marco de la libertad, tu elijas.

domingo, 3 de diciembre de 2017

Adviento 2017 – Semana #1: Amor. Reflexión #1

Adviento 2017 – Semana #1: Amor. Reflexión #1 

Introducción previa: ¿Qué es el Adviento? Es un período aproximado de cuatro semanas antes de la Navidad, en el que los cristianos se preparan espiritualmente para celebrar la venida de Jesús. La palabra “Adviento” proviene en latín del verbo advenir que significa venir o llegar. El adviento es el tiempo de la espera de la llegada del Señor. Las fechas del Adviento se fijan entorno a las fechas de la Navidad. Siempre cuenta con cuatro domingos, aunque las semanas no sean completas. Empieza el domingo cuarto anterior a la Navidad, que en 2017 será desde el domingo 3 de diciembre hasta el domingo 24 de diciembre. En cada semana previa se reflexiona acerca de un tema. Para este 2017, he elegido los siguientes temas, en orden: Amor, Paz, Abnegación, Esperanza.

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Un vínculo de amor genuino es aquel que se da en un marco de libertad: libertad para elegirse entre las personas que se vinculan. Y, sobre todo, libertad para que una de las dos partes decida finalizar el vínculo. Cuando Dios crea al hombre, lo hizo con la intención de generar un vínculo de amor entre Él y su creación. Pero para que ese vínculo fuera genuino, el hombre debería tener la oportunidad de poder rechazarlo, para que el amor entre Dios y el hombre se sustentara en una decisión libre y voluntaria de éste último, y no en el resultado de la existencia de una única e inevitable opción.

Eden. By Ron DiCianni


Es por esa razón que Dios pone en medio del jardín al árbol del bien y del mal, para que el hombre tenga la oportunidad de rechazar a Dios. Y lo hace.

Pero así como el vínculo genuino del amor implica la libertad para que una de las partes finalice el vínculo, también implica el derecho de la otra parte de no querer resignarse a que el vínculo finalice y tender un puente en caso de que la parte que rompe el vínculo se arrepienta y quiera volver. Siempre en el marco de la libertad. Y precisamente, Dios no hizo al hombre para perderlo. Dios necesitaba, no solamente crear al hombre, sino planificar de qué manera iba a lograr que el hombre, en caso de rechazarlo, tuviera un camino de regreso, si deseara volverse a Dios.

Ese camino de regreso no sería fácil. La consecuencia de alejarse de Dios es la muerte y desde que Adán y Eva decidieron alejarse de Dios, todos estamos destituidos de su Gloria. Solo la muerte del Hijo de Dios, de Jesúcristo, Hombre sin pecado alguno, podía pagar el precio para nuestra salvación. Por causa de nuestro pecado, nosotros solo merecemos castigo, pero Jesús se puso en nuestro lugar y recibió ese castigo sobre sí mismo, pagó el precio, y se convirtió, de esa manera, en el camino de regreso al Padre.

Todos nosotros tenemos la oportunidad de decidir, si queremos, volver al Padre; volver a nuestro creador. El camino está hecho. Solo hay que querer transitarlo (Ap.3:8.).

Pero lo más maravilloso de esto es que Dios sabía que, en caso de que el hombre decidiera rechazarlo, su Hijo debería ser entregado para salvación del hombre. Y eso lo sabía ANTES DE CREAR AL HOMBRE. No es que Dios creó al hombre, el hombre lo rechazó, y recién ahí Dios dijo: “Uia! Y ahora, ¿como arreglo esto?” No. Dios tenía todo planificado previamente: la creación del hombre y la fórmula para recuperarlo en caso de que se perdiera.

Y aun así, sabiendo de antemano que el precio que iba a tener que pagar para recueprar al hombre iba a ser la tortura, el sufrimiento y la muerte de su Hijo Unigénito, aun así, creó al hombre.

¿Cuántos de nosotros haríamos algo sabiendo que de antemano nos va a costar la vida de uno de nuestros hijos? Pues Dios lo hizo. Nos creó aun a riesgo de tener que dar la vida de su Hijo Amado. Esa es la magnitud del amor de Dios por nosotros.

“Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”.

Romanos 6:23 (RVR1960)

martes, 7 de noviembre de 2017

Extracto: Él escogió los clavos

El Regalo de Dios es VIDA ETERNA en Cristo Jesús nuestro Señor. 
Romanos 6:23 
Todo bien y todo regalo perfecto vienen de arriba, del Padre de las luces. 
Santiago 1:17 

 ¿Te has preguntado por qué Dios da tanto? Podríamos existir con mucho menos. Pudo habernos dejado un mundo plano y gris; no habríamos sabido establecer la diferencia.
Si nosotros hacemos regalos para demostrar nuestro amor, ¿cuánto más no querría hacer Él? Si a nosotros -salpicados de flaquezas y orgullo- nos agrada dar regalos, ¿cuánto más Dios, puro y perfecto, disfrutará dándonos regalos a nosotros?
Jesús preguntó: Si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿Cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le piden? (Mateo 7:11).

¿Qué habría sido de la Bestia si la Bella no hubiera aparecido? Tu conoces la historia. Hubo un tiempo cuando su rostro era hermoso y su palacio agradable. Pero eso era antes de la maldición, antes que las sombras cayeran sobre el castillo del príncipe, antes que las sombras cayeran sobre su corazón. Y cuando esto ocurrió, él se ocultó. Se recluyó en su castillo, con su hocico reluciente, sus colmillos encorvados y un talante horrible. Pero todo eso cambió cuando llegó la joven.
Me pregunto, ¿qué habría sido de la Bestia si la Bella no hubiera aparecido? O, ¿qué habría pasado si ella no hubiera tenido la actitud que tuvo con él? ¿Quién habría podido reprocharla? Él era... ¡una bestia! Velludo. Le corría la baba. Rugía cuando quería decir algo. Su aspecto aterrorizaba. Y ella era una belleza. Adorable. Amable. Si en el mundo dos personas correspondieran fielmente a sus nombres, estas serían la Bella y la Bestia. ¿Quién habría podido criticarla si ella no le hubiera prestado atención?
Pero ella lo hizo. Y porqué la Bella amó a la Bestia, esta llegó a ser más hermosa.
La historia nos resulta familiar, no porque sea un cuento de hadas sino porque nos recuerda a nosotros mismos. Dentro de cada uno de nosotros hay una bestia. Pero no siempre fue así. Hubo un tiempo cuando el rostro de la humanidad era hermoso y el palacio agradable. Pero eso era antes de la maldición, antes que las sombras cayeran sobre el jardín de Adán, antes que las sombras cayeran sobre el corazón de Adán. Y a partir de la maldición, hemos sido diferentes. Bestiales. Feos. Despreciables. Cascarrabias. Hacemos las cosas que sabemos que no debemos hacer y después nos preguntamos por qué las hicimos. Momentos después, comienza el remordimiento.
"¿Por qué habré hecho eso?".

No hago lo que quiero, sino lo que no quiero, eso hago. 
Romanos 7:15. 

Pablo no es el único personaje de la Biblia que tuvo que trenzarse a golpes con la bestia que había dentro de él.

Pero la maldad de la bestia nunca fue tan grande como el día que Cristo murió.

Los soldados encargados de la ejecución de Jesús querían ver sangre. Así es que azotaron a Jesús. El azote legionario estaba formado por tiras de cuero con pequeñas bolas de plomo en sus puntas. Lo que se quería conseguir con eso era golpear al acusado hasta dejarlo medio muerto y luego parar.
La ley permitía treinta y nueve azotes, pero casi nunca se llegaba a este número. Un centurión vigilaba la condición dle preso. Cuando le soltaron las manos y se desplomó, no hay duda que Jesús estaba cerca de la muerte.
Los azotes fueron lo primero que hicieron los soldados. La Crucifixión fue lo tercero.
No culpamos a los soldados por estas dos acciones. Después de todo, solo cumplían órdenes. Pero lo que cuesta entender es lo que hicieron mientras tanto. Esta es la descripción que hace Mateo:

Jesús fue golpeado con azotes y entregado a los soldados para que lo crucificaran. Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al palacio del gobernador y allí se reunieron alrededor de él. Le quitaron la ropa y le pusieron una túnica roja. Usando ramas con espinas, hicieron una corona, se la pusieron en la cabeza y le pusieron un palo en su mano derecha. Luego los soldados se inclinaron ante Jesús y se burlaron de él diciendo: "¡Salve, Rey de los judíos!" Y lo escupieron. Luego le quitaron el palo y empezaron a golpearlo con él en la caabeza. Después que hubieron terminado de hacerlo, le sacaron la túnica y lo volvieron a vestir con su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo. 
Mateo 27:27-31 

La tarea de los soldados no era otra que llevar al nazareno al cerro y ejecutarlo. Pero ellos tenían otra idea. Antes de matarlo, querían divertirse un poco con él. Soldados robustos, armados y descansados formaron un círculo alrededor de un carpintero de Galilea desfalleciente y casi muerto, y se dedicaron a golpearlo. Los azotes fueron ordenados, lo mismo que la crucifixión. Pero, ¿quién podría encontrar placer en escupir a un hombre medio muerto?
Jamás un escupitajo puede herir el cuerpo. No puede. Se escupe para hacer daño en el alma, y ahí sí que es efectivo. ¿Qué era lo que los soldados estaban haciendo? ¿No se estaban elevando a expensas de otro? Se sentían grandes a través de empequeñecer a Cristo.
¿No has hecho eso tu también alguna vez? Quizás nunca hayas escupido a alguien, pero sí has hablado mal de alguien. O quizás lo has calumniado. ¿Has alzado alguna vez tu mano impulsado por la ira, o quitado la vista con arrogancia? ¿Has alguna vez hecho que alguien se sienta mal para tu sentirte bien? Eso fue lo que los soldados hicieron a Jesús.

Cuando tu y yo hacemos lo mismo, también se lo estamos haciendo a Jesús.

Te puedo asegurar que cuando lo hiciste a uno de los últimos de estos mis hermanos y hermanas, me lo estabas haciendo a mi. 
Mateo 25:40 

Como tratamos a los demás, así tratamos a Jesús.

No es agradable escuchar decir estas cosas, pero debemos enfrentar el hecho que hay algo bestial dentro de cada uno de nosotros. Alguien que nos hace hacer cosas que aun a nosotros nos sorprenden. ¿No te has sorprendido a ti mismo? ¿No te has visto reflejado en algo que has hecho y que te ha hecho preguntarte: "¿Qué hay dentro de mí?" 
Para esa pregunta, la Biblia tiene una respuesta de seis letras: P-E-C-A-D-O. Hay algo malo -bestial- dentro de cada uno de nosotros. Esto es lo que representa la escupida: el pecado.
No es que no podamos hacer lo bueno. Lo hacemos. Lo que pasa es que no podemos dejar de hacer lo malo. Nuestras obras son feas. Nuestros actos son rudos. No hacemos lo que queremos, no nos gusta lo que hacemos y, lo que es peor (si hay algo aun peor), no podemos cambiar.
Tratamos de hacerlo, sí. Pero:

¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal? 
Jeremías 13:23 

Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden. 
Romanos 8:7 

Para confirmar la eficacia de esta afirmación, se propone el siguiente reto: durante las siguientes 24 horas debes intentar vivir una vida sin pecado. ¿No puedes? ¿Una hora? ¿Cinco minutos?
Esto significa que tenemos un problema. Somos pecadores. Y esto es lo que nos merecemos por ser pecadores:


  • Porque la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23) 
  • Sin santidad nadie verá al Señor (Hebreos 12:14) 
  • La ganancia del impío es castigo (Proverbios 10:16) 


Todo esto está representado en nuestros escupitajos. Y observa lo que hace Jesús con nuestra inmundicia. La lleva a la cruz.
Isaías 50:6: no escondí mi rostro de injurias y de escupitajos.
Romanos 6:23. Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. 

La corona de espinas 

Un soldado no identificado tomó ramas: suficientemente maduras como para tener espinas, suficientemente flexibles como para doblarse e hizo con ellas una corona de escarnio, una corona de espinas. A través de las Escrituras las espinas simbolizan las consecuencias del pecado, no el pecado. Después que Adán y Eva hubieron pecado, la tierra fue maldecida y Dios le anuncia al hombre que a causa del pecado "espinos y cardos te producirá (la tierra)". Génesis 3:18.
"Espinos y lazos hay en el camino del perverso" Proverbios 22:5
El fruto del pecado es espinas, púas, lancetas afiladas que cortan.
Veamos el espinoso terreno de la humanidad y sintamos sus punzadas: verguenza, miedo, deshonra, desaliento, ansiedad. Todas estas cosas nos punzan como espinas y en medio de un arbusto espinoso de todas estas cosas hemos quedado atrapados.
Esto no ocurrió así con el corazón de Jesús. Al no haber cometido nunca pecado, tampoco nunca sufrió las espinas del pecado. Nunca conoció lo que nosotros enfrentamos diariamente. Jamás sintió ansiedad, nunca se turbó, jamás sintió culpa, nunca tuvo miedo. Jesús nunca se apartó de Dios y nunca conoció los frutos de pecado HASTA EL DÍA QUE LE CLAVARON ESA CORONA DE ESPINAS: hasta el día que él mismo se hizo pecado por nosotros. Y cuando tal cosa ocurrió, todas las emociones del pecado se volcaron sobre él, como sombras en una foresta. Se sintió ansioso, culpable, solo. Llegó a gritar "Dios mio, Dios mio, porqué me has desamparado" (Mateo 27.46). Estas no son las palabras de un santo, sino el llanto de un pecador.
Jesús llevó sobre sí mismo el pecado y el fruto del pecado, para salvarnos, pero la decisión de aceptar su regalo es nuestra.

Abel y Caín, ambos hijos de Adán. Abel escoge a Dios. Caín escoge matar. Y Dios lo deja escoger.

Abraham y Lot, ambos peregrinos en Canaán. Abraham escoge a Dios. Lot escoge Sodoma. Y Dios lo deja escoger.

David y Saúl, ambos reyes de Israel. David escoge a Dios. Saúl escoge el poder. Y Dios los deja escoger.

Pedro y Judas, ambos niegan al Señor. Pedro busca misericordia. Judas busca la muerte. Y Dios los deja escoger.

DIOS NOS PERMITE HACER NUESTRAS PROPIAS DECISIONES.

Mateo 7:13-14 Tenemos para elegir: la puerta angosta o la ancha, el camino angosto o el ancho, la muchedumbre o la compañía de pocos.

Mateo 7:24-27 Tenemos para elegir, construir sobre la roca o sobre la arena.

DIOS PERMITE ELECCIONES ETERNAS, y tales elecciones tienen consecuencias eternas. Esto es lo que representan los dos ladrones crucificados a los lados de Jesús. ¿Porqué fueron crucificados dos ladrones junto a Jesús y no seis, o diez? ¿Y por qué Jesús estaba en el centro? Los dos ladrones representan nuestra libertad de elegir, que es uno de los más grandes regalos que Dios nos ha hecho.

Los dos ladrones tienen mucho en común. Ambos están condenados por el mismo sistema, por cometer los mismos delitos, condenados con el mismo castigo, rodeados de la misma multitud, e igual de cerca de Jesús. Incluso, ambos comienzan insultando a Jesús.

Mateo 27:44: "Lo mismo le injuriaban también los ladrones que estaban crucificados con él".

Pero...

Uno de esos ladrones cambió.

Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.
Lucas 22:39-43 

Dios nos da la libertad de elegir dónde habremos de pasar la eternidad. Y no es para menos. Hay muchas cosas en la vida que no las podemos elegir. No podemos elegir el día que vamos a nacer, la familia en la que vamos a nacer, la situación económica de la familia dónde vamos a nacer, no podemos elegir si vamos a ser varones o niñas, rubios o morochos, altos o bajos. Sería genial que uno pudiera elegir su vida como elige comida en el restaurant: creo que voy a pedir un cuerpo con buena salud, alto, musculoso, de metabolismo rapido, habilidoso con la pelota, ojos claros y de postre un coeficiente intelectual supremo. Hubiera sido tremendo. Pero las cosas no ocurrieron así. Cuando llegaste a la vida, lo hiciste sin derecho a voz ni a voto. Pero en lo que tiene relación con la vida después de la muerte, sí que tienes derecho a decidir. 

¿Se nos habrá dado privilegio mayor a este? Este privilegio no solo compensa cualquier injusticia, sino que el don de la libre voluntad compensa cualquier falta. Piensa en el ladrón que se arrepintió. Aunque sabemos poco de él, sabemos que en su vida se comportó mal, escogió el delito como forma de vida, e incluso hasta el último momento se dedicó a insultar a Jesús. Pero una sola decisión, UNA SOLA DECISIÓN BIEN TOMADA, fue determinante. 

Los dos ladrones eran idénticos. Ninguno tenía más mérito que el otro para ser salvado. Eran igual de malos, y bastante malos. Era iguales. Sin embargo, uno tomó una decisión y le otro tomó otra. El ladrón arrepentido tomó una única buena decisión en su vida y con esa buena decisión borró toneladas de mugre que acumuló en su vida. En nuestras vida esto ocurre de la misma manera. ¿Cuántas veces nos hemos equivocado? ¿Cuánta culpa y cuanta amargura cargamos por nuestros errores? Cómo nos gustaría poder librarnos del peso de esas malas decisiones, ¿verdad? Pues, ¡la buena noticia es que puedes! 

Una buena decisión para la eternidad, compensa miles de malas decisiones hechas sobre la tierra. 

TU TIENES QUE TOMAR LA DECISIÓN. 

¿Cómo puede ser posible que dos hombres tan idénticos, que ven al mismo Jesús, y uno escoge burlarse de él mientras que el otro decide orar a él? 

Cuando el ladrón arrepentido oró a Jesús, Jesús lo amó lo suficiente como para perdonarlo y salvarlo. Y cuando el otro siguió burlándose, Jesús lo amó lo suficiente como para permitir que haga eso. 

¿Por qué Jesús no entabló una conversación con el ladrón malo? ¿Por qué no quiso hacerle entrar en razón? ¿Por qué si el pastor va a buscar la oveja perdida, la mujer da vuelta la casa para hallar la dracma, el padre no va a buscar al hijo pródigo? 

Porque Dios no toma decisiones por nosotros, en aquellas cosas que tenemos que decidir nosotros. 

El pastor fue a buscar a la oveja porque se le escapó en un descuido, una distracción. Asume su responsabilidad y la va a buscar. 
A la mujer se le pierde la moneda y da vuelta la casa para encontrarla, porque se le perdió a ella. 
Pero el hijo pródigo se fue solo. Tomó una decisión, y el padre no lo fue a buscar. Se quedó esperando, dia tras día. El día que volvió, la Palabra dice que el padre lo vio de lejos. Lo estaba esperando, pero la decisión fue del hijo. Fue el hijo el que en un momento decidió volver. 

De la misma manera, Dios como Padre te llama, te invita, llevó tu pecado a la cruz, llevó las consecuencias de tu pecado sobre sí mismo, nos perdonó, borró la lista de pecados que estaba escrita en nuestra contra, pero la decisión de aceptar ese regalo y seguirlo es nuestra. 


Lucado, M., (2001), Él escogió los clavos, Nashville, TN - Miami, FL (EE.UU), Editorial Caribe. Páginas 2, 6, 7, 13-19, 25, 26, 52-56.

sábado, 12 de agosto de 2017

¿Cuánto conocemos a Dios?

El conocimiento envanece, pero el amor edifica. 
1º Corintios 8:1 

Se pueden escribir ríos de tinta acerca de Dios. Se puede hacer mucha erudición acerca de Dios. Yo mismo llevo 15 años ininterrumpidos estudiando acerca de Dios, leyendo la Biblia y libros afines, concurriendo domingo a domingo a la iglesia, viendo videos, concurriendo a conferencias, etc.

Pero como dice el versículo con el que comencé el presente: el conocimiento, por sí solo, envanece. Sirve para hinchar el orgullo, lucirnos, hacernos sentir importantes: “Cómo sabe Fulanito de la Biblia. Si tenés dudas de algo de Dios, preguntale a él”. Produce soberbia, vanidad, altivez, suntuosidad, pompa.

El conocimiento, por sí solo, envanece. Lo decía el apóstol Pablo y lo aprendió de Salomón. El heredero del trono de David fue, después de Jesús, el hombre más sabio que pisó este planeta. Y todos quienes estudiaron la vida de Salomón sabe que para poco le sirvió tanta sabiduría. Se alejó de Dios, adoró a dioses paganos, tuvo mil mujeres (así como lo lee, mil: 1 0 0 0), no logró educar a su heredero adecuadamente a resultas de lo cual, al asumir el reino, se generó el cisma que partió en dos a la nación. Su mucha sabiduría poco le sirvió a él (ver Eclesiastés 9), aunque si mucho nos sirve a nosotros, porque su cosecha nos ha dejado consejos invalorables para aplicar en la vida.

Puedo conocer mucho de Dios, pero aun así conocer poco a Dios. El conocimiento por sí solo envanece, pero el amor edifica, construye, fortalece. Y Dios es amor. No es solo acumular conocimiento acerca de Dios, sino unir al conocimiento, el amor. O sea, Dios. Es decir, lograr que Dios esté presente en mi vida. Si Dios, que es amor, está presente en mi vida, el conocimiento que pueda tener de él, será constructivo. Sin Dios, el conocimiento, por sí solo, apenas sirve para alimentar el monstruo del ego.

Puedo conocer mucho de Dios, pero conocer poco a Dios.

La presencia de Dios 

Por lo general, solemos ignorar a las personas que significan poco para nosotros. Podemos subirnos a un ómnibus y no saludar a nadie, porque ninguna de esas personas significa algo para nosotros. Ahora, si en el ómnibus vemos a un amigo o a un pariente, ignorarlo sería una falta de respeto que podría llegar incluso a la ofensa.

Ignoramos a las personas que tenemos cerca en la medida en que esas personas no signifiquen nada para nosotros, pero no solemos ignorar al que tenemos a la vista si es un ser cercano.

Dios está presente en nuestras vidas, a nuestro lado, en cada momento. Pero no lo vemos; no podemos tocarle, y eso nos complica el partido. Intelectualmente sabemos que Dios está en todas partes, pero aun sabiéndolo, no somos conscientes de esa Presencia.

Sabemos mucho de Dios, pero conocemos poco a Dios.

El salmo 100:4 me invita a entrar “por sus puertas con acción de gracias” y “por sus atrios con alabanza”. Es decir, la puerta está abierta, por eso agradezco. Estando en el atrio, le alabo. Si Dios está presente cuando concurrimos a su casa, entonces le alabamos, cantamos, y danzamos. No es que nosotros atraemos a Dios con nuestras acciones y ritualidad. No es que hacemos rituales para que se manifieste algo sobrenatural, extraño o místico. Nosotros respondemos a la presencia de Dios con nuestros gestos, dichos, etc., siempre que estemos convencidos de que Dios está presente.

 La Biblia nos enseña que podemos “entrar confiadamente” al trono de Dios (Hebreos 4:16). Ahora, ¿por qué podemos acercarnos confiadamente a Dios? ¿Quién abrió la puerta para llegar a Dios? ¿Acaso somos nosotros que con nuestros méritos, con nuestros gestos, ritos, cantos y voces logramos estar en presencia del Rey? No, sino que es gracias a nuestro sumo sacerdote, Jesús (Hebreos 4:14), quién rompió el velo que nos separaba de la presencia de Dios (Mateo 27:51).

Sabemos mucho de Dios, pero conocemos poco a Dios.

Sí conociera a Dios, sería consciente de su presencia y cuando estoy en su casa (en el templo, en la iglesia) reaccionaría de acuerdo a esa conciencia, y me alegraría, saltaría, cantaría, no pretendiendo que por mis acciones Dios “va a aparecer”, sino al contrario: como ya está, entonces me comporto así.

A Dios no lo vemos ni lo tocamos y eso nos complica. Nos es fácil ignorar a Dios, que está presente ahí mismo.

En 2º de Samuel capítulo 6, el rey David recupera el Arca de Dios (elemento que simboliza Su presencia) que había estado secuestrada en la nación enemiga durante años. En el momento en que la mismísima presencia de Dios estaba de nuevo en Israel, la esposa de David (Mical), en lugar de alegrarse y celebrar que Dios estaba presente nuevamente, se puso a juzgar y criticar las acciones de los demás. Precisamente, los demás estaban alegres y celebrando que Dios estaba presente en ese lugar.

Cuando concurrimos a una iglesia o a un evento religioso y nos ponemos a juzgar la actitud de los presentes, es síntoma de que estamos absolutamente desconectados de la realidad de que Dios está ahí mismo. ¿Qué es más importante? ¿Qué Dios está presente ahí, o lo que hacen los demás? Sin embargo, ignorando la presencia de Dios, solemos mirar, juzgar y criticar a los demás por cómo cantan, saltan, tiemblan, danzan, etc.

Conozco poco a Dios, y eso se manifiesta en la manera en que me comporto día a día

Dios y mi situación material. 

Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, (…) y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día. 
Deuteronomio 8:11-14, 17-18. 

Esto que luce en el párrafo anterior es Dios hablando. Le promete a su pueblo que tendrán riqueza, que comerán hasta saciarse, que edificarán buenas casas, que tendrán ganado y tesoros. Pero les da una advertencia: es altamente probable que el día que sean ricos en extremo, sus corazones se enaltezcan y crean que han logrado todo eso, en lugar de reconocer que Dios lo dio. Para evitar caer en ese error, en el error de olvidarte de Dios, Él mismo te recomienda que cumplas con sus mandamientos, decretos y estatutos todos los días. 

Es tu responsabilidad. Dios te va a enriquecer, pero tú debes mantenerte en su camino. 

NO ES CIERTO que Dios nos mantiene pobres o con lo justo, para que de esa manera tengamos necesidad de pedirle todos los días. Dios no nos mantiene con lo justo para obligarnos a que diariamente le pidamos y, entonces, estar orando y congregándonos siempre. No es que Dios nos mantiene con lo justo para que no nos dejemos de congregar. Tampoco es cierta esa imagen de ese Dios Cuco que si yo dejo de orar o si dejo de congregarme, entonces voy a perder mi empleo, mi mujer se va a ir con otro y me voy a morir de SIDA. 

¿En qué momento nos enseñaron que nuestro vínculo con Dios debía ser un vínculo asentado en el miedo? Durante mucho tiempo hemos creído en un vínculo de tipo coactivo con Dios, dónde si yo no me porto como él dice, me van a venir todas las malarias juntas. 

No somos los únicos. 

¡no me des pobreza ni riqueza! Dame solo lo suficiente para satisfacer mis necesidades. Pues si me hago rico, podría negarte y decir: «¿Quién es el Señor?». Y si soy demasiado pobre, podría robar y así ofender el santo nombre de Dios. 
Proverbios 30:8-9 (NTV) 

Fíjense la debilidad de carácter de quién escribió este proverbio. Es una persona que no va a mantener una conducta correcta sólo por el hecho de que debe mantener la conducta correcta. Si es muy pobre, no va a tener buena conducta, sino que probablemente robe. Y dónde sea muy rico, tampoco tendrá buena conducta, sino que se va a olvidar de Dios. Cuando una persona dice: prefiero no ser rico porque sino ya sé que voy a dejar el buen camino, esa persona tiene un problema AHORA; no va a tener un problema si llega a ser rico, lo tiene ahora. No entendió nada de su relación con Dios. Y no entendió nada de su deber como persona. Nuestro deber como persona es comportarnos de la manera correcta y guardar nuestros principios SIN IMPORTAR NUESTRA SITUACIÓN ECONÓMICA O LAS EXPERIENCIAS DE LA VIDA. 

Los principios son universales y absolutos. Robar está mal. No importa si soy rico o pobre, no va a dejar de estar mal. De la misma manera, apartarnos del camino del Señor está mal, no importa si lo hacemos por resentimiento de nuestra mala situación material, o por la pérdida de un ser querido, o por engreírnos a causa de que nos ha ido bien en la vida. Lo que está mal, está mal sin importar en qué situación nos hallamos. 

No hay ningún lugar en la Biblia dónde Dios prometa hacernos pobres. Todo lo contrario. La Biblia abunda en promesas de prosperidad. El problema somos nosotros que por alguna razón hemos confundido prosperidad con la obscena ostentación, y por tanto, hemos rechazado la idea de bienestar. Hemos confundido la postura favorable de Dios hacia los pobres con que la voluntad de Dios es que todos seamos pobres. 

Dios quiere enriquecernos. Dios no aborrece a los ricos. Dios lo que no soporta es la gente que vive opulentamente sin atender al pobre, sin ayudar al prójimo, al insensible. Pero si nos mantenemos en el camino del Señor, respetando sus mandamientos todos los días, sin importar nuestra situación material, no hay chance de que una vez que seamos ricos nos volvamos insensibles, ostentosos y que olvidemos de ayudar a los demás, porque precisamente el mantenernos en Su Camino nos previene de eso. Haremos el correcto uso de la riqueza que Dios pone en nuestras manos, que no es para sostener un estilo de vida opulento y exclusivo, sino que es para tenderle la mano al necesitado. 


Deshaciendo el concepto del Dios Cuco 

Ahora, retomemos ese concepto del vínculo coactivo con Dios; ese Dios que si yo no hago lo que me manda, me va a castigar. Es falso que nos vayan a venir cosas malas si nos apartamos de Dios. Y, además, no es en base al miedo que Dios quiere establecer su relación con nosotros. 

Sabemos mucho de Dios, pero conocemos poco a Dios. 

Un VÍNCULO GENUINO con Dios se da sobre la base del amor y de nuestra elección libre y voluntaria. No sobre la base de una elección condicionada o coercitiva. Eso no se llama relación. Eso se llama chantaje. Durante mucho tiempo, en muchos lugares, se ha predicado a Dios como un chantajista, no como un Padre. 

He llegado al extremo de escuchar gente reconocer que Dios le envía cosas malas: “Esta enfermedad que Dios me mandó” o “Me alejé de Dios, por eso perdí mi empleo y ahora estoy en bancarrota”. 

Yo hago la siguiente pregunta: si de pronto mis hijas crecen y se van a vivir solas y se olvidan de mi, ¿yo voy a hacer que pierdan su trabajo para obligarlas a venir a visitarme? Prefiero saber que están bien y que no les falta nada (aunque ni se acuerden de mi), a que estén pasando mal. 

Si mis hijas se alejan de mi, ¿sería yo capaz de inocularles una enfermedad para que se acuerden de mi? 

Ahora, si yo siendo un ser humano malo (porque no hay bueno sino uno solo, que es Dios) me comportaría así con mis hijas, ¿de dónde saco que Dios (que es bueno) se comportaría de una manera tan cruel? 

Claro, hay quien podría cuestionar las razones de cómo se entienden los hechos desagradables de la vida. Mucha gente podría decir que sí, que por haberse apartado de Dios le fue mal. Pero eso es un error. Lo cierto es que dio la casualidad que te fue mal en el mismo momento en que estabas apartado de Dios, pero NUNCA que Dios te haya mandado un mal. Dios no hace males. 

El sabio tiene sus ojos en su cabeza, mas el necio anda en tinieblas; pero también entendí yo que un mismo suceso acontecerá al uno como al otro. 
Eclesiastés 2:14 

Todo acontece de la misma manera a todos; un mismo suceso ocurre al justo y al impío; al bueno, al limpio y al no limpio; al que sacrifica, y al que no sacrifica; como al bueno, así al que peca; al que jura, como al que teme el juramento. Este mal hay entre todo lo que se hace debajo del sol, que un mismo suceso acontece a todos. 
Eclesiastés 9:2-3 

Tanto da si uno es sabio o necio, si uno se comporta bien o mal, la realidad es que “un mismo suceso acontecerá al uno como al otro”. Es decir, si perdiste el trabajo cuando estabas apartado de Dios, lo hubieras perdido aun estando cerca de Dios. Si te vino una enfermedad estando apartado de Dios, te hubiera venido la enfermedad aun estando en el camino de Dios. 

Lamentablemente esto es así. No es agradable. Es una desgracia. El versículo lo dice: “Este mal hay entre todo lo que se hace debajo del sol”. Es un mal. Esto de que lo mismo le acontece al bueno y al malo, al justo y al injusto, es una desgracia, es un mal. Es la consecuencia de un mundo que fue consagrado al pecado. 

Entonces, alguien puede preguntarse: si de todas formas me van a pasar cosas desagradables, ¿qué diferencia hace estar cerca de Dios? Pues, la respuesta es: TODA. Estar cerca de Dios hace toda la diferencia, ya que si de todas formas me van a tocar malas en la vida, prefiero que esas malas me toquen cerca de Dios, y no lejos de él. Prefiero ser bueno, justo y sabio para enfrentar las dificultades, que tener que pasar por las tormentas siendo malo y necio, y alejado de la protección y del favor de Dios. 

Y esto pone a prueba nuestro amor a Dios. Debemos amar a Dios y permanecer en su camino en todo tiempo, en la alegría y en el dolor; porque Dios nos amó siempre. Jesús nunca abandonó su objetivo de dar su vida por nosotros, aun en los momentos de mayor dolor. Dios nos ama y está a nuestro lado, portándonos nosotros bien o mal. 

En Mateo capítulo 7 Jesús enseña que aquellas personas que siguen su camino son como el que hace una casa edificada sobre cimientos firmes. Tales casas resisten tormentas y no se vienen abajo, porque tienen cimientos firmes. Pero aquellas personas que no siguen su camino son como el que hace una casa edificada sobre la arena. Tales casas se vienen abajo ante la primera tormenta. En este ejemplo, Jesús nos enseña que tormentas le vienen a todos, al que está en su camino como al que no, al prudente como al insensato, al bueno como al malo. La diferencia es que podemos resistir la tormenta y salir airosos de ella si somos prudentes, buenos y estamos en Su Camino. 

Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. 
Juan 16:33 

Durante mucho tiempo se enseñó un Dios lejano y tirano, que no se bancaba que haya gente que no quisiera obedecerlo y a los tales les enviaba toda clase de males. En realidad era todo lo contrario. El hombre eligió el mal, y desde ese entonces, Dios está cerca y atento, listo para ayudarnos en cada circunstancia. 

Haber enseñado mal a Dios es lo que ha hecho que mucha gente se alejara de él, aun antes de conocerlo adecuadamente. Y es lo más lógico. El ser humano reacciona con resistencia ante la imposición. Ante el “hacé lo que te dijo sino te pego” el hombre reacciona inmediatamente desconociendo tal posibilidad: “hago lo que yo quiero, no lo que vos me diga. ¿Quién te crees que sos?”; y más si esa imposición viene de un ser que no se puede ver ni oir, y con el cual no se puede supuestamente interactuar en forma directa y clara. 

Siempre fue al revés. Todo lo contrario. Dios no está esperando nuestra desobediencia para castigarnos. Dios está esperando que le demos lugar en nuestra vida para ayudarnos. 

La Biblia nos dice que el ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende (Salmo 34:7). Siempre, absolutamente siempre, hay un ángel de Dios acampado a mi lado. Es el único que tiene derecho a acampar a mi lado. Cuando siento que los problemas o las circunstancias vinieron para quedarse, que acamparon en mi vida, recuerdo: sólo el ángel de Dios tiene derecho de acampar a mi lado. De hecho, está a mi lado. Y a los problemas y circunstancias les doy carta de desalojo: el único que tiene derecho de estar a mi lado es Dios. 

Yo soy tu socorro, dice Jehová; el Santo de Israel es tu Redentor. He aquí que yo te he puesto por trillo, trillo nuevo, lleno de dientes; trillarás montes y los molerás, y collados reducirás a tamo. Los aventarás, y los llevará el viento, y los esparcirá el torbellino. 
 Isaías 41:14-16 

Dios te hace esta promesa: vas a despedazar todo problema y toda situación que se haya levantado en tu contra, al punto que se los llevará el viento. 


Conclusión 

Podemos escribir y hablar mucho de Dios. Podemos hacerlo acertada o equivocadamente. Pero, ¿cuánto conocemos a Dios? 

Cada día que amanece es una nueva oportunidad de conocer a Dios, de darle lugar en nuestra vida, de permitirle que nos ayude en nuestras situaciones. No pases un día más de tu vida ignorando a Aquel que está a tu lado, aun cuando no lo ves; que te habla, aun cuando no le escuchas; que te toca, aun cuando no lo sientes.

martes, 24 de mayo de 2016

Impuestos

El año 2016 se ha caracterizado por ser el año de la suba del costo de vida en Uruguay. Aumentó el boleto de transporte capitalino, las tarifas de luz, agua y telecomunicaciones, se encareció el crédito mediante el aumento de los encajes bancarios y recientemente el Ministro de Economía anunció que en la próxima rendición de cuentas se estiman aumentos en la tributación del Impuesto a la Renta de las Personas Físicas, entre otros elementos que se piensan para aliviar las alicaídas cuentas del fisco nacional que están agobiadas por un déficit preocupante.
A todo esto debe sumársele que la inflación hace meses que se encuentra por encima del 10%, lo que se vio agravado por los efectos de los cataclismos climáticos a los que nuestro país fue sometido. Los desastres ecológicos que arruinaron buena parte de las cosechas hace que los productores necesiten recaudar lo mismo que tenían planeado recaudar, pero ahora con menos producto para ofrecer, lo que hace que el precio de los mismos suba.
Inflación, más aumento de tarifas, más aumento de impuestos es un cóctel que a nadie le cae bien. A nadie le gusta (principalmente a los trabajadores que tienen ingresos fijos) ver cómo su dinero rinde cada vez menos, mes a mes. Tampoco es agradable que un aumento de impuestos haga que el líquido del recibo de sueldo del próximo més marque menos que el mes anterior.
Y, ¿por qué esto es así? ¿Por qué a nadie le gusta que el dinero le rinda menos o tener que pagar más impuestos? Porqué desde siempre el mundo vive bajo una consigna: “Todo es posible para el que tiene dinero”.
Desde la escuela, el liceo y la educación superior, nos pasamos probablemente de 20 a 25 años de nuestras vidas en un sistema educativo que nos prepara para dedicarle nuestra vida al dinero, por qué sin él, nada es posible.
Se nos cría desde chicos para que estudiemos con el fin de conseguir buenos trabajos que nos paguen mucho dinero. Para tener una casa dónde vivir necesitamos dinero. Para tener algún nivel de confort, necesitamos dinero. Para acceder a la mejor educación para nuestro hijos o para uno mismo, la mejor salud para nuestra familia y la mejor y más natural alimentación, se necesita dinero. Y mucho.
Y el dinero es ingrato, por que uno le dedica la vida a él, las mejores horas del día por él, y sin embargo él nunca alcanza. Y en un contexto de inflación y ajuste fiscal, alcanza menos.
Claro, cuando la enfermedad es terminal, ahí no importa cuánto dinero tenemos acumulado. Cuando el momento de la muerte nos llega, no importa cuánto dinero podamos haber acumulado, no podemos hacer que nuestro corazón lata.
Así nos lo hizo notar Jesús:
la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.
También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?
Lucas 12:13-20

Jesús se dedicó a proponernos una nueva consigna: “Todo es posible para el que cree”.
Jesús nos venía a enseñar que el poder de la fe es superior al poder del dinero y que incluso es un poder ilimitado: puede actuar más allá de los límites luego de los cuales el dinero no ofrece soluciones. Jesús nos enseñó que en lugar de dedicar nuestra vida a hacer dinero, dedicáramos nuestra vida a Él, y Él no dejaría que nada nos falte (Mateo 6:33), sino que, por el contrario, nos prometió abundancia (Juan 10:10).
Toda la obra de Jesús fue un constante intento de hacernos entender que es mentira que todo es posible para el que tiene dinero, sino que todo es posible para el que cree en Él.
En cierta ocasión (Mateo 14:13-21; Juan 6:1-13), Jesús estaba hablando a una multitud que había recorrido muchos kilómetros para escuchar a Jesús. Cuando anochecía, Jesús no quiso que la gente se fuera de regreso a sus casas sin comer y les planteó a sus discípulos el desafío de darles de comer. Los discípulos le plantearon a Jesús que ni aun si tuvieran 200 denarios podrían darle de comer a la gente. Un denario era un jornal de un obrero. Es decir, Jesús les plantea un desafío y ellos para resolverlo le buscan la lógica desde el lado de lo que el dinero les puede resolver. La historia es conocida. Jesús tomó unos pocos panes y peces y usó su poder para multiplicarlos de forma que se pudieran alimentar todos.
Jesús quiere que entendamos que no es con dinero o acumulación de dinero que se logran las cosas, sino con fe en él.
En este contexto, ¿cómo debería reaccionar un cristiano ante los anuncios de las últimas horas?
También eso Jesús lo dejó enseñado.
Cuando llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? El dijo: Sí.
Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños?
Pedro le respondió: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos están exentos. Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti.
Mateo 17:24-27
Nota: las dos dracmas era un impuesto que se cobraba para la manutención del templo. Un estatero equivale a cuatro dracmas, o sea a dos impuestos.
A Jesús se le fiscaliza si paga el impuesto al templo y para cumplir con esa obligación, debemos notar que Jesús no convoca a Judas Iscariote (que era el tesorero de Jesús) y le solicita dinero para pagar la obligación, que sería lo que típicamente haríamos cualquiera de nosotros. Es más, es lo que vamos a hacer nosotros cuando ya nos venga descontado del sueldo un poco más de IRPF. Estaríamos virtualmente sacando de nuestro dinero para pagar más impuesto.
Jesús no le pide dinero a su tesorero para hacer frente a esa obligación. Sabemos que Jesús tenía dinero (Lucas 8:3) y que lo manejaba Judas, que por su lado se autoliquidaba una “comisión por administración y custodia” (Juan 12:6) – ni que fuera una AFAP. ¿Porqué no lo hace, si es lo que cualqueira hubiera hecho? Porque nos quería dejar una enseñanza.
Primero dice que estaba dispuesto a pagar el impuesto, aunque de pronto no le correspondía (él era, en definitiva, el Señor del Templo), y lo iba a hacer para que los demás no se sintieran ofendidos o escandalizados. Y para eso, no se hacía problema. Ni se fijó si tenía dinero suficiente o no, ni hizo cálculos. Hizo un milagro y se consiguió el dinero necesario para él y para Pedro. Dios es creador, así que si uno necesita, nuestro padre que tiene como oficio el ser creador, lo crea para nosotros.
Nuevamente Jesús enseñando que no le hacía falta el dinero. Él era portador de un poder muy superior.
Y esto nos dice dos cosas.
La primera: para la iglesia de Jesucristo. Gozamos por norma constitucional de una exoneración de impuestos que muchas veces se vio atacada desde lo discursivo por políticos inescrupulosos y llenos de resentimiento contra las religiones todas. Si algún día se deroga esa norma y tenemos qué pagar impuestos, ¿para qué escandalizarnos? Lo pagamos y listo. ¿De qué preocuparse? No habrá necesidad de andar haciendo cuentas a ver si nos alcanzará o no, porque hacer eso es declarar que actuamos según el permiso que el dios dinero nos otorga. Llegado el caso, pagaremos los impuestos que hayan de ser pagados y aun así cumpliremos con nuestras obras y demás obligaciones. Dios es creador. Suplirá, si creemos en él.
La segunda: a cada cristiano. ¿Te van a subir los impuestos? ¿Te subieron todos los costos de tu presupuesto familiar? Tranquilo, calma. No desesperes por el panorama que te muestran los números. Confía en que Jesús tiene más poder que cualquier circunstancia. Si crees en él, TODO te será posible.
Es probable que en la medida en que estamos verificando este escenario de inflación alta y suba de impuestos, el dinero te deje de rendir. Posiblemente tenías algún dinero guardado para alguna cosa y vas a tener que empezar a usarlo para cubrir los gastos del mes. No tengas pena por eso. Dios te dará todas las cosas si crees en él.
Tenías guardado dinero para salir de vacaciones con la familia en la próxima licencia. No tengas pena, si tienes que empezar a usar ese dinero. Dios te regalará las vacaciones que quieres tener con tu familia y será de manera milagrosa. Algún ingreso extra vas a tener, un ascenso inesperado, cambiarás de trabajo, o simplemente te regalarán las vacaciones. O talvez alguna otra alternativa imposible de imaginar. Lo importante no es saber cómo, sino saber que Dios lo hará.  Cree en él.
¿Tenías dinero guardado para hacer una reforma impostergable en tu casa, renovar el auto o el celular, comprarle una Tablet a un hijo tuyo? Dios suplirá todas las cosas. Confía en él. No dejes que los números cambien tu ánimo.
Paga el impuesto sin quejarte y de buena gana, porque tu felicidad y tu ánimo no dependen de cuánto dinero tienes disponible para alcanzar las cosas que deseas, sino que tu felicidad y ánimo deben provenir del Padre.
En el proverbio 30 versículos 8 y 9, un tal Agur hace la siguiente oración:
“No me des pobreza ni riquezas; Manténme del pan necesario;  No sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová? O que siendo pobre, hurte, Y blasfeme el nombre de mi Dios”
Esta es precisamente la oración que un cristiano NO debe hacer. Nuestro ánimo, nuestra espiritualidad, nuestra relación con Dios NO puede depender de nuestras circunstancias económicas. No podemos maldecir a Dios si estamos en necesidad, así como tampoco nos podemos olvidar de Dios si tenemos riquezas. Antes bien, tenemos que saber agradecer a Dios en todas las circunstancias, porque si somos agradecidos a Dios cuanto tenemos escasez, seremos agradecidos cuanto tengamos lo justo y seremos agradecidos cuanto tengamos mucho. Nuestro amor por Dios no puede depender de nuestra situación.
Imagínate que en lugar de Dios estuviéramos hablando de tu padre biológico. Si éste fuera pobre, no dejarías de amar a tu padre, por más pobre que fuera y por más imposibilidades que haya tenido para darte una mejor vida. No se te ocurriría maldecir a tu padre por no haberte dado mejor nivel de vida, si no podía. Es horroroso (aunque los hay) los hijos que desprecian a sus padres por ser pobres.
Pero por otro lado, si tuvieras un padre biológico rico, no le dirías “deja, padre, no me compres un auto, mirá que si me olvido de ustedes y no los vengo a visitar más. Mejor me das la plata para el ómnibus, y dame lo justo y necesario para moverme en la semana, así el fin de semana me veo obligado a venir a visitarte para que me des más”.
Si tuvieras un padre rico, éste te daría un auto aun a riesgo de que te olvides de él, porque un padre que ama y tiene con qué no anda haciendo pasar necesidades a sus hijos por razones egoístas (porque quiero que me vengan a ver o que dependan de mi).
De la misma forma Dios te dice: “no te olvides de mí cuando hagas las riquezas, porque las riquezas las vas a hacer, eso de seguro. Y cuando las hagas, no te olvides de mí” (Deuteronomio 8:11-18).
Finalizo con esto.
Cuando el dios dinero te dice “todo es posible con dinero”, Jesús te dice “al que cree, todo es posible” (Marcos 9:23).
Cuando el dios dinero te dice “sin mí, nada podés hacer”, Jesús te dice “separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5).



esd